El triunfo de Clío

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07/06/2004

Los olvidados

stalingrado.jpg"Crea fama y échate a dormir" es el consejo que da el refranero castellano casi siempre escueto y certero. Parece que hubieran visto ayer las emisiones televisivas sobre el 60º aniversario del desembarco aliado en Normandía, que, sin llegar a la estulticia de una locutora de informativos de RNE que dijo que Normandía supuso el fin de la II GM (con un par), se caracterizaron por la loa panegirista más acusada.

Reconozco que han sido demasiadas las novelas, películas... sobre el Día D para que me extrañe tal situación, pero ha sido una buena ocasión (por desgracia desperdiciada) para haber zanjado alguna deuda histórica. No se trata, por descontando, de restar importancia histórica al desembarco aliado, pero sí de tener una perspectiva global sobre el desarollo de la II GM que no se libró sólo en Europa Occidental y en el Pacífico como las películas norteamericanas tienden a considerar. En cuanto a Europa concierne, lo que supuso una ruptura decisiva en la marcha del conflicto fue el bienio 1942-1943 y su escenario principal no fue ningún lugar en Europa Occidental sino la URSS. ¿Ejercitamos un poco la memoria? Al finalizar el invierno de 1941-1942 el Ejército Rojo emprende tres ofensivas, dos de ellas destinadas a levantar el cerco de dos ciudades sitiadas, Leningrado (antes y ahora, San Petersburgo) y Sebastopol, y la tercera a reconquistar la ciudad de Jarkov. Las tres acabaron en desastre.

El Alto Mando del Ejército (O.K.H.) alemán se encontró así ante una situación favorable que quisieron aprovechar. El 28 de junio comenzó la ofensiva alemana con la ruptura del frente de Kursk y su avance posterior hacia el Cáucaso. Los soviéticos, inferiores en material, fueron arrollados. Los restos del ejército ruso se concentran en una ciudad, Stalingrado (actual Volvogrado). Los alemanes cometieron entonces un inmenso error estratégico, el de querer conquistar Stalingrado a cualquier precio. Sin embargo, las divisiones Panzer que no habían encontrado un rival a su altura en campo abierto no estaban preparadas para una lucha urbana que es lo que se encontraron en Stalingrado. Soviéticos y alemanes combatieron por cada metro de una ciudad en ruinas con un heroísmo digno de mejor causa. Tal vez los generales alemanes se dieron cuenta de que estaban desperdiciando sus mejores tropas en un objetivo menor, pero entonces intervino la insuperable incapacidad militar de Hitler. Engañado por su propia propaganda sobre la transcendencia de conquistar Stalingrado, el Führer transmitió a von Paulus su deseo de un pronto final feliz. El general del VI Ejército alemán ordenó una ofensiva general contra los tres grandes complejos industriales de Stalingrado, la fábrica de tractores, la planta de municiones "Barricada" y el complejo siderúrgico "Octubre Rojo". Era el 4 de octubre de 1942.

Lo que siguió fue un horror que todavía hoy resuena en las cartas y testimonio de los que se vieron envueltos en aquel combate apocalíptico. Durante tres semanas se luchó cuerpo a cuerpo por aquel puñado de terreno. "Octubre Rojo" cayó en manos alemanas, pero tanto en la fábrica de tractores como en "Barricada", grupos de resistentes proseguían el combate pese a su inferioridad numérica. Pequeños contraataques y la presencia constante de los francotiradores (y las francotiradoras) soviéticos minaba el ataque alemán que acabó deteniéndose por pura y simple extenuación.

Si los alemanes se habían concentrado en la conquista de Stalingrado, los soviéticos no habían cometido el mismo error. La heroica resistencia de aquellos hombres y mujeres les había dado lo que más necesitaban, tiempo para reponerse de la derrota de la primavera, para crear nuevas divisiones y equiparlas con lo producido por las factorías soviéticas y con los suministros enviados por los aliados a través de los convoyes del Báltico. El mariscal Zhukov decidió pasar a la contraofensiva. Von Paulus fue avisado por los servicios de inteligencia de lo que estaba sucediendo, pero éste no quiso desobedecer las órdenes de Hitler. El 19 de noviembre, Zhukov atacó y cercó a los sitiadores.

Nuevamente, los alemanes cometieron un error de bulto. En lugar de intentar romper el cerco, decidieron permanecer en sus posiciones y esperar el buen tiempo primaveral confiados en que la Luftwaffe podría abastecerles por vía aérea... lo que estaba fuera de sus posibilidades. El dos de febrero de 1943, sin alimentos ni municiones lo que quedaba del VI Ejército alemán se rindió. El Ejército Rojo hizo más de 130.000 prisioneros.

No obstante la derrota de Stalingrado, el ejército alemán en el Frente Oriental seguía siendo considerable (más de 5 millones de soldados) y en el verano de 1943 (5 de julio) los alemanes comienzan una gran ofensiva desencadenando lo que se conoce como "la batalla de Kursk", el combate a mayor escala de la historia. Para hacerse una idea de lo que fue, por parte alemana se movilizaron 100 divisiones (17 acorazadas, 3 blindadas y 80 de infantería) y por parte del Ejército Rojo alrededor de un millón y medio de soldados. Durante cinco días, los alemanes continuaron la ofensiva nuevamente a un precio altísimo. Entonces contraatacaron los rusos. En los durísimos combates ambos bandos sufrieron una auténtica sangría en hombres y equipo, pero ahora el Ejército Rojo tenía una capacidad superior para reponer unos y otros. El 12 de julio comienza una segunda contraofensiva rusa y el 26 las tropas alemanas deben retroceder para evitar quedar de nuevo cercadas como en Stalingrado. El 23 de agosto los soviéticos reconquistan Jarkov. A partir de ese momento, la ofensiva rusa no se detendrá hasta la entrada en Berlín.

Tal vez (bueno, sin duda) el desembarco de Normandía sea más conocido que la batalla de Kursk y Eisenhower lo sea más que el mariscal Zhukov, pero dónde la II GM cambió su signo fue en el Frente Oriental. Los combates que allí tuvieron lugar no tienen equivalentes en el Frente Occidental ni los sufrimientos que padecieron los rusos con los de los demás aliados. Se estima que más de 20 millones de ciudadanos soviéticos murieron, que quedaron completamente destruidos o casi 17.000 ciudades y 70.000 pueblos ocasionando que más de 25 millones de personas quedasen sin hogar. 31.000 fábricas, 64.000 kilómetros de vías férreas y más de 45 millones de cabezas de ganado mayor desaparecieron durante el conflicto.

Díganme, en medio de la conmemoración del desembarco en Normandía, ¿alguien recordó esto? Todavía era comprensible (nunca justificable) que en los años de la Guerra Fría no se quisiera reconocer el trascendental papel de la URSS en la derrota de la locura nazi, pero hoy ya no hay motivo para el silencio.
07/06/2004 11:52 Enlace permanente. Tema: Historia

11/05/2004

La seducción de los culpables (historia con moraleja)

comic_code.jpgPocas personas necesitarían explicaciones sobre la "caza de brujas" del senador McCarthy y su Comité de Actividades Norteamericanas. Como siempre ha sido cierto aquello de que "Unos son más iguales que otros", la cinematografía y el "glamour" que rodeaba al Jolibú de la época actuaron como caja de resonancia para que el nombre del senador sea hoy sinónimo de intolerancia, fanatismo y ataque a las libertades individuales. Nada, por cierto, que no se mereciera con creces por su actuación.

Otras personas, por contra, escaparon casi de rositas al atacar otras formas artísticas y de expresión con menos atracción popular. ¿Alguien sabe quiénes fueron Frederic Werthan y Estes Kefauver? En caso afirmativo, ya saben de qué va a ir esta historia. En caso contrario, tendremos una buena ocasión de aprender de la historia que tan mala es la censura como el linchamiento moral que conduce a la autocensura.

En el mismo año en que el Comité comenzó sus actividades que estuvieron a punto de destruir el Hollywood de la época (y que sí destrozaron carreras y vidas de los acusados de comunismo), en 1947, William Gaines heredó una editorial dedicada a los cómics. Su nombre era Educational Comics, pero Gaines lo mudó por Entertaining Comics aunque pasaría a la historia de este arte con sus iniciales E.C. No fue el único cambio. Se olvida completamente de la finalidad educativa mediante historias bíblicas y lanza revistas dedicadas a cinco temas, humor, ciencia ficción, terror, bélico y policiaco.

No sólo introdujo unos temas "adultos" sino que también revolucionó los guiones y los dibujos que abundan en truculencias de todo tipo sin dejar de tener una alta calidad (ahora mismo las colecciones de cómics de terror y policiacos se están editando en España por obra de Planeta-DeAgostini bajo los títulos "Clásicos del terror" y "Clásicos del suspense"). Guiones salvajes (y con una carga de "mala leche" social digna de encomio) realizados frecuentemente por el propio Bill Gaines y su "mano derecha" Al Feldstein y dibujos que rozan lo caricaturesco (Jack Davis, Jack Kamen, Joe Orlando, Graham "Ghastly" Ingels, Bill Elder...) y que dejan poco a la imaginación no eran algo fácilmente digerible por la sociedad de la época y menos cuando se destinaban, supuestamente, a la infancia (el mito de cómic=público infantil tardaría aún en caer).

Supongo la cara que pondría un padre si, por "casualidad" echaba mano a la revista del niño y se encontraba con una historia de un necrófilo casado con una vampira que se quedaban encerrados en una cabaña en medio de un temporal de nieve [1] (dejo que intenten averiguar el final aunque sospecho que no lo lograrán. Es, pese a todo, una historia de Amor...). Canibalismo, asesinatos atroces (a veces cometidos por niños), mutilaciones, putrefacción... aparecen una y otra vez y de forma muy explícita. Sea por su truculencia o por su calidad (o incluso por las hermosísimas mujeres que aparecían como víctimas, culpables o desencadenantes de las tragedias) las publicaciones de EC se hicieron con un hueco en el mercado que, por otra parte, estaba en baja por cambios culturales y sociales. Sólo las de ciencia ficción no funcionaron comercialmente, pero eran una apuesta personal del propio Bill Gaines así que también continuaron existiendo.

Todo ello cambió en 1954 cuando el doctor Frederic Werthan publicó un libro titulado "Seduction of the Innocent" (La seducción del inocente) en la que pegaba un buen repaso a los cómics que resultan ser algo así como el Anticristo. Partiendo de hechos anecdóticos y sin tener la menor idea de estadística, Werthan acusa a los cómics de estar presentando a la infancia unos personajes amorales (Batman y Robin son dos homosexuales, la Mujer Maravilla una lesbiana fetichista... según su curiosa interpretación, claro) que conducían a los niños por el camino de la amoralidad y la delincuencia hasta llegar, en ocasiones, al asesinato. Obviamente, existían asesinatos cometidos por niños que leían cómics (lo difícil es que hubiera sido de otra forma por una mera cuestión de estadística) y, de hecho, un caso de éstos (convenientemente aireado por los padres bienpensantes de rigor) había llevado, años atrás, al establecimiento de un primer código de conducta para editores (por ironías de la vida, uno de sus promotores fue el padre de Bill Gaines, Max C. Gaines) pero éste era vulnerado un mes sí y otro también por EC.

Esta vez la cosa fue mucho más grave. El éxito del opúsculo del doctor Werthan (jaleado por los sectores más reaccionarios de la sociedad norteamericana) acabó en la Comisión del Senado sobre Delincuencia Juvenil presidida por Estes Kefauver. Sabedor de que EC estaba en el punto de mira (había pisado demasiados pies para que fuera de otra forma con sus soldados que no estaban encantados de combatir por los EEUU sino que sufrían miedo, hambre, frío... y que, incluso, eran unos cobardes redomados [2], sus policías que no vacilaban en recurrir a la tortura para arrancar una confesión [3] o que llegaban al asesinato por sus prejuicios raciales [4], su pueblo capaz de linchar a un hombre por creerle comunista [5], su denuncia de los prejuicios antisemitas [6] y contra la minoría negra [7], sus posturas progresistas en contra del sufrimiento a los animales por cuestiones estéticas [8]...) Bill Gaines pidió comparecer ante la Comisión. Allí recordó que sin libertad de expresión, Estados Unidos no sería diferente a la URSS o España y defendió la inocuidad de los cómics por muy truculentos que éstos fuesen. Se le preguntó si le parecía de buen gusto una ilustración de EC que representaba a un marido que sostenía en una mano la cabeza de su esposa. Y Gaines respondió que sí para un cómic de terror, que lo que hubiera sido de mal gusto era representar el cuello manando sangre.

Si bien la Comisión no tomó ninguna medida contra los Cómics en general y EC en particular (se lo impedía la propia Constitución, claro) el linchamiento público era irreparable. Para salvar la cara (y posiblemente para cargarse la exitosa EC) se constituye la Comics Magazine Association of America que el 26 de octubre de 1954 promulga el Comic Code, una autocensura de obligado cumplimiento. Puesto que legalmente no podían imponerlo, empleron la presión económica. Las publicaciones que no obtuvieran el "nihil obstat" no serían distribuidas lo que suponía que no se venderían.

¿Qué imponía el Comic Code? Pues cosas tan peregrinas como "Los criminales no tienen que motivar simpatías, ni sus fechorías, no se mostrarán detalles explícitos de sus acciones, las fuerzas de la Ley se presentarán de forma intachable, el bien siempre triunfa sobre el mal, no se pueden ver actos de excesiva violencia, ni recrearse en secuestros, ni mostrar mucha sangre, la palabra "Crimen" no puede aparecer en portada como principal o destacada." [9] "En los cómics se prohíben las palabras "horror" y "terror", se prohíben las historias que atenten contra la moralidad y la sensibilidad del lector, no se pueden mostrar zombies, vampiros, fantasmas, espíritus, hombres-lobo, caníbales, ni objetos relacionados con ellos." [9] "Se prohíbe todo lo que vulnere el buen gusto, tanto en dibujo como en texto. Nada de obscenidades, deformidades físicas, vulgarismos y coloquialismos." [9] "Tampoco se puede ridiculizar las religiones, mostrar desnudos, posturas lascivas, vestidos incorrectos, ni exagerar los atributos femeninos." [9]

Si esto fuera "Caballero sin espada" Bill Gaines hubiera encontrado una salida. Como es la vida real, de todas las publicaciones de EC sólo sobrevivió una de las dedicadas al humor, la todavía existente MAD. Las demás tuvieron que ser clausuradas en 1955. La autocastración supuso una involución de los cómics del que sólo comenzaría a salir en la década de los 60 con los cómics en blanco y negro (que no estaban afectados por el Code) de la editorial Warren (James Warren y Forrest J Ackerman) publicados en las revistas Creepy (en España Vampus), Eerie (en España Rufus) y Vampirella (que conservó el mismo título en España).

Los que pretendieron "cargarse" al advenedizo Gaines lo lograron (al menos en parte, porque siguió "dando caña" desde MAD), pero al precio del divorcio de una parte del público al que no gustó nada la gazmoñería imperante por obra y gracia del Code. Después de haber visto los excesos de EC, el leer historias de un extraterrestre de Krypton dedicado a capturar espías comunistas se mostraba aún más irreal de lo que ya era.

¿La moraleja prometida en el título? El que la hace, aunque sea disfrazando sus cortapisas a la libertad de expresión con bellas palabras de protección a la infancia, la paga. Esperemos que los que en este país (tan socialmente avanzado y tan defensor de la libertad de expresión... según dicen nuestros políticos) los que se dedican a elaborar "listas negras" de periodistas, a "suspender" las tertulias políticas en RNE hasta después de las elecciones europeas... tomen buena nota; pero si algo enseña la Historia en relación con los políticos es que éstos nunca aprenden de los errores ajenos (y muy pocas veces de los propios).

NOTAS:
[1] Two of a Kind! publicado en The Vault of Horror nº 26 IX/X 1952. Edición en español ¡Tal para cual! Biblioteca grandes del cómic. Clásicos del terror nº 8. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2003.
[2] Yellow! publicado en Shock SuspenStories nº 1 II/III 1952. Edición es español ¡Cobarde! Biblioteca grandes del cómic. Clásicos del suspense nº 6. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2004.
[3] Confession! publicado en Shock SuspenStories nº 4 VIII/IX 1952. Edición es español Confesión. Biblioteca grandes del cómic. Clásicos del suspense nº 6. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2004.
[4] The Guilty! publicado en Shock SuspenStories nº 3 VI/VII 1952. Edición es español ¡El Culpable! Biblioteca grandes del cómic. Clásicos del suspense nº 6. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2004.
[5] The Patriots! publicado en Shock SuspenStories nº 2 IV/V 1952. Edición es español ¡Los Patriotas! Biblioteca grandes del cómic. Clásicos del suspense nº 6. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2004.
[6] Hate! publicado en Shock SuspenStories nº 5 X/XI 1952. Edición es español ¡Odio! Biblioteca grandes del cómic. Clásicos del suspense nº 6. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2004.
[7] Under cover! publicado en Shock SuspenStories nº 6 XII 1952/I 1953. Edición es español ¡Bajo la Máscara! Biblioteca grandes del cómic. Clásicos del suspense nº 6. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2004.
[8] Whar fur?! publicado en Shock SuspenStories nº 5 X/XI 1952. Edición es español A flor de piel. Biblioteca grandes del cómic. Clásicos del suspense nº 6. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2004.
[9] Citado por Enrique Torres en su artículo El Comic Code. Biblioteca grandes del comic. Clásicos del terror nº 4. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2003.

BIBLIOGRAFÍA:
Artículos introductorios de Enrique Torres a las diversos números de las colecciones y editorial ya reseñadas.
11/05/2004 13:48 Enlace permanente. Tema: Historia

17/04/2004

El viento en las jarcias

kidd.jpg¿Qué saben Vds. del capitán Kidd? Me imagino que su respuesta, exactamente igual a la que yo hubiera dado hasta hace pocos días, es que fue un célebre pirata de finales del S XVII que acabó ahorcado a comienzos del S XVIII. Incluso si están al tanto de las leyendas sobre tesoros piratas enterrados recordarán que, supuestamente, hay una fortuna producto de las rapiñas del capitán Kidd escondida en la isla de Oak.

Sin embargo ¿es eso cierto? Que el capitán Kidd fue ahorcado por piratería al anochecer del viernes 23 de mayo de 1701 y que su cadáver permaneció expuesto sobre el Támesis como advertencia a futuros piratas está fuera de toda duda. Que realmente se dedicara a la piratería es mucho más dudoso. A defender la inocencia de Kidd se dedica un libro de reciente aparición: "El cazador de piratas. La historia secreta del capitán Kidd" por Richard Zacks (Traducción de Ricard Martínez i Muntada. Ed. Círculo de Lectores. Barcelona, 2004. 567 Págs.) ¿Se ha vuelto loco Mr. Zacks, pretende escribir un libro de éxito demoliendo, sin pruebas, lo que antes se aceptaba como cierto? Nada de eso. Al contrario que otros títulos recientes (el engendro de "El código da Vinci", sin ir más lejos) éste es fruto de una paciente búsqueda documental por los archivos de medio mundo, desde el Archivo Nacional Británico a los archivos del Estado de Nueva York, del Estado de Massachusetts... Sin embargo, tampoco estamos ante un "tocho" académico con más notas que texto y de difícil y casi incomprensible lectura. "El cazador de piratas" pertenece a esa categoría difusa (y apasionante) que se sitúa entre la narración y el ensayo historiográfico. Adopta una escritura narrativa (que no es sinónimo de ficticia), pero no deja de señalar al final del texto las localizaciones y signaturas de los documentos que le permiten sostener sus afirmaciones. Sin ser una novela ni un ensayo al uso, se lee de un tirón sin dejar de ser un texto riguroso.

La pregunta que se deberían estar planteando (y si no es así, les recuerdo que el pensamiento crítico no debe moderarse ante textos que hagan afirmaciones extraordinarias por el hecho de que éstas no caigan en el campo del esoterismo) es ¿cómo se explica que el capitán Kidd si no fue un pirata acabara colgando de una horca? A explicarlo dedica Mr. Zacks esta obra que, por desgracia, ha pasado casi desapercibida. Por de pronto, el capitán Kidd no responde a la imagen de un pirata. Era héroe de guerra, había contraído un matrimonio ventajoso (no piensen mal, todo hace pensar que realmente estaban enamorados) y era uno de los puntales de la sociedad de Nueva York en aquella época cuando la actual capital del mundo tenía unos 5.000 habitantes. Aunque rico y respetado, Kidd no dejó nunca de ser un aventurero. En 1695 se encontraba en Londres buscando un empleo de capitán de la Armada Real al que consideraba haberse hecho merecedor por su actuación contra Francia en el Caribe. Allí coincide con un conocido, Robert Livingston, que a su vez había oído a lord Bellomont (que había sido nombrado gobernador de la bahía de Massachusetts) asegurar que el rey deseaba acabar de una vez por todas con la piratería que causaba graves pérdidas al tráfico comercial con la India. Livingston recomienda a lord Bellomont que se contrate a Kidd como cazador de piratas, pero Bellomont no consigue del Almirantazgo que se ceda ningún barco para esa tarea. Livingston insiste. Si no hay un barco "oficial" tal vez podrían encontrarse socios capitalistas que armaran uno. Dellomont, que siempre tenía problemas económicos, ve la posibilidad de un buen negocio. Entre lord Bellomont y Livingston consiguen reunir el apoyo de cuatro hombres poderosos, Charles Talbot, conde de Shrewsbury, Henry Sidney, conde de Romney, Lord John Somers, guardián del real sello y miembro del Consejo Real, y el almirante Edward Russell, primer Lord del Almirantazgo.

El 10 de octubre, Kidd, Livingston y lord Bellomont firman un contrato de corso. Dos claúsulas son sorprendentes, por la segunda Lord Bellomont se comprometía a gestionar del rey la cesión de cualquier mercancía que Kidd lograra capturar a los piratas en vez de su entrega a los legítimos propietarios. Por la décima, los bienes apresados serían entregados a lord Bellomont en Boston (donde como gobernador tendría la obligación de residir en el futuro) sin dar cuenta alguna a la Corona. A este contrato, que evidentemente es una patente para robar a los ladrones y repartirse el botín sin dar cuentas a nadie, se añadió un compromiso por parte de Kidd. Si fracasaba en su empresa tendría que indemnizar con 20.000 libras a sus socios. Simplemente, esto supondría su ruina total y absoluta.

A partir de ahí comienzan los problemas. Provisto de un barco construido ex profeso, el Adventure Galley, Kidd se ve obligado a reclutar a la "flor y nata" de las tripulaciones. Como la tarea de cazar piratas no era la más atractiva para un marino, termina por aceptar a cualquier tripulante, entre ellos varios ex-piratas y aun eso ofreciendo parte de los beneficios que correspondían a los socios capitalistas. Por otra parte, una compañía monopolizaba el comercio con la India, la Compañía de las Islas Orientales que no tenía ni idea del nombramiento como corsario de Kidd y a la que, además, no la hacía ninguna gracia que hubiera barcos armados cerca de sus rutas comerciales. El capitán Kidd sufre una racha de mala suerte, el barco construido apresuradamente hace aguas, la tripulación sufre una virulenta epidemia y los piratas no aparecen por parte alguna. Si Kidd no logra una presa acabará arruinado así que se pone en el límite de la ley. Un corsario podía atacar barcos enemigos (en este caso franceses). Esto puede parecer claro, pero en la práctica no lo era tanto. Muchos barcos eran fletados por mercaderes de varias nacionalidades y solían disponer de varios salvoconductos de diversos países. Kidd enarbola pabellón francés y aborda un mercante que al ver la bandera que mostraba entrega al corsario un salvoconducto francés. Técnicamente eso le convierte en presa legítima, pero varios de los mercaderes eran, en realidad, neutrales y recurren al Gran Mongol que pone el grito en el cielo y aprieta las clavijas a los paisanos de aquel "pirata", la Compañía de las Indias Orientales. Ésta, que ya sospechaba de las intenciones de aquel barco con el que habían tenido más que palabras alguno de sus propios navíos (al parecer, Kidd replicó al fuego que había comenzado un barco de la Compañía que le tomó por pirata), propagan la noticia de que el capitán Kidd está fuera de la ley. Para rematar el desastre, finalmente Kidd logra encontrar un barco pirata... al que se une su tripulación que considera mejor negocio el dedicarse a la piratería que a perseguirla.

Cuando Kidd logra regresar a las colonias con su presa mercante nominalmente francesa y con los pocos hombres que le han permanecido fieles se encuentra con que lord Bellomont le arresta como pirata. La razón es sencilla, las acusaciones públicas de piratería contra Kidd ponían en una situación comprometida a hombres poderosos. Éstos debían mostrar contra él la mayor dureza para salvar su propia situación, muy desairada en virtud del extraño compromiso al que habían llegado en su contrato y que podía salpicar al propio monarca. Lo que siguió es fácil de imaginar. Traslado a la Gran Bretaña para celebrar un proceso en el que se presentan testimonios inculpatorios demostrablemente falsos y en el que no se presentan pruebas que hubieran ayudado a la defensa. Kidd proclamó hasta el final su inocencia aunque, como ya dijimos, no le sirvió de nada.

Ésta es la tesis que defiende Zacks y que, en todo caso, habrá de ser respondida por los historiadores expertos en este periodo histórico y en la piratería en general. En cualquier caso, es un libro muy interesante y una magnífica recreación de la época que merece una lectura pausada.
17/04/2004 18:54 Enlace permanente. Tema: Historia

16/04/2004

Todos iguales

triunfo_lamuerte.jpgPocos cuadros resultan más desoladores que "El Triunfo de la Muerte" de Pieter Brueghel . Ese ejército de perros, caballos y hombres reducidos a esqueletos que se arrojan sobre los vivos para llevarlos consigo supone la constatación de una verdad evidente, ante la muerte todos somos iguales. Hombres, mujeres, un rey, soldados, un bufón... todos son avasallados por las hordas esqueléticas. Las distintas actitudes de los personajes, el hombre que desafiante desenvaina la espada, el bufón que se esconde bajo una mesa, la mujer que intenta huir, la que se agarra la cabeza entre las manos... son igualmente inútiles. Sólo una pareja de enamorados parecen ajenos a la atroz escena... hasta que advertimos que sobre la cabeza de la mujer aparece un esqueleto burlón tañendo un instrumento musical. Ni siquiera el amor confiere algún tipo de esperanza, éste es el desolador mensaje de esta vanitas. Ante la muerte, todos quedamos igualados, pero ¿y hasta entonces?

"Todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros" es una frase que se ha hecho famosa. Voy a contarles una leyenda (reitero que es eso). Friburgo, 1312. Los asistentes a los servicios religiosos de la catedral escuchan un estruendo. Al princio piensan en un trueno, pero pronto la gente comienza a dirigirse hacia el monasterio de San Martín en donde parece haberse originado la explosión. El prior explica a la multitud que un extraño accidente ha sucedido cuando el fraile Berthold Schwarz estaba triturando "sal pétrea". La humareda y el olor a azufre que llenaban la sala en la que realizaba sus experimentos muestran la intervención del demonio. Después se aclara que el fraile había mezclado y machacado en un almirez "sal pétrea", azufre y carbón vegetal y que sobre el polvo resultante había caído una chispa ocasionando la terrible explosión que había conmocionado Friburgo. Fray Berthold acababa de inventar la pólvora.

Esta leyenda (en realidad la pólvora fue introducida en Europa por los árabes) no obstante, es interesante por una causa, desde muy pronto la pólvora se considera una invención demoníaca. ¿Por qué? Podemos pensar en que la respuesta es obvia, la pólvora es peligrosa. Se emplea en la guerra y mata. ¿Por qué, entonces, la pólvora se demoniza y el arco no? Bueno, el olor a azufre que deja su uso hace pensar en las calderas de Pedro Botero. Es una posibilidad, pero hay otra arma cuyo uso se prohibió en las guerras entre cristianos (en la guerra con los musulmanes sí podía usarse) pese a que no dejaba olores sospechosos, la ballesta. ¿Qué tienen en común ambas? Que hacían que los participantes en una batalla igualaran sus posibilidades de morir.

Temo que la idea que tenemos de un combate medieval están distorsionadas por películas made in "Jolibú". Pensemos en un caballero medieval de finales de la Edad Media. Acudía a la guerra montado en un caballo de batalla (es decir, más alto y robusto de los habituales para los usos pacíficos). Iba acorazado de la cabeza a los pies y tenía otra ventaja, toda su vida se había entrenado para la lucha. Frente a él se encontraban otros caballeros como él y sus mesnadas. Olvídense de cualquier representación moderna de infantes uniformados, capaces de realizar acciones coordinadas, con armas más o menos decentes... porque la mayoría eran campesinos sin instrucción militar alguna y mal equipados (las armas costaban muy caras). Unamos a ello que los caballeros tenían más interés en capturar a sus iguales enemigos que en matarlos (por un cadáver no se pagaba rescate) y tendrán una imagen bastante más realista de lo que pasaba. Un caballero tenía muchas menos posibilidades de morir en combate que los infantes. Sólo había un arma capaz (y eso con suerte) de igualar las tornas, el arco largo; pero su uso preciso requería años de entrenamiento. Sólo en Inglaterra y Gales se practicaba su uso con frecuencia. A poco que pensemos en esa situación nos daremos cuenta de sus consecuencias, los caballeros (que pertenecían a la nobleza feudal) tenían los privilegios y tenían el poder militar. Cualquier revuelta campesina podía ser aplastada sin demasiada dificultad y sin excesivo derramamiento de sangre... azul. En realidad, el mayor peligro que corría un caballero era el verse descabalgado. El peso de la armadura le inmovilizaba dejándole indefenso y a merced de una daga insertada a través de las articulaciones de la coraza o de un pico de guerra clavado en las ranuras del yelmo para permitir la visión.

Sin embargo, ese orden se vio perturbado por la ballesta, cuyos virotes podían atravesar una coraza y que no precisaba el continuo entrenamiento de los arcos. No obstante, tenía dos problemas. El primero es que conforme aumentaba la resistencia de las armaduras se tuvo que incrementar la potencia de las ballestas. La verga (es decir, el arco) metálica fue la solución, pero trajo aparejada una nueva complicación. La fuerza necesaria para tensar la cuerda era considerable, tanto que era difícil hacerlo a mano pese al añadido de un estribo en la boca de la ballesta que servía para sujetarla con el pie mientras se empleaban ambas manos para hacer retroceder la cuerda. Un nuevo artilugio hizo su aparición, el armatoste, un conjunto de manivelas y poleas que permitían armar la ballesta. Si consideramos el significado que terminó adquiriendo en español la palabra armatoste (algo aparatoso y de poca utilidad) tendremos una idea aproximada del tiempo que se precisaba para hacer un disparo. El segundo problema es que la humedad afecta a la cuerda destensándola (de ahí deriva la expresión "mear las cuerdas" como sinónimo de estropearle a alguien un negocio) y si armar una ballesta no es algo fácil, cambiar la cuerda es aún peor. Pese a todo ello, con una ballesta en las manos un ganapán podía enviar a un caballero a reunirse con sus antepasados. La respuesta, claro, fue prohibir su uso militar entre cristianos, aunque el éxito que tuvo en actividades venatorias permitió su difusión. Los caballeros dejaron de estar tan seguros como antes.

Si la ballesta les puso en peligro, las armas de fuego terminaron por convertir la caballería acorazada en una reliquia del pasado. Por supuesto, no fue algo rápido. Las primeras armas de fuego hacían más ruido que daño. Pesadas e imprecisas (no sólo las primeras fórmulas de pólvora eran poco potentes por la inadecuada proporción de los componentes sino que además el salitre -o sal pétrea- solía obtenerse rascando las paredes con lo que era más impuro que los pensamientos de un adolescente), mostraban, además, cierta peligrosa tendencia a explotar. Hay un manuscrito miniado inglés de 1326 (De officiis regum de Walter de Milimete) que muestra una escena que habla por sí misma. Una bombarda dispuesta sobre unos caballetes y un artillero (con loriga) que la dispara mediante un largo palo con una mecha en su extremo.

Como todo progresa en este mundo (especialmente si se trata de medios para matar más y mejor al enemigo) las armas de fuego se hicieron portátiles (bueno, o algo así porque la considerada como arma de fuego portátil más antigua conservada, la bombardilla de Loshult -hacia 1350 y que se expone en el Museo Histórico de Estocolmo- pesa algo más de 9 kilos). De fecha posterior en unos cuarenta años en el mismo museo se conserva un trueno de mano cuyo peso no llega al kilogramo. No obstante, seguían sin ser armas demasiado útiles. Las prácticas realizadas empleando réplicas y pólvora similar a la de la época dejan su empleo efectivo reducido a menos de 50 metros. No obstante eran armas fáciles de fabricar y mucho más baratas que los pertrechos de un caballero. El perfeccionamiento de las armas con gancho (en alemán, haken-büchse) así llamadas por tener un gancho en el cañón que se sujetaba en un parapeto para limitar el retroceso, daría lugar a un arma mucho más temible, el arcabuz. El empleo de arcabuceros combinados con artillería supondría el fin de una forma de combatir. La caballería acorazada desaparece y esa eliminación tendría consecuencias sociales obvias. El papel de la infantería se vuelve decisivo y con ello comienza el declive de los privilegios nobiliarios.
16/04/2004 02:20 Enlace permanente. Tema: Historia

15/04/2004

73 años... y un día

bandera_republicana_escudo.jpgPermítanme, por una vez, una declaración personal. Me encantaría ver la proclamación en España de la III República. Nada tengo en contra (todo lo contrario) de D. Juan Carlos I. Sencillamente, me parece inconcebible que en un país democrático la jefatura del estado sea vitalicia y hereditaria. No soy, evidentemente, el único español que piensa así. Siempre se ha dicho que España es un país monárquico y un pueblo republicano al contrario que Francia.

Incluso los reyes españoles más influenciados por las ideas de monarquía divina y gaitas semilares tuvieron buen cuidado de mantener aspectos populares e incluso castizos. Tal vez por ello y al contrario de lo sucedido en Rusia, Francia, Inglaterra... ni uno sólo de los monarcas españoles desde la Edad Media fue ejecutado o asesinado, aunque alguno hiciera méritos sobrados para ello. No deja de ser curioso en un país en el que el padre Mariana en su obra De rege et regis institutione (1599) había defendido el magnicidio: "Mas si el rey atropella la República, entrega al robo las fortunas públicas y privadas y desprecia y conculca las leyes públicas y la religión sacrosanta... esto no se le debe disimular de modo alguno" "...el que secunde los votos de la república e intente quitar la vida al príncipe, juzgo que en modo alguno obrará injustamente" causando con ello un escándalo en otros países (en París se quemaron públicamente ejemplares de esta obra) y ninguno en la propia España.

En cuatro ocasiones el pueblo español expulsó a sus monarcas, pero nunca se llegó a más. Por si no lo recuerdan, los tres primeros fueron Carlos IV forzado a abdicar en su hijo Fernando VII por el motín de Aranjuez, José I al ser derrotado el ejército napoleónico en la Guerra de la Independencia e Isabel II por la Revolución de 1868. La cuarta ocasión, por el contrario, fue totalmente pacífica porque fue motivada... por unas elecciones municipales que ni siquiera ganaron los partidos que se proclamaban como republicanos. Si no lo entienden no se preocupen porque lo sucedido sigue siendo motivo de disputa historiográfica. Tal vez haya que comenzar por una aclaración, lo sucedido y la percepción de lo sucedido son dos cosas distintas.

El 12 de abril de 1931 se celebraron elecciones municipales, la primera de las tres elecciones que debían suponer la vuelta a la normalidad democrática después de la dictadura (o de la dictablanda, como entonces se dijo) de Primo de Rivera. El apoyo del monarca Alfonso XIII al general y dictador le había hecho extraordinariamente impopular, algo a lo que también ayudaron los escándalos de corrupción, el caciquismo... que se habían dado durante su reinado; pero nadie esperaba lo que iba a pasar. Como dijimos, las elecciones municipales iban a ser seguidas por elecciones provinciales (el 3 de mayo) y generales (el 7 de junio). Éstas no llegaron a celebrarse. En otras ocasiones los partidos republicanos habían ganado elecciones municipales en las grandes ciudades sin que pasara nada (por ejemplo, en 1903). ¿Qué cambió en esta ocasión? El mismo día 12 por la noche el Gobierno comienza a recibir los resultados de las capitales de provincia. Quedan estupefactos al advertir que municipios que consideraban leales a la monarquía habían dado la mayoría a los republicanos. Marañón diría después de Toledo "Hasta los canónigos han votado la República". Sólo en nueve capitales de provincia (Ávila, Burgos, Cádiz, Gerona, Lugo, Palma de Mallorca, Pamplona, Soria y Vitoria) vencen los monárquicos. La sensación de derrota se extiende por el Gobierno reunido en el despacho del ministro de la Gobernación, el Marqués de Hoyos. A la salida de esa reunión, el conde de Romanones declara a los periodistas: "Han sido ocho años que, al fin, han hecho explosión."

En la madrugada del día 13 de abril, el ministro de la Guerra, general Berenguer, telegrafía a las capitanías generales avisando de la derrota electoral que consideraba cierta. En la mañana de ese mismo día, Gabriel Maura, ministro de Trabajo, propone a Alfonso XIII que se olvide de las restantes elecciones, que convoque elecciones a Cortes Constituyentes y que, mientras tanto, abandone el país. A mediodía el almirante Aznar y varios ministros acuerdan celebrar Consejo esa misma tarde. Preguntado por los periodistas, Aznar pronuncia una frase que se ha hecho célebre: "¿Crisis? ¿Qué mas crisis quieren ustedes que la de un país que se acuesta monárquico y amanece republicano?" Esa tarde, en el Consejo, varios ministros afirman que han perdido la legitimidad para gobernar y se niegan a seguir en funciones. La Cierva y Bugallal se oponen y, finalmente, llegan a una solución de compromiso. Olvidar las elecciones provinciales e ir, directamente, a las generales. El general Mola afirmó, posteriormente, que el Consejo había decidido presentar su dimisión en pleno al rey, pero si esto fuera cierto, nadie se tomó la molestia de comunicárselo a Alfonso XIII. Éste se siente cada vez más ninguneado por sus propios ministros.

En la madrugada del martes 14 de abril, Vigo declara la República en España. En un país en el que el alcalde de Móstoles se permitió el lujo de declarar la guerra a Francia en 1808, no es algo sorprendente. Después lo hizo Éibar. Cuando la noticia llega a Madrid comienzan a congregarse manifestaciones en las calles. D. Alfonso llama al subsecretario de Gobernación, Mariano Marfil, y le pide que actúe contra ellas. Marfil le comunica que eso es imposible. En ese momento, parece ser, que D. Alfonso considera que no tiene otra salida que el exilio. Comienza una ronda de consultas con los ministros. A Ventosa y a Hoyos les asegura que no se siente legitimado para emplear la violencia. Al conde Romanones le pide que se entreviste con D. Niceto Alcalá Zamora. En esa entrevista, Romanones pide al político republicano un plazo de unas semanas para conocer el resultado definitivo de las elecciones. Alcalá Zamora se niega a ello. La mitad de los gobernadores civiles se han adherido a la proclamación de la República y la Guardia Civil se niega a actuar contra los republicanos. Alcalá Zamora concede a D. Alfonso XIII el plazo hasta la puesta de sol para abandonar España en paz. A las 3 de la tarde, Romanones se entrevista con el rey. A las 4, la bandera tricolor ondea en el Palacio de Comunicaciones. Los políticos republicanos se ufanan ante la prensa internacional por la victoria electoral y el cambio de régimen. El Gobierno monárquico se reúne en el Palacio Real a las cinco menos cuarto. El general Berenguer asegura que la Monarquía no puede contar con un apoyo firme del ejército. Llega entonces un mensaje del Comité Republicano que exige la entrega del poder antes de las 7 de la tarde. D. Alfonso aprueba un Manifiesto redactado por Gabriel Maura en el que suspende el poder real. A las seis y media el Gobierno abandona el Palacio Real. El reinado de Alfonso XIII ha acabado y comienza la andadura de la II República.

El caso es que el Gobierno se sentía derrotado en las urnas... y no había sido así. Aunque los resultados definitivos nunca se proclamaron, al añadir a las capitales de provincia (en las que, como ya dijimos, sí ganaron los republicanos) las del resto de localidades, el resultado se invierte. El republicano Madariaga da las cifras de concejales monárquicos electos: 41.224; concejales republicanos electos: 39.248. Los problemas de escrutinio y notificación de resultados provocaron que unos y otros creyeran que el resultado fue distinto al que realmente fue. No obstante, es poco probable que aunque se hubieran sabido estos datos el resultado final fuera otro. Los errores de D. Alfonso habían sido de tal calibre que hasta sus colaboradores más cercanos sentían que la proclamación de la República era inevitable. El derrotismo de que hicieron gala todos ellos (excepto La Cierva y Bugallal) incluido el propio monarca es la mejor prueba de ello. Posteriormente, D. Alfonso declaró: "Yo no tenía derecho, en 1931, a imponerme por la fuerza cuando las principales poblaciones de la Monarquía se habían pronunciado contra ella." aunque, tal vez la mejor definición de lo sucedido en esos días fue la que hizo Lerroux: "La Monarquía se hundió, no la derribó nadie. Lo que hicieron los republicanos fue poner en su lugar, ya vacío, la República."
15/04/2004 01:53 Enlace permanente. Tema: Historia

06/04/2004

Dos rombos

canecillo.jpgDurante muchos, muchos años, las palabras "tiene dos rombos" era la señal de que los niños debíamos irnos a la cama porque la película que comenzaba en la Televisión Española sólo estaba autorizada para mayores de 18 años. Dado que en esa época estábamos en la dictadura del general Franco, las razones para esos dos rombos no eran nunca el sexo explícito (sencillamente, esas películas no se exhibían) sino sexo implícito, violencia... Curiosamente, nadie pensó en colocar los dos rombos a determinadas iglesias de mi tierra y de las vecinas tierras cántabras y burgalesas pese a que en ellas sí había sexo explícito que, incluso, hubiera sido calificado como "aberrante" por los censores del régimen franquista. Entiéndanme, no me refiero a que en esas iglesias se practicasen actos sexuales de cualquier tipo y sí a las representaciones artísticas que contienen. ¿Sexo en las iglesias? Sí. Es sabido que en muchas sillerías góticas hay escenas de este tipo. Tal vez lo sea menos el arte erótico en el Románico pese a que a diferencia de épocas posteriores, en el Románico las representaciones pornográficas no se esconden. Están en lugares perfectamente visibles. La pregunta es clara ¿por qué se tallaron tales escenas?

Y eso nos coloca en la necesidad de ser humildes y confesar: "No lo sabemos". No es, precisamente, por falta de teorías. El problema es que ninguna de ellas, por si misma, explica todo el fenómeno. Veamos alguna de ellas, aunque ya les anuncio que la pregunta quedará sin respuesta.

Se ha dicho que responden a la pervivencia de antiguas supersticiones. Por ejemplo, en la iglesia de San Cebrián de Mudá (Palencia) hay un canecillo itifálico (traducido, un pene erecto). Este mismo símbolo aparece frecuentemente en el arte romano como amuleto tanto portátil (en forma de colgante) como asociado a edificios (por ejemplo, en Pompeya). No obstante, muchas otras representaciones eróticas no tienen ese precedente.

También se ha pretendido que eran parte de un programa propagandístico. Estamos hablando de zonas que debían repoblarse en lo que llamamos Reconquista. El colocar imágenes pornográficas podía incitar a las parejas a mantener relaciones sexuales con lo que aumentaría la natalidad. Sin embargo, imágenes como la que ilustra este artículo, procedente de la iglesia de Revilla de Santullán (Palencia), muestran diversas técnicas masturbatorias que son lo menos adecuado para fomentar la reproducción (en todo caso servirán para fomentar las lesiones musculares ai se intentan poner en práctica).

También se ha señalado una influencia de otros artes, como el hindú, en los que el acto sexual no es algo reprobable. Sin embargo, las zonas en las que se documentan las representaciones eróticas románicas no son zonas comerciales, cruces de caminos en los que hubiera contactos con otras culturas. Por el contrario, son zonas rurales, en muchos casos de montaña y notablemente aisladas.

Tal vez más acertadamente, se ha hablado de que, sencillamente, se mostraba la lujuria como se muestran otros pecados, de forma explícita. Esto es válido para muchas de las representaciones que se sitúan en el exterior de la iglesia en forma de canecillos (en el románico, con frecuencia, las imágenes negativas -representaciones de los pecados, animales como el mono, el león, el lobo, la lechuza, el macho cabrío y animales monstruosos- se colocan en el exterior del templo, mientras en el interior se ubican las imágenes positivas -escenas bíblicas, animales como el perro y el pelícano, símbolo eucarístico,- con un claro sentido simbólico, fuera del edificio sagrado imperan las tentaciones, el mal, el demonio... pero la iglesia es el refugio contra todo ello) pero también hay este tipo de escenas en el interior. Por ejemplo, el capitel de la pareja que se estimula sexualmente en la Colegiata de Santillana del Mar (Cantabria) o el del fraile que se levanta el hábito para mostrar su pene erecto en San Vicente de la Barquera (Cantabria). Sin embargo, los que se adhieren a esta explicación señalan, con razón, que la división entre interior y exterior del templo no es tajante, que hay símbolos positivos también en el exterior y negativos en el interior aunque predominen los negativos en el exterior y los positivos en el interior.

También razonablemente se ha señalado que la moral de los hombres del románico no es la moral posterior. Por ejemplo, uno de los canecillos de San Martín de Fromista (Palencia) muestra a una mujer completamente desnuda con un niño en brazos y que parece formar una serie con otros que ilustran el proceso del parto. Pocos se fijan (por la altura a la que está colocado) en que el niño está nimbado, tiene la aureola de santidad alrededor de la cabeza por lo que, posiblemente, lo que quiso representarse de forma mucho más cruda y realista de lo que se haría en épocas posteriores, es la Natividad de Cristo. De igual forma, en el interior de la misma iglesia no se tuvo ningún reparo en ilustrar uno de los episodios más extraños del evangelio de Marcos (Mc. 14, 51-52) cuando en el Prendimiento uno de sus discípulos que iba cubierto con una sábana la deja caer y escapa completamente desnudo.

Cuando la moral fue cambiando, muchos sacerdotes se encargaron de hacer desaparecer ese tipo de imágenes (por ejemplo, en la restauración de San Martín de Frómista en el S XIX se eliminaron diversos canecillos pornográficos) lo que plantea el problema de si este tipo de representaciones fueron mucho más frecuentes que los restos conservados hasta hoy.

Tal vez la respuesta a la pregunta que formulamos al principio sea que no hay una única respuesta, que en cada caso hay una respuesta y que ésta varía, que en unos casos hay pervivencia de creencias anteriores, en otros una ilustración del pecado de la lujuria y, en otros, una muestra de una moral distinta a la nuestra; pero, la verdad, es que no lo sabemos con certeza. Desde los muros de las iglesias seguirán mirándonos la pareja exhibicionista de San Pedro de Tejada (Burgos), la parejas en pleno coito de Santa María del Yermo (Cantabria) o de San Pedro de Cervatos (Cantabria)... y nosotros seguimos preguntándonos ¿por qué?
06/04/2004 18:08 Enlace permanente. Tema: Historia

02/04/2004

¡Qué cruz!

crucificado.jpg¿No notan que se acerca la Semana Santa? Si la respuesta es que no, son ustedes un poco despistados, más o menos como los que colocan la publicidad en este blog y que esta mañana obsequieron a los lectores con anuncios de una tarotista y de una meiga (bruja en gallego). ¡Esto sí que es una broma del primero de abril aunque llegase con horas de retraso!

Pero no es a esto a lo que quería referirme (a fin de cuentas no pasa de la categoría de anécdota divertida) sino al estreno de la que D. Julio Arrieta califica como "La película en arameo más exitosa de la historia". Obviamente se refiere a "La Pasión de Cristo" de Mel Gibson. Nada puedo decir de ella desde el punto de vista cinematográfico por la sencilla razón de que no la he visto, ni desde el punto de vista religioso ya que servidor, como dijo D. Luis Buñuel: "Gracias a Dios soy ateo". Tampoco participaré en la condena generalizada ante el presunto antisemitismo del Sr. Gibson ya que, sencillamente, cualquier película que intente poner en imágenes los evangelios lo será. De verdad que lo de "Et respondens universus populus dixit: Sanguis eius super nos et super filios nostros" (Mat. 27, 25) (Y respondiendo, el pueblo entero dijo: "[Sea] Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos.") se escribió mucho antes de que el Sr. Gibson naciera, desde que el evangelio de Mateo se tradujo del griego al latín. Sencillamente, si se quiere ser fiel a los evangelios aparecerá el antisemitismo. Otra cosa bien distinta es pretender que el relato evangélico sea un relato histórico y sobre esto sí tengo alguna cosita que decir.

Comencemos por el principio, por las fuentes. Los evangelios canónicos son casi la única fuente existente sobre el Jesús histórico. Habría que añadir los evangelios apócrifos, un pequeño fragmento de Tácito, el llamado Testimonio Flaviano de Josefo, la literatura talmúdica y algunas menciones en escritores cristianos y "paganos" más. Ni uno sólo de ellos es un testimonio presencial. Nadie que viera los supuestos hechos dejó un relato que llegara hasta nosotros. Son fuentes basadas en fuentes desconocidas (escapa al contenido de este artículo el intentar determinar si existió uno o varios protoevangelios a los que se conoce como Q por la inicial alemana de fuente) y cuyo grado de fiabilidad se nos escapa. Aún más, gran parte de esos relatos son intencionados. No se escribieron para relatar una historia con mayor o menor grado de subjetividad, sino que son directamente propagandistas. En otro caso (el Testimonio Flaviano) tal y como ha llegado a nuestros días es una falsificación cristiana interpolada (o que modificaría un párrafo ya existente) en la obra de Josefo. En otros casos, están muy separados cronológicamente de los hechos a los que se refieren (caso de los Talmudes y de muchas de las menciones en escritores cristianos y paganos.

Sólo el texto de Tácito: "Aquel de quien tomaban nombre, Cristo, había sido ejecutado en el reinado de Tiberio por el procurador Poncio Pilato; la execrable superstición, momentáneamente reprimida, irrumpía no sólo por Judea, origen del mal, sino también por la Ciudad, lugar en el que de todas partes confluyen y donde se celebran toda clase de atrocidades y vergüenzas." (Anales, Libro XV, 44 según la traducción de José L. Moralejo para la edición de Biblioteca Clásica Gredos. Madrid, 1986) es una noticia relativamente temprana (110-121 aproximadamente) y no interesada (no hay más que ver los calificativos que aplica al cristianismo "execrable superstición" "mal"... para comprobar que Tácito no ardía en deseos hagiográficos); pero ¿cuál es la fuente de Tácito? Una pista nos la da el título de procurador aplicado a Poncio Pilato (que en realidad era prefecto) lo que impide aceptar que fuera un documento oficial. Tal vez (sólo es una posibilidad) su fuente fuera el Testimonio Flaviano antes de ser adulterado por los copistas cristianos ya que Flavio Josefo incurre repetidamente es ese mismo error (por ejemplo, véase el Libro XVIII de las Antigüedades Judías [publicadas en el 93-94 D. de C.] en el que habla de los procuradores de Judea). Si éste fuera el caso, sería muy interesante porque Flavio Josefo pertenecía a la clase sacerdotal judía y había nacido poco después de los hechos (en torno al 37 D. de C.) aunque, como ya avisamos, esto es una mera hipótesis y, como tal, si bien resulta muy probable por la cercanía entre la publicación de la obra de Josefo y la redacción de la de Tácito, no podemos considerarlo como un hecho cierto.

Así las cosas, no parece que se pueda hacer demasiada luz sobre los hechos y, ni siquiera, si tales hechos lo fueron realmente. No obstante, aquí es cuando entra en juego la exégesis neotestamentaria. Los evangelios son textos interesados, no son textos históricos (no están narrando unos hechos sino presentando a una persona como Mesías), pero eso no quiere decir que algo de lo que narran no sea cierto. La exégesis, mediante la comparación de los textos, intenta determinar las distintas tradiciones que se han reunido para formarlos. Les pongo un ejemplo. Imagínense Vds. que son uno de los evangelistas. Si la figura de Jesús fuera completamente ficticia (y hay quien lo pretende) podrían Vds. inventar lo que les viniera en gana de forma que el texto resultante sería ficticio... y coherente dentro de la ficción. Los evangelios son incoherentes en numerosos casos ¿Por qué? Los evangelistas tuvieron que partir de una base ya conocida por los cristianos a los que se dirigían. Es decir, ya existía una tradición sobre el personaje que no podían modificar totalmente. ¿Esa base es real? No tenemos la seguridad aunque por la proximidad al personaje (los evangelios se escriben al final del I siglo y comienzos del II por lo que la tradición anterior sería prácticamente contemporánea o muy poco posterior a Jesús) la convierten en verosímil.

Para no perdernos en disquisiciones intelectuales, vamos a ver algunos ejemplos. En los evangelios aparece Jesús predicando el inminente fin del mundo como un astrólogo cualquiera y acertando tanto como él. En Juan 21, 21-23 anuncia que uno de sus discípulos no morirá antes de que él regrese (es decir, antes del Apocalipsis). Sin embargo, el evangelio de Juan es el más tardío de los canónicos y fue escrito entre 60-80 años después de la muerte de Jesús cuando es muy improbable que pudiera continuar vivo ninguno de sus discípulos.

La misma narración de la crucifixión es inexplicable. Tenemos que el "héroe" no sólo muere ejecutado sino con la pena más cruel reservada a los esclavos, rebeldes, bandidos... y, sin embargo, los evangelios pretenden que ese "héroe" es el Mesías. Sorprende que en lo que se refiere a la ejecución, los evangelios sean coincidentes en muchos aspectos mientras en otros como la resurrección diverjan notablemente. La explicación más probable es que existía un relato previo sobre la pasión que no iría más allá de ésta por lo que los evangelistas tuvieron que aceptar ese "guión de la crucifixión" pudiendo, en cambio, echar a volar su imaginación sobre los restantes aspectos posteriores.

Aunque no tengamos una total seguridad de lo sucedido ¿podemos intentar reconstruir mediante la exégesis y los demás datos históricos qué pasó realmente o, al menos, una aproximación a lo sucedido? En mi opinión, sí. Por de pronto, del Jesús y su religión abierta a todo el mundo, una religión de amor y no de este mundo pueden irse olvidando (desde el punto de vista histórico, claro. En lo demás, que cada uno crea lo que estime conveniente). Jesús fue un judío observante de la ley que no tenía la pretensión de crear una nueva religión aunque sí la entendía con una lectura más tolerante que la mera obediencia a la letra (lo que no suponía ninguna novedad porque ya tenía antecedentes en algunos rabinos fariseos). Tampoco era, precisamente, un pacifista. No sólo tenía, al menos, un discípulo que pertenecía al grupo de los zelotes sino que otro de sus discípulos (al menos) iba armado (recuérdese que en el prendimiento uno de ellos -según Juan, fue Pedro- sacó su espada y cortó la oreja al criado del Sumo Sacerdote) lo que constituía un delito. Según Lucas, Jesús dijo: "... y quien no tenga espada, venda su manto y cómprese una." (Luc. 22, 36) y los discípulos le contestan: "Señor, mira, hay aquí dos espadas." (Luc. 22, 38).

A los romanos les hubiera importado un bledo que Jesús se hubiera proclamado Mesías, sumo sacerdote de Cibeles o archipámpano de Isis, mientras no tuviera connotaciones terrenales. Sin embargo, el titulus (el cartel que se ponía en el lugar de ejecución) indicaba las razones para esa pena. El de Jesús era el célebre INRI (Iesus Nazarenus Rex Iudiorum -Jesús el Nazareno Rey de los Judíos-) lo que indica una causa muy terrenal, la de haberse considerado como rey judío lo que casa muy bien con el acto de ungir con aceite (Mesías = Ungido) al rey (Véase la historia bíblica de David).

Por todo ello, podemos suponer qué pasó. Un predicador judío discípulo de Juan el Bautista al que conocemos como Jesús llega a Jerusalén para celebrar la Pascua y le recibe una multitud enfervorecida. Dado que en esa misma celebración ya se habían producido desórdenes por la afluencia de peregrinos, posiblemente atrae la atencion del prefecto de Roma, Poncio Pilato. En Jerusalén, Jesús se enfrenta a la facción saducea del judaísmo (que detentaba los mayores cargos sacerdotales en el Templo y que eran los más colaboracionistas con los romanos) al atacar a los mercaderes en medio de algo que tuvo que ser bastante más "movido" de lo que dicen los evangelistas por la sencilla razón de que en el Templo existía una guardia y no es creíble que un único hombre pudiera enfrentarse a todo ellos. Probablemente fue un auténtico motín popuar que puso a Jesús tanto en el punto de mira de los saduceos como de los romanos. Ambos poderes decidirían eliminar a Jesús aunque, para evitar nuevos altercados, la detención la realizarían los judíos. La resistencia ofrecida por alguno de sus discípulos confirmaría la peligrosidad de áquel grupo (que tuvo buen cuidado en "poner pies en polvorosa" sabiendo lo que les esperaba si les capturaban). Poncio Pilato condena a Jesús como sedicioso y la sentencia se ejecuta después de torturas públicas para escarmentar a los que pudieran tener tentaciones de imitarle. Como rebelde fue ejecutado por crucifixión y, como era habitual, posiblemente su cuerpo sería dejado en la cruz durante días como carroña para las aves antes de ser sepultado en una fosa común (aunque hay al menos un caso en que se permitió -posiblemente a la familia- recuperar y sepultar el cuerpo de un crucificado, el de Yehohanán, hijo de Hagakol, aparecido en un osario de Jerusalén en 1968; pero es el único caso conocido de entre los millares de crucifixiones que tuvieron lugar en el Imperio Romano).

Después sus discípulos, en especial Saulo (Pablo) de Tarso trasformaron el mensaje inicial al extender su ámbito de actuación de la comunidad judía a la comunidad "pagana" lo que probablemente creó problemas de malas interpretaciones por las diferencias culturales (por ejemplo, ser hijo de Dios para los judíos de la época -según Filón de Alejandría- no significaba otra cosa que ser un hombre bueno) y añadiendo cosas como la resurrección de entre los muertos (en Pablo, todavía una resurrección espiritual, más adelante resurección espiritual y corporal).
02/04/2004 23:01 Enlace permanente. Tema: Historia

30/03/2004

El avispero (IX)

Sobieski.jpgLa situación del Imperio Otomano se complicaría por problemas internos y externos. Entre los primeros habría que citar problemas económicos derivados de la necesidad de financiar las guerras agravados por la apertura de nuevas rutas comerciales con Oriente tanto por parte portuguesa como por parte española, un estancamiento de la agricultura, corrupción en la administración pública, problemas sucesorios, la propia heterogeneidad del Imperio y aumento del peso político de los jenízaros parejo a su pérdida de disciplina y fanatismo religioso.

Entre los segundos, una sucesión de guerras que agravarán los problemas internos. Comencemos con la que les enfrentó con Persia. Ayudados por las tribus de procedencia turcómana que habitaban en Persia, la primera fase de la guerra (1578) no encontró demasiados problemas para apoderarse de casi toda Georgia, incluida su capital, Tiflis. Entre 1583 y 1584 se desarrolla la segunda fase en la que los turcos conquistan Bakú y Tabriz. Entre 1586-1587 en una última campaña, los otomanos conquistan el sur de Mesopotamia incluida la ciudad de Bagdad. Los problemas del Imperio Persa eran considerables por lo que en 1590 tuvo que aceptar la paz de Constantinopla que les costó la pérdida de Georgia, Azerbaiyán, Tabriz y Bagdad. No obstante, el sha Abbas el Grande no está dispuesto a que esa pérdida sea permanente y comienza la modernización de su país tanto en aspectos económicos como militares para lo que contó con la ayuda de dos aventureros ingleses, los hermanos Shirley, que introducen en Persia las técnicas militares occidentales. En 1606 se rebelan Bagdad y Mosul y en 1623 los persas se toman la revancha y reconquistan Bagdad.

En 1593 se insurreccionan los válacos apoyados por austriacos y húngaros. Hasta 1595 la guerra favorece a los cristianos que recuperan la ciudad de Gran, pero en ese año el sultán Mahomed III se pone al frente de sus tropas y consigue la victoria de Kerestzes que supone una ralentización de la guerra hasta 1606 en que la mediación francesa (como ya vimos, aliada de los otomanos) logra la firma de la paz de Sitva-Torok en la que los turcos consiguen mantener todo su territorio pero a cambio de renunciar al cobro del tributo austriaco y a que reconozcan a Rodolfo II el título de emperador lo que supone su equiparación con el sultán, algo que nunca habían hecho y que demuestra el deseo otomano de acabar con el conflicto. La razón para ello era el costo económico insostenible que suponía la ruina del tesoro y que condujo a continuas devaluaciones de la moneda, una de las cuales supuso la insurrección jenízara para acabar con la cual se tuvo que ejecutar al tesorero y al comandante militar.

Comienzan los problemas sucesorios con Ahmed I que tuvo que ascender al trono cuando sólo tenía catorce años. Tuvo que enfrentarse a rebeliones internas, devolver a Persia parte de los territorios ganados por la paz de Constantinopla (1612), ver fracasar la expedición contra Persia de 1616 antes de morir en 1617. Le sucedió su hermano Mustafá I pero por sus deficiencias intelectuales (si lo prefieren sin eufemismos, era más simple que el mecanismo de un botijo) es depuesto a los tres meses. Le sucede su sobrino Osmán II de trece años de edad que firma una nueva paz con Persia (1618) y derrota al ejército polaco que había atacado Moldavia (1620). Pese a la victoria, Osmán II reprocha a los jenízaros no haber sacado partido de la derrota polaca y piensa en disolver ese cuerpo del ejército. La respuesta de los jenízaros consiste en asesinar al sultán (1622) y poner en su lugar al antes depuesto Mustafá I. Como no había adquirido más luces desde que había sido derrocado, los problemas se complican con la insurrección de Abaza Bajá, enemigo declarado de los jenízaros, en Anatolia. Los rebeldes conquistan Ankara, Sivas y Brussa y Mustafá I es derrocado sucediéndole su sobrino Murad IV de doce años de edad. Justo entonces el sha Abbas conquista Bagdad. Fracasa una expedición militar contra el kanato de Crimea (uno de los kanatos en los que se descompuso la Horda de Oro mongola) y los cosacos devastan el Bósforo (1624). La única victoria la obtuvo antes los rebeldes de Abaza derrotados por el visir Hafyz Bajá que, sin embargo, fracasa también al intentar reconquistar Bagdad. Esta derrota supuso una insurrección en Bizancio que sólo pudo dominarse mediante la ejecución de Rejel Bajá, acusado de ser el instigador de los disturbios (1632). Después de esto, y ante la progresiva debilidad de los persas después de la muerte del sha Abbas (1628) se reanuda la guerra y los otomanos reconquistan Bagdad en 1638. La paz con Persia estableció unas fronteras que permanecerían invariables hasta el fin de la I Guerra Mundial dada la debilidad de ambos Imperios. Poco después, en 1640 falleció Murad II antes de cumplir los treinta años (según dicen, a causa de sus excesos alcohólicos).

Le sucedió su hermano Ibrahim I que en 1646 decide conquistar la posesión veneciana de Creta. Si la isla, tomada por sorpresa, capituló fácilmente no sucedió los mismo con la capital, Candía, que resistió fieramente durante más de veinte años. El descontento ocasionado por esta resistencia concluyó con el asesinato (nuevamente por obra de los jenízaros) del sultán y la proclamación de su hijo Mohamed IV de diez años de edad. Esto supuso un nuevo periodo de desorden durante el cual los venecianos al mando del almirante Mocénigo destruyen la armada turca frente a los Dardanelos (1656). La situación no mejoraría hasta el nombramiento, en este mismo año, de visir a Mohamed Kuprulu que devuelve el orden a la hacienda y la disciplina al ejército. Derrota a los venecianos e interviene en Hungría ante las sucesivas interferencias austriacas. Le sucede como visir su hijo Ahmed quien reinicia la guerra con Hungría y Austria, con victorias iniciales, pero la batalla de San Gotardo (1664) supone el agotamiento del ejército turco. La paz de Vasvar consolida los territorios turcos. Esto y la capitulación de Candía en 1669 sólo fueron un respiro. En 1672 un enfrentamiento sobre el gobierno de Ucrania motiva una guerra con Polonia. Derrotada ésta se firma la paz que contempla el pago de un tributo polaco. Al año siguiente, Polonia se niega a pagar y comienza una nueva guerra que dura hasta 1676. La paz de Zuramna asigna a los otomanos Podolia y parte de Ucrania. Muere el visir Ahmed Kuprulu y le sucede su cuñado Kara Mustafá, mucho menos capaz que aquél. Nueva guerra por la cuestión ucraniana, esta vez con Rusia que derrota a los turcos que pierden las recientemente ganadas Podolia y Ucrania.

Entre 1669 y 1671 se produjo una revuelta en Hungría contra Leopoldo I por su política centralista. Los rebeldes piden ayuda a Turquía lo que desencadenará una nueva guerra. En 1683 los otomanos han vuelto a sitiar Viena, pero la llegada de refuerzos comandados por Juan Sobieski, rey de Polonia, y Carlos V, duque de Lorena, suponen la desastrosa derrota turca en Kahlenberg. Al año siguiente se forma, bajo inspiración del Papa Inocencio XI, la Santa Alianza contra los turcos (Austria, Polonia y Venecia) a la que se sumará dos años después Rusia. Los aliados conquistan Gran y la capital húngara Buda y vuelven a derrotar a los otomanos en Mohaczs que supone la reconquista de toda Hungría. Los venecianos al mando de Morosini conquistan el Peloponeso y Cefalonia. La suma de derrotas motiva el enojo del ejército que depone al sultán Mohamed IV en beneficio de Solimán III. Nuevos desórdenes en Constantinopla y en 1688 Belgrado es conquistada por los aliados. El fin parecía estar cerca.
30/03/2004 02:50 Enlace permanente. Tema: Historia

28/03/2004

El avispero (VIII)

batalla_lepanto.jpgEuropa quedó conmocionada y con una sensación de estar amenazada. Una cosa es que los otomanos acabaran con el Imperio Bizantino (que, por lo que hemos visto, no tenía excesivo aprecio en Occidente) y otra bien distinta que se sitiasen los dominios de los Habsburgo. La reacción europea fue casi unánime (la excepción fue, evidentemente, Francia en guerra con el habsburgo Carlos I de España y V de Alemania).

Aunque el sitio de Viena de 1529 fue levantado sin consecuencias (gracias a la llegada del invierno), en 1532 volvieron a atacar Austria. Por una vez se dejaron de lado las diferencias religiosas y alemanes luteranos y católicos combaten junto a las tropas españolas (el que en 1529 los turcos hubieran llegado hasta Ratisbona fue una buena razón para olvidarse de la teología). Viena vuelve a salvarse de la conquista otomana aunque no de la peste. Una de sus víctimas fue Alfonso de Valdés, el secretario de cartas latinas del emperador y notable escritor (según apuntan algunos, se trataría del autor del Lazarillo de Tormes).

La guerra entre España y el Imperio Otomano es inevitable aunque el marco para los nuevos combates será muy diferente a la capital austriaca, el Mediterráneo Occidental. En 1534 Barbarroja (Señor de Argel, aliado del Imperio Otomano y nombrado almirante por Solimán) se apodera de Túnez destronando a Muley Hassán, vasallo de España lo que le proporcionaba una nueva base para sus ataques contra las costas españolas e italianas. Después de lograr el apoyo de muchos de los reinos cristianos, en 1535 parte una flota desde Barcelona al mando de Álvaro de Bazán el Viejo y de Andrea Doria que consigue reconquistar Túnez liberando a 20.000 cautivos cristianos. Un nuevo intento de cruzada contra el turco en 1538 fracasa por la negativa de las Cortes castellanas reunidas en Toledo y por la amenaza de Francia de romper las treguas con España. La actuación española se limitó al envío de los Tercios a la costa de Dalmacia en donde tomaron la fortaleza de Castelnuovo que es, posteriormente, conquistada por el Imperio Otomano sin que ni España ni los aliados italianos (el Papado y Venecia) se atrevan a intervenir para no molestar a Francia.

En 1541 Carlos I hace una nueva tentativa en África. Esta vez es contra Argel, el centro de las acciones de Barbarroja. Fue una operación mal planificada que se desarrolló en pleno otoño por lo que la armada española se enfrenta al mal tiempo que hace zozobrar numerosos de sus barcos. La vida del mismo Carlos I estuvo en peligro y apenas pudo reembarcar para España totalmente derrotado. El prestigio imperial (de Carlos V, no del Otomano, claro) sufre un duro golpe y el archiduque austriaco Fernando (hermano de Carlos I y que había nacido en Alcalá de Henares) paga, en 1543, un tributo de 30.000 ducados al Imperio Otomano. Éste, por su parte, se había extendido hacia el Este. Si en 1536 había conquistado Bagdad y Mesopotamia y en 1538 llegó hasta la India, en 1543 le toca el turno a parte de Persia.

En Occidente, las cosas también iban bien para el Imperio Otomano gracias a su alianza con Francia. La armada de Barbarroja inverna en Tolón y en 1543 junto a la francesa toma Niza. Con la paz de Crépy de 1544 llega el fin (por ahora) de las guerras con Francia lo que permite también la tregua entre Carlos I y Fernando de Austria por un lado y el Imperio Otomano por otro, paz necesaria ya que austriacos y españoles estaban preocupados por el avance del luteranismo en Alemania (en 1546-47 Fernando apoya a Carlos en su guerra contra la Liga de Schmalkalden), pero también una paz más aparente que real ya que Fernando se consideraba sucesor legítimo del difunto rey húngaro Luis II al estar casado con su hermana Ana Jagellón y porque Barbarroja no paró de atacar las posesiones españolas en África. Trípoli había sido conquistada en 1510 por Fernando el Católico y se perdió en 1551. En 1555 se pierde Bugía lo que conmociona España hasta tal punto que el gobernador de la plaza, Peralta, fue condenado a muerte. También Orán fue asediada aunque no pudo ser conquistada por los berberiscos aliados de los Otomanos.

Mal pintaban las cosas en el Mediterráneo Occidental, así que España activa la lucha contra los Otomanos y sus aliados. En 1560 una coalición formada por España, el Papado y la Orden Militar del Hospital de San Juan (los caballeros que en 1530 habían recibido de Carlos I la soberanía de la isla de Malta tras perder Rodas) conquista la isla Djerba (Gelves). Sin embargo, la llegada de la armada turca de Pialí Bajá supone la derrota de la flota aliada y la rendición del ejército desembarcado en Gelves. No obstante, España repone sus pérdidas con más facilidad que el Imperio Otomano y en 1564 García de Toledo toma el Peñón de Vélez de la Gomera.

La respuesta de los turcos no se hace esperar y en 1565 atacan las isla de Malta. La heroica resistencia de los Caballeros de Malta dirigidos por el Gran Maestre La Vallette permite que lleguen refuerzos desde Sicilia bajo el mando nuevamente de García de Toledo. Los turcos deben retirarse diezmados. El golpe moral se hace sentir y en 1566 Maximiliano de Austria se niega a seguir pagando el tributo anual. Los turcos atacan Sigetz y en el asedio muere Solimán el Magnífico. Sin embargo, por la paz de Adrianópolis (1568) los Habsburdo austriacos se comprometen a continuar abonándolo. La pérdida de Chipre (excepto la ciudad fortificada de Famagusta), posesión de la República de Venecia, y la toma de Túnez (1570) por el virrey de Argel Euldj Alí sumado a la sublevación de la población morisca en España (1568) llevan a la constitución de la Santa Liga entre Venecia, España y el Papado. El 7 de octubre de 1571 se enfrentan ambas flotas en el golfo de Lepanto. La derrota de la armada turca mandada por Alí Bajá (que murió en el combate) no tuvo consecuencias aparentes. Las diferencias de intereses entre los aliados (Venecia firma la paz en 1573 y pese a ser uno de los vencedores acepta la pérdida de Chipre, la limitación de su flota a 60 galeras y el pago de una cuantiosa indemnización -la guerra estaba arruinando el comercio con Oriente fundamental en su economía- y España estaba mucho más interesada por el Mediterráneo Occidental que por el Oriental) impide que se explote la victoria. En 1573 España recupera Túnez aunque al año siguiente pierde La Goleta, la posición de defiende Túnez y después la ciudad entera. Los problemas de la guerra en los Países Bajos y en las guerras de religión francesas hacen que Felipe II tenga otros focos de atención así que también acuerda treguas con el Imperio Otomano.

No obstante, la batalla de Lepanto supone el primer acto de la decadencia del Imperio Otomano. El mito de la invencibilidad de los turcos acaba. Las consecuencias no se harán esperar.
28/03/2004 20:05 Enlace permanente. Tema: Historia

27/03/2004

El avispero (VII)

mohamed_II.jpgLas conquistas mongolas habían empujado hacia occidente a numerosas tribus nómadas del Turkestán. Se establecen en Anatolia en donde forman una serie de principados en principio dependientes de los turcos selyúcidas. Con la decadencia de los selyúcidas, esos principados se independizan. Uno de ellos es el principado del emir de Senyut Osmán u Othman, miembro de los ghazid, los combatientes de la fe. Osmán gobernará con el nombre de Osmán I entre 1281 y 1326. En 1317 entrega el mando de su ejército a su hijo Orjan que conquista Brusa en 1326 donde fijará su capital. En 1337 toma Nicomedia (para los turcos Ismid), pero, por encima de sus victorias militares, Orjan es un organizador. El Imperio Otomano no se forma de manera fulgurante como el Imperio Mongol, por ejemplo. Al contrario, prefieren la consolidación de una conquista antes de pensar en una nueva. Esa conquista, además, pretende establecer vínculos con las poblaciones nativas. Tal vez esos factores sean los que expliquen que el Imperio Otomano cuyos primeros pasos estamos viendo, perdure hasta 1918. Orjan no piensa sólo en términos de victorias que, además, no hubieran resultado difíciles por cuanto, como ya vimos, el Imperio Bizantino estaba en pleno proceso de putrefacción. Orjan organiza la administración pública, crea una nueva moneda y rehace el ejército con fuerzas de caballería ligera (los spahis) y de infantería (los jenízaros) sometidos a una férrea disciplina. Parte de su éxito en las "relaciones públicas" con los pueblos vencidos es que el ejército otomano no realizaba saqueos en las ciudades conquistadas con la excepción de Constantinopla y éste fue consentido por Mohamed (o Mahomet) II. Además, se preocupan de la cohesión religiosa (lo que no quiere decir que no permitiesen otros cultos que sí lo hacían) construyendo mezquitas y madrasas (escuelas religiosas) allí donde llegaban. Si de los combatientes por la fe, los ghazid, sacarán un primer factor de unidad religiosa, los doctores (derviches) imbuidos de corrientes místicas y orientados al islamismo chiíta aseguraban esa cohesión.

Cohesión religiosa que en Bizancio brillaba por su ausencia. Nuevamente amenazados, nuevamente buscan la unión entre las iglesias latina y griega. Esto (como ya dijimos) crea descontento entre la población y el clero griego entre los que surge un movimiento de ortodoxia integrista que se conoce como los zelotes por similitud con el grupo judío que floreció bajo la dominación romana. En medio del desorden interno, un general, Juan VI Cantacuceno se hace con el poder desbancado a la dinastía de los Paleólogo (que volverían a ocuparlo con el apoyo de los genoveses en 1355, pero ya debiendo reconocer su vasallaje con los otomanos) con el apoyo de los jenízaros de Orjan. Si había alguna duda de su debilidad esto acaba por despejarla. En 1354 los otomanos conquistan su primer territorio europeo, Gallípolis. Con el sultán Murad I (es el primer otomano que adopta el título de sultán) prosiguen las conquistas, Adrianópolis (con lo que Constantinopla se reduce a un enclave en medio del Imperio Otomano) en 1362, así como una gran parte de Tracia. Los reinos balkánicos reaccionan ante la nueva amenaza y por impulso del Papa Urbano II forman una gran coalición cristiana (Hungría, Serbia, Bosnia y Valaquia) que irá de derrota en derrota. En la decisiva batalla de Kosovo (1389) el destino de Serbia, Bosnia y Valaquia queda decidido. El sultán Bayaceto I interviene en la política de Bizancio apoyando a los Paleólogo, derrota al rey húngaro Segismundo en Nicópolis (1396), conquista el ducado latino de Atenas (1397) y se extiende hacia el este por Anatolia. Cuando se preparaba la conquista de Bizancio aparecen los mongoles esta vez al mando de Timur-Leng (conocido en occidente como Tamerlán) que derrota a los otomanos en la batalla de Angora (la Ankara turca) en 1402. Bayaceto I es capturado por los mongoles y no vuelve a saberse nada de él. Si bien Tamerlán forma un gran imperio que va desde el Éufrates al Ganges y del mar de Aral al golfo Pérsico, a su muerte en 1405 su imperio se fracciona. Por el contrario, el otomano sobrevive a la derrota. Mohamed I mantiene la calma entre su población y Murad II conquista Salónica (1430) y derrota en Varna (1444) una nueva coalición cristiana de húngaros y polacos aunque fracasa en el primer sitio de Constantinopla (1422). Todo ello prepara la expansión realizada por Mohamed II el Conquistador (1451-1481) que establece la costumbre (para evitar las luchas por el poder) de que el sultán que llegue al poder asesine a sus hermanos. En 1453, después de 50 días de asedio y gracias a la artillería turca, cae Constantinopla. El último basileus, Constantino XI muere en el combate con lo que acaba la historia del Imperio de Bizancio.

Serbia y Bosnia pasan a ser provincias del Imperio Otomano. En 1461 cae Trebisonda, último reino cristiano griego que sobrevivía. Albania es conquistada en 1468 pese a la defensa de Jorge Kastriotis (o Skandersberg). En 1475 cae Caffa. En 1480 realizan una razzia sobre Otranto. Venecia pierde sus posesiones en Morea. Selim I se adueña de Siria, Arabia y Egipto y se proclama Califa. Solimán el Magnífico vuelve su vista a Europa. En 1521 conquista Belgrado. En 1522 cae Rodas que es abandonada por los Caballeros Hospitalarios de San Juan que se trasladan a Malta de donde recibirán su nombre popular de Caballeros de Malta. En 1526 derrota en la batalla de Mohacs en la que muere el rey Luis II. Asciende al trono húngaro Juan Zalpoya como vasallo de los Otomanos. A su muerte en 1541 Hungría pierde su independencia (excepto Transilvania) y se convierte en una provincia turca. Los Balkanes están unificados bajo el Imperio Otomano que ahora mira hacia el centro de Europa. En 1529 los turcos sitian Viena.
27/03/2004 03:18 Enlace permanente. Tema: Historia

26/03/2004

El avispero (VI)

kremlin.jpgPuesto que ya hemos visto la intervención veneciana en la entrada anterior, sólo falta introducir un nuevo participante que será fundamental en el desarrollo de los acontecimientos en los Balkanes, Rusia.

Los eslavos se enfrentan a los fineses. Ambos solicitan la ayuda de los varegos (vikingos) que terminan apoderándose del territorio. Bajo Rurik se unifica el área septentrional en torno a la ciudad de Novgorod. A mediados del S IX Askold y Dir siguen la ruta comercial que unía Bizancio con el golfo de Finlandia hasta Kiev. En 860 atacan Constantinopla siendo derrotados. Un hijo de Rurik, Oleg el Sabio unifica el territorio de Novgorod y el de Kiev convirtiéndose esta última ciuda en la capital del nuevo reino de Rus (nombre que los fineses daban a los varegos). No obstante esta unidad se ve rota por las continuos repartos del territorio en sucesivas herencias. La riqueza de Constantinopla atrae distintas tentativas de conquista. Lo intenta Igor pero también él es derrotado. No obstante, firma acuerdos comerciales con Bizancio que abren el camino a la influencia en todos los campos. Uno de ellos es el religioso. Olga, la viuda del príncipe Igor se bautiza. Sviatoslav comienza la expansión territorial de la rusia de kiev derrotando a los jázaros y a los búlgaros del Danubio. También él entra en guerra con el Imperio Bizantino pero, para no romper la tradición, es derrotado (972). Uno de sus sucesores es Vladimiro I el Santo que, pese a su apodo, se convierte en un poderoso monarca gracias al apoyo de mercenarios varegos y por el expeditivo procedimiento de eliminar a sus hermanos. Llega a una alianza dinástica con Bizancio por su conversión al cristianismo y matrimonio con Ana, hermana del basileus Basilio II. La influencia bizantina se intensifica. Se adopta el alfabeto griego modificado (el cirílico) para escribir la lengua eslavona, Kiev depende en cuanto a religión del patriarca de Constantinopla, la importancia comercial de Kiev como paso en la ruta de Bizancio al golfo de Finlandia aumenta aunque la mayoría de la población se dedica a la agricultura bien como campesinos libres (smerdy), semilibres (zakupy) o totalmente sujetos a servidumbre (jolopy). Con el paso del tiempo, los boyardos (comerciantes y terratenientes) que forman el consejo del príncipe o druzhina irán apoderándose de las tierras y muchos campesinos libres terminarán convirtiéndose en jolopy por causa de las deudas contraídas. No obstante, el principal problema para lograr una consolidación del reino lo constituye las continuas razzias de pueblos nómadas como los pechenegos y los cumanos. Pese a la victoria de Yaroslav el Sabio sobre los pechenegos (1036) la debilidad de la Rusia de Kiev es evidente. Un nuevo intento de conquista de Constantinopla fracasa (1043). Se crea el primer código legislativo, la Russkaya Pravda pero nada de eso impide los saqueos continuos. Se produce la dispersión de la población que huía de los pillajes. El principado de Suzdal-Vladimir es uno de los destinos de los fugitivos (en su zona de influencia aparecen la ciudad de Moscú). Su príncipe Andrei Bogoliuvski saquea Kiev en 1169. Para terminar de empeorar la situación, la conquista de Constatinopla por los cruzados supone el fin de la hegemonía comercial de Kiev en el mar Negro. Cuando llegan los mongoles (que en Rusia llaman tártaros) nadie puede resistirles y la mayoría de los principados rusos (la excepción principal es Novgorod) desaparecen y pasan a formar parte de la Horda de Oro fundada por Ogodei en 1251 e independiente de Karakórum desde 1260. En Novgorod, Alexander Nevski consigue victorias sobre los suecos y los caballeros portaespadas que garantizan la independencia del principado. Su hijo Daniel se traslada en 1260 a Moscú y entable relaciones amistosas con los tártaros. Su hijo Jorge contrae matrimonio con la hermana del kan Uzbek. Su sucesor, Ivan I continúa la alianza con los mongoles y con su ayuda derrota al príncipe de Vladimir, Miguel de Tver, y es proclamado como Gran Príncipe (1328). El metropolitano de la iglesia ortodoxa se traslada de Vladimir a Moscú. Dimitri Donskoy abandona la política familiar de pactar con los tártaros y da los primeros pasos (tanto políticos como religiosos) para forjar la independencia nacional. En 1380 derrota a los mongoles en Kulinovo. Aunque los tártaros responden saqueando Moscú en 1382, para los restantes principados rusos queda patente que Moscú es el más importante y el que lidera la lucha por la independencia del poder mongol. Con su sucesor Vasili I, el principado de Moscú es casi independiente aunque todavía pague tributo a la Horda de Oro. Vasili II el Ciego inicia la expansión del principado. Su autoridad se extiende a Riazan, Pskov y comienza su influencia en Novgorod. Además, en 1439 los rusos abandonan la iglesia ortodoxa griega por disconformidad con la nueva unión entre griegos y latinos (Concilio de Florencia) y se constituye en iglesia nacional. La caída de Constantinopla en 1453 supone que la iglesia ortodoxa rusa pase a ser la más importante del mundo oriental. El proceso de expansión del principado culminaría con Iván III el Grande. Anexión de Novgorod (1478), de Tver (1485) y de Smolenko. En 1480 cesa de pagar el tributo a los tártaros con lo que abandona la última ficción de dependencia que quedaba. Casado con la princesa bizantina Sofía se siente heredero del Imperio. Adopta símbolos como el águila bicéfala y el ceremonial de la corte de Constantinopla. Se proclama Zar de todas las Rusias y se considera representante de Dios en la tierra. En estas fechas aparece un mito, el de la tercera Roma (la segunda Roma era, evidentemente, Constantinopla y la tercera Moscú) que no habría de ser tomada nunca al contrario que sus antecesoras. Para demostrar su dignidad, trae a arquitectos italianos para construir un palacio-fortaleza digno, el Kremlin. La Horda de Oro se disuelve en una serie de kanatos de los que Kazan y Astrakan son anexionados a Rusia (1552-1556) por Iván IV el Terrible. La respuesta del kanato de Crimea fue una contraofensiva que acaba con el incendio de Moscú (1571) facilitada por los desórdenes internos creados por la persecución a los boyardos promovida por Iván IV y apoyada por la pequeña nobleza y la Oprichnina (milicia fiel al zar) y por las matanzas realizadas para acabar con cualquier intento de sedición (Novgorod, 1570). A la muerte de Iván el Terrible, Rusia se encuentra en la anarquía.

Resumamos un poco todo lo dicho. Tenemos un Imperio Bizantino en descomposición de cultura griega y religión ortodoxa. Tenemos pueblos eslavos o que sin serlo (búlgaros) están eslavizados que aparecen, se expanden, se contraen y llegan hasta a desaparecer como naciones independientes aprovechando la debilidad de los vecinos o perjudicados por la suya propia y que están sometidos a una doble influencia cultural (aparte de sus propias peculiaridades), la latina (pueblos que forman o formaron parte de Hungría y pueblos de la costa adriática de los Balkanes) y la griega. Tenemos principados y enclaves latinos nacidos del deseo de controlar el comercio marítimo en el Mediterráneo Oriental (fundamental en la distibución para Europa de los productos del Lejano y Medio Oriente llegados a Constantinopla). Tenemos el reino de Hungría ni eslavo ni eslavizado y sí sujeto a la influencia occidental y de religión católica romana... Un mosaico de pueblos, culturas, religiones (incluso había bogomilos refugiados en Bosnia que, según parece, en la II Cruzada trasladan su "herejía" a Francia a los que se conoce como cátaros) sujeto a enfrentamientos seculares que ocasionan odios ancestrales. Si algo faltaba para inestabilizar ese polvorín en potencia es la irrupción de una nueva cultura, de una nueva religión, de un nuevo estado. Eso es lo que sucede con el dominio de los Balkanes por los turcos otomanos.
26/03/2004 20:38 Enlace permanente. Tema: Historia

25/03/2004

El avispero (V)

roger_de_flor.jpgBueno, dejemos por ahora -seguro que tendremos que volver sobre el tema si es que no se cancela su emisión por la baja audiencia lograda- la cuestión de "El castillo de las mentes prodigiosas" y volvamos al Imperio Bizantino. Antes de la disgresión castellana, habíamos dejado a Constantinopla y los reinos de Occidente con ciertos resquemores mutuos por aquello de que los segundos dijeron "La tierra para el que la conquista" incumpliendo los juramentos con Alejo I para cederle los territorios conquistados por los cruzados que hubiera perdido ante los turcos selyúcidas. En esa situación el gran perdedor fue Bizancio que sufrió una nueva derrota militar ante los selyúcidas en Miriocéfalo (1176), pero los turcos ya sólo eran una parte del problema. Los normandos estaban empeñados en conquistar bases navales en el Mediterráneo Oriental. Su conquista del puerto clave de Durazzo obligó a Bizancio (incapaz de organizar una flota en condiciones) a recurrir a Venecia. Ya dijimos que esa ayuda obligó al basileus a otorgar la libertad comercial y la exención de impuestos a los venecianos (crisóbulo de 1082). En una época en la que las dificultades económicas eran considerables, esa medida era un desastre para el tesoro imperial. Además, las ventajas obtenidas por Venecia, suponían una inmensa influencia en los asuntos internos de Constantinopla (entre otras cosas, se les cedió uno de los distritos de Bizancio). Para intentar paliar esa preponderancia veneciana, los Comneno concedieron ventajas comerciales a los rivales de Venecia, pisanos y genoveses. En 1147 el normando Roger II se apodera de la isla de Corfú. Nuevamente los bizantinos tienen que recurrir a la armada veneciana para reconquistarla.

Bajo el basileus Manuel I Comneno se restablece la unidad de las iglesias ortodoxa y latina, pero esta medida es muy impopular entre el poderoso clero oriental. Ante el aumento del descontento interno agravado por la derrota de la ofensiva bizantina contra los normandos (Brindisi-1155) Manuel I hace una concesión a la demagogia que tendrá efectos demoledores. En 1171 ordena la detención de los venecianos que residían en la capital. Venecia, que ya estaba molesta por los privilegios concedidos a sus rivales de Pisa y Génova, se alía a los normandos (1175). La derrota de Miriocéfalo ante los selyúcidas hace estallar el resentimiento. La población, azuzada por demagogos, culpa de esos desastres a los occidentales. En 1182 se produce la matanza de los latinos que vivían en el imperio. El saqueo y el pillaje de sus posesiones confirió a esta masacre su equivalencia con los pogromos antijudíos de la Europa Occidental. Andrónico Comneno usurpa el trono a su primo, el pro-occidental Alejo II, y toma medidas contrarias a los intereses de la nobleza militar-terrateniente. La respuesta interna y externa ante esos desórdenes no se hace esperar. Los normandos conquistan Durazzo, Tesalónica y se preparan para atacar Constantinopla (1185). En ese mismo año Isaac Angel, apoyado por la nobleza latifundista, derroca y asesina a Andrónico Comneno con lo que pone fin a esa dinastía y comienza la de los Angel, pero el desastre es ya imposible de detener. El tesoro imperial prácticamente había desaparecido. Los Balkanes estaban fuera de todo control bizantino (en 1187, Isaac Angel debe reconocer el nuevo reino búlgaro y la pérdida de Dalmacia, Croacia y Servia). Al sur la amenaza turca, aunque debilitada por la desunión de los selyúcidas, estaba presente. En Occidente se preparan para el reparto del botín.

Isaac es depuesto (y cegado) por su hermano, Alejo III (1195). El hijo de Isaac que también se llamaba Alejo (Alexis) escapa de la cárcel en 1201 y pide ayuda al Papa que se la niega por lo que se dirige a Alemania ya que su hermana Irene estaba casada con Felipe de Suabia. En esos momentos estaba en marcha una nueva cruzada, la IV, para reconquistar el reino de Jerusalén perdido en 1187 y sólo parcialmente recuperado en 1192 por la III Cruzada (acuerdo entre Ricardo Plantagenet, más conocido por su apodo de Corazón de León, y Saladino). Tomaron la cruz el conde Teobaldo de Champaña, Hugo de Blois y el conde Balduino de Flandes. Los tres enviaron emisarios (por primera vez en la historia plenipotenciarios, es decir, con plena libertad para acordar lo que fuera en su nombre) a Italia para acordar con venecianos, genoveses o pisanos su transporte por vía marítima. La elegida fue la República de Venecia cuyo dogo (dux) era Enrico Dandolo. Por 85.000 marcos de plata pagaderos en cuatro cómodos plazos, los venecianos se comprometieron a transportar a Egipto (dado que eran los ayyubíes los que sustentaban el poder musulmán en Palestina, atacarles en su propio reducto no era ninguna tontería) a 33.500 hombres (4.500 caballeros, 9.000 escuderos y 20.000 infantes). El problema surgió cuando los cruzados sólo pudieron reunir 11.000 hombres lo que generó una deuda con la Serenísima (que se negó a rebajar el precio pactado) de 34.000 marcos. A cambio de un aplazamiento de la deuda los venecianos consiguen que los cruzados les ayuden a conquistar la ciudad de Zara en la costa dálmata que era un importante enclave comercial que pertenecía a la corona húngara. El 24 de noviembre de 1202 la ciudad es tomada. Por haber tomado las armas contra un rey cristianos el papa Inocencio III decreta la excomunión de todo el ejército cruzado (situación de los más curiosa, obviamente). Franceses y alemanes consiguen que se les levante el anatema, pero los venecianos siguen excomulgados aunque, para salvar la Cruzada, Inocencio III no prohíbe que se tenga tratos con ellos. Como el invierno estaba muy avanzado, el ejército cruzado acampa en Zara.

Allí, a finales del 1202 o comienzos de 1203, llegan emisarios de Felipe de Suabia y Alejo, el hijo del depuesto basileus Isaac. Piden ayuda a los cruzados para recuperar el imperio. A cambio de ese auxilio se compromente a volver a unir las iglesias griega y latina (después de Manuel I Comneno se habían vuelto a separar), grandes recompensas para los venecianos y a ceder 10.000 hombres para la Cruzada. Entre los cruzados estallan las disensiones entre los partidarios y contrarios al acuerdo. Simón de Monfort y el abad de Vaux abandonan la Cruzada. La mayoría de los cruzados de a pie, según parece, fueron convencidos para continuar la empresa (que ya no se dirigiría a Egipto sino a Bizancio) con el argumento de que las grandes reliquias que se conservaban en Costantinopla no podían estar custodiadas por unos cismáticos como los griegos. Inocencio III, en junio de 1203, condena el cambio de planes pero como la RENFE de antaño llega tarde porque los cruzados habían zarpado de Zara en abril en compañía de Alejo. En julio están ante Constantinopla y el 17 de julio atacan la ciudad que sólo se salva de su toma por la actuación de los mercenarios ingleses y daneses. No obstante, Alejo III se ve perdido y abandona la ciudad llevándose, eso sí, el tesoro imperial. Los cruzados quedan, pues, dueños de la capital y restablecen en el trono a Isaac y a su hijo Alejo IV como corregentes del Imperio. No obstante, pronto se vio que Alejo IV no podía cumplir con lo prometido. Además, el pueblo le detestaba cordialmente por haber recurrido a los latinos que eran odiados por todo lo antedicho. En enero de 1204 Isaac y Alejo IV son derrocados y asesinados. El pueblo entroniza a otro Alejo, quinto de su nombre, abiertamente antilatino. Los cruzados deciden volver a intervenir y el 12 de abril de 1204 toman las murallas de Constantinopla y el 13 asaltan la ciudad. Se repiten (aunque esta vez en sentido contrario) las matanzas y saqueos de 1182. Se produce un inmenso robo de reliquias y objetos artísticos (si se preguntan por la procedencia de la cuadriga de bronce de la basílica veneciana de San Marcos, fue uno de los "recuerdos" de esta "hazaña"). El botín oficial fue de 900.000 marcos de plata de los que más de la mitad, cerca de medio millón fue a parar a Venecia. El Imperio Bizantino dejó de existir como tal, repartido entre los vencedores. Balduino de Flandes fue coronado el 16 de mayo de 1204 en Santa Sofía como emperador de Romania, el reino latino de Constantinopla. Su dominio, no obstante, se limitaba a zonas de Bizancio (entre ellas los palacios imperiales de Blanquernas y Bucoleón), Tracia, el noroeste de Asia Menor y las islas de Lesbos, Quíos y Samos, aproximadamente un cuarto de la extensión del Imperio Bizantino antes de estos sucesos. Los 3/4 restantes de dividieron a partes iguales entre Venecia y los cruzados. Bonifacio de Montferrat, pariente de Felipe de Suabia, recibe Macedonia, Tesalia y Creta (que vende después a los venecianos). Venecia, sabedora de que no podía mantener un imperio, rehúsa recibir el Peloponeso, pero sí acepta enclaves en la costa adriática además de algunas islas jónicas, el protectorado de Eubea y puertos clave para el comercio en el Helesponto y el mar de Mármara así como 3/8 de la ciudad de Constantinopla, incluida Santa Sofía.

El imperio griego quedó reducido a tres estados, el Imperio de Trebisonda en el mar Negro, gobernado por la antigua familia imperial de los Comneno; el Despotado de Epiro en el norte de Grecia gobernado por la familia imperial de los Angel y el Imperio de Nicea gobernado por la familia de los Lascaris. Nicea se alía con los búlgaros y derrotan a Balduino en Adrianópolis (1205). Bajo Juan III (1222-1254) los niceanos arrebatan a los latinos las provincias periféricas (Tracia, Macedonia y Tesalónica), derrota a Epiro y a sus antiguos enemigos-aliados búlgaros. El trono niceano es ocupado por Miguel Paleólogo que vence en Pelagonia (1259) a una coalición de latinos y del despotado de Epiro. El 25 de julio de 1261 sus tropas entran en Constantinopla mientras el último de los reyes de Romania, Balduino II, huye. El Imperio Bizantino vuelve a aparecer aunque mermado. Venecia conserva sus posesiones, existen dos reinos latinos independientes, el principado de Acaya y el ducado de Atenas y económicamente Miguel había obtenido apoyo de Génova a cambio de beneficios equivalentes a los obtenidos por sus adversarios venecianos (acuerdo de Nymphaion de 1261). La antigua hipoteca comercial con Venecia sólo ha cambiado de manos. La nobleza consigue grandes beneficios en detrimento de las clases bajas en especial del campesinado. Las luchas religiosas se reanudan cuando Miguel Paleólogo accede a una nueva unión de las dos iglesias (II concilio de Lyon -1274-)en un intento de obtener aliados antes la pretensión de la poderosa casa de Anjou (que gobernaba el sur de Italia y Sicilia desde la batalla de Benevento -1266-) de restablecer el reino latino de Acaya (sur de Grecia) que le había sido cedido a Carlos de Anjou por Guillermo II (tratado de Viterbo) después de que éste rompiera sus lazos vasalláticos con Venecia. Pero el nuevo Papa Martín IV es francés y partidario de Carlos de Anjou, así que rompe la unión de las dos iglesias al excomulgar a Miguel Paleólogo. En 1282 se produce el levantamiento antifrancés conocido como "las vísperas sicilianas". Sicilia pasa a la Corona de Aragón bajo Pedro III, pero los Anjou controlan aún Nápoles. No obstante las guerras con Aragón centran su preocupación así que Carlos II de Anjou revierte Acaya a la hija de Guillermo II, Isabel, casada en primeras nupcias con Florencio de Hennegau. El principado de Acaya vuelve a ser, nominalmente, independiente pese a que Carlos II no cesará en sus pretensiones de interferir en su política. No obstante, Florencio lleva a cabo una buena labor diplomática con Bizancio que permite que el Acaya mantenga su independencia nominal. No puede decirse lo mismo del segundo marido de Isabel, Felipe de Saboya, cuyo comportamiento arrogante logra que en 1306 tenga que ser depuesto por felonía por Carlos II que traspasa el principado de Acaya a su propio hijo, Felipe de Tarento.

En su lucha con los angevinos (los Anjou) Pedro III recurre a la Compañía Catalana, un grupo de mercenarios catalanes, aragoneses y navarros que estaban bajo el mando de un antiguo templario, Roger de Flor. Tras la paz de Caltabellotta (1302) los mercenarios se quedan sin trabajo así que aceptan una oferta del nuevo basileus, Andrónico II, para frenar la expansión turca. Los 6500 hombres de Roger de Flor se establecen en Gallípoli (1305) desde donde atacarán no a los turcos sino al ducado de Atenas (1311). Los ducados de Atenas y Neopatria pasan a la Corona de Aragón.

El Imperio Bizantino era un inmenso cadáver del que cada uno saqueaba lo que podía. Sólo faltaba un último acto, su entierro definitivo. De ello se ocuparían los turcos otomanos.
25/03/2004 20:04 Enlace permanente. Tema: Historia

23/03/2004

El avispero (IV)

cruzada.jpgEl hablar de I Cruzada puede dar lugar al equívoco, a pensar en un movimiento único y bien organizado. En realidad dentro de la Cruzada existieron diferentes frentes y la descoordinación entre ellos fue notable. Pero antes de hablar de la Cruzada y sus "éxitos" en Bizancio ¿por qué se produjo ésta? Evidentemente, el desencadenante fue la petición de ayuda de Alejo I Comneno, pero las causas reales son otras y de todo tipo. Se ha señalado que la Iglesia venía elaborando el concepto de "guerra justa" desde hacía tiempo y por un interés de lo más material, las incursiones depredadoras de pueblos como los magiares y los normandos se habían dirigido a los objetivos más ricos y menos protegidos (el que se dedicaran al pillaje no significa que fueran idiotas) lo que se traducía en la práctica en el robo de iglesias y monasterios. Por tanto, la Iglesia empezó a ver con buenos ojos la idea de una caballería cristiana hasta el punto de que pervirtió el significado original de la expresión "militia Christi" (ejército de Cristo) que inicialmente designaba de forma metafórica al clero que combatía pacificamente contra el pecado.

Se ha señalado también que las normas que regían las herencias de las propiedades nobiliarias en el norte de Francia habían cambiado. La división carolingia de los feudos entre todos los hijos terminó suponiendo la fragmentación de la propiedad hasta un punto en que se tornaba inviable. Entre los años 850 y 1000 está documentada la existicia de hambrunas periódicas. Para impedir este proceso, se establece la primogenitura. Si bien el hecho de que el primogénito reciba la herencia acaba con el problema de la fragmentación de las tierras crea un nuevo problema. Los hijos no primogénitos quedan desheredados. Muchos segundones no veían con malos ojos la posibilidad de ganar feudos propios en ultramar (y Urbano II ya tuvo buen cuidado de prometer en Clermont la propiedad de las tierras ganadas tanto a los caballeros que participasen en la Cruzada como a sus descendientes).

Según parece, la Cruzada se había pensado, según parece, como un movimiento nobiliario, pero en unos años sin televisión ni periódicos, la noticia debía difundirse con el auxilio de las órdenes religiosas y de predicadores de todo tipo. Uno de ellos era un visionario llamado Pedro el Ermitaño. Según las leyendas que se crearon después en torno suyo poseía una carta recibida del mismo cielo en la que se auguraba la reconquista de Jerusalén. Sea cierto o no que afirmara tal cosa, sí es verídico que predicó con gran éxito la Cruzada a todo tipo de gente. Champaña, Lorena, Tréveris y Colonia son algunos de los lugares que vieron pasar a este personaje camino de Oriente. Además de algunos caballeros como Gualterio sin Haber (y entiéndase ese mote en el sentido económico del término) reunió a gente del pueblo, sin armamento ni dinero. La cantidad de cruzados reunida obligó a dividir la tropa. Gualterio al frente de los franceses llega sin demasiados problemas a Bizancio en julio de 1096. Pedro el Ermitaño hace lo propio un par de semanas más tarde con el resto de los franceses, loreneses, renanos y nativos del sur de Alemania aunque éste sí que con pérdidas por el motivo que luego veremos. Por el contrario, los alemanes que debían llegar capitaneados por el sacerdote Godescalco y el conde Emicho fueron masacrados en Hungría después de que los cruzados se entregaran al pillaje de las poblaciones por las que pasaban. Ni fue el primer caso ni fue el último. Ya en Alemania habían realizado pogromos antijudíos en Espira, Worms, Colonia... con la tradicional excusa de que eran los asesinos de Cristo, pero, en realidad, para saquear sus bienes. En Nis, la tropa de Pedro el Ermitaño consiguió entrar en combate... con el propio ejército de Bizancio y más concretamente con los mercenarios pechenegos después de episodios de indisciplina similares a los antedichos.

No obstante, Pedro fue recibido por el basileus que además de hacerle cuantiosos regalos (no sabía lo que le había caído encima) le pidió que permaneciera en Bizancio hasta la llegada de los restantes contingentes. Alejo I no tardó en cambiar de opinión cuando los cruzados comenzaron a saquear la propia Constantinopla. El 6 de agosto de 1096 cruzan el Bósforo y se dirigen al campamento de Civetot justo donde comenzaba el territorio bajo control turco. Los franceses se dedican al pillaje de las poblaciones enemigas y logran un botín considerable en Nicea. El contingente alemán intentó hacer lo propio, pero sólo consiguen quedar cercados en Xerigordon. El grueso de la tropa cruzada acude en su auxilio y es aniquilado (21 de octubre de 1096). Sólo unos pocos supervivientes consiguen huir a Constantinopla.

Si la "cruzada popular" había sido un desastre que sólo consiguió crear problemas a su paso sin ninguna utilidad militar, no fue Pedro el Ermitaño el único jefe que tuvo problemas. El continguente (éste sí nobiliario) al mando del conde Raimundo de Tolosa y del legado papal Ademaro partió tarde y le sorprendió el invierno balkánico. En territorio bizantino fue escoltado por mercenarios pechenegos con los que tuvo ciertas "discrepancias de pareceres". En una de ellas resultó herido de gravedad Ademaro que tuvo que quedarse, de momento, en Tesalónica. Los cruzados saquean la ciudad de Roussa y cuando Raimundo se dirige a Constantinopla para preparar la llegada de sus tropas, los bizantinos atacan y disuelven el ejército.

Otros contingentes llegan sin problemas como los normandos al mando de Bohemundo de Tarento pero en este caso el problema eran ellos mismos dado que los normandos y los bizantinos habían tenido ciertos "problemillas" tradicionales a causa de las posesiones de los segundos en Sicilia. Posiblemente escarmentado por el precedente de Pedro el Ermitaño, Alejo prohíbe la entrada en Constatinopla de los cruzados. Sólo permite la recepción de los jefes y sus séquitos a los que colma de regalos. Pronto surgirían los problemas. El basileus quiere que los jefes presten juramento de devolver a Bizancio las tierras que conquisten y que habían perdido por la invasión turca. El primer contingente cruzado que llegó (excluido el de Pedro el Ermitaño) era pequeño y estaba mandado por Hugo de Vermandois que sí juró. El segundo, mucho más numeroso, fue el de Godofredo de Bouillon. Éste dijo que tururú y se negó por dos veces a ser recibido por Alejo. El basileus respondió negando el suministro de alimentos a las tropas que contastaron saqueando los arrabales de Constatinopla (parece que esto se estaba convirtiendo en una costumbre cruzada). En enero de 1097 Godofredo decide visitar el palacio imperial de Blanquernas de una forma bastante poco procotolaria, sitiándole. Alejo se tomó bastante mal la "visita" de Godofredo y estalla un enfrentamiento entre el ejército bizantino y el cruzado en el que éste lleva la peor parte. El 20 de enero, Godofredo jura y es transportado con sus tropas al otro lado del estrecho posiblemente con gran alivio del basileus. Después llegó Bohemundo con las tropas normandas aunque sabedor de que no era un modelo de popularidad para los bizantinos no puso ningún problema y también juró a mediados de abril. Le tocó el turno a continuación a Raimundo de Tolosa. Éste dijo que había ido a Oriente por voluntad de Dios y que, por tanto, no estaba dispuesto a someterse a los hombres. Los demás jefes cruzados (en especial Bohemundo) le presionaron para no demorar más la expedición y el 26 de abril de 1097, el conde de Tolosa jura (curiosamente, el que tanto se había negado a jurar fue el único que cumplió su palabra).

A finales de abril el ejército cruzado comienza las operaciones militares. El primer objetivo fue Nicea a dónde llegó Godofredo el 6 de mayo. Las tropas selyúcidas que intentan auxiliar la ciudad fueron derrotadas el 21 de mayo y Nicea se rinde el 19 de junio. Como antigua posesión bizantina y en virtud del juramento prestado, se niega a los cruzados la entrada (de saqueo ni hablar) a la ciudad lo que les sienta bastante mal. Fue el único caso en que se respetó la palabra dada. Los jefes cruzados dejaron palpables los sentimientos de profunda religiosidad que les había llevado a Oriente. Tancredo y Balduino casi llegan a las manos por la posesión de Tarso (de cederla a Bizancio ni hablar). El segundo llegó a Edesa (febrero de 1098) donde es adoptado y nombrado corregente de Edesa por Toros. Éste era ortodoxo mientras la mayoría de Edesa era monofisita. En marzo el pueblo se revela y Toros es linchado mientras Balduino miraba para otro lado. El día 10 es nombrado señor de Edesa y abandona la cruzada.

El 3 de junio de 1098 los cruzados toman Antioquía que es asignada (5 de noviembre) a Bohemundo en medio de la oposición de Raimundo de Tolosa que fue el único que insistió en cumplir el juramento prestado a Alejo I.

Finalmente, el 15 de junio de 1099 los cruzados toman Jerusalén en medio de una horrible matanza de la población civil. Las poblaciones que supuestamente debían haber sido devueltas a Bizancio quedaron en posesión de los cruzados. Si las relaciones entre Bizancio y el occidente europeo no eran buenas, a partir de ese momento empeorarían aún más. Si los bizantinos se quejaban por el incumplimiento del juramento a Alejo, los cruzados protestan por los agravios recibidos en Constantinopla y por la poca ayuda prestada por parte del ejército bizantino. Las diferencias eran irreconciliables y tardaron poco en empeorar.
23/03/2004 21:18 Enlace permanente. Tema: Historia

22/03/2004

El avispero (III)

justiniano.jpgEs sabido que en el 395 a la muerte de Teodosio el Grande, el Imperio Romano se divide entre sus dos hijos, Arcadio recibe el Imperio de Oriente con capital en Constantinopla y Honorio el de Occidente con capital en Rávena desde el 404. Es sabido, igualmente, que el Imperio de Occidente no sobrevivió demasiado a la división. En 476 es depuesto el emperador Rómulo Augústulo lo que cierra definitivamente (en realidad, sólo evidenció lo que ya estaba claro, que el Imperio de Occidente era un inmenso cadáver desde hacía tiempo) la historia del Imperio Romano en Occidente.

Tal vez la idea de la historiografía romántica (Gibbon) de que el Imperio de Oriente sólo fue una perduración de la decadencia del Imperio Romano haya creado demasiados prejuicios que, en algún caso, todavía hoy perduran. Sin embargo, la constatación de que pervivió durante mil años más (con crisis y resurgimientos que veremos a continuación) obliga a poner en solfa esa interpretación. Si Occidente sucumbió a las "invasiones bárbaras" Oriente supo capear las invasiones gracias a una diplomacia hábil. Por ejemplo, Zenón cuando vio amenazado el Imperio Romano de Oriente (que desde ahora llamaremos Imperio Bizantino) por los ostrogodos (que se habían establecido en Panonia al ser destruido su reino -situado originariamente a orillas del mar Negro- por los hunos de un tal Atila) de Teodorico (488) nombró a éste magister militum (señor del ejército) y cónsul y lo envió a Italia donde fundó el reino ostrogodo de Italia después de vencer a Odoacro y tomar la capital de Rávena. Si los bizantinos consiguieron superar este obtáculo tuvieron, por contra, un problema que, con diversas variantes, les perseguirá a lo largo de toda su historia, la religión. La ortodoxia cristiana fijada en el concilio de Nicea fue la favorecida por Teodosio II, pero fue criticada por Nestorio que, de las dos naturalezas que la Iglesia cree que se reúnen en Cristo (humana y divina), ponía énfasis en la naturaleza humana. El tercer concilio de Éfeso (431) condenó esta doctrina nestoriana, pero no por ello desapareció. No sólo siguió existiendo en algunas provincias del imperio sino que cristianos nestorianos fueron acogidas en el imperio rival de Bizancio, el Persa de los Sasánidas por aquello de que "los enemigos de mi enemigo son mis amigos." Si la "herejía" nestoriana causó problemas, aún más graves fueron los ocasionados por la "herejía" contraria, el monofisismo (es decir, que en Cristo sólo hay una naturaleza real mecla de humana y divina). Muy extendida en Egipto y Siria pese a la condena del cuarto concilio de Calcedonia (451), su persecución causaría un permanente resentimiento contra Constatinopla en ambas provincias.

Pocas veces quedan más palpables estas diferencias entre religión estatal y religión real que bajo el reinado de Justiniano, el más "romanista" de los emperadores bizantinos. Es sabido que recopiló el derecho civil romano en el Corpus iuris civilis, que intentó reconstruir el Imperio Romano de Occidente mediante conquistas en el Norte de África (destrucción del reino Vándalo en la batalla de Tricamerón -533-), del reino ostrogodo de Italia vencido por el general Belisario (539) que, posteriormente, fue derrotado por un reconstruido ejército ostrogodo que fue definitivamente derrotado por el general Narsés (552), y en la España visigoda (551) aunque ninguna de estas conquistas fuera más allá -salvo en Italia- de la posesión de algunos enclaves porque Bizancio tenía problemas en Oriente tanto con el Imperio Persa que atacó Siria (la paz sólo se logró con el pago de un cuantioso tributo) como con pueblos "bárbaros" que habían ocupado las tierras abandonadas por los godos, visigodos, ostrogodos, francos, alanos... cuando invadieron el Imperio Romano. Uno de esos pueblos eran los eslavos. Esa política "romanista" tuvo su reflejo en la religión con el cierre de la escuela de Atenas (uno de los últimos reductos del "paganismo") y con el compromiso firmado con el Papa (529) de persegir las herejías existentes en Bizancio. Si Justiniano pensaba en la persecución de los herejes (fundamentalmente los monofisitas) su mujer, la emperatriz Teodora, creía lo contrario. Se daba cuenta de que la persecución acarreaba problemas en una provincia amenaada como Siria y que, por tanto, lo mejor era llegar a algún tipo de acuerdo con los "herejes". La política religiosa cambiante de Justiniano ocasionó que en occidente se viera a Bizancio como sospechoso de tibieza religiosa. Esa interpretación tendría consecuencias más adelante.

También lo tendría la propia estructura militar y económica de Bizancio a partir de Heraclio (610-641). Si Justiniano había seguido pretendiendo que el Imperio Bizantino era la prolongación del Romano, Heraclio heleniza el imperio. Al título de imperator le sustituye por el de basileus. Enfrentado a la amenaza persa que había conquistado casi toda Siria responde con una ofensiva militar en la que obtiene las victorias de Nínive y Ctesifonte además de rechazar un doble ataque contra Constantinopla de ávaros y eslavos por un lado y persas por otro (626). Al centrarse en la defensa del propio territorio sus últimas guarniciones son expulsadas de España en el 624 (en el 568 ya habían perdido casi toda Italia -excepto Rávena, el sur de la Península y algunos enclaves en Sicilia- a manos de los lombardos que Narsés había llevado allí como tropas mercenarias) mientras ávaros y eslavos atacan la frontera norte del Imperio. Aún peor, la derrota de la Persia sasánida favorece la llegada de un nuevo enemigo, los árabes. Su victoria en Yermuck (636) supuso la pérdida para Bizancio de las provincias de Siria y Egipto, auténticos graneros del Imperio. Para intentar impedir el desastre, se permite a las tribus eslavas la ocupación de los Balkanes a cambio de su fidelidad al basileus bajo el reinado de Constatino II Pogonatos (641-668) y, por supuesto, de su ayuda militar aunque lo que salvó a Bizancio fueron las guerras civiles que estallaron entre los árabes en la segunda mitad del S VII y que concluyeron con la confirmación de la dinastía Omeya en el trono. Heraclio procede a reorganizar el imperio. Lo divide en temas (o themas) provincias tanto políticas como militares bajo el mando de estrategas (o stratigos) que dependen directamente del basileus. Se asientan en ellas colonos-militares, los stratiotas, que reciben tierras suficientes para su sustento y para el armamento. Estas tierras eran trasmisibles por herencia. Al menos en Bitinia, los stratiotas eran de origen eslavo y posiblemente lo fueron en más casos dado que se produjo una crisis demográfica como consecuencia de las campañas militares y la pérdida de las ricas provincias de Siria y Egipto. Como consecuencia de esta reorganización, tanto los stratiotas como los campesinos libres se ven vinculados a los latifundios lo que terminará generando la existencia de una nobleza militar-campesina que entrará en conflicto permanente con la nobleza burocrática (aunque hablemos de nobleza burocrática, debe entenderse en un sentido muy particular porque los altos cargos -salvo el de basileus, claro- no eran hereditarios). Así mismo, Heraclio procede a intentar zanjar, de una vez por todas, las querellas religiosas mediante el documento "Ectesis" en el que se reconoce la doble naturaleza de Cristo, pero como concesión a los monofisitas, se afirma una única voluntad y energía. Es el llamado monotelismo. También intenta revitalizar la agricultura protegiendo los derechos de los agricultores con el Código Rural y el comercio mediante el Código Naval Rodio. Todas estas reformas parecen tener efecto cuando entre 674-678 se rechazan intentos árabes de conquistar Constantinopla. Sin embargo, Justiniano II sufre una gran derrota en Sebastópolis (692) que supone la pérdida de todo el norte de África y que permitirá a los árabes su paso a la Península Ibérica destruyendo el reino visigodo (711).

El Imperio Biantino estaba nuevamente amenazado. En 717 accede al trono una nueva dinastía con la coronación del general (buena señal de como andaba el patio) León I Isáurico (con mucha originalidad, la dinastía es conocida como dinastía isáurica). Su primer logro fue derrotar a los árabes que sitiaban Constantinopla (717-718). No obstante, en esa situación de lucha por la supervivencia, Bizancio vuelve a enzarzarse en una nueva guerra religiosa, la querella iconoclasta (es decir, la supresión de las imágenes religiosas). Las razones que se dan para esta querella son variadas, desde un intento del basileus de depurar la religión para convertirla en un arma frente a la amenaza árabe, a la influencia de las religiones anicónicas judía y árabe (la dinastía isáurica procede de Siria) a, posiblemente la explicación más creíble, un intento por parte del poder real de poner coto al monacato que empleaba las imágenes religiosas para su propaganda. Dado que las tierras de los monasterios no tributaban y que los monjes estaban exentos de prestar servicio militar, un auge de la vida monástica como el que se producía en aquella época significaba menos ingresos para el estado y menos soldados. Por las razones que fueran (tal vez por una mezcla de las tres antedichas) León III y el clero secular formaron el bando iconoclasta mientras el clero monacal formaba el bando iconódulo lo que suponía, también, una doble división territorial, las ciudades favorables a la eliminación de las imágenes religiosas y el campo en su contra, pero también Asia Menor (zona en la que el monacato tenía menor influencia) a favor de la iconoclastia mientras Grecia y los Balkanes estaban por la iconodulia. Como quién manda, manda, León III prohíbe las imágenes en las iglesias (726) y, por si alguien no se había enterado, en 730 decreta la pena de muerte para los que veneren imágenes religiosas. Aparte del desastre artístico que esto supuso, el poder real sufrió una merma de su prestigio precisamente en los ámbitos en los que ya aparecía más mermado y en el ámbito internacional, la querella iconoclasta supuso que el Papado (que apoyaba a los iconódulos) confirmara sus sospechas sobre el Imperio Bizantino. Aunque la primera querella iconoclasta acaba con el victoria iconódula con el Concilio de Nicea del 787 reunido a instancias de la emperatriz Irene, el Papado mira ya a Occidente y en el año 800 la coronación de Carlomagno crea un fuerte vínculo entre los francos y el Papa. Todavía entre el 815 y el 843 se produce la segunda querella iconoclasta aunque el cambio de dinastía en el 820 (a los isáuricos les suceden los armorianos de origen macedónico y, por tanto, favorables a los iconódulos) termina con la querella, aunque el deterioro de relaciones entre el papado y el clero secular bizantino es ya irreversible y tendrá consecuencias muy pronto.

Sorprende que entre tanto problema interno, la victoria sobre los árabes en Akroinos (740) y de las campañas de Constatino V (741-775) supusieran un respiro para la supervivencia del Imperio Bizantino aunque en 751 pierden una de sus últimas posesiones en Italia, la antigua capital de Rávena. Con posterioridad perderán también la isla de Creta que se convierte en un centro dedicado a la piratería que pone en peligro el tráfico mercante hacia Europa Occidental.

Con Miguel III (842-867) se produce la evangeliación de los eslavos por Cirilo y Metodio que adoptarán un alfabeto derivado del griego, el cirílico. En 865 se bautiza el kan búlgaro Boris