El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Parahistoria. 09/06/2004Ruptura de una mala racha Reconozco que el balance de mis últimas lecturas sobre novelas de literatura cercana a temas históricos era totalmente negativo. No pensé que fuera a romperse con "La herejía" por Romain Sardou (Traducción de José Antonio Soriano Marco. Ed. Círculo de Lectores S.A. por cesión de Random House Mondadori, S. L. Navarra, 2004) pero sí lo ha hecho. Pese a mis dudas de que un joven de veintiocho años y sin obra publicada con anterioridad pudiera salir bien librado de su incursión en el dificilísimo campo de la literatura (para)histórica lo ha conseguido.Al principio pensé que estaba frente a la enésima secuela de "El nombre de la rosa" (asesinato de un noble y sus hijos, misterio asesinato del obispo cuando espera la llegada de un sacerdote muy peculiar...), y si el original ya me parece un engendro pueden imaginarse lo que pienso de las copias. Sin embargo, todo ello es un trampantojo para hablar de la Iglesia y su influencia (manipulación) en el pueblo (impagable la escena en que montan una aparición de la Virgen en una localidad pro-imperial) y, por encima de todo, de un tiempo y unas personas pasadas. Una época en la que era creíble que una localidad permaneciese tan aislada de sus vecinas que se olvidara que existe, de influencia desmedida de la iglesia en la vida civil, de barbarie y de muerte. Todo ello hilvanado de forma convincente, con personajes variopintos y mucha gama de grises que nos aparten del maniqueísmo buenos-malos para llegar a un doble final sorprendente, el primero en plan El Padrino III (y sin Sofía Coppola poniendo caras raras lo que es una inmensa ventaja) y el segundo con intervención de la Inquisición en un papel fractamente extraño en la literatura contemporánea (me disculparán que no sea más claro, pero no me gusta "chafar" las sorpresas). Por supuesto hay fallos (como la invención y adopción de una lengua en un plazo muy corto de tiempo), pero me parecen mucho menos importantes que los aciertos a la hora de recrear una época tan diferente a la nuestra. Al menos, monsieur Sardou huye como de la peste de cualquier intento de idealización. Su Edad Media es cruel y brutal, los personajes son presa de sus propias creencias (supersticiones, ideal caballeresco, religión...) y eso les convierte en marionetas en un guiñol enloquecido del que no pueden escapar. Despiadada, dura y fascinante. Una lectura que me deja, al menos, un buen sabor y me hace esperar con impaciencia la traducción de su segunda novela "Le roman du temps" (y espero que esta vez el traductor no sea tan imaginativo como el que convirtió el original "Pardonnez nos offenses" en "La herejía"). Grrrrr... 09/06/2004 12:38 Enlace permanente. Tema: Parahistoria 31/05/2004El origen no es la única pérdida ¿Conocen el viejo adagio latino según el cuál no hay libro tan malo que no tenga algo bueno? ¿Sí? Pues no le hagan ni puto caso porque no es cierto. Hay novelas tan malas que, ni aun poniéndome en plan benevolente, consigo encontrar algo que las salve del desastre total y absoluto.Por desgracia, una de ellas es "El origen perdido" por Matilde Asensi. Ed. Planeta. Barcelona, 2003, lo que me molesta áun más cuando la anterior novela ("El último catón") de la Sra. Asensi sí me había gustado y mucho. El empleo de la "Comedia" de Dante (el apelativo de "Divina" no fue cosa del autor italiano) como clave para resolver el viaje iniciático si no completamente original sí aportaba elementos desconocidos para el gran público. El que fuera un monumento a la credulidad no tenía mayor importancia. Sin embargo, nada semejante a esto puede encontrarse en "El origen perdido" que no merece otro calificativo que el epíteto favorito de la pitonisa Lola, ba-su-ra tanto literariamente como desde un punto de vista histórico y esotérico. Vale que sea predecible, que los personajes sean menos creíbles que un billete de siete euros, que la trama avanza a trompicones en vez de ser un continuo... pero que en estos días se descuelgue la autora con las tonterías habituales sobre el mapa de Piri Reis y su presunta representación de la Antártida libre de hielos, de la Puerta del Sol del Tihuanaco construida en el 10.000 A. de C., de las planchas de oro que contendrían la historia ancestral del pueblo inca (¿por qué me vendrá a la mente el "despelote" de von Däniken titulado "El oro de los dioses"?), de la historia de los gigantes en la antigüedad (¿por qué me vendrá a la mente el "despelote" de Louis Charpentier titulado "Los gigantes y el misterio de los orígenes"?), de la realidad del Diluvio... huele (apesta) a naftalina rancia. El caso es que, evidentemente, hasta esto sería válido si fuera una mera construcción literaria, pero, en ocasiones, "El origen perdido" parece deslizarse por la pendiente de la pseudohistoria esotérica. Puede que para la trama fuera conveniente el imaginar una pirámide subterránea de tres pares de carallos justo debajo de la Puerta del Sol y que habría pasado desapercibida (¿cómo?) para los arqueólogos que han trabajado en ese yacimiento boliviano (y que en sus ratos de ocio deberíann vender cupones de la O.N.C.E. si eso fuera posible), pero no había ninguna necesidad de aderezar esa invención con los ya manidos insultos de que si la historia y la arqueología oficial se niega a considerar las payasadas esotéricas porque tienen la mente cerrada... (el resto ya se lo saben). Delirante de principio a fin, con su pretensión inicial de que el aymara (del que debo reconocer que desgraciadamente no tengo ni idea) es el idioma superviviente de la presunta lengua primordial y que es tan perfecto que tiene que haber sido creado lógicamente (según la propia autora, ese lenguaje no distingue género ni diferencia entre 3 y 30 -¡toma perfección lógica-) y con su presunta explicación científica (¿o era cinetífica?)de la magia como fruto de la influencia de determinados sonidos en el cerebro humano para finalizar esta "magna" obra que, para más INRI, es más larga que una semana sin pan (más de 550 páginas). Pufff... Vamos, que lectura sólo recomendable para los masoquistas que le encuentren interés a las Páginas Amarillas o textos tan apasionantes como éstas. Los demás mortales disfrutarán más con la lecturas de los discursos parlamentarios completos de José María Aznar (zzzzzz) o con las novelas del Far West de Marcial Lafuente Estefanía, por ejemplo. En dos palabras (y aprovechando que hoy es el día mundial sin tabaco), absolutamente infumable. La imagen corresponde a la Puerta del Sol de Tihuanaco, uno de los monumentos preferidos por los vendedores de inexistentes misterios históricos y que no precisa de tonterías esotéricas para ser maravillosa. 31/05/2004 17:28 Enlace permanente. Tema: Parahistoria 28/05/2004El penúltimo disparate Reconozco que he leído "El último merovingio" por Jim Hougan (Traducción de Sofía Coca y Roger Vázquez de Varga. Ed. Círculo de Lectores. Barcelona, 2004) totalmente predispuesto en su contra. Tanto por el título como por el texto en la contracubierta: "...Dunphy deberá seguir la pista de viejas teorías mesiánicas, en una extenuante investigación a lo largo y ancho de la geografía europea que lo llevará a enfrentarse a una conspiración siniestra cuya trama se remonta a las arcanas profecías del Priorato de Sión" temía que estábamos ante el viejo truco de imitar una novela de éxito (en este caso, de "El código da Vinci") lo que podía lograr lo que considero algo cercano a lo imposible, un texto aún peor que "El código..."Sin embargo no era así. Por de pronto el título original es "Kingdom Come" (pague Vd. dos traductores para esto aunque, en honor a la verdad, me da que el título hispano es una hábil jugada editorial), el año de su publicación en inglés es el 2000 (por tanto, anterior al engendro del Sr. Brown) y el Priorato de Sión no aparece en parte alguna... con ese nombre. Vamos, que la artimaña está clara. Al ver el éxito de "El Código..." Planeta (editorial que autoriza la edición en Círculo) ha buscado algo semejante e inédito en español. Ha cambiado el título y ha colocado un imaginativo resumen en la contraportada para relacionarlo con el best-seller y ¡a vender que son días y uno sale nublado! De nada de esto, claro, tiene la culpa Mr. Hougan. Su responsabilidad acaba con haber parido una novela horrorosa, pero más deudora de las de Ludlum que de Brown. Vale. En "El último merovingio" se habla de las mismas chorradas que en "El código..." a las que añade el caso Roswell, las apariciones marianas, el chupacabras (por fin nuestro criptobicho favorito goza de su cuarto de hora de publicidad), las vírgenes negras... El Priorato de Sión aparece con el nombre de Sociedad Magdalena (el gerifalte recibe el nombre de Timonel y Nautonnier y cuando cita a los Timoneles de la Sociedad Magdalena éstos coinciden con los de los supuestos Nautonniers del Priorato: "Y sin embargo, aunque nuestros Timoneles ha menudo han sido artistas u hombres de letras (Bacon, Hugo, Debussy..., ninguna lista podría ser más ilustrativa)..." (Pág. 249) ), los merovingios son los descendientes de Jesús y María Magdalena, las vírgenes negras representan a la Magdalena con su hijo en brazos... todo ello aún más disparatado que en "El Código..." La ventaja que tiene Mr. Hougan sobre Mr. Brown es que mientras éste parece que se cree esos disparates, aquél lo emplea como un McGuffin y con cierta ironía. Hougan nunca pretende que lo que dice sea cierto (el simple hecho de que cambie el nombre al Priorato es una buena prueba de ello) y tampoco es imprescindible para el desarrollo de la trama. En su estructura profunda tenemos al héroe (un espía de la CIA) que se encuentra con algo que le pone en el punto de mira de un círculo secreto dentro de la propia Agencia que intentará matarle -junto a la imprescindible heroína- para que el secreto no se divulgue. Como verán, el que ese círculo secreto sea la Sociedad Magdalena-Priorato de Sión o no, no importa demasiado. Hay centenares de novelas de espionaje con ese mismo esquema y en la que el desencadenante del conflicto es la infiltración del KGB, la malversación de fondos, el intento de formar un gobierno en la sombra... Eso sí, el mezclar las Pseudociencias con el esquema tradicional permite algunos momentos divertidos como la atribución a la CIA (a su círculo interno, claro) de la responsabilidad de manipular el subconsciente colectivo (Jung es otro de los miembros de la Sociedad Magdalena) mediante la invención del caso Roswell, del Chupacabras, de los círculos en los campos de cereales..., pero, como decíamos, todo ello son fuegos de artificio porque la trama es la típica de las novelas de espías con continuas persecuciones, huidas, intentos de asesinato, falsificación de documentos... Y en ese sentido es donde más flojea la novela al igual que otras del mismo género, por ser incapaz de resolver un problema que siempre se plantea. Para que el otro bando cree una situación agónica al "prota" debe ser una amenaza temible, pero entonces ¿cómo logra sobrevivir el héroe solitario? Si la respuesta a ese dilema es creíble la novela suele ser buena. En este caso, es una de las mayores chapuzas literarias que he tenido que leer. Por cierto, si tiene Vd. la intención de leer "El último merovingio" deje de leer a partir de aquí. Que una sociedad que forma el núcleo interno de la CIA no sepa si la persona a la que va a matar está o no en casa es un disparate considerable. La facilidad con la que se mueve la pareja de "protas" por Europa (Londres, París, Suiza, Madrid, Tenerife...) con un único pasaporte falsificado roza lo esperpéntico. Que la terrible Sociedad Magdalena no los encuentre y sí lo haga un hampón corso al que el "prota" le "birla" la "pasta" no se lo cree ni el lector mejor predispuesto. Que cuando, finalmente, la CIA los encuentra (por la metedura de pata de la chica que usa una tarjeta de crédito) los asesinos sean torpes (pero torpes, torpes) demuestra una idéntica torpeza del autor para hacer creíble la ficción. Y el final, oh el final, cuando la pareja encuentra al último merovingio en Suiza en una casa controlada por la Sociedad Magdalena y se van todos juntos con la mayor facilidad es como para otorgar un premio a la situación más inverosímil. Ahora bien, si la novela es completamente prescindible por su inexistente calidad literaria (lo que no quiere decir que no pueda proporcionar un rato de entretinimiento sin mayores pretensiones) sí tiene un punto interesante, el cambio de paradigma. ¿Qué quiero decir? Pues que tal vez sin intención del autor ilustra perfectamente el paso de la mitología ufológica (que queda totalmente desprestigiada en cuanto a la H.E.T) a la mitología pseudohistórica con sus griales, sus Prioratos de Sión... algo que resulta meridianemente claro si observamos los temas de las revistas sobre esoterismo y su evolución histórica. Las mismas publicaciones que se llenaron de OVNIs, ahora tratan de Jesús, la Sábana Santa, los Evangelios Apócrifos... y esto, claro, debía tener su reflejo en la cultura popular. Sólo en este sentido "El último merovingio" resulta una lectura recomendable. En los demás casos, compren otro libro. Sus neuronas se lo agradecerán. 28/05/2004 12:40 Enlace permanente. Tema: Parahistoria 10/03/2004La sangre, los fulares, el código y algunas cosas más La literatura histórica es (debería ser) por encima de cualquier otra consideración, pura y simple literatura. Es muy conocida la anécdota de Alejandro Dumas según la cual contestó a un crítico que le echaba en cara que violaba la historia: "En efecto, la violo, pero la hago unos hijos hermosos." Y, en efecto, todavía hoy disfrutamos con aquellos hijos hermosos como "Los tres mosqueteros", "Veinte años después" y "El vizconde de Bragelonne" aunque, todo hay que decirlo, de esa violación sistemática también nacieron engendros tan olvidados como olvidables.No obstante, la postura de Dumas no es la única que existe entre los escritores de literatura histórica. Simplificando la cuestión, hay tres tendencias, la de aquéllos que toman como base de su ficción hechos y personajes reales con un respeto escrupuloso al marco histórico, la de aquéllos que sobre una base real inventan una trama ficticia, y la de aquéllos a los que les importa la historia un bledo y se inventan todo salvo un par de nombres reales. Tomemos varios ejemplos de novelas históricas recientes (olvídense, por tanto, de que hable del infumable pestiño "El doncel de don Enrique el Doliente" puesto de moda por algo que hace que cada día me alegre más de ser republicano), "Sangre romana" por Steven Saylor (Traducción de Damián Alou. Emecé editores. Barcelona, 1996. 382 Págs), "Los fulares rojos" por Frédéric H. Fajardie (Traducción de Mari Carmen Llerena. Editorial Edhasa. Barcelona, 2003. 558 Págs.), "Apocalipsis" por Joaquín de Saint-Aymour (Círculo de Lectores. Barcelona, 2002. 477 Págs.) y "El código da Vinci" por Dan Brown (Traducción de Juanjo Estrella. Círculo de Lectores. Barcelona, 2003. 477 Págs.) para comprobar las diferencias en el tratamiento histórico por parte de los diversos autores. Steven Saylor parte de un hecho real, la defensa que Marco Tulio Cicerón hizo de Sexto Rocio acusado del delito de parricidio bajo la dictadura de Sila. Se conserva el discurso que Cicerón realizó en pro de su cliente (sin duda no es exactamente el que pronunció el escritor romano sino una revisión posterior, el "Pro Sextio Rocio") así como también hay varias fuentes para Sila. Sobre estos hechos reales, Saylor inventa una ficción basada en que Cicerón recurre a una especia de detective privado llamado Gordiano y apodado el Sabueso para que investigue el supuesto parricidio para exculpar a su cliente. Si bien no hay realidad, sí hay verosimilitud. Saylor, historiador y buen conocedor de la Roma clásica, no abandona nunca el marco histórico. Si Gordiano nunca existió, el mundo del hampa romano y de las intrigas políticas por los que se mueve sí nos resultan conocidos por obras de la antigüedad clásica. Su visión es tan iconoclasta, tan alejada de los "peplum" al uso, como real. Fajardie (pseudónimo que ignoro qué identidad real oculta) ambienta su novela en las Frondas, las revueltas contra el cardenal Mazzarino que pusieron en peligro el reinado de Luis XIV al igual que hizo Dumas en "Veinte años después". Sobre la anécdota real, Fajardie se inventa casi todo (al igual que hizo Dumas). El diestro espadachín y teniente general de artillería Loup de Pomonne, conde de Nissac, se encuentra con el encargo cardenalicio de salvar el reino, de destruir las Frondas. Para ello, formará un grupo de comandos con varios de sus hombres y con prisioneros liberados de sus condenas a galeras que usarán la señal distintiva de cubrirse el rostro con pañuelos rojos en sus golpes de mano. El uso de personajes reales como Mazzarino, Ana de Austria, Luis XIV, Condé... no impide que la novela vaya de lo irreal a lo inverosímil con suma facilidad, comenzando por el propio protagonista, el conde de Nissac que es algo así como una mezcla de d´Artagnan y un masón prerrevolucionario que si acepta el encargo de Mazzarino es por su convencimiento de que una derrota del cardenal (y con ella de Luis XIV) supondría un retraso en sus sueños democráticos. El que en esta empresa le apoye el general de los jesuitas (también hay un personaje de gran fuerza física para casi completar las equivalencias con los mosqueteros de Dumas de los que sólo falta Athos) es aún más delirante. Todo ellos sería perdonable si además de los homenajes formales a la obra de Dumas hubiera en "Los Fulares rojos" algo de la complejidad, del desencanto, de la sensación de decadencia de "Veinte años después". Por desgracia no es el caso. En dos palabras, lineal, previsible. Saint-Aymour (tal vez sea un nuevo pseudónimo de Juan Eslava Galán) en su (supuestamente) primera novela se mete de lleno en un subgénero de la novela histórica de gran éxito (para mí de forma inexplicable) popular, el de la antigua conspiración que llega hasta el presente para atrapar a personajes en apariencia inocentes que se verán obligados a desentrañarla si quieren salvar su vida y su amor (parece que el añadir a las cuitas del protagonista la necesidad de cuidar de su enamorada es ya un tópico). En este caso concreto, la conspiración está aderezada de neotemplarios que se ocultan en las alcantarillas madrileñas, de neonazis, de reliquias como la lanza de Longinos y la cruz de Caravaca, de edificios como la iglesia de la Vera Cruz de Segovia... y todo ello desencadenado por la búsqueda del cuerpo de Velázquez. Un disparate histórico de principio a fin que si se salva por algo es por el conocimiento del oficio de escritor de su autor que consigue hacer que esa mezcolanza de tópicos resulte entretenida. Dan Brown repite el esquema conspiranoico de Saint-Aymour pero sin lograr que su texto (llamarlo novela sería concederle una calificación que le vendría grande) sea, ni siquiera, entretenido. En esta ocasión el lugar de los neotemplarios está ocupado por el inexistente Priorato de Sión y también aparecerá en el caos narrativo el Opus Dei, las obras de Leonardo da Vinci... Todo ello mezclado de forma infumable con los cátaros, el secreto del Linaje de Cristo, la capilla de Rosslyn y muchos más tópicos que no tienen nada de originales a poco que conozcan disparates pseudohistóricos como "El grial secreto de los cátaros" de Javaloys o "El enigma sagrado" de Baigent, Leigh y Lincoln. No obstante, según me dicen los que se preocupan de estas cosas, este título de Brown lleva semanas como el más vendido en nuestro país lo que supone una explicación del porqué la telebasura tiene tanto éxito. Después de la televisión hecha por y para gente con encefalograma plano, tenía que darse el mismo caso en la literatura (y perdón por incluir en este campo a la obra de Brown cuyo mejor uso sería el dedicarla a estercolar los campos de cultivo). Un texto de diseño, concebido para ser un best-seller ("A la gente le encantan las conspiraciones" dice uno de los personajes -Pág. 400- y es cierto) con sus gotas de aparente osadía (la crítica a la Iglesia Católica y en especial al Opus Dei) y que en realidad acaba de forma políticamente correcta (Aviso: Si no han leído aún este engendro y piensan hacerlo, salten hasta el final del párrafo) cuando se descubre que el "malo" no es el cardenal del Opus sino un investigador que quiere hacer público el secreto del Linaje de Cristo. Este final en el que el malvado es el que quiere revelar la "verdad" pone el necesario toque "carca" después de sostener tonterías históricas como la relación entre el linaje merovingio y los descendientes de Jesús y María Magdalena. Como vemos, y con independencia de sus valores literarios (si me permiten el inciso, sólo les recomendaría el libro de Saylor y el de Saint-Aymour. Los otros dos son perfectamente prescindibles) el tratamiento histórico es muy diferente, desde el respeto escrupuloso a la invención más delirante. Por supuesto, eso es un derecho de los escritores de ficción pero, a la larga, tal vez no sea del todo inocente. Supongamos que un lector cualquiera lee "Sangre romana" y aprecia una notable reconstrucción de la Roma pre-imperial (lo que es totalmente cierto). A continuación lee "El código da Vinci". Aunque las andanzas del profesor Langdon y de Sophie Saunière (por cierto, ¿se han dado cuenta de la "coincidencia" entre el apellido de la protagonista y el del párroco de Rennes-le-Château, Berénger Saunière tan famoso por las obras pseudohistóricas de Gérard de Sède?) sean una (mala) ficción ¿no acabará el lector pensando que algo de cierto debe haber en la existencia del Priorato de Sión, del Linaje de Cristo... cuando está leyendo lo mismo una y otra vez en el mismo género de novelas? 10/03/2004 18:39 Enlace permanente. Tema: Parahistoria 26/11/2003Premio a la excelencia Por una vez, lo de "fallo del jurado" ha resultado ser una expresión y no una realidad. En estos tiempos menguados en la que lo cutre, lo casposo... vive y reina per saecula saecurum el ver como se premia la excelencia supone una cierta reconciliación con la sociedad. Claro, que el premio no lleva dotación económica (como deberían ser todos los galardones) así que el jurado ha podido ser justo, permanecer ajeno a presiones de amiguismos, politiquerías y demás influencias externas.Las editoriales Renacimiento y Siruela han recibido el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural en el año 2003. La noticia está ahí y dudo que merezca demasiada atención mediática dado que ninguna de ellas es una gran editorial. Es perfectamente posible que ni siquieran conozcan su existencia, que nunca hayan leído uno de sus libros. Si es así, permítanme que les hable de la segunda de las galardonadas. La editorial Siruela es una apuesta personal de D. Jacobo Fitz-James Stuart, conde de Siruela. Edita títulos que difícilmente lleguen al gran público. Por ejemplo, mantiene la colección Biblioteca Medieval en la que figuran "cositas" como "Historia de Merlín", "La muerte de Arturo" de Thomas Malory o el "Perzeval" de Wolfram von Escenbach, otra colección, el Árbol del Paraíso, dedicada a la vivencia espiritual con títulos como "Del Cielo y el Infierno" de Emanuel Swedemborg, el "Corpus Hermeticum" o "El fruto de la nada. Y otros escritos" del Maestro Eckhart e incluso una colección, La Biblioteca Sumergida, dedicada directamente a recuperar libros extraños como "La comunidad secreta" de Robert Kirk, "Monstruos y prodigios" de Ambroise Paré o "En busca de Isis" de Jurgis Baltrusaitis. Si conocen el contenido de esos textos, apreciarán la extraña mixtura que forma la literatura medieval, las visiones heterodoxas del Cielo y el Infierno, el esoterismo, la mística, las hadas, la teratología o la búsqueda de claves alquímicas supuestamente egipcias en el arte occidental, una mezcolanza en la que lo fácil hubiera sido caer en el ridículo más espantoso. Lo sencillo y lo comercial porque, no nos engañemos, tienen más tirón los libros escritos por cualquier autor esotérico actual que los realizados hace siglos. En efecto, muchos de esos libros entran de lleno en el esoterismo e, incluso, son textos que dieron forma a "modas" que todavía hoy existen y por eso precisamente era importante su recuperación. El conocimiento que podamos tener del esoterismo sería incompleto y muy probablemente erróneo si fuéramos incapaces de reconocer sus causas, el dónde, el cómo, el cuándo y el por qué surgen las creencias. Tal vez esta declaración les parezca sorprendente y piensen que lo único que realmente importa en el esoterismo es su refutación. En realidad el esoterismo, al igual que el pensamiento mítico-religioso y el científico, forman parte indisociable de nuestro pasado, de nuestra cultura. Cualquier aproximación a la historia del pensamiento humano que prescinda a priori del estudio de cualquiera de sus manifestaciones será necesariamente incompleta. El conocimiento de las fuentes originales nos permite comprobar qué parte de las creencias esoteristas ha permanecido invariable y qué aspectos han ido mutando a lo largo de los siglos, las relaciones de derivación, retroalimentación o mero parasitismo entre las distintas creencias... en suma, sirve para vislumbrar las causas por las que nuestra sociedad es como es y no de cualquiera otra de las formas en que podría haber sido. Además, Siruela se caracteriza por un cuidado exquisito en el tratamiento íntegro del libro. No es sólo el tener un texto interesante sino también ofrecer una traducción cuidada, incluir estudios sobre la obra a cargo de especialistas en la materia, atender igualmente los aspectos materiales tan descuidados por otras editoriales. Para los bibliófilos impenitentes como yo, supone un motivo de indignación el que abrir un libro sea una metáfora del otoño con sus hojas caídas por el suelo, el que en un par de años los márgenes comiencen a adquirir una "tonalidad blanco-amarillenta" que dijeron Les Luthiers o que la tinta en un decenio se torne tinta invisible. El que, por fin, una editorial se preocupe de que el papel, la tinta, el cosido... del libro sea de calidad óptima es un motivo de alegría y sólo por ello Siruela ya se hubiera hecho merecedora del galardón aunque, como hemos visto, motivos para ello había más que sobrados. Cuando las editoriales más conocidas parecen competir con las televisiones en ver quién es capaz de difundir la basura más hedionda, en pugnar por quién publica el libro de un autor menos merecedor de ello (y la competición está muy reñida), el reconocer la labor de editoriales que no se preocupan por eso sino por ofrecer a sus clientes-lectores un producto de calidad sólo puede merecer mi aplauso. Enhorabuena, por ello, tanto al jurado como a los galardonados. Hoy han conseguido alegrarme el día. 26/11/2003 18:57 Enlace permanente. Tema: Parahistoria 28/08/2003Carros de guerraQue la Historia interesa (y, por tanto, vende) es algo que los creadores de literatura, cine y juegos de ordenador tienen presente. Que a través de estos caminos mucha gente puede tener un primer contacto con la Historia (y quizás sentir el nacimiento de un amor apasionado por esta disciplina) es algo que no quiero olvidar. Tal vez los comentarios sobre estos aspectos parezcan un tanto frívolos, pero siempre he repudiado la idea de que la cultura sea patrimonio de una élite, de unos pocos escogidos encerrados en una torre de marfil y apartados del mundanal ruido. Si esto es divulgación o vulgarización queda a su arbitrio. Aunque no llegue a la calidad del mítico Civilización II, recientemente ha aparecido en nuestro país un nuevo juego para ordenador basado en la Historia, el Chariots of War (no se asusten si no saben inglés. Pese al título original está completamente traducido al español). Si desde el punto de vista histórico es discutible ya que, entre otras cosas, las localizaciones geográficas de los distintos pueblos son criticables y porque coexisten pueblos cronológicamente diferenciados, sí presenta logros destacables. Como mero juego es muy divertido (o muy frustrante, según como se vea) por la dificultad de conciliar la evolución económica y cultural con los aspectos bélicos. La actitud de primar la construcción de edificios como herbolarios, médicos, gremios... frente a la de campos de entrenamientos, herrerías o barracones puede conducir a un desastre si los pueblos vecinos nos atacan (que lo harán), pero también el primar los aspectos bélicos frente a los económicos y culturales puede conducir a la desaparición de los ejércitos por no poderse mantener y/o ampliar. El jugador se ve obligado a pensar continuamente el cómo mantener el equilibrio de estos aspectos mientras intenta conseguir, además, el bienestar de su pueblo (cuidado con las subidas de impuestos o la disminución de las raciones de comida como medio para equilibrar la balanza comercial) y lograr las materias primas necesarias para mantener una actividad constructora que permita el avance de su civilización. ¿Parece complicado? Pues les aseguro que es aún más difícil de lograr llevarlo a cabo. Todo ello, si son aficionados a este tipo de juegos, les recordará a Civilización (y no sin motivo porque las influencias son patentes) con el que podemos establecer tanto aspectos mejorados como empeorados. Por ejemplo, las tecnologías que en Civilización deben adquirirse y cada pueblo puede poseerlas completamente distintas, en Carros de guerra son iguales para todos sin que el jugador tenga ningún nivel de decisión sobre ellas. Otro aspecto que está peor tratado que en Civilización es la Diplomacia, que permite un menor número de opciones que en el juego de Sid Meier. En los aspectos mejorados, el desarrollo de las batallas (que ya les advierto que son inevitables) es innovador y mucho más cercano a la realidad. Si en Civilización se enfrenta el mero número y la calidad de las unidades involucradas de forma que el resultado es bastante previsible, en Carros de Guerra juega la estrategia. Ejércitos en apariencia más débiles pueden derrotar a un ejército más numeroso si el jugador sabe disponer sus unidades aprovechando las ventajas del terreno y las habilidades de cada una de las compañías. En ese sentido, Carros de guerra es un juego muy superior y así debo reconocerlo aunque sea un fan confeso del Civilización. Permítanme, por último un par de consejos por si deciden ponerse manos a la obra (y a la batalla). Si eligen la opción de Escenario Global prepárense para horas y horas de juego. Mientras van tomándole el pulso al juego elijan uno de los escenarios restringidos. Si pese a ello les motiva más la opción de jugar por todo Oriente Medio, seleccionen como el suyo pueblos como el Alto Egipto o los Nabateos que controlan recursos que les serán muy necesarios en el juego y no seleccionen a todos los pueblos restantes como enemigos. Eso les dará un tiempo precioso para preparar sus ejércitos antes del comienzo de las hostilidades. En cualquier caso, si terminan desapareciendo como pueblo recuerden que sólo es un juego y que sólo tienen que volver a empezar un nuevo juego. Ah, y si se preguntan quiénes eran esos nabateos, esos hititas... no contengan su curiosidad. Busque información sobre ellos y encontrarán historias tan apasionantes como el propio juego. 28/08/2003 11:21 Enlace permanente. Tema: Parahistoria |
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