El triunfo de Clío

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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2004.

02/03/2004

¿Conoces mi método, Watson? (y III)

historiografia.jpgFinis coronat opus decían los antiguos romanos unos tipos que eran tan cultos que hasta hablaban en latín y realizaban aforismos que los políticos en campaña se empeñan en trabucar diciendo disparates tan gloriosos como "Un funeral de coitus interruptus" o "Mens sana in corpore insepulto"; pero dejemos a los animales políticos (que suelen hacer honor a la primera parte de la expresión y mucho menos a la segunda) y vayamos a lo nuestro, a poner punto y final (pueden manifestar su alegría de la forma que consideren más conveniente) a esta Introducción (y sin vaselina ni nada) al método historiográfico.

"El fin corona la obra" es la traducción literal del aforismo latino citado más arriba aunque sería quizás más correcto emplear en su lugar un refrán castellano "Bien está lo que bien acaba". No vean en ello ninguna referencia autoonfálica a esta serie de artículos que podrían optar al premio "Tostón plúmbeo" de la Blogocosa si alguien tuviera la buena idea de crear tal galardón y que, posiblemente, hayan conseguido reducir el consumo de válium de las personas que, cosas del Google y de su pastelera madre, hayan dado con ellos para su desgracia. No, cito ese latinajo (además de para presumir, claro) porque lo que hemos visto (o dormido) hasta el momento es una preparación para la escritura de un discurso historiográfico. Las fuentes y su crítica permiten la obtención de los mimbres con los que tejer el cesto (el proceso de escritura que determinará que éste esté bien construido o sea un cesto perero es el final que coronará -o desgraciará- el trabajo metodológico anterior).

Cualquier obra historiográfica tropieza con una serie de obstáculos, uno de ellos es si la representación corresponde a la realidad (pueden no existir fuentes fundamentales, haberse realizado un mal análisis documental...). Otro es que cualquier obra limita la Historia. Ésta no es una serie de acontecimientos puntuales inconexos (Revolución Francesa, colonialismo, Revolución de Octubre...) sino un continuo. No obstante (y por obvias razones) cualquier discurso historiográfico establece unos límites de espacio, de tiempo o de ambos simultáneamente que interrumpen ese continuo. Así es difícil que nos encontremos con una historia de ámbito mundial y extensión temporal universal. Lo frecuente es que topemos con discursos sobre la historia del País Vasco (límite espacial), sobre la Alta Edad Media (horrorosa traducción del alemán que ya se ha hecho tan clásica como la de Tabla Redonda) o la Prehistoria (límite temporal) o la Guerra Civil Española de 1936-1939 (límite espacial y temporal). No obstante, ese establecimiento de límites tiene su límite (valga la redundancia). Cualquier obra historiográfica debería exponer la situación histórica previa, el desarrollo de los acontecimientos que se quieren estudiar y la situación histórica posterior a ellos. Dicho de otra forma, en la situación histórica previa están contenidas las causas que motivarán esos acontecimientos que transforman esa situación previa en la situación histórica posterior que a su vez contiene las causas... Por eso hablamos del continuo histórico, porque unos acontecimientos tienen una causa y unas consecuencias que, a su vez, son causa de nuevos acontecimientos que tienen unas consecuencias que...

Sin embargo, y durante siglos, la Historia se consideraba como una exposición de hechos ordenados cronológicamente (véanse las Crónicas medievales, por ejemplo). Según esto, la historiografía sería una narración, parte de la literatura. Hoy, esta concepción es obsoleta e insuficiente porque la historiografía como narración ha quedado como patrimonio de la novela histórica que tiene la misma relación con la Historia que la música militar con la música. Hoy se considera que la historiografía no es un género narrativo sino asertivo. Su función no es enumerar una serie de acontecimientos sino explicarlos. No es decir "El 14 de julio de 1789 el pueblo de París tomó la Bastilla" sino explicar el proceso por el que se llegó a esa situación.

Este carácter explicativo obliga a que haya constancia expresa de un serie de elementos como identificación de las hipótesis, de las fuentes empleadas (indicando los datos que permitan comprobar desde su existencia a que el contenido es el que se indica en la obra historiográfica), cómo se ha procedido al análisis de las fuentes, hipótesis alternativas señalando las razones por las que esas otras hipótesis tienen menor validez que las suyas, es decir, el porqué las fuentes se aquilatan mejor a sus hipótesis que a las de otros historiadores que mantengan tesis contrarias... En resumen, el discurso historiográfico no es una narración, es una argumentación sujeta a las mismas obligaciones que las demás argumentaciones sobre cualquier otro tema.

Esto tiene un problema obvio. El común de la gente encontraría que esto convierte a la historiografía en un peñazo de consideración, pero, esa dificultad (que nunca debe caer en la ininteligibilidad del discurso) supone, también, una mayor tranquilidad para el lector ya que deja de funcionar el argumento de autoridad ("Si esto lo dice el profesor Peranganito es que debe de ser cierto.") ya que al haber indicado las fuentes y el proceso de análisis sus aseveraciones son falsables. Cualquier persona puede comprobar las fuentes y seguir la argumentación basada en ellas para ver si detecta errores en ese proceso.

Ya que esta serie de artículos comenzó como una reflexión sobre la obra "La investigación histórica: Teoría y método." por D. Julio Aróstegui (Editorial Crítica. Barcelona, 2001), lo lógico es que sea el profesor Aróstegui el que ponga el punto y final a la pregunta ¿cómo debe escribirse un discurso historiográfico?

"- El discurso historiográfico es el análisis de un proceso bien delimitado, con unos límites de sentido y espacios de inteligibilidad claros. Es un discurso, por tanto, analítico.

- Ese discurso analítico contiene indudablemente en sí mismo descripciones, narraciones. Se compone, en cuanto resultado de un método para explicar la realidad, tanto de descripciones de situaciones en su proceso temporal -relatos- como de hipótesis sobre su curso y de argumentaciones explicativas." (Op. cit. Pág. 322)

Es así de sencillo (o así de complicado). Volvamos al ejemplo que les puse en el comienzo de este artículo, los dos libros sobre los moais de la isla de Pascua. Sin desdeñar ninguna hipótesis a priori, ahora que conocen las herramientas del método historiográfico relean algunos de los libros sobre extraterrestres escultores y comprueben si en ellos se hace una identificación de las fuentes, un análisis documental, una contraposición entre su hipótesis y las hipótesis alternativas (como la de escultores perfectamente terrestres) indicando el porqué su hipótesis es más digna de crédito... y si lo encuentran no dejen de decírmelo porque será, para mí, una sorpresa del copón de la baraja.
02/03/2004 00:04 Enlace permanente. Tema: Teoría de la Historia

03/03/2004

Ejemplificando que es gerundio

galdos.jpgBueno, ya les he aburrido en demasía con la teoría (necesaria, pero tan apasionante como un programa doble con películas de Antonioni y de Bertolucci) así que pasemos a la práctica. Ya saben que el rigor metodológico no debe relajarse por el nombre del autor, porque compartamos las conclusiones de una obra... ni por ningún otro motivo.

Tomemos, por ejemplo, el comienzo de una obra recién aparecida, con un autor muy conocido en España, sin ninguna vinculación con el esoterismo... es decir, con todas los predicamentos para que nadie proteste por ella, para que nadie señale que es tan pseudohistoriográfica como un texto del Sr. Benítez (por citar a un autor que no es santo de mi devoción) ya que hace el mismo caso a los requerimientos del método historiográfico que el ufólogo navarro:

"En los márgenes de aquella obra teatral que Galdós estrenara en 1901, Electra de tempestad y ceniza, Electra de rayo y melancolía, resuenan aún los gritos no temperados, los vivas, los mueras, las creencias indomables extendidas sobre los corazones, la prensa incendiada de progreso y sotana, los parlamentarios disfrazados de frailes y demonios, los edificios, años después, atravesados de llamas, agonizantes... Aquella obra, Electra de cabellos de fuegos, Electra de primavera y de humo, tenía, como los libros canonizados por los jóvenes intelectuales de la época, un ala de moralidad y otro de caos." ("Los mitos de la historia de España" por Fernando García de Cortázar. Ed. Planeta. Barcelona, 2003. Pág. 15.)

Pos fale, pos mu potito; pero ¿dónde están las fuentes para hacer todas esas afirmaciones? ¿Dónde el análisis documental...? ¿Dónde, en suma, todo eso que convierte la historiografía en una disciplina metódica y no en una de las Bellas Letras? Misterio. Debe haber sido abducido todo ello en el Triángulo de las Bermudas o en el Cuadrado de las Bahamas.

Decía Moore en sus Principia Ethica que ante las afirmaciones contenidas en una obra de ética le impostaba un bledo quién lo dijera o lo que dijera, que lo que le interesaba es comprobar la argumentación que sustentara sus juicios. Esa máxima es perfectamente aplicable a las demás disciplinas, historiografía incluida. Pues no hay manera de que algo tan sencillo les entre en la cabeza a algunos historiadores. Como ellos conocen las fuentes para asegurar algo lo hacen, se comen la argumentación para sustentar sus afirmaciones y esperan que sus lectores acepten su palabra y den por bueno lo que tengan a bien escribir, que para eso son historiadores serios (no me río lo más mínimo con ellos) y conocidos (lo de reconocidos es harina de otro costal). El que con esas mañas, la historiografía retroceda a los tiempos de Herodoto les importa un bledo aunque después no pierdan ocasión de asegurar que la Historia es una ciencia.

Obviamente, así está la historiografía española como está, con textos que parecen las Cuentas del Gran Capitán en vez de una publicación rigurosa. Después, cuando los lectores son incapaces de saber si una obra es histórica o pseudohistórica que no se quejen porque son estos polvos lo que traen aquellos lodos.
03/03/2004 01:03 Enlace permanente. Tema: Teoría de la Historia

08/03/2004

IV premio Favila el Osado

donkey.gifDespués de unos meses de no haber encontrado persona merecedora de nuestro insigne galardón, por fin lo hemos conseguido, suene por tanto, la Marcha de Pompa y Circunstancia de Elgar para dar el toque de cultura y de agricultura (por aquello de que nos gustan los logros nabales -no, no es una falta de ortografía-) que tanto nos esforzamos (nos esforzamos, lo lograremos un 30 de febrero o en las kalendas graecas) en brindar (si es con cazalla mejor que con la mariconada ésa del champán que obtuvo Dom Perignon cuando quiso imitar la sidra asturiana) en cada una de nuestras concesiones.

Nos, reunidos con nos mismo, por el poder omnímodo que nos confiere el escribir (o perpetrar) este blog (que es la más elevada ocupación a la que puede dedicarse la inteligencia -¿o era la indigencia?- humana, sobrehumana e inhumana) fallamos aún más de lo habitual y consideramos que nadie ha hecho mayores méritos para optar a nuestro excelso y nunca bien ponderado galardón que la publicación periódica editada por el grupo Correo y que lleva el nombre comercial de El Norte de Castilla.

Nos, para considerarlo así, hemos ponderado (no tiene nada que ver con La Ponderosa, célebre rancho de una serie de cuando los receptores de televisión eran en blanco y negro y en la que se hizo célebre un actor muy admirado por los ministros españoles de Obras Públicas porque, posteriormente, consiguió construir una casa bucólica en una pradera -en la ciudad seguro que le pidieron por un solar de 20 cms. cuadrados un huevo y parte del otro- e, incluso, autopistas al cielo -¿tendrían peaje en forma de Padrenuestros, Avemarías y Salves rocieras o marineras?-) la obligación de cualquier medio periodístico que se precie de tal de contrastar sus fuentes informativas y la necesidad de una empresa de vender cuantos más productos mejor. Después de esta ponderada ponderación hayamos que El Norte de Castilla no se cortó ni medio pelo de Ronaldo y apostó por el negocio puro y duro (y que les den a esos ilusos que se empeñan en la ética del periodismo y mandangas semejantes).

Nos encontramos que en la separata del diario pucelano titulada Focus y publicada el pasado sábado día 6 de marzo del 2004 aparece en portada "Los santos sudarios castellanos" en la que se define al trapo turinés como "uno de los grandes misterior (sic, misterior, como si Chiquito de la Calzada trabajase ahora de periodista en El Norte) del cristianismo." Temiéndonos lo peor, fuimos a la página 8 del Focus desenfocadus y allí encontramos un artículo firmado por D. Ángel del Pozo en el que entre otras chorradas asegura que: "En las investigaciones que en 1979 había realizado la NASA sobre la Sábana Santa, se había descubierto que en el ojo derecho del cadáver se había colocado una moneda, con el objeto de cerrar el párpado del difunto." Con un par... de malas fuentes como el Centro Español de Sindonología de y D. Juan José Benítez que deben ser los únicos que siguen manteniendo la falsedad de que la NASA investigó el trapo turinés en 1979 o en cualquier otro año. A ver si repitiendo lo que D. Luis Alfonso Gámez lleva años diciendo terminan por captarlo: La NASA no ha investigado nunca la Sindone. Si lo dudan, pregunténselo a la Agencia Nacional implicada y se lo confirmarán.

¿Éramos pocos? Pues parió la abuela: "... que la edad de la Sabana (sic, Sabana, en la que supongo habrá gacelas, antílopes e, incluso, algún león) estaba situada entre los años 1260 y 1390, algo más extraño si cabe, porque suponiendo que fuera falsa ¿quién en plena Edad Media podría haber desarrollado algún tipo de mecanismo para que esa impronta quedase impregnada en un lienzo?, algo que con la tecnología actual no hemos sido capaces de reproducir." Por de pronto, nos no encontramos explicación a que si la fecha en que creció el lino con el que se tejió la Sábana Santa fue aproximadamente 1260-1390 el Sr. del Pozo diga "suponiendo que fuera falsa" ¿Suponiendo? Nos gustaría que D. Ángel nos explicase cómo podría ser auténtica, cómo podría haberse tejido el lienzo funerario de Jesús 1200 o 1300 años después de que los romanos lo hubieran crucificado para que haya que considerar la falsedad de la supuesta reliquia como una suposición y no como una certeza. Por otra parte, no ponemos en duda la incapacidad del Sr. del Pozo para fabricar hoy una réplica de la Sábana Santa, pero no es ése el caso de, por ejemplo, Broch y Nickell que sí lo han hecho y sin ninguna tecnología puntera, sólo con medios que pudieron haber empleado los artistas de la Edad Media.

Por si fuera poco, cuando habla de la copia de Escalona del Prado (Segovia) dice: "Lo que más me ha llamado la atención de esta copia, que nada tiene que ver con la original, es la dificultad para fotografiarla, ya que al igual que la que se supone original parece un negativo fotográfico impresionado." Por de pronto, una copia siempre tiene algo que ver con el original, precisamente eso, que lo copia. Después, si entre las razones para afirmar del trapo turinés que "todos los indicios apuntan a que a que podría ser la sabana (sic, sabana, esto empieza a parecer el Rey León) autentica (sic, autentica como la fábada Litóral) que envolvió el cuerpo de Jesús..." figura que "se ha demostrado que se trata de un negativo fotográfico" tal vez la de Escalona también sea auténtica ya que en 1657 cuando consta que se certificó la copia tampoco existía la fotografía ni siquiera en su forma primitiva de daguerrotipo. En realidad, ni una ni otra son negativos fotográficos porque ¿quién sería, en tal caso, el anciano de pelo y barba blanca que aparece representado en ellas? Si fueran negativos, lo que en ellas aparece de color negro sería, en realidad, blanco. Puesto que el pelo y las barba son negros como los cataplines de un grillo... La copia de Escalona lo que demuestra es que no había necesidad de fotografía para pintar una figura en un pseudonegativo.

Otras chorradas que afirma como la tridimensionalidad de la imagen o la antigüedad del tejido por su morfología ya han sido contestadas hasta la saciedad así que no volveremos a entrar en ellas.

Tal cúmulo de despropósitos creemos que es merecedor de nuestro preciado galardón. Inscríbase, por tanto, el nombre de El Norte de Castilla gracias a su colaborador, D. Ángel del Pozo, en la peana de nuestro trofeo para recuerdo de las generaciones futuras. Así se haga.
08/03/2004 18:32 Enlace permanente. Tema: Premio Favila el Osado

09/03/2004

Los tobillos de David y los secretos de la condesa

chinchon.jpgSi ya decían en "La verbena de la Paloma" aquello de "Hoy las Ciencias adelantan que es una barbaridad" hoy podemos sostenerlo con muchas más razones. Mi amor declarado por la ciencia no nace sólo de la admiración filosófica por una actividad metódica y rigurosa sino que es, también, fruto de un profundo egoísmo. Piensen, si andan por la cuarentena como es mi caso, que si no fuera por el avance científico tendrían Vds. un elevado porcentaje de probabilidades de haber muerto ya. No hace demasiado, una simple apendicitis era una condena a muerte. Cualquier operación hasta el siglo XIX suponía una auténtica tortura y una probabilidad elevada de acabar en una infección letal. Enfermedades como la viruela, la polio, el cólera... eran frecuentes y acarreaban mortandades elevadas. Las hambrunas eran un peligro real (pregúntense la razón por la que la emigración irlandesa a los EEUU fue masiva y encontrarán, entre otras cosas causas, las malas cosechas de patatas)... hoy todo ello, al menos en el primer mundo y cada vez más a nivel global, está desapareciendo sin que ello suponga que no existan problemas como el desigual reparto de la riqueza, las sequías subsaharianas, la pandemia del SIDA en África y el Sudeste asiático o la cada vez mayor influencia de males como el Altzheimer según va aumentando la esperanza de vida.

Si nos ponemos menos trascendentes, cualquiera de nosotros tiene a su disposición en su casa una inmensa cantidad de información en forma de libros que antes era patrimonio de reyes y príncipes. Cualquiera de nosotros tiene la posibilidad de escuchar centenares de piezas musicales sin tener a una orquesta contratada (otro lujo principesco). Lo mismo podríamos decir de películas, obras de teatro...

Incluso los aspectos más aparentemente intrascendentes como hacer una colada, darse un baño o escribir una carta a un amigo se han visto revolucionados por los avances tecnológicos. Sin embargo, esa mejora en las condiciones de vida ha supuesto, para algunos, una pérdida de la poesía, un destejer el arcoiris según las palabras de Shelley (que, por cierto, murió ahogado a los 29 años de edad en el naufragio del "Ariel". Ignoro que poesía existe en los barcos que se hundían a la primera tempestad que pillaran). Me permitirán que no esté de acuerdo con esas opiniones. La capacidad de soñar, de apreciar la belleza... no sólo no disminuyen con la ciencia sino que aumentan.

Dos noticias que han coincidido en este día lo ponen de manifiesto. La primera hace relación a una de las mejores esculturas que jamás haya creado artista alguno, el "David" de Miguel Ángel (personalmente, prefiero la "Piedad" del mismo autor en el Museo de la Catedral de Florencia, pero sobre gustos sólo hay unos cien mil libros escritos). Como sabrán Vds. la monumental estatua que se conserva en el Museo de la Academia (también en Florencia) había sido sometida a un proceso de limpieza. En el mismo se localizaron unas grietas en el tobillo izquierdo del "David" que planteaban un problema. ¿Eran fruto de la imposibilidad de soportar el propio peso del cuerpo de mármol de unas 5 toneladas o habían sido producidas por otra causa? La cuestión puede parecer baladí, pero dista de serlo. Si los tobillos no pueden soportar el peso del cuerpo habrá que tomar medidas como crear una estructura de descarga antes de que un día amanezca la estatua hecha fragmentos en los suelos de la Academia. Si, por el contrario, no es ése el caso no habrá necesidad de afear la escultura con añadidos espúreos que para eso ya tenemos bastante con los paños que pintó Danielle da Volterra tapando los genitales de las figuras de "El Juicio Final" de la Capilla Sixtina (actividad que, por cierto, le valió a Volterra el mote de "Il Bragetonne". El pueblo italiano siempre tan cachondo). La solución ha sido la misma que si el "David" fuera el jugador estrella de la Juve, hacerle un TAC o Tomografía Axial Computerizada que permitirá conocer el estado interno de los tobillos de la escultura y, una vez que se tengan esos datos, tomar las medidas más adecuadas para asegurar su supervivencia para que las generaciones venideras no tengan que conocer la obra de arte por unas cuantas fotos o por la horrorosa copia que se conserva en la plaza de la Signoría (y que es tan mala que el escultor, abochornado por las críticas recibidas, optó por el suicidio).

El museo del Prado, por otra parte, realiza el estudio sistemático de las obras conservadas y le tocó el turno al más bello retrato de Goya (en mi opinión), el que efigia a "La condesa de Chinchón", esposa de su amigo y protector Godoy. Las radiografías del cuadro han permitido observar que a los pies de la condesa hay dos retratos tapados por las sucesivas capas de pintura, uno, el del XIII Duque de Alba, esposo de Cayetana y otro, el del propio Godoy. Las razones que tuviera Goya para abandonar la ejecución de ambos retratos cuando estaban en un grado de ejecución muy avanzado son desconocidas más aún cuando ambas personas eran de las que le caían bien al pintor aragonés y ya habían sido retratadas por él en otras ocasiones. El campo de la especulación está abierto y no faltarán las voces que señalen que tenía un cierto problemilla con el Duque de Alba a causa del lío amoroso que mantuvo el artista con la Duquesa (no se crean la leyenda de que las Majas son retratos de Cayetana, pero el "Álbum de Sanlúcar" sí es auténtico y deja poco lugar a dudas que entre uno y otra hubo algo más que una amistad). Sea por despecho, por motivos políticos o por mera tacañería del de Fuendetodos (no es el primer caso conocido de reaprovechamiento de los lienzos por parte de Goya) ahí tienen una nueva razón para dejar volar la imaginación (y para estudiar la evolución de la técnica pictórica de Goya puesto que los retratos inacabados pertenecen a épocas distintas del genial aragonés).

Ah, y como estrambote de la historia, el estudio de los fondos de la pinacoteca madrileña ha traído una nueva sorpresa, el encuentro de dos dibujos preparatorios de Miguel Ángel para "El Juicio Final" de la Capilla Sixtina. No está mal para un sólo día.

10/03/2004

La sangre, los fulares, el código y algunas cosas más

blood.jpgLa literatura histórica es (debería ser) por encima de cualquier otra consideración, pura y simple literatura. Es muy conocida la anécdota de Alejandro Dumas según la cual contestó a un crítico que le echaba en cara que violaba la historia: "En efecto, la violo, pero la hago unos hijos hermosos." Y, en efecto, todavía hoy disfrutamos con aquellos hijos hermosos como "Los tres mosqueteros", "Veinte años después" y "El vizconde de Bragelonne" aunque, todo hay que decirlo, de esa violación sistemática también nacieron engendros tan olvidados como olvidables.

No obstante, la postura de Dumas no es la única que existe entre los escritores de literatura histórica. Simplificando la cuestión, hay tres tendencias, la de aquéllos que toman como base de su ficción hechos y personajes reales con un respeto escrupuloso al marco histórico, la de aquéllos que sobre una base real inventan una trama ficticia, y la de aquéllos a los que les importa la historia un bledo y se inventan todo salvo un par de nombres reales.

Tomemos varios ejemplos de novelas históricas recientes (olvídense, por tanto, de que hable del infumable pestiño "El doncel de don Enrique el Doliente" puesto de moda por algo que hace que cada día me alegre más de ser republicano), "Sangre romana" por Steven Saylor (Traducción de Damián Alou. Emecé editores. Barcelona, 1996. 382 Págs), "Los fulares rojos" por Frédéric H. Fajardie (Traducción de Mari Carmen Llerena. Editorial Edhasa. Barcelona, 2003. 558 Págs.), "Apocalipsis" por Joaquín de Saint-Aymour (Círculo de Lectores. Barcelona, 2002. 477 Págs.) y "El código da Vinci" por Dan Brown (Traducción de Juanjo Estrella. Círculo de Lectores. Barcelona, 2003. 477 Págs.) para comprobar las diferencias en el tratamiento histórico por parte de los diversos autores.

Steven Saylor parte de un hecho real, la defensa que Marco Tulio Cicerón hizo de Sexto Rocio acusado del delito de parricidio bajo la dictadura de Sila. Se conserva el discurso que Cicerón realizó en pro de su cliente (sin duda no es exactamente el que pronunció el escritor romano sino una revisión posterior, el "Pro Sextio Rocio") así como también hay varias fuentes para Sila. Sobre estos hechos reales, Saylor inventa una ficción basada en que Cicerón recurre a una especia de detective privado llamado Gordiano y apodado el Sabueso para que investigue el supuesto parricidio para exculpar a su cliente. Si bien no hay realidad, sí hay verosimilitud. Saylor, historiador y buen conocedor de la Roma clásica, no abandona nunca el marco histórico. Si Gordiano nunca existió, el mundo del hampa romano y de las intrigas políticas por los que se mueve sí nos resultan conocidos por obras de la antigüedad clásica. Su visión es tan iconoclasta, tan alejada de los "peplum" al uso, como real.

Fajardie (pseudónimo que ignoro qué identidad real oculta) ambienta su novela en las Frondas, las revueltas contra el cardenal Mazzarino que pusieron en peligro el reinado de Luis XIV al igual que hizo Dumas en "Veinte años después". Sobre la anécdota real, Fajardie se inventa casi todo (al igual que hizo Dumas). El diestro espadachín y teniente general de artillería Loup de Pomonne, conde de Nissac, se encuentra con el encargo cardenalicio de salvar el reino, de destruir las Frondas. Para ello, formará un grupo de comandos con varios de sus hombres y con prisioneros liberados de sus condenas a galeras que usarán la señal distintiva de cubrirse el rostro con pañuelos rojos en sus golpes de mano. El uso de personajes reales como Mazzarino, Ana de Austria, Luis XIV, Condé... no impide que la novela vaya de lo irreal a lo inverosímil con suma facilidad, comenzando por el propio protagonista, el conde de Nissac que es algo así como una mezcla de d´Artagnan y un masón prerrevolucionario que si acepta el encargo de Mazzarino es por su convencimiento de que una derrota del cardenal (y con ella de Luis XIV) supondría un retraso en sus sueños democráticos. El que en esta empresa le apoye el general de los jesuitas (también hay un personaje de gran fuerza física para casi completar las equivalencias con los mosqueteros de Dumas de los que sólo falta Athos) es aún más delirante. Todo ellos sería perdonable si además de los homenajes formales a la obra de Dumas hubiera en "Los Fulares rojos" algo de la complejidad, del desencanto, de la sensación de decadencia de "Veinte años después". Por desgracia no es el caso. En dos palabras, lineal, previsible.

Saint-Aymour (tal vez sea un nuevo pseudónimo de Juan Eslava Galán) en su (supuestamente) primera novela se mete de lleno en un subgénero de la novela histórica de gran éxito (para mí de forma inexplicable) popular, el de la antigua conspiración que llega hasta el presente para atrapar a personajes en apariencia inocentes que se verán obligados a desentrañarla si quieren salvar su vida y su amor (parece que el añadir a las cuitas del protagonista la necesidad de cuidar de su enamorada es ya un tópico). En este caso concreto, la conspiración está aderezada de neotemplarios que se ocultan en las alcantarillas madrileñas, de neonazis, de reliquias como la lanza de Longinos y la cruz de Caravaca, de edificios como la iglesia de la Vera Cruz de Segovia... y todo ello desencadenado por la búsqueda del cuerpo de Velázquez. Un disparate histórico de principio a fin que si se salva por algo es por el conocimiento del oficio de escritor de su autor que consigue hacer que esa mezcolanza de tópicos resulte entretenida.

Dan Brown repite el esquema conspiranoico de Saint-Aymour pero sin lograr que su texto (llamarlo novela sería concederle una calificación que le vendría grande) sea, ni siquiera, entretenido. En esta ocasión el lugar de los neotemplarios está ocupado por el inexistente Priorato de Sión y también aparecerá en el caos narrativo el Opus Dei, las obras de Leonardo da Vinci... Todo ello mezclado de forma infumable con los cátaros, el secreto del Linaje de Cristo, la capilla de Rosslyn y muchos más tópicos que no tienen nada de originales a poco que conozcan disparates pseudohistóricos como "El grial secreto de los cátaros" de Javaloys o "El enigma sagrado" de Baigent, Leigh y Lincoln. No obstante, según me dicen los que se preocupan de estas cosas, este título de Brown lleva semanas como el más vendido en nuestro país lo que supone una explicación del porqué la telebasura tiene tanto éxito. Después de la televisión hecha por y para gente con encefalograma plano, tenía que darse el mismo caso en la literatura (y perdón por incluir en este campo a la obra de Brown cuyo mejor uso sería el dedicarla a estercolar los campos de cultivo). Un texto de diseño, concebido para ser un best-seller ("A la gente le encantan las conspiraciones" dice uno de los personajes -Pág. 400- y es cierto) con sus gotas de aparente osadía (la crítica a la Iglesia Católica y en especial al Opus Dei) y que en realidad acaba de forma políticamente correcta (Aviso: Si no han leído aún este engendro y piensan hacerlo, salten hasta el final del párrafo) cuando se descubre que el "malo" no es el cardenal del Opus sino un investigador que quiere hacer público el secreto del Linaje de Cristo. Este final en el que el malvado es el que quiere revelar la "verdad" pone el necesario toque "carca" después de sostener tonterías históricas como la relación entre el linaje merovingio y los descendientes de Jesús y María Magdalena.

Como vemos, y con independencia de sus valores literarios (si me permiten el inciso, sólo les recomendaría el libro de Saylor y el de Saint-Aymour. Los otros dos son perfectamente prescindibles) el tratamiento histórico es muy diferente, desde el respeto escrupuloso a la invención más delirante. Por supuesto, eso es un derecho de los escritores de ficción pero, a la larga, tal vez no sea del todo inocente. Supongamos que un lector cualquiera lee "Sangre romana" y aprecia una notable reconstrucción de la Roma pre-imperial (lo que es totalmente cierto). A continuación lee "El código da Vinci". Aunque las andanzas del profesor Langdon y de Sophie Saunière (por cierto, ¿se han dado cuenta de la "coincidencia" entre el apellido de la protagonista y el del párroco de Rennes-le-Château, Berénger Saunière tan famoso por las obras pseudohistóricas de Gérard de Sède?) sean una (mala) ficción ¿no acabará el lector pensando que algo de cierto debe haber en la existencia del Priorato de Sión, del Linaje de Cristo... cuando está leyendo lo mismo una y otra vez en el mismo género de novelas?
10/03/2004 18:39 Enlace permanente. Tema: Parahistoria

11/03/2004

Hoy no me quedan otras palabras

antieta.jpgSí a la civilización, no a la barbarie.
11/03/2004 11:10 Enlace permanente. Tema: Cajón de sastre

15/03/2004

Regreso a la vida

lazo_negro.gifLa vida debe continuar su rumbo después de unos días tan extraños, tan trágicos como los vividos. Han sido días de luto, de lazos negros para no olvidar y ahora, de forma casi contradictoria, debemos apretar los dientes y seguir nuestro camino. Para la historia futura quedarán hechos, el sanguinario atentado, el número de muertos, las consecuencias políticas (tanto las ya producidas como por venir)... todo ello tratado con cierta asepsia, objetivamente, como es la obligación de todo historiador.

Debo confesar que he estado a punto de tirar la toalla y dejar de escribir. ¿Sirven para algo las palabras cuando los nuevos bárbaros masacran a la población civil en nombre de Dios, de la patria o de cualquier pretensión que tengan estos asesinos? Y sin embargo, ¿tenemos otro arma para resistir, para anunciar a los que quieran oírlo que no podéis convencernos porque las bombas no son un argumento, pero tampoco podéis vencernos porque somos muchos más y mucho mejores que vosotros, asesinos de mierda, seáis quiénes seáis?

El tiempo curará heridas o las renovará porque la violencia terrorista es un acompañante habitual y no tengo la menor esperanza de que esta gentuza recapacite y abandone su argumentación a base de Goma 2 y metralla, pero en esa cicatricación se olvidarán nombres, personas, gestos dignos de recuerdo. Quedará el recuerdo de la muerte. Hoy, sin embargo, quisiera hablarles de la vida, de la gente que corrió en El Pozo a auxiliar a los heridos en la primera explosión y que fueron sorprendidos por la segunda explosión. Hombres casi anónimos que murieron por intentar salvar la vida de otros hombres que le eran desconocidos. Quisiera hablarles de los miles de personas que fueron a donar sangre intentando que ese gesto salvara vidas de hombres que les eran desconocidos. Quisiera hablarles de los médicos, enfermeros, bomberos... que renunciaron a sus descansos, que regresaron de su jubilación, de sus vacaciones, para intentar salvar vidas de hombres que les eran desconocidos. Quisiera hablarles de los millones de personas que en todo el mundo tomaron las calles para protestar por la muerte, para solidarizarse con las familias, amigos, compañeros de hombres que les eran desconocidos. Quisiera hablarles de todo eso, pero temo que mis palabras no lograrían hacer justicia a su suprema abnegación, a su sentimiento de que la tragedia no era sólo el drama de unos hombres, sino de la humanidad entera y, por tanto, suya propia.

Hombres que alcanzan la categoría de héroes. Hombres casi anónimos pero a los que nunca olvidaré porque en medio de la abyección más absoluta, cuando otros hombres eligieron convertirse en alimañas, ellos prefirieron continuar siendo humanos. Espero que seamos todos dignos de su ejemplo en el futuro.
15/03/2004 12:24 Enlace permanente. Tema: Cajón de sastre

Candidatos frustrados

redhorse.jpgUna vez concluido mi desahogo personal (que espero sepan disculparme) por la tragedia que hemos vivido estos días regreso al campo que me interesa, el de la historia. El chasco que se ha llevado D. Mariano Rajoy, el candidato del Partido Popular derrotado en las elecciones de ayer es sólo uno más a añadir a la larga lista de frustraciones políticas. Como el "mundo no se ha parado ni un momento" todo evoluciona. D. Mariano sólo se ve frustrado en sus legítimas aspiraciones políticas. El 26 de junio de 1876 un hombre que pretendía la presidencia de los EEUU no sólo perdió su futuro político sino también su vida y las de sus hombres. Me refiero, claro, a George Armstrong Custer y al 7º de Caballería.

Custer se graduó en West Point en 1861. Durante la guerra de Secesión alcanzó el grado de capitán del ejército regular y de brigadier general del cuerpo de voluntarios. Terminada la guerra, el general Sheridan influyó para que fuera ascendido a teniente coronel del ejército y terminó concediéndole el mando del mítico 7º regimiento de Caballería, el cuerpo de élite encargado de la guerra contra los "pieles rojas". Con ello consiguió una inmensa popularidad que le hizo acariciar la idea de entrar en política siguiendo el ejemplo del general Grant.

En 1876, la nación sioux estaba en pie de guerra. Una expedición pseudocientífica dirigida por el propio Custer había encontrado oro en las Colinas Negras (Black Hills), territorio que los sioux consideraban como sagrado. Como suele suceder, bastó que alguien gritara "oro" para que riadas de gente afluyeran al lugar del hallazgo. Fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de los sioux y empezaron los enfrentamientos con los colonos. El gobierno de los EEUU ni se planteó las razones para el conflicto (ya se sabe aquello de: "He visto un indio bueno. Estaba muerto.") e hizo intervenir un ejército dirigido por el general Crook. Nadie se planteó otra posibilidad que una victoria sencilla en la que los militares estadounidenses debían estar más preocupados por la posibilidad de que los indios huyeran que por cualquier otra eventualidad. A fin de cuentas, los indios eran maestros de la emboscada y el golpe de mano, pero nunca habían plantado cara a un ejército regular y bien equipado.

No obstante, no faltaron los presagios de que esta vez no iba a ser así. La nación sioux estaba unida. No iba a ser una guerra con una tribu, sino con la reunión de lakotas, oglalas, minnenconjou... bajo líderes tan carismáticos como Caballo Loco y Toro Sentado. El primer aviso les llegó a los militares de los EEUU el 17 de junio en Rosebud cuando los sioux hicieron retroceder a una fuerza de 1600 hombres bajo el mando del propio general Crook haciendo fracasar el plan previsto y que no era otro que encerrar a los indios en el valle de Yellowstone en el que suponían se encontraban. No obstante esto, y pese a la advertencia del comandante Terry de que los indios eran muy numerosos, Custer deseaba una victoria personal. Ordenó a su regimiento que se desprendiera de lo no necesario (entre lo que incluyó las ametralladoras Gatling) y partió el 22 de junio hacia Little Bighorn. Aunque sus órdenes eran impedir la huida de los sioux hasta que llegaran las tropas de Terry y del general Gibbon no parece que Custer estuviera dispuesto a esperar nada ni a nadie.

El 25 de junio, los exploradores del 7º de Caballería estaban en la cima del Nido del Cuervo (Crow´s Nest) desde donde pudieron contemplar el campamento sioux. Avisaron a Custer de la gran cantidad de guerreros y le aconsejaron cumplir las ódenes y aguardar la llegada del grueso de las tropas equipadas, además, con artillería y ametralladoras. Custer creyó que exageraban y decidió valorar la situación por sí mismo subiendo al Nido del Cuervo. La climatología le jugó una mala pasada ya que la niebla ocultó el campamento de los indios. Custer decidió atacar sin aguardar ni siquiera a que sus hombres pudieran descansar de las marchas forzadas a los que los había sometido.

Dividió el regimiento en tres, tres escuadrones al mando del capitán Benteen se dirigirían hacia el sur para impedir la "segura" huida de los sioux, otros tres al mando del comandante Reno atacarían el campamento sioux mientras cinco escuadrones a su mando flanquearían el campamento en dirección norte para impedir la huida por el río Little Bighorn.

La batalla empezo bien para el ejército estadounidense. Aunque los sioux sabían que la caballería había llegado no advirtieron la división de las tropas así que el ataque de Reno les pilló de sorpresa. Fue la única ventaja de la que gozaron. Pese a la sorpresa, Reno se dio cuenta de que no podía ganar una batalla contra miles de guerreros bien armados. Ordenó a sus soldados que pusieran pie a tierra y se retiraran a un bosque de chopos donde podrían organizar una defensa. No obstante, la situación era insostenible y debió huir a la otra orilla del Little Bighorn. Sus tropas fueron masacradas durante la fuga y sólo un pequeño grupo pudo atrincherarse en una colina.

Custer había contemplado el comienzo del combate cuando la sorpresa le dio a Reno una ventaja y dio por supuesto que los sioux habrían comenzado su huida por el norte, así que atacó a su vez. En vez de una banda desorganizada se encontró con una fuerza de unos 1500 guerreros hunkpapa. Consciente de que se había equivocado, Custer decidió retirarse a las colinas y atrincherarse esperando la llegada de refuerzos ya que había enviado al corneta Giovanni Martini a Benteen indicándole que la batalla había empezado y que se uniera a ellos.

No obstante, el jefe de los oglala, Caballo Loco, había previsto tal maniobra. Mientras unos guerreros hostigaban los escuadrones de Custer, otros les flanqueaban y ocupaban las colinas. Cuando llegaron las tropas de Custer se encontraron entre dos fuegos. No hubo supervivientes. Benteen sólo pudo llegar a tiempo de reunirse con los restos del grupo de Reno y atrincherarse con ellos.

El día 27, cuando los exploradores sioux advirtieron la llegada de los tropas de Terry y Gibbon levantaron el campamento y se retiraron. Detrás de ellos dejaron el mito de la invencibilidad del 7º de Caballería y el sueño de una fácil victoria que le abriera las puertas de la Casa Blanca al egomaníaco que había dicho: "Yo y mi 7º de Caballería podemos aniquilar a todos los indios del continente." Como verán, cualquier parecido entre esta historia y "Murieron con las botas puestas" es mera coincidencia.
15/03/2004 18:49 Enlace permanente. Tema: Historia

16/03/2004

Bring on the empty horses!

balaklava.jpgSiempre he sentido un gran aprecio por Michael Curtiz. No deja de parecerme curioso que el director de la película más americana de la historia ("Casablanca") se llamara en realidad Mihály Kertész y fuera húngaro de nacimiento (Budapest, 1888). Al contrario que otros drectores americanos de origen foráneo como Frank Capra, Curtiz emigró siendo ya adulto lo que le valió tener siempre problemas con el inglés ocasionando ciertos inconvenientes durante los rodajes. Es muy conocida la anécdota según la cual durante el rodaje de "La carga de la Brigada Ligera" dio la orden cuyo título encabeza este artículo y que podríamos traducir como: "¡Traigan los caballos vacíos!" Afortunadamente, nadie le hizo caso y no empezaron a vaciar caballos lo que hubiera sido una notable salvajada.

Evidentemente, los ayudantes de rodaje tenían más luces que aquéllos cuya "historia" estaban contando o, tal vez, conocían los problemas de Curtiz con la lengua inglesa (en otra ocasión, quiso que le llevaran agua para fabricar un charco y consiguió que le llevaran un perro). Si ayer hablábamos de "Murieron con las botas puestas" de Raoul Walsh y de su visión muy alejada de la realidad sobre Custer y la batalla de Little Bighorn, Curtiz fue aún más lejos (por cierto, el que ambas "pelis" estuvieran protagonizadas por la pareja Errol Flynn y Olivia de Havilland es mera coincidencia) y consiguió presentar como una gran gesta de honor y amor lo que fue, sencillamente, el episodio más imbécil dentro de la guerra más idiota de la historia (que ya es decir).

Como la historia de la barbarie humana es pródiga en hechos memorables, algunos episodios han terminado por olvidarse o casi. Uno de esos capítulos es la llamada Guerra de Crimea, dentro de ella la batalla de Balaklava (o de Balaclava, de Balaklawa... según quién lo escriba) y dentro de ella la Carga de la Brigada Ligera. Este olvido no deja de ser una lástima por varios motivos. El primero que la batalla de Balaklava inspiró un célebre poema de Alfred, lord Tennyson (Por el valle de la muerte/cabalgaron los seiscientos), una expresión que dio título a una magnífica y reciente película sobre la estupidez de la guerra "La delgada línea roja" (en origen, añadía "coronada de puntas de acero" y hacía referencia a la infantería escocesa que combatíó en Baraklava con el ejército inglés y que llevaba una casaca roja) y a otra frase memorable, ésta del general francés Canrobert: "C´est magnifique, mais ce n´est pas la guerre" (Es magnífico, pero esto no es la guerra). En realidad, dado que fue una idiotez sobrasaliente, me permito contradecir a Canrobert. Sí, eso es la guerra y lo único magnífico fue el nivel de estupidez de los implicados. En segundo lugar, la Guerra de Crimea fue innovadora en muchos sentidos. Situada a mediados del S XIX (1853-1856) fue la primera contienda en la que se generalizó el uso de la fotografía, en que hubo enviados especiales de prensa, en que se intentó mejorar la sanidad militar y en que quedó patente la importancia de la intendencia.

No deja de ser curioso que una guerra tan "innovadora" tuviera sus raíces declaradas (las reales fueron muy distintas) en uno de los motivos más antiguos, cuestiones religiosas y que, para más inri, estaban muy alejadas de Crimea, en Jerusalén y Nazareth para más señas. Hagamos un poco de memoria. En esa época, Tierra Santa pertenecía al Imperio Otomano. Los turcos permitían que las distintas comunidades cristianas se organizaran como quisieran lo que era (y es todavía hoy) motivo de frecuentes disputas entre cristianos católicos, cristianos ortodoxos, cristianos armenios... En esos roces, Francia apoyaba a los católicos y Rusia a los ortodoxos. Por otra parte, el Imperio Otomano entonces comprendía la zona de los Balcanes al sur del Danubio en la que una gran parte de la población era cristiana ortodoxa lo que suponía un nexo con la Rusia zarista (y si recuerdan las recientes guerras de Yugoslavia, Rusia se sentía muy unida a Servia por el mismo motivo).

En realidad, todos estos motivos religiosos ocultaban una sencilla verdad, el Imperio Otomano estaba en plena decadencia y Rusia quería aprovecharse territorialmente de esa desintegración para obtener una salida al Mediterráneo. Rusia creía contar con el apoyo del Imperio Austriaco y de Prusia (todavía no se había producido la unificación alemana) tanto por su antigua alianza contra Francia como por haber ayudado a ambos países en sus conflictos internos (recuérdese que los vencedores de Napoleón en el Congreso de Viena habían acordado, por inspiración del zar Alejandro recogida por el canciller austriaco Metternich, la Santa Alianza, el compromiso de que todos ellos acudirían en auxilio de los restantes para sofocar cualquier intentona de revolución liberal) en especial en la represión de la revuelta nacionalista húngara (Hungría formaba parte, entonces, del Imperio Austriaco).

Enfrente ya sabía que tenía a Francia que bajo Napoleón III quería obtener de nuevo el status de gran potencia y que, además, al enfrentarse a Rusia, que era el paladín de la reacción política más absoluta, esperaba acallar sus propios problemas internos con los liberales franceses. Después de intentar obtener el apoyo de Inglaterra prometiendo cesiones territoriales (Egipto y la isla de Candía) en la desintegración del Imperio Otomano, no obstante, el Zar Nicolás I fue advertido de que el Reino Unido no veía con buenos ojos la operación. Las razones estaban claras. A Inglaterra no le interesaba que Rusia apareciera en el Mediterráneo y que controlase, además, Constantinopla y los Estrechos. Por otra parte, el Reino Unido ya estaba "con la mosca tras la oreja" con Rusia por su expansión por Asia Central y por su politica en Afganistán.

Él zar Nicolás creyó que había dos bandos bien definidos, Rusia, Austria y Prusia por uno y Turquía, Francia e Inglaterra por otro. No obstante, los problemas que tendrían Francia y el Reino Unido para auxiliar de forma eficaz a los otomanos eran de difícil resolución y Nicolás I pasó a la acción. Exigió a Turquía la destitución del ministro Fuad y que los súbditos del Imperio que tuvieran religión cristiana (unos 11 millones) pasaran a depender de un protectorado ruso. Lógicamente, Turquía se negó y Rusia rompió las relaciones diplomáticas con el Imperio Otomano. A principios de julio de 1853 Rusia invadió los territorios turcos del sur del Danubio.

Hasta noviembre se intentó resolver el conflicto por la vía diplomática y Francia y el Reino Unido enviaron flotas a Constatinopla para dejar claro su apoyo a Turquía, pero nada se pudo hacer por la negativa rusa a negociar. En noviembre, la guerra era general. El ejército turco venció al ruso en Oltenitza y Calafat, pero la flota rusa derrotó a la turca en la bahía de Sinope, lo que preocupó a los aliados franceses e ingleses que decidieron trasladar sus flotas al mar Negro (3 de enero de 1854) en actitud de clara amenaza a Rusia. Como tampoco así Rusia se dio por aludida, el 27 de marzo de 1854 declararon la guerra a Rusia y enviaron sendos cuerpos expedicionarios a Turquía (30.000 franceses al mando del mariscal Saint Arnaud y 22.000 ingleses al mando del general lord Raglan).

En algo sí tuvo razón Nicolás I, las dificultades de la operación eran tan considerables que se enviaron hombres con un equipo deficiente y, en el caso francés, sin siquiera calzado de repuesto, mal avituallados. Tanto es así que hasta mediados de mayo no pudieron ponerse en marcha. Puesto que la guerra había sido motivada por la invasión rusa de los principados danubianos, la primera intención del ejército aliado fue socorrer la sitiada ciudad de Silistria pero antes de que llegaran, el ejército ruso se retiró al otro lado del Pruth abandonando sus conquistas.

La razón para ello estuvo en la actitud de Austria y Prusia que, si hasta el momento no habían tomado partido, el 2 de junio exigieron la retirada rusa y apoyaron esa petición movilizando 80.000 hombres en Hungría y Transilvania. En realidad, a Austria no le interesaba una expansión rusa por los Balcanes puesto que ellos también tenían pretensiones sobre esa zona. Los intereses pudieron sobre la gratitud a Rusia por su apoyo contra la revolución húngara de 1849 y el zar se dio cuenta de que se había equivocado al pensar que Austria y Prusia estaban de su parte. En este punto debería haber concluido el conflicto, pero Francia e Inglaterra se encontraron con un problema de opinión pública, la guerra era muy popular y una retirada sin entrar en combate se hubiera interpretado como una debilidad. La guerra tenía que continuar y lo hizo.

El 18 de julio de 1854 se decide trasladar la guerra a la península de Crimea y más concretamente a la base naval rusa de Sebastopol. Entre el 14 y 19 de septiembre los aliados desembarcan en Eupatoria lo que ocasiona la batalla del río Alma en la que los rusos son derrotados y permite el cerco de Sebastopol. A partir de entonces, la guerra se reduce a los intentos rusos de romper el cerco y a los intentos aliados de tomar la ciudad en la que unos y otros fracasan extrepitosamente mientras los aliados son mermados por epidemias de cólera, tifus y escorbuto (entre los muertos, el mariscal Saint Arnaud que fue sustituido por el general Canrobert.

En este marco demencial tuvo lugar la batalla de Baraklava (25 de octubre de 1854) en la que los rusos intentaron tomar el cuartel general aliado que estaba allí situado. No obstante, fueron derrotados por la infantería escocesa y la Brigada Pesada de la caballería inglesa en lo que se conoce como la primera fase de la batalla. La Carga de la Brigada Ligera fue la segunda (y demencial) fase de la batalla. Después de la primera fase de la batalla, los cosacos rusos estaban en fuga por la actuación de la Brigada Pesada. La Brigada Ligera no había intervenido en la acción. El general inglés, lord Raglan, se dio cuenta de que los soldados rusos se estaban reagrupando y dio orden a lord Lucan, jefe de la caballería, de que cargasen, pero en la orden decía que atacarían junto a la infantería por lo que la Brigada Ligera al mado de lord Cardigan, cuñado de lord Lucan entre los que había un "amor" fraternal (siempre que pensemos en Caín y Abel como ejemplo de cariño fraterno), permaneció en sus puestos esperando que llegase la infantería... que nunca llegó. Lord Raglan se puso furioso con esa aparente pasividad y más al ver que caballos rusos se acercaban a una de las baterías abandonadas por los rusos en los altos de Causeway por lo que envió al capitán Nolan con un segundo mensaje ordenando que atacasen de una vez.

Cuando el capitán Nolan le transmitió la orden a lord Lucan éste preguntó cuál era su objetivo a lo que Nolan respondió que cargasen contra los cañones. Lo que tanto lord Raglan como Nolan no tuvieron en cuenta es que lord Lucan estaba en un valle y, por tanto, no podía ver la batería abandonada en los altos de Causeway que lord Raglan quería que atacase. En realidad, lord Lucan no podía ver otros cañones que una batería situada al fondo del valle defendida con infantería y caballería y flanqueada a derecha e izquierda por sendas baterías con apoyo de la infentería rusa.

Lord Lucan transmitió a su cuñado su interpretación de la orden de lord Raglan y después de discutir con lord Cardigan que decía, con razón, que eso era un suicidio, éste no tuvo más remedio que cargar con sus seiscientos (en números redondos y para no llevar la contraria a Tennyson) jinetes contra la batería rusa. En un primer momento los rusos no hicieron nada posiblemente porque no llegaron a creerse que tanta estupidez era posible. Cuando reaccionaron, machacaron a la Brigada Ligera a lo largo de su cabalgada por todo el valle desde las tres posiciones, al frente, a la derecha y a la izquierda. Sólo pudieron llegar a la batería frontal los jinetes que estaban en segunda línea (la primera línea fue casi completamente destruida) y allí se encontraron con la infantería y los cosacos rusos por lo que dándose cuenta de que no podían tomar la posición, tuvieron que volver grupas y recorrer el valle nuevamente bajo el fuego ruso y mientras eran perseguidos por los cosacos (que, todo hay que decirlo, no pusieron tampoco demasiado interés en su labor se ignora si por piedad o si por cansancio después de su derrota en la primera fase de la batalla).

A esto se reduce, en realidad, el "heroico" episodio, a una sucesión de órdenes mal dadas, mal entendidas y obedecidas de forma mecánica. Que se convirtiera en algo mítico refleja la concepción heroica que las sociedades de aquellos tiempos tenían de la guerra y que los poderes públicos tuvieron buen cuidado de alimentar (por ejemplo, muchas de las fotografías que se hicieron durante la Guerra de Crimea fueron censuradas por reflejar la brutalidad de los combates). Sin embargo, los que la vivieron sin censura posible por haber combatido allí, no olvidaron. Entre ellos estaba un ruso que, con los años daría mucho que hablar con su antibelicismo a ultranza y sus novelas, era Lew (León) Tolstói.

La Guerra de Crimea acabó después de algunos despropósitos más como la batalla de Inkermann librada en mitad de una niebla tan densa que los ejércitos no veían a sus enemigos o la de Traktir, con la toma de Sebastopol en septiembre de 1855 aunque oficialmente la guerra continuó hasta el 1 de febrero de 1856 firmándose la Paz de París el 30 de marzo de ese mismo año.

Una guerra innecesaria y absurda (aún más de lo habitual) que tuvo, no obstante, una consecuencia muy importante. El reino de Piamonte intervino en la guerra en 1855 a favor de los aliados a cambio de que éstos no interfiriesen en el plan Cavour que terminó suponiendo la unificación de Italia.
16/03/2004 13:05 Enlace permanente. Tema: Historia

17/03/2004

Efemérides

ibanhez.jpg¿A qué consideramos un benefactor de la humanidad? Si elaborásemos una lista de personas a las que incluimos en esa categoría, figurarían posiblemente científicos como Fleming, Pasteur, Salk... escritores, artistas... pero ¿habríamos pensado en los humoristas? Parece que aquellas personas que deciden que su oficio es el hacer reír a los demás son meros bufones. Si profesiones en otro tiempo malditas (recuérdese que fue necesaria una intervención real para que Moliére fuera enterrado en sagrado porque en aquella época no se consideraba que los actores merecieran el mismo cementerio que los cristianos) han terminado por alcanzar una gran valoración social, los humoristas todavía están esperando que les llegue la vez.

Se van reparando algunas injusticias como darse cuenta de que Arniches o Miura eran grandes dramaturgos (¿o debería escribir comediógrafos?) pero tal reconocimiento (a fin de cuentas esto es España) sólo ha llegado cuando estaban de cuerpo presente. Somos maestros en el reconocimiento del mérito a título postumo. Por supuesto me refiero al reconocimiento crítico porque el pueblo, que es infinitamente más sabio de lo que algunos "intelectuales a la violeta" se creen, sí supo valorarlos en su medida y fueron autores de éxito.

Esta situación me jo... fastidia en gran medida así que hoy traigo a esta página a una persona que desde que tengo uso de razón (en el caso de que tenga tal cosa que ya es suponer) ha conseguido una proeza, la de hacerme reír (y les aseguro que eso sí es una hazaña y no los trabajos de Hércules que para eso soy castellano como Aznar -perdón, como Zapatero, el único leonés nacido en Valladolid que yo conozca- y como él -ahora que caigo, Aznar no es castellano pero como si lo "seriese"- tengo el mismo gesto agrio que una persona a la que se la reviente en la boca la hiel de un pollo y soy simultáneamente más soso que el agua de fregar).

A lo que íbamos que ya estoy de paseo por los cerros de Úbeda, que tal día como hoy hace sesenta y ocho años y un día (parece una condena judicial) nació en Barcelona el más conocido de los humoristas gráficos españoles, Francisco Ibáñez. Si hacen la resta verán que nació en 1936 que, como dice él mismo: "ya son ganas de presenciar acontecimientos históricos". Como en otros casos, su primer trabajo no tuvo nada que ver con el humorismo (bueno, según y como se mire) ya que entró en la plantilla del Banco Español de Crédito. Al cabo de un año decidió que eso no era para él y dimitió, decisión que ocasionó que a sus jefes se les llenaran los ojos de lágrimas... de alegría.

Sus comienzos en el humorismo gráfico tuvieron una pequeña pega, publicación que aceptaba sus trabajos, editorial que iba a la quiebra. Cuando ya se creía un gafe de consideración le fichó la Editorial Bruguera (que si también se fue a tomar por el... balance negativo, al menos tardó bastantes años en hacerlo) para la que creó personajes inolvidables como Mortadelo y Filemón, Pepe Gotera y Otilio, el botones Sacarino, Rompetechos, los habitantes de la 13 Rue del Percebe... y otros olvidables y olvidados como D. Pedrito, Cabeza de Ajo o el doctor Esparadrapo.

Entre aciertos (los más) y errores (los menos) la evolución de su trabajo es una crónica de la España contemporánea. Si comenzaron siendo los típicos personajes para niños con un humor que no se salía de lo políticamente aceptable (estaba el horno como para florituras) en los últimos años ha introducido sátira política como los personajes de Agostino Manguita (y yo que juraría que se parece a Julio Anguita) y Basalto Róquez Pedrúsquez (y yo que juraría que se parece a Miguel Roca) en "Maastritch ¡...Jesús!" (impagables también las caricaturas de González y Aznar), de denuncia de la corrupción en "El atasco de influencias" (impagables las caricaturas de Alfonso Guerra y del hermanísimo), de crítica religiosa en "El nuevo cate"... lo que ha hecho que los lectores de ayer continúen siendo los lectores de hoy. Entre bromas y veras ha logrado no sé si que sus personajes se parezcan a España o que España se parezca a sus personajes.

En definitiva, una invitación a reírnos de todo empezando por nosotros mismos algo que predica con el ejemplo porque el repaso que se da a sí mismo en "El 35 aniversario" es antológico. Por cierto, en la última viñeta de esa historia figura el detalle que ilustra este artículo. Dado que la historia conmemora el 35 aniversario de Mortadelo Y Filemón que vieron la luz por vez primera en el Pulgarcito del 20 de enero de 1958 fue dibujada en 1993. ¿A ver si Ibáñez entre otras virtudes va a ser vidente? No quiero ni pensar lo que hubiera sucedido si en vez de Ibáñez fuera la pitonisa Lola.

18/03/2004

No hay dos sin tres

gallipoli.jpgSi en días pasados hablábamos de dos películas que embellecieron hasta hacer irreconocibles las batallas de Little Bighorn y Balaklava hoy despediremos esta serie de artículos con una tercera que no incurre en ese error. En 1981 el australiano Peter Weir dirigió a un casi desconocido actor australiano nacido en Peeksill (Nueva York - EEUU), Mel Gibson, en una película sobre tropas ¿como no? australianas. Obviamente, estoy hablando de "Gallipoli". Si bien la película es dura por cuanto refleja parte de la estupidez y violencia de la guerra, la verdad es que se queda muy corta. Gallípoli fue algo aún más absurdo y trágico hasta el punto de que la mayor polémica en Inglaterra durante la I Guerra Mundial no fue por los "mataderos" de Verdún o el Somme sino por esta península turca.

No deja de ser un contrasentido que la cadena de acontecimientos que condujeron a esta absurda matanza comenzaran en Londres el día en que se repite aquello de "Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad", en la Navidad de 1914. En esa fecha, el Primer Lord del Almirantazgo, un tal Winston Churchill que después haría correr ríos de tinta, propuso al Consejo de Guerra aprovechar la fuerza naval inglesa para atacar la península de Gallípoli, llave del estrecho de los Dardanelos y, por tanto, de Constatinopla. La razón para ello era privar a Alemania y el Imperio Austro-Húngaro de uno de sus aliados y, además, aliviar la situación de Rusia ya que un ejército turco avanzaba por el Caúcaso (en realidad, el ejército turco ya había sido derrotado pero en Londres aún no lo sabían). Churchill telegrafió al almirante Carden (cuya flota ya estaba frente a los Dardanelos) si era posible un asalto naval a lo que Carden respondió prudentemente que un ataque gradual podría tener éxito. Churchill consideró que eso era una respuesta afirmativa, algo que resulta curioso cuando el propio Primer Lord del Almirantazgo había escrito en 1911: "hay que recordar que ya no es posible forzar los Dardanelos; nadie expondría a un peligro así a una flota moderna."

En enero de 1915 el Consejo de Guerra acepta preparar para febrero la expedición que debía tomar Gallípoli como primer paso para alcanzar Constantinopla. No obstante, no hay acuerdo entre los participantes en el Consejo de si llegaron a una decisión definitiva. Churchill pensó que se había aprobado su plan con carácter definitivo mientras Asquith interpretó que sólo habían aceptado comenzar los preparativos y los miembros de la Marina creyeron que estaban hablando de una operación puramente naval. Fisher, Primer Lord del Mar, estaba muy preocupado, pero se abstuvo de expresar su opinión. Fue Churchill quien forzó la situación dando órdenes a Carden de que preparase no sólo una operación naval sino que también ordenó que se preparasen los Anzacs (Australian and New Zealand Army Corps) que estaban estacionados en Egipto con vistas a un desembarco. El ataque naval comenzó el 19 de febrero y Carden no tuvo ningún problema en destruir los fuertes exteriores de Sedd-el-Barh y Kum Kale. Otra cosa bien distinta sucedió cuando penetró en el estrecho de los Dardanelos, minado y defendido por baterías artilleras. Los "dragaminas" británicos eran meros barcos de pesca de arrastre de la costa Este de Gran Bretaña y sus tripulaciones sabían mucho de peces, pero nada de minas. Los barcos ingleses con la excepción del acorazado Queen Elizabeth eran viejos y, en muchos casos, precisaban reparaciones urgentes.

En marzo empeoró el tiempo e impidió el trabajo de los pesqueros pero Churchill tenía prisa e incitó a Carden a hacer algo. El almirante estaba enfermo y tuvo que ser substituido por Robeck. Se recurrió al ejército y el teniente general Birwood fue enviado a los Dardanelos por lord Kitchener para que informara de la situación. Birwood concluyó que era necesario un desembarco a gran escala si se quería forzar los Dardanelos. Se preparó lo que recibió el nombre de Fuerza Expedicionaria del Mediterráneo, 70.000 hombres entre británicos, franceses y Anzacs, y se puso a su mando a Hamilton. Éste llegó a Gallípoli el 18 de marzo de 1915, justo a tiempo para contemplar el desastre naval de ese día. El intento de Robeck de forzar los Dardanelos mediante una operación sólo naval, se saldó con la pérdida de 6 (3 hundidos y otros tantos con graves daños) de los 9 acorazados que tenía bajo su mando. Los pesqueros no pudieron llegar a los campos de minas que quedaron intactos.

No contento con ese primer desastre, Robeck y Hamilton decidieron proceder con una operación mixta, naval y terrestre pese a que el Consejo no había decidido nada en ese sentido. Es más, Hankey (secretario del Consejo de Guerra) había advertido en un memorándum redactado a finales de marzo que nadie se había molestado en calcular qué tropas harían falta para un asalto anfibio a Gallípoli. No obstante, el Consejo no se reunió hasta mayo. Para entonces Hamilton ya había elaborado un plan de ataque y reunido a las tropas estacionadas en Egipto. El 25 de abril, la Fuerza Expedicionaria del Mediterráneo partió desde la isla de Lemnos para tomar Gallípoli para lo que desembarcaron en cinco lugares distintos. En tres de ellos, en Helles, prácticamente no encontraron oposición. El cuarto sí encontró respuesta turca, pero fueron derrotados. El quinto, en Sedd-el-Bahr fue un completo desastre que ocasionó fuertes pérdidas a los aliados. Incluso en los lugares en los que pudieron establecer cabezas de puente, la situación empeoró con rapidez. Los Anzacs habían sido desembarcados en un lugar equivocado y se encontraron en una playa estrecha y rodeada de precipicios y elevaciones. Al intentar desembarcar el material en aquella playa que desde entonces se conoce como "la ensenada de los Anzacs" se produjo una inmensa confusión que impidió un avance rápido. Los turcos comenzaron a contraatacar dirigidos por un coronel entonces desconocido, Mustafá Kemal. Los Anzacs no llegaron a penetrar en Gallípoli más que unos 900 metros por lo que se consideró que el desembarco había fracasado y pidieron la evacuación. Hamilton se negó.

En Helles sucedió algo parecido y tampoco se logró un gran avance. Hasta el 8 de mayo, los alidos tuvieron más de 20.000 bajas (casi un tercio de los hombres que formaban el ejército expedicionario), 6.000 de ellas mortales a cambio de prácticamente nada. La situación empeoró cuando otros tres acorazados fueron hundidos mientras el avituallamiento y la asistencia médica se colapsaban por completo.

Esta sucesión de fracasos supuso ni más ni menos que la caída del gobierno inglés y la destitución de Winston Churchill como Primer Lord del Almirantazgo. No obstante, el nuevo gobierno en vez de aceptar que el plan había fracasado por completo, decidió enviar refuerzos a Hamilton. El 6 de agosto se produjeron nuevos desembarcos y, simultáneamente, avances desde las cabezas de puente. El resultado, aparte de una nueva matanza, fue nulo. El 10 de agosto Mustafá Kemal contraatacó y reconquistó el terreno perdido desde el 6 de agosto. La situación evolucionó a una guerra de trincheras. Pese al nuevo fracaso, el gobierno inglés continuó negándose a la evacuación pese a que Gran Bretaña era ya un clamor en contra de tanto despropósito. No fue hasta octubre cuando Hamilton fue llamado a Gran Bretaña y se nombró a Monro en su lugar. Éste aconsejó la retirada. El gobierno no terminaba de aceptar la situación y fue necesaria la recomendación de Kitchener para que se acordase. El 19 y 20 de diciembre de 1915 se evacuaron las tropas de la ensenada de los Anzacs y el 8 y 9 de enero de 1916 las del cabo Helles. En medio de tanto despropósito, los aliados habían perdido más de 200.000 hombres y los turcos, posiblemente porque se ignoran las cifras, aún más. Se cree, por tanto, que cerca de 500.000 hombres murieron o fueron heridos para nada. Lord Slim, que combatió y fue gravemente herido en Gallípoli calificó toda la operación como la peor conducida desde la Guerra de Crimea y eso, como ya vimos, es decir mucho.
18/03/2004 10:28 Enlace permanente. Tema: Historia

19/03/2004

P.P.

ataturk.jpg¿He decidido dedicarme al comentario de asuntos políticos? ¿Les voy a contar las razones para que España pase de un gobierno del P.P. (Partido Popular) al PSOE (Partido Socialista Obrero Español)? ¿Aportaré sobre ese cambio una visión apocalíptica o bucólica? Pueden estar tranquilos, se trata de una mera coincidencia de siglas así que no pienso aburrirles ni confundirles con la política contemporánea española (un tema que consigue hastiarme cada día más).

Sencillamente, hoy se conmemora (al menos lo hacen los que creen en estas historietas religiosas) la festividad de San José P.P. y esas siglas, que significan Padre Putativo (es decir, el padre que es tenido por tal sin serlo realmente) son las responsables de que a los Josés se nos conozca como Pepes independientemente de las creencias políticas de cada uno (o eso se dice, porque es más posible que lo de Pepe venga de un hipocorístico de Giuseppe -José en italiano- pero si non é vero...). Evidentemente, como conocen todos Vds. el cuento de la Anunciación de María y su concepción por obra y gracia del Espíritu Santo, no necesitan mayores precisiones sobre lo de que San José fuera padre putativo de Jesús, pero por si las precisaran les copio un cantar tradicional de mi tierra:

"San José bendito/ ¿cómo te lo hiciste/ pá tener un hijo/ si no la metiste?"

Pero tampoco quiero hablarles de fábulas religiosas, sino de otro padre putativo bastante más real y cuyo hijo no es una persona, es un país. Verán, siempre me ha molestado la mala costumbre de la educación histórica en España de considerar que la historia es la propia y, a lo sumo, la de media docena más de países como Francia, Inglaterra, Alemania, Italia... siempre y cuando tengan una relación directa con la nuestra. Se llega así a un desconocimiento enciclopédico de otros países más alejados de nosotros, como es el caso de Turquía y es de ella de la que vamos a hablar y más concretamente de Mustafá Kemal (y si se preguntan de qué les suena esa nombre, pueden dirigirse al anterior artículo).

Allí dejamos a Kemal como vencedor de los Aliados en Gallípoli que fue una de las pocas victorias que obtuvo el Imperio Otomano en la I Guerra Mundial. Finalmente derrotado como las restantes potencias del Eje, el Imperio Otomano fue fragmentado. Por la conferencia de Londres (febrero de 1920) Esmirna pasó a Grecia, Antalya a Italia y Cirilia a Francia. En la conferencia de San Remo (abril de 1920) se acuerda que Tracia pase a soberanía griega así como que los Dardanelos y el Bósforo fueran desmilitarizados. El 11 de agosto de 1920 se firma el Tratado de Sèvres por el que Armenia obtiene la independencia, el Kurdistán su autonomía, Chipre, Egipto, Irak, Palestina y Arabia pasan a ser mandatos del Reino Unido y Siria y Alexandreta pasan a ser mandatos franceses. Hagamos un breve inciso para señalar que las consecuencias de esas decisiones, para las que no se tomó en cuenta los deseos de los propios implicados, consiguieron crear una serie de conflictos que, en algunos casos, todavía hoy colean. Por ejemplo, la división entre greco-chipriotas y turco-chipriotas, el problema del pueblo kurdo fragmentado entre varios países... así como ocasionar una serie de conflictos inmediatos como la guerra greco-turca, la matanza de armenios... Cosas que tiene el intento de ordenar el mundo desde un despacho.

Todo esto sólo suponía el intento de legitimar un statu quo que ya existía porque los aliados se habían apresurado a ocupar militarmente Turquía. Del malestar por esa ocupación nacería un sentimiento nacionalista que sería capitaneado por Mustafá Kemal. Tal día como hoy, pero hace 85 años, el vapor Bandirma entró en el puerto del Samsun. Mustafá Kemal Pachá (general) viajaba en él supuestamente para inspeccionar las tropas del IX Ejército (en sus órdenes figuraba, por error, la inspección del III Ejército, pero daba lo mismo. Ninguno de ellos existía más que sobre el papel) aunque su propósito era otro. Al dirigirse a una zona apartada de la capital pretendía obtener la libertad para constituir un ejército real con el que acabar tanto con el Imperio Otomano como con la ocupación. Los aliados sólo tardaron una semana en darse cuenta de lo que pasaba y solicitaron al ministerio de defensa turco que llamase a Constantinopla (Estambul) a Mustafá Kemal. Éste, como héroe de guerra y por su nacionalismo, tenía inmensas simpatías en el ministerio, así que se empezó a dar largas a la petición alidada aunque, finalmente, cedieron. El 8 de junio de 1919, Mustafá Kemal recibió un telegrama en el que se le ordenaba el regreso. Kemal respondió que ningún barco tenía combustible y que, por tanto, lamentándolo mucho se quedaba donde estaba. Dado que dedicaba si tiempo a ir por las distintas poblaciones de Anatolia pronunciando discurso de carácter nacionalista, fue destituido lo que no sirvió para nada. Anatolia le obedecía a él mientras ignoraba el gobierno central. Se ordenó a las pocas fuerzas armadas que todavía existían en Turquía que se le detuviese. En vez de hacerlo, los generales Kazim Karabekir y Alí Fuad se unieron a él.

En mayo de 1919 los griegos desembarcaron en Izmir (en Esmirna) y las atrocidades que cometieron fueron de tal calibre que en todo el país surgieron asociaciones antiocupacionistas y de defensa de los derechos del pueblo turco. Estas asociaciones reunidas primero en Erzurum (23 de julio de 1919) y después en Sivas (otoño de 1919) eligieron como presidente a Mustafá Kemal. En este segundo congreso acordaron unirse en la "Sociedad para la Defensa de los Derechos de Anatolia y Rumelia", germen del posterior Partido Republicano del Progreso. En abril de 1920 los aliados disuelven la Cámara de Diputados en Estambul y los parlamentarios que logran escapar se dirigen a una localidad en la que Mustafá Kemal había fijado su cuartel general, Ankara. Allí se celebra la Gran Asamblea Nacional en la que es elegido nuevamente como Presidente. A partir de ese momento hay dos gobiernos en Turquía, el del Sultán Mohamed VI en Estambul y el de Mustafá Kemal en Ankara. Mustafá Kemal es condenado a muerte, pero, nuevamente, nadie está dispuesto a obedecer tal orden.

No obstante, la situación de Kemal distaba mucho de ser buena. Sus seguidores distaban mucho de ser un grupo homogéneo (había intelectuales, grupos religiosos, militares... cada uno con sus propios intereses) y no tenía más fuerzas armadas que bandas desorganizadas cuya lealtad era más que dudosa. De convertir esas bandas en un ejército se encargó Ismet Bey. bajo su mando, las recientemente formadas Fuerzas Armadas derrotan a los griegos en Inönü y Sakaria (1921). En 1920 Kazim Karekebir había hecho lo propio con los armenios acabando con su estado independiente que se dividió en Armenia Oriental que pasa a ser una de las Repúblicas de la URSS y Armenia Occidental que regresa a Turquía (Paz de Gümrü). Entre 1920 y 1921 los nacionalistas turcos acaban con el nacionalismo armenio mediante una serie de atroces matanzas indiscriminadas. Como consecuencia de estos hechos, los franceses abandonan su ocupación militar (Tratado de Ankara).

En 1922 acaba la guerra greco-turca con la victoria de éstos en la batalla de Dumlupinar. Los nacionalistas turcos recuperan Esmirna. Mediante el Armisticio de Mudanya los griegos abandonan también la Tracia oriental. El Sultanato desaparece el 1 de noviembre y Mustafá Kemal renegocia la paz con los aliados en la Paz de Lausana (1923) en la que se acuerda la retirada de todas las tropas de ocupación y el nuevo statu quo con la anexión a Turquía de la Armenia occidental. Turquía asume la pérdida del Imperio Otomano (posteriormente -1925-1926- intentará sin éxito recuperar la provincia iraquí de Mosul) pero se libra de pagar las indemnizaciones de guerra. Las minorías griegas en Turquía y turca en Grecia deben abandonar sus países y dirigirse a Grecia y Turquía respectivamente.

El 29 de octubre de 1923 se proclama la República turca y Mustafá Kemal inicia una serie de reformas que buscan la occidentalización del país. Traslado de la capitalidad a Ankara, eliminación del derecho religioso islámico (en su lugar se adopta -con variantes- el Código Civil suizo y el Código Penal italiano), régimen de partido único (el Partido Republicano Popular), Constitución sin referencias religiosas, supresión de la poligamia, instauración del matrimonio civil y del alfabeto latino prohibiendo el uso del alfabeto árabe, obligación del uso de apellidos, fundación de centros de enseñanza como la Universidad de Ankara, nuevos sistemas bancarios, planificación industrial...

En 1938 falleció Mustafá Kemal. Le sucedió Ismet Inönü (el mismo Ismet Bey que había derrotado a los griegos). Kemal había encontrado un país derrotado, ocupado y con formas sociales y políticas que llevaban siglos de retraso. Dejó un país laico y modernizado. Pese a sus defectos (régimen de partido único, favoritismo hacia sus compañeros de lucha, matanza de armenios...) mereció sobradamente el nombre con el que ha pasado a la Historia: Kemal Atatürk (Kemal, el padre de los turcos).
19/03/2004 20:05 Enlace permanente. Tema: Historia

20/03/2004

El avispero (I)

imperio_mongol.jpgDecíamos ayer (y perdonen las reminiscencias leonescas de esta expresión) que el estudio de la historiografía en España tiene la mala costumbre de presentar fragmentos inconexos de la Historia como si éstos fueran independientes entre sí y no momentos de un continuo. Una pregunta del tipo ¿qué relación tiene Temudchin con la I Guerra Mundial? obtendría como respuesta posiblemente un "Nada", claro y rotundo. Sin embargo, podemos tender una serie de acontecimientos en forma de causas y consecuencias desde el jefe mongol del S XII (por cierto, si se preguntan quién es este Temudchin o Temutchin pasó a la historia no por su nombre propio sino por su título, Gengis Kan) hasta el asesinato de Sarajevo en 1914 que fue el detonante o excusa de la I GM. Esa cadena de acontecimientos, les adelanto, pasará por el auge, declive y ruina del Imperio Otomano y en especial, por el avispero europeo de los Balcanes.

En 1196 un jefe mongol que había conseguido reunir bajo su mando diversas tribus es elegido Kan. Su nombre era Temudchin y nada hacía pensar que ese nombramiento daría lugar en un tiempo récord al establecimiento del imperio territorialmente más extenso que jamás haya visto el mundo. En 1204 Temudchin Kan derrota a los kerait (tribus cristianas nestorianas) lo que supone su dominio sobre Mongolia. En 1205 es elegido Gengis Kan (tal vez signifique ese título "soberano supremo" pero no es seguro). Hasta 1209 los mongoles conquistan el reino Hsi Hsia y el país de los uigures, claves para su expansión siguiente. Entre 1211 y 1216 conquista la China septentrional (incluida Manchuria) y toma Pekín. Entre 1218 y 1225 la expansión mongola cambia de dirección. Si hasta el momento se había dirigido hacia el Sur y hacia Oriente, ahora se dirigen a Occidente. Entre 1218 y 1225 conquistan el Turkestán y el sultanato de Yaresm incluida la importante ciudad de Samarkanda (1220). En 1222 les toca la china (o el mongol) a los rusos que son derrotados en Kalka. Todas estas conquistas tienen un primer efecto inmediato, el método tradicional de comercio entre Oriente y Occidente habían sido las caravanas (la llamada Ruta de la Seda). La inestabilidad (los mongoles vencen militarmente pero de momento son incapaces de establecer gobiernos efectivos en los países conquistados) creada supone que ese sistema sea peligrosísimo y el comercio marítimo (controlado por los árabes) pasa a ser el prioritario. Esa variación económica supone una diferencia estratégica, a partir de ese momento, se convierte en trascendental el dominar las zonas que permitan el control de la navegación marítima.

La muerte de Gengis Kan en 1227 supone la división de su imperio entre sus hijos Dietchi, Chagatai, Ogodei y Tului, pero para dar una sensación de unidad uno de ellos, Ogodei es elegido gran kan (1229). Así mismo, existe una capital única, Karakórum. Mientras Ogodei conquista lo que restaba del imperio chino y derrota a los persas (1229-1241), su sobrino Batu junto con Subotai se dedica a la conquista de Occidente. Aniquila a los búlgaros del Volga (1236), conquista Kiev (1240) e invade Valaquia, Polonia y Germania. En 1241 derrota una coalición polaca, germana y búlgara del Danubio en la batalla de Liegnitz y en ese mismo año hace lo propio con los húngaros de Bela IV en la batalla de Sajo. Estas victorias dejan al ejército mongol a las puertas de Viena, pero cuando iban a asaltarla llega la noticia de la muerte del gran kan Ogodei y Batu regresa a Karakórum para tomar parte en la sucesión. Posteriormente (1251) Batu funda el kanato de la Orda de Oro con capital en Saray, al norte de Astrakán a orillas del Caspio, pero los mongoles no vuelven a aparecer tan hacia Occidente ya que los intereses de Mongka el nuevo gran kan (1251) y de sus hermanos Kublai y Hulagu se concentran en China (Kublai es proclamado emperador de China y, como tal, recibe a un viajero veneciano, un tal Marco Polo) y Persia (Hulagu destruye Bagdad -1258- toma Alepo y Damasco hasta que en 1260 sufre la primera derrota mongola en Ain Jalue en la que los mamelucos impiden la conquista de Egipto).

Llega un cierto orden cuando los mongoles comienzan a integrarse con las poblaciones autóctonas lo que supone que puede reanudarse el comercio internacional, pero ahora aparecen nuevos jugadores en el tablero. Venecianos y genoveses iran adquiriendo cada vez mayor importancia en el comercio marítimo mientras las derrotas sufridas en Europa Oriental por los reinos cristianos y en Asia por los sultanatos musulmanes habían demostrado su fragilidad que no tardararía en ser aprovechada por una nueva potencia que surgirá de los principados turcómanos independientes en Asia Menor en las proximidades del mar de Mármara a finales del S XIII. Precisamente la expansión mongola por el Turkestán había obligado a los turcómanos nómadas a asentarse en esa zona de Anatolia. En 1281 Osmán u Othman inicia la expansión desde Senyut de lo que luego se llamará Imperio Otomano.
20/03/2004 18:11 Enlace permanente. Tema: Historia

21/03/2004

El avispero (II)

balkanes.jpgSin embargo, no debemos suponer que la invasión mongola se produjera en unos países que, anteriormente, eran un remanso de paz y tranquilidad. Nada más alejado de la realidad. Veamos unos apuntes sobre los protagonistas de la historia pasada y futura (en relación con la invasión mongola) de los Balcanes.

A finales del S IX, varias tribus magiares (nómadas de origen turcomongólico) bajo el mando de Arpad ocupan la llanura de Tizsa y el Danubio medio. Desde allí comienzan una serie de campañas de pillaje contra Occidente (por lo que posteriormente será Alemania, Austria, Francia, Italia e incluso España) y contra el Imperio Bizantino en el S X hasta que son derrotados por Otón I junto a Augsburgo en el 955. Un nieto de Arpad, Geza, fomenta la sedentarización y la conversión al cristianismo de las tribus magiares. Su sucesor, Esteban I el Santo (997-1038) se bautiza y recibe de Otón III la corona de rey de Hungría (1001). Ladislao I (1077-1095) completa la cristianización de Hungría por "real decreto" imponiendo severas medidas contra los que no aceptaran la religión cristiana. Fomentó las libertades de los burgos para tener un poder que se opusiera al de la nobleza campesina y se apodera de parte de Croacia. Su sucesor Coloman (o Koloman) I (1095-1116) se proclama como rey de Croacia (1102) y consigue la salida al mar Adriático con el protectorado sobre Dalmacia. Además, desarrolla una gran labor como legislador. A partir de ese momento, sin embargo, el poder real húngaro entra en debilitamiento por la oposición con la nobleza campesina y por problemas sucesorios entre las distintas ramas de los sucesores de Arpad que lleva al reino húngaro a perder Croacia y Dalmacia en 1159 que pasan a dominio bizantino en 1159 hasta el reinado de Bela III (1172-1196) que crea la Cancillería en 1185 con notarios instruidos en Occidente y establece los primeros impuestos reales (aduanas, peajes y derechos sobre ferias y mercados) y consigue la anexión de Croacia, Dalmacia y Bosnia. Establece fuertes relaciones con Francia que se traduce en el establecimiento en Hungría de cistercienses y premonstratenses y favorece el establecimiento de sajones en el área de Transilvania, zona conflictiva por ser la frontera con los cumanos que ya habían atacado Hungría en alguna ocasión. Sus sucesores, no obstante, no lograron mantener el mismo poder real y Andrés II (1204-1235) al regresar derrotado de la Cruzada de 1217 (la Quinta -o la Sexta si se considera como Cruzada la llamada Cruzada de los Niños-, en la que Andrés II y el duque Leopoldo de Austria toman Damieta pero son cercados al dirigirse a El Cairo y deben devolver, a cambio de su libertad, la plaza conquistada) promulga la Bula de Oro (1222) por la que realiza importantes concesiones a la nobleza campesina y eclesiástica. En 1224 concede autonomía a los sajones establecidos en Transilvania y en 1231 confirma los privilegios nobiliarios y eclesiásticos de la Bula de Oro. Su sucesor, Bela IV (1235-1270) permite la instalación de los cumanos en territorio húngaro, entre el Danubio y el Tisza para que actuasen como freno de la expansión mongola. Como ya vimos, fue en vano y el ejército húngaro fue derrotado por los mongoles en 1241 en la batalla de Sajo. Durante 1241 y 1242 Hungría es saqueada por los invasores y a su retirada el poder real es casi inexistente. Bela IV tuvo que permitir el asentamiento de repobladores extranjeros (fundamentalmente alemanes), fortificó algunas ciudades y concedió que los nobles construyesen fortalezas en sus tierras. Con Andrés III (1290-1301) desaparece la dinastía arpádica. En los desórdenes que sucedieron al finalizar la primera dinastía húngara, toma el poder la casa de Anjou cuando Carlos Roberto conquista Transilvania (1307). Su hijo Luis I el Grande (1342-1382) consigue reducir el poder de la nobleza feudal y unifica Hungría y Polonia. Se desarrollan las ciudades y, con ellas, la burguesía. Al sur del país aparecen estados como Moldavia y Valaquia sometidos a vasallaje turco. Su hijo Segismundo acaricia el sueño de un imperio balkánico.

Otro de los reinos cristianos era el de Bulgaria formado por tribus de origen turco y unidas a la población nativa de origen eslavo cuya cultura adoptan los conquistadores. Ya en el S X el zar búlgaro Simeón (893-927) intenta la conquista del Imperio Bizantino pero lo impide Romano I Lacapeno (920-944). A la muerte de Simeón, se establece una alianza entre los búlgaros y Bizancio por la que los primeros debían defender la frontera del Danubio, pero los húngaros se aprovechan de la debilidad de los búlgaros y a lo largo del S X harán repetidas incursiones en el Imperio Bizantino que acabará cambiando la alianza con los búlgaros por su conquista. El bizantino Juan I Tzimiskés (969-976) convierte, con ayuda rusa, la Bulgaria oriental en una provincia bizantina (971) lo que provocará la resistencia búlgara encabezada por el zar Samuel que consigue la unidad de los búlgaros y desde 980 comienza sus ataques al Peloponeso. Basilio II (976-1025), nieto de Romano I Lacapeno y cuya hermana se casaría en 989 con el príncipe de Kiev Vladimiro (se había convertido al cristianismo haciéndose bautizar en el 988), combate durante décadas contra el zar Samuel haciéndose merecedor del sobrenombre de Bulgaróctonos (matador de búlgaros). En 1014 los búlgaros son derrotados en la batalla de Estruma y los 14000 prisioneros tomados son cegados. En 1018, toda Bulgaria es una provincia bizantina y desaparece como reino hasta 1187, cuando los hermanos Pedro y Asén I consiguen reunir un conglomerado de pueblos y alzarse en armas contra el dominio bizantino (1186). El emperador Isaac Angel (1185-1195) ante la debilidad de Bizancio reconoce en esa fecha la independencia de Bulgaria así como la de Dalmacia, Croacia y Serbia (las dos primeras anexionadas por el reino húngaro de Bela III como ya vimos). El Papa Inocencio III concede a Kalojan (hermano de Asén I) el título de rey de los búlgaros y de los válacos, pero es con Asén II (1218-1241) con el que el nuevo reino búlgaro consigue su máxima expansión al conquistar el norte de Tracia y parte de Albania con lo que alcanza desde las costas del mar Negro hasta el Adriático. No obstante, a su muerte y tras la invasión mongola en 1242 el reino se sume en la decadencia hasta que en 1265 cae bajo soberanía tártara y se convierte en una serie de pequeños estados feudales que en la batalla de Küstendil (1330) pasan a formar parte de la Gran Serbia.

El primer estado serbio surgió en el S XI con el rey Miguel de Zeta (Montenegro) pero terminó dividiéndose en clanes de los que los occidentales reciben influencia del catolicismo romano mientras los orientales lo hacen de los greco-ortodoxos. Esteban Nemania (1151-1196) reunifica los clanes, se independiza de Bizancio (situación reconocida en 1187, como ya vimos) y funda el reino de Serbia. Su sucesor, Esteban II (1196-1228) realiza una política pro-occidental que le lleva a ser reconocido por el Papa como rey de Serbia en 1217, pero su hermano Sava crea en 1219 una iglesia nacional serbio-ortodoxa. A lo largo del S XIII Serbia irá desarrollándose de acuerdo al modelo feudal, aparece la nobleza y el campesinado pasa a la servidumbre mientras las ciudades obtienen derechos en la zona occidental copiando modelos italianos y en la zona oriental según modelos griegos). En la victoria de Küstendel (1330) Serbia pasa a ser la gran potencia balkánica al derrotar a búlgaros y griegos. Uros IV entre 1331 y 1335 desarrolla una gran expansión al añadir a sus conquistas el norte de Macedonia y parte de Albania. En 1346 Esteban se hace coronar como emperador de serbios y griegos y crea el patriarcado serbio. Bosnia pasa a formar parte de Serbia. Con Uros V entre 1356 y 1367, no obstante, las presiones feudales rompen el país en principados gobernados por déspotas, lo que se conoce como despotados.

Como verán, la situación era un follón considerable con naciones que aparecen y desaparecen, territorios que son conquistados por unos y por otros y no hemos hecho más que empezar porque aún faltan tres jugadores en el tablero, el Imperio Bizantino (del que ya hemos hecho alguna referencia), los eslavos orientales (la Rusia de Kiev) y los venecianos, pero por hoy ya es bastante.
21/03/2004 16:08 Enlace permanente. Tema: Historia

22/03/2004

El avispero (III)

justiniano.jpgEs sabido que en el 395 a la muerte de Teodosio el Grande, el Imperio Romano se divide entre sus dos hijos, Arcadio recibe el Imperio de Oriente con capital en Constantinopla y Honorio el de Occidente con capital en Rávena desde el 404. Es sabido, igualmente, que el Imperio de Occidente no sobrevivió demasiado a la división. En 476 es depuesto el emperador Rómulo Augústulo lo que cierra definitivamente (en realidad, sólo evidenció lo que ya estaba claro, que el Imperio de Occidente era un inmenso cadáver desde hacía tiempo) la historia del Imperio Romano en Occidente.

Tal vez la idea de la historiografía romántica (Gibbon) de que el Imperio de Oriente sólo fue una perduración de la decadencia del Imperio Romano haya creado demasiados prejuicios que, en algún caso, todavía hoy perduran. Sin embargo, la constatación de que pervivió durante mil años más (con crisis y resurgimientos que veremos a continuación) obliga a poner en solfa esa interpretación. Si Occidente sucumbió a las "invasiones bárbaras" Oriente supo capear las invasiones gracias a una diplomacia hábil. Por ejemplo, Zenón cuando vio amenazado el Imperio Romano de Oriente (que desde ahora llamaremos Imperio Bizantino) por los ostrogodos (que se habían establecido en Panonia al ser destruido su reino -situado originariamente a orillas del mar Negro- por los hunos de un tal Atila) de Teodorico (488) nombró a éste magister militum (señor del ejército) y cónsul y lo envió a Italia donde fundó el reino ostrogodo de Italia después de vencer a Odoacro y tomar la capital de Rávena. Si los bizantinos consiguieron superar este obtáculo tuvieron, por contra, un problema que, con diversas variantes, les perseguirá a lo largo de toda su historia, la religión. La ortodoxia cristiana fijada en el concilio de Nicea fue la favorecida por Teodosio II, pero fue criticada por Nestorio que, de las dos naturalezas que la Iglesia cree que se reúnen en Cristo (humana y divina), ponía énfasis en la naturaleza humana. El tercer concilio de Éfeso (431) condenó esta doctrina nestoriana, pero no por ello desapareció. No sólo siguió existiendo en algunas provincias del imperio sino que cristianos nestorianos fueron acogidas en el imperio rival de Bizancio, el Persa de los Sasánidas por aquello de que "los enemigos de mi enemigo son mis amigos." Si la "herejía" nestoriana causó problemas, aún más graves fueron los ocasionados por la "herejía" contraria, el monofisismo (es decir, que en Cristo sólo hay una naturaleza real mecla de humana y divina). Muy extendida en Egipto y Siria pese a la condena del cuarto concilio de Calcedonia (451), su persecución causaría un permanente resentimiento contra Constatinopla en ambas provincias.

Pocas veces quedan más palpables estas diferencias entre religión estatal y religión real que bajo el reinado de Justiniano, el más "romanista" de los emperadores bizantinos. Es sabido que recopiló el derecho civil romano en el Corpus iuris civilis, que intentó reconstruir el Imperio Romano de Occidente mediante conquistas en el Norte de África (destrucción del reino Vándalo en la batalla de Tricamerón -533-), del reino ostrogodo de Italia vencido por el general Belisario (539) que, posteriormente, fue derrotado por un reconstruido ejército ostrogodo que fue definitivamente derrotado por el general Narsés (552), y en la España visigoda (551) aunque ninguna de estas conquistas fuera más allá -salvo en Italia- de la posesión de algunos enclaves porque Bizancio tenía problemas en Oriente tanto con el Imperio Persa que atacó Siria (la paz sólo se logró con el pago de un cuantioso tributo) como con pueblos "bárbaros" que habían ocupado las tierras abandonadas por los godos, visigodos, ostrogodos, francos, alanos... cuando invadieron el Imperio Romano. Uno de esos pueblos eran los eslavos. Esa política "romanista" tuvo su reflejo en la religión con el cierre de la escuela de Atenas (uno de los últimos reductos del "paganismo") y con el compromiso firmado con el Papa (529) de persegir las herejías existentes en Bizancio. Si Justiniano pensaba en la persecución de los herejes (fundamentalmente los monofisitas) su mujer, la emperatriz Teodora, creía lo contrario. Se daba cuenta de que la persecución acarreaba problemas en una provincia amenaada como Siria y que, por tanto, lo mejor era llegar a algún tipo de acuerdo con los "herejes". La política religiosa cambiante de Justiniano ocasionó que en occidente se viera a Bizancio como sospechoso de tibieza religiosa. Esa interpretación tendría consecuencias más adelante.

También lo tendría la propia estructura militar y económica de Bizancio a partir de Heraclio (610-641). Si Justiniano había seguido pretendiendo que el Imperio Bizantino era la prolongación del Romano, Heraclio heleniza el imperio. Al título de imperator le sustituye por el de basileus. Enfrentado a la amenaza persa que había conquistado casi toda Siria responde con una ofensiva militar en la que obtiene las victorias de Nínive y Ctesifonte además de rechazar un doble ataque contra Constantinopla de ávaros y eslavos por un lado y persas por otro (626). Al centrarse en la defensa del propio territorio sus últimas guarniciones son expulsadas de España en el 624 (en el 568 ya habían perdido casi toda Italia -excepto Rávena, el sur de la Península y algunos enclaves en Sicilia- a manos de los lombardos que Narsés había llevado allí como tropas mercenarias) mientras ávaros y eslavos atacan la frontera norte del Imperio. Aún peor, la derrota de la Persia sasánida favorece la llegada de un nuevo enemigo, los árabes. Su victoria en Yermuck (636) supuso la pérdida para Bizancio de las provincias de Siria y Egipto, auténticos graneros del Imperio. Para intentar impedir el desastre, se permite a las tribus eslavas la ocupación de los Balkanes a cambio de su fidelidad al basileus bajo el reinado de Constatino II Pogonatos (641-668) y, por supuesto, de su ayuda militar aunque lo que salvó a Bizancio fueron las guerras civiles que estallaron entre los árabes en la segunda mitad del S VII y que concluyeron con la confirmación de la dinastía Omeya en el trono. Heraclio procede a reorganizar el imperio. Lo divide en temas (o themas) provincias tanto políticas como militares bajo el mando de estrategas (o stratigos) que dependen directamente del basileus. Se asientan en ellas colonos-militares, los stratiotas, que reciben tierras suficientes para su sustento y para el armamento. Estas tierras eran trasmisibles por herencia. Al menos en Bitinia, los stratiotas eran de origen eslavo y posiblemente lo fueron en más casos dado que se produjo una crisis demográfica como consecuencia de las campañas militares y la pérdida de las ricas provincias de Siria y Egipto. Como consecuencia de esta reorganización, tanto los stratiotas como los campesinos libres se ven vinculados a los latifundios lo que terminará generando la existencia de una nobleza militar-campesina que entrará en conflicto permanente con la nobleza burocrática (aunque hablemos de nobleza burocrática, debe entenderse en un sentido muy particular porque los altos cargos -salvo el de basileus, claro- no eran hereditarios). Así mismo, Heraclio procede a intentar zanjar, de una vez por todas, las querellas religiosas mediante el documento "Ectesis" en el que se reconoce la doble naturaleza de Cristo, pero como concesión a los monofisitas, se afirma una única voluntad y energía. Es el llamado monotelismo. También intenta revitalizar la agricultura protegiendo los derechos de los agricultores con el Código Rural y el comercio mediante el Código Naval Rodio. Todas estas reformas parecen tener efecto cuando entre 674-678 se rechazan intentos árabes de conquistar Constantinopla. Sin embargo, Justiniano II sufre una gran derrota en Sebastópolis (692) que supone la pérdida de todo el norte de África y que permitirá a los árabes su paso a la Península Ibérica destruyendo el reino visigodo (711).

El Imperio Biantino estaba nuevamente amenazado. En 717 accede al trono una nueva dinastía con la coronación del general (buena señal de como andaba el patio) León I Isáurico (con mucha originalidad, la dinastía es conocida como dinastía isáurica). Su primer logro fue derrotar a los árabes que sitiaban Constantinopla (717-718). No obstante, en esa situación de lucha por la supervivencia, Bizancio vuelve a enzarzarse en una nueva guerra religiosa, la querella iconoclasta (es decir, la supresión de las imágenes religiosas). Las razones que se dan para esta querella son variadas, desde un intento del basileus de depurar la religión para convertirla en un arma frente a la amenaza árabe, a la influencia de las religiones anicónicas judía y árabe (la dinastía isáurica procede de Siria) a, posiblemente la explicación más creíble, un intento por parte del poder real de poner coto al monacato que empleaba las imágenes religiosas para su propaganda. Dado que las tierras de los monasterios no tributaban y que los monjes estaban exentos de prestar servicio militar, un auge de la vida monástica como el que se producía en aquella época significaba menos ingresos para el estado y menos soldados. Por las razones que fueran (tal vez por una mezcla de las tres antedichas) León III y el clero secular formaron el bando iconoclasta mientras el clero monacal formaba el bando iconódulo lo que suponía, también, una doble división territorial, las ciudades favorables a la eliminación de las imágenes religiosas y el campo en su contra, pero también Asia Menor (zona en la que el monacato tenía menor influencia) a favor de la iconoclastia mientras Grecia y los Balkanes estaban por la iconodulia. Como quién manda, manda, León III prohíbe las imágenes en las iglesias (726) y, por si alguien no se había enterado, en 730 decreta la pena de muerte para los que veneren imágenes religiosas. Aparte del desastre artístico que esto supuso, el poder real sufrió una merma de su prestigio precisamente en los ámbitos en los que ya aparecía más mermado y en el ámbito internacional, la querella iconoclasta supuso que el Papado (que apoyaba a los iconódulos) confirmara sus sospechas sobre el Imperio Bizantino. Aunque la primera querella iconoclasta acaba con el victoria iconódula con el Concilio de Nicea del 787 reunido a instancias de la emperatriz Irene, el Papado mira ya a Occidente y en el año 800 la coronación de Carlomagno crea un fuerte vínculo entre los francos y el Papa. Todavía entre el 815 y el 843 se produce la segunda querella iconoclasta aunque el cambio de dinastía en el 820 (a los isáuricos les suceden los armorianos de origen macedónico y, por tanto, favorables a los iconódulos) termina con la querella, aunque el deterioro de relaciones entre el papado y el clero secular bizantino es ya irreversible y tendrá consecuencias muy pronto.

Sorprende que entre tanto problema interno, la victoria sobre los árabes en Akroinos (740) y de las campañas de Constatino V (741-775) supusieran un respiro para la supervivencia del Imperio Bizantino aunque en 751 pierden una de sus últimas posesiones en Italia, la antigua capital de Rávena. Con posterioridad perderán también la isla de Creta que se convierte en un centro dedicado a la piratería que pone en peligro el tráfico mercante hacia Europa Occidental.

Con Miguel III (842-867) se produce la evangeliación de los eslavos por Cirilo y Metodio que adoptarán un alfabeto derivado del griego, el cirílico. En 865 se bautiza el kan búlgaro Boris que reconoce su dependencia del patriarcado bizantino. En 867 vuelve a producirse un cambio dinástico. Comienza a reinar la dinastía macedónica con la llegada al poder de Basilio I que, en realidad, tenía orígenes armenios no macedónicos, pero en fin... En cualquier caso, desde el S IX al XI Bizancio vive un renacimiento. Las victorias militares de Romano I Lacapeno (derrota a los búlgaros, a los rusos y a los árabes), Nicéforo II Focas (reconquista Creta, Aleppo, Chipre y Cilicia), Juan I Tzimiskés (vence a los rusos y a los búlgaros y reconquista Siria y Palestina), Basilio II (vence a los búlgaros y se alía con los rusos) y la emperatriz Zoé (anexión de Armenia) suponen un considerable aumento territorial. Para ello se había producido una nueva reforma del Imperio con una revisión del código justiniano (textos del Pochiron, Epanagogué y las Basílicas), reglamentación económica y admimistrativa (Libro del Prefecto) así como una serie de medidas que intentaban impedir la concentración de latifundios en perjuicio de los pequeños propietarios, el Tratado Fiscal. Sin embargo, la tendencia a los latifundios es imparable y a partir de 1025 se concede la inmunidad fiscal a los latifundistas y se establece la pronoia (usufructo de tierras como recompensa a los servicios prestados) y el sistema cariscatario (cesión de bienes monacales a laicos). Esto supone un abierto enfrentamiento entre la nobleza burocrática y la nobleza militar terrateniente (1056) cuando fallece Teodora, hermana de la emperatriz Zoé y último miembro de la dinastía macedónica. En la lucha por la sucesión, el general Isaac Comneno derroca a Miguel Stratiótico y es derrocado, a su vez, por el tesorero del Imperio Constatino X que inicia la dinastía de los Ducas que supone el triunfo del bando de la casta burocrática. No obstante, la serie de desastres militares como la derrota ante los turcos selyúcidas de Manzicerta (1071), la toma de Bari por los normandos (1071)... suponen que en 20 años pierden muchas de las conquistas realizadas por la dinastía macedónica. Alejo I Comneno (miembro de la nobleza militar) derroca a Miguel VII e instaura la nueva dinastía de los Comneno pero la situación es ya desesperada y Alejo I debe recurrir a la ayuda exterior. Contra los normandos solicita la ayuda de Venecia, auxilio que debe pagar con la exención de impuestos a los comerciantes venecianos (crisóbula de 1082) y que supondrá una hipoteca permanente en la economía bizantina.

Por otra parte, las relaciones exteriores de Bizancio estaban en un mal momento por los cismas entre el Papado y la Iglesia bizantina. Si hubo un primer cisma en 867, el segundo de 1054 fue mucho más grave. El detonante (las causas profundas ya las hemos ido viendo) fue la pretensión del patriarca Miguel Cerulario de que los latinos de Constatinopla siguieran el rito griego, además de plantear la vieja cuestión del "filioque". Tal falta de tacto se vio correspondida con creces por el enviado del Papa León IX, cardenal Humberto, y ambos acabaron excomulgándose mutuamente. Además de las causas de desencuentro ya apuntadas, hay que señalar que tanto el basileus como el Papa pretendían ser el árbitro válido de las disputas teológicas (que proliferaban especialmente en la Iglesia Oriental mucho más dada a la expeculación teológica que la Iglesia Romana), la progresiva dependencia del emperador de Occidente del Papado, la autocefalia de la Iglesia de Oriente... Alejo I se dio cuenta del peligro e intentó limar asperezas para conseguir la ayuda occidental contra los turcos selyúcidas. Cuando la obtuvo, en vez de ser un factor de unidad supuso nuevos motivos para el desencuentro porque Occidente entendió la ayuda de una forma particular, en forma de la I Cruzada.
22/03/2004 20:36 Enlace permanente. Tema: Historia

23/03/2004

El avispero (IV)

cruzada.jpgEl hablar de I Cruzada puede dar lugar al equívoco, a pensar en un movimiento único y bien organizado. En realidad dentro de la Cruzada existieron diferentes frentes y la descoordinación entre ellos fue notable. Pero antes de hablar de la Cruzada y sus "éxitos" en Bizancio ¿por qué se produjo ésta? Evidentemente, el desencadenante fue la petición de ayuda de Alejo I Comneno, pero las causas reales son otras y de todo tipo. Se ha señalado que la Iglesia venía elaborando el concepto de "guerra justa" desde hacía tiempo y por un interés de lo más material, las incursiones depredadoras de pueblos como los magiares y los normandos se habían dirigido a los objetivos más ricos y menos protegidos (el que se dedicaran al pillaje no significa que fueran idiotas) lo que se traducía en la práctica en el robo de iglesias y monasterios. Por tanto, la Iglesia empezó a ver con buenos ojos la idea de una caballería cristiana hasta el punto de que pervirtió el significado original de la expresión "militia Christi" (ejército de Cristo) que inicialmente designaba de forma metafórica al clero que combatía pacificamente contra el pecado.

Se ha señalado también que las normas que regían las herencias de las propiedades nobiliarias en el norte de Francia habían cambiado. La división carolingia de los feudos entre todos los hijos terminó suponiendo la fragmentación de la propiedad hasta un punto en que se tornaba inviable. Entre los años 850 y 1000 está documentada la existicia de hambrunas periódicas. Para impedir este proceso, se establece la primogenitura. Si bien el hecho de que el primogénito reciba la herencia acaba con el problema de la fragmentación de las tierras crea un nuevo problema. Los hijos no primogénitos quedan desheredados. Muchos segundones no veían con malos ojos la posibilidad de ganar feudos propios en ultramar (y Urbano II ya tuvo buen cuidado de prometer en Clermont la propiedad de las tierras ganadas tanto a los caballeros que participasen en la Cruzada como a sus descendientes).

Según parece, la Cruzada se había pensado, según parece, como un movimiento nobiliario, pero en unos años sin televisión ni periódicos, la noticia debía difundirse con el auxilio de las órdenes religiosas y de predicadores de todo tipo. Uno de ellos era un visionario llamado Pedro el Ermitaño. Según las leyendas que se crearon después en torno suyo poseía una carta recibida del mismo cielo en la que se auguraba la reconquista de Jerusalén. Sea cierto o no que afirmara tal cosa, sí es verídico que predicó con gran éxito la Cruzada a todo tipo de gente. Champaña, Lorena, Tréveris y Colonia son algunos de los lugares que vieron pasar a este personaje camino de Oriente. Además de algunos caballeros como Gualterio sin Haber (y entiéndase ese mote en el sentido económico del término) reunió a gente del pueblo, sin armamento ni dinero. La cantidad de cruzados reunida obligó a dividir la tropa. Gualterio al frente de los franceses llega sin demasiados problemas a Bizancio en julio de 1096. Pedro el Ermitaño hace lo propio un par de semanas más tarde con el resto de los franceses, loreneses, renanos y nativos del sur de Alemania aunque éste sí que con pérdidas por el motivo que luego veremos. Por el contrario, los alemanes que debían llegar capitaneados por el sacerdote Godescalco y el conde Emicho fueron masacrados en Hungría después de que los cruzados se entregaran al pillaje de las poblaciones por las que pasaban. Ni fue el primer caso ni fue el último. Ya en Alemania habían realizado pogromos antijudíos en Espira, Worms, Colonia... con la tradicional excusa de que eran los asesinos de Cristo, pero, en realidad, para saquear sus bienes. En Nis, la tropa de Pedro el Ermitaño consiguió entrar en combate... con el propio ejército de Bizancio y más concretamente con los mercenarios pechenegos después de episodios de indisciplina similares a los antedichos.

No obstante, Pedro fue recibido por el basileus que además de hacerle cuantiosos regalos (no sabía lo que le había caído encima) le pidió que permaneciera en Bizancio hasta la llegada de los restantes contingentes. Alejo I no tardó en cambiar de opinión cuando los cruzados comenzaron a saquear la propia Constantinopla. El 6 de agosto de 1096 cruzan el Bósforo y se dirigen al campamento de Civetot justo donde comenzaba el territorio bajo control turco. Los franceses se dedican al pillaje de las poblaciones enemigas y logran un botín considerable en Nicea. El contingente alemán intentó hacer lo propio, pero sólo consiguen quedar cercados en Xerigordon. El grueso de la tropa cruzada acude en su auxilio y es aniquilado (21 de octubre de 1096). Sólo unos pocos supervivientes consiguen huir a Constantinopla.

Si la "cruzada popular" había sido un desastre que sólo consiguió crear problemas a su paso sin ninguna utilidad militar, no fue Pedro el Ermitaño el único jefe que tuvo problemas. El continguente (éste sí nobiliario) al mando del conde Raimundo de Tolosa y del legado papal Ademaro partió tarde y le sorprendió el invierno balkánico. En territorio bizantino fue escoltado por mercenarios pechenegos con los que tuvo ciertas "discrepancias de pareceres". En una de ellas resultó herido de gravedad Ademaro que tuvo que quedarse, de momento, en Tesalónica. Los cruzados saquean la ciudad de Roussa y cuando Raimundo se dirige a Constantinopla para preparar la llegada de sus tropas, los bizantinos atacan y disuelven el ejército.

Otros contingentes llegan sin problemas como los normandos al mando de Bohemundo de Tarento pero en este caso el problema eran ellos mismos dado que los normandos y los bizantinos habían tenido ciertos "problemillas" tradicionales a causa de las posesiones de los segundos en Sicilia. Posiblemente escarmentado por el precedente de Pedro el Ermitaño, Alejo prohíbe la entrada en Constatinopla de los cruzados. Sólo permite la recepción de los jefes y sus séquitos a los que colma de regalos. Pronto surgirían los problemas. El basileus quiere que los jefes presten juramento de devolver a Bizancio las tierras que conquisten y que habían perdido por la invasión turca. El primer contingente cruzado que llegó (excluido el de Pedro el Ermitaño) era pequeño y estaba mandado por Hugo de Vermandois que sí juró. El segundo, mucho más numeroso, fue el de Godofredo de Bouillon. Éste dijo que tururú y se negó por dos veces a ser recibido por Alejo. El basileus respondió negando el suministro de alimentos a las tropas que contastaron saqueando los arrabales de Constatinopla (parece que esto se estaba convirtiendo en una costumbre cruzada). En enero de 1097 Godofredo decide visitar el palacio imperial de Blanquernas de una forma bastante poco procotolaria, sitiándole. Alejo se tomó bastante mal la "visita" de Godofredo y estalla un enfrentamiento entre el ejército bizantino y el cruzado en el que éste lleva la peor parte. El 20 de enero, Godofredo jura y es transportado con sus tropas al otro lado del estrecho posiblemente con gran alivio del basileus. Después llegó Bohemundo con las tropas normandas aunque sabedor de que no era un modelo de popularidad para los bizantinos no puso ningún problema y también juró a mediados de abril. Le tocó el turno a continuación a Raimundo de Tolosa. Éste dijo que había ido a Oriente por voluntad de Dios y que, por tanto, no estaba dispuesto a someterse a los hombres. Los demás jefes cruzados (en especial Bohemundo) le presionaron para no demorar más la expedición y el 26 de abril de 1097, el conde de Tolosa jura (curiosamente, el que tanto se había negado a jurar fue el único que cumplió su palabra).

A finales de abril el ejército cruzado comienza las operaciones militares. El primer objetivo fue Nicea a dónde llegó Godofredo el 6 de mayo. Las tropas selyúcidas que intentan auxiliar la ciudad fueron derrotadas el 21 de mayo y Nicea se rinde el 19 de junio. Como antigua posesión bizantina y en virtud del juramento prestado, se niega a los cruzados la entrada (de saqueo ni hablar) a la ciudad lo que les sienta bastante mal. Fue el único caso en que se respetó la palabra dada. Los jefes cruzados dejaron palpables los sentimientos de profunda religiosidad que les había llevado a Oriente. Tancredo y Balduino casi llegan a las manos por la posesión de Tarso (de cederla a Bizancio ni hablar). El segundo llegó a Edesa (febrero de 1098) donde es adoptado y nombrado corregente de Edesa por Toros. Éste era ortodoxo mientras la mayoría de Edesa era monofisita. En marzo el pueblo se revela y Toros es linchado mientras Balduino miraba para otro lado. El día 10 es nombrado señor de Edesa y abandona la cruzada.

El 3 de junio de 1098 los cruzados toman Antioquía que es asignada (5 de noviembre) a Bohemundo en medio de la oposición de Raimundo de Tolosa que fue el único que insistió en cumplir el juramento prestado a Alejo I.

Finalmente, el 15 de junio de 1099 los cruzados toman Jerusalén en medio de una horrible matanza de la población civil. Las poblaciones que supuestamente debían haber sido devueltas a Bizancio quedaron en posesión de los cruzados. Si las relaciones entre Bizancio y el occidente europeo no eran buenas, a partir de ese momento empeorarían aún más. Si los bizantinos se quejaban por el incumplimiento del juramento a Alejo, los cruzados protestan por los agravios recibidos en Constantinopla y por la poca ayuda prestada por parte del ejército bizantino. Las diferencias eran irreconciliables y tardaron poco en empeorar.
23/03/2004 21:18 Enlace permanente. Tema: Historia

24/03/2004

Interludio castellano

pitonisa_lola.jpgPermítanme interrumpir brevemente la historia de los Balkanes para hacerme eco-eco de la rabiosa actualidad (se ve que no vacunaron a la pobre). Tal día como hoy (bueno, en realidad empezó ayer) ha comenzado el mejor programa de humor que jamás vieron los siglos pasados y esperan ver los venideros, "El castillo de las mentes prodigiosas" en Antena 3 Televisión.

Todo en él ha conseguido alcanzar las más altas cotas de comicidad, desde los modelitos de los videntes, santeros... (impagables la túnica en negro y oro del divino Otelma y lo que se hubiera puesto en la cabeza Paco Porras) hasta el tribunal inquisidor con Aramís Fuster sentada junto a Javier Armentia y convenientemente alejada del padre Apeles. ¿Qué decir de las primeras manifestaciones de los poderes de los participantes? Me resulta difícil encontrar palabras para describirlo, pero, por si se hubieran perdido tan fenomenal espacio cómico, intentaré brindarles algunas notas:

El divino Otelma (el divino Oluise no ha debido poder asistir) además de modesto realizó una memorable conjuro en el que se refirió a "los higos de las estrellas". Personalmente prefiero "las papayas de los planetas" aunque comprendo que lo de los higos tiene su aquel por traernos a la memoria aquella picarona canción que decía: "Venga higos, venga higos, quiero darme un atracón". La cosa iba de dejar de fumar. Por desgracia, después de haberme puesto una camisa verde y una bandana del mismo color, de haber revuelto Roma con Santiago para encontrar una vela verde y haber seguido al pie de la letra todas las cho... perdón, el ritual, debo confesar que me estoy fumando un puro (canario, por supuesto).

La pitonisa Lola estuvo, como siempre, memorable. Envocó [sic] a un espíritu para que se manifestase en el platón [sic]. Todavía le están esperando. Se ignora si fue porque el espíritu no tenía muy claro qué es una "envocación", si el espíritu se negó a ir al "platón" por ser aristotélico o si intentó manifestarse y fue detenido por carecer del permiso preceptivo.

También rozó lo sublime el profesor Mercury in concert haciendo una demostración de su música astrológica. Ya, ya sé que no era el "Concierto de Aranjuez", pero su interpretación guitarrístico-astral sonaba mucho mejor que la música dodecafónica, por ejemplo. Por cierto, a ver si el profesor Mercury se nos actualiza un poco y en su próxima carta astral refleja las influencias en el neonato del planeta Sedna.

Impagable la Barbie Kennedy (lo siento, no recuerdo cómo se llamaba esta señora o señorita que había acabado con la producción de agua oxigenada de la Argentina y con la de silicona del mundo entero -con decirles que la Jolie tiene los labios delgados en comparación con ella queda todo claro-) que no sé que es lo que se supone que hace salvo pretender ser hija (o higa que diría el divino Otelma) del difunto presidente de los EEUU.

El brujo gallego que iba disfrazado de burbuja Freixenet (peste de demencia senil que hace que me haya olvidado de cómo se llamaba) estuvo también magnífico cuando en el vídeo de presentación después de hacer conjuros sobre algo que se parecía sospechosamente a una queimada (diabólica bebida gallega obtenida quemando orujo) descalificó a "videntes" como Paco Porras (otro de los concursantes) y a Aramís Fuster (miembro del jurado). El enfrentamiento entre ellos por esas palabras dejó bien claro lo inútiles que somos los escépticos. Para desacreditar las pseudociencias no hay nada mejor que juntar a dos magufos. La bronca está asegurada. Como parece que doña Aramís tuvo poco con el gallego, también la lió con la pitonisa Lola al recordar que el espíritu "envocado" brillaba por su ausencia. Lola, en su papel, la dedicó sus tres palabras favoritas "ba-su-ra" y su amenaza habitual "Te voy a poné dos velas negras" (la obsesión de esta gente con los cirios es incomprensible. Ignorar a estas alturas los modernos avances tecnológicos como los quinqués...)

No sólo de velas vive el hombre. Otro producto muy empleado en el programa de hoy ha sido el incienso (¿complejo de monaguillo?) cuyo humo ha tenido que aspirar el sufrido público sin duda para compensar el haber dejado de fumar después del conjuro del divino Otelma.

Otros recuerdos para la Historia como los modelitos del conde italiano (y no era el conde Lecchio o como demonios se escriba) que pasó de ir vestido de árbitro de fútbol (de los de antes, de los que parecía que iban de luto por el fallecimiento del gato) a ponerse una túnica (sí, esto parece una obsesión) blanca de sacerdote yoruba para hacer el "primo" tirando trozos de coco por el suelo del plató (tamaña desconsideración con la pobre asistenta merece la reprobación de cualquier persona de bien), o Paco Porras mordisqueando la rosa que les habían dado como señal de bienvenida (¿no pensarán darles de comer para afinar sus poderes paranormales o es que este hombre tiene complejo de cabra?) son superados, no obstante, por el fino humor de los espectadores que se dedicaron a enviar mensajes del tipo "Porras ¿dónde te has dejado el perejil?" "Porras, ¿qué te has puesto en la cabeza? ¿Un gato?" "El castillo está completo. Tiene hasta fantasmas." "¿Alguien puede comprobar si la Kennedy es un travesti?" "Ésa es tan Kennedy como yo Borbón"...

Incluso hubo lugar para la diversión histórica cuando el gallego (que además de ir disfrazado de burbuja de Freixenet ha diseñado un tarot para gays y lesbianas) soltó un conjuro en una lengua que juraría que era la gallega (y no cometería perjurio) para aclarar después que era un conjuro celta. Anda la hos... los celtas hacían conjuros en gallego. ¡Manda caralho! (expresión celta sin boquilla).

En fin, que la cosa promete diversión a raudales. Por cierto, si alguien se pregunta qué hizo
D. Javier Armentia, paseó la capa roja que les pusieron a los del tribunal inquisidor con mucha galanura y donaire (que no es fácil porque la prenda era más cursi que una perdiz con ligas). Seguro que en el futuro puede tener un papel más activo cuando esa cáfila tenga que poner a prueba sus poderes paranormales y, si no, como persona de buen humor que es, se lo pasará cojonudamente que no es poco en estos tiempos que corren.
24/03/2004 02:43 Enlace permanente. Tema: Escepticismo

25/03/2004

El avispero (V)

roger_de_flor.jpgBueno, dejemos por ahora -seguro que tendremos que volver sobre el tema si es que no se cancela su emisión por la baja audiencia lograda- la cuestión de "El castillo de las mentes prodigiosas" y volvamos al Imperio Bizantino. Antes de la disgresión castellana, habíamos dejado a Constantinopla y los reinos de Occidente con ciertos resquemores mutuos por aquello de que los segundos dijeron "La tierra para el que la conquista" incumpliendo los juramentos con Alejo I para cederle los territorios conquistados por los cruzados que hubiera perdido ante los turcos selyúcidas. En esa situación el gran perdedor fue Bizancio que sufrió una nueva derrota militar ante los selyúcidas en Miriocéfalo (1176), pero los turcos ya sólo eran una parte del problema. Los normandos estaban empeñados en conquistar bases navales en el Mediterráneo Oriental. Su conquista del puerto clave de Durazzo obligó a Bizancio (incapaz de organizar una flota en condiciones) a recurrir a Venecia. Ya dijimos que esa ayuda obligó al basileus a otorgar la libertad comercial y la exención de impuestos a los venecianos (crisóbulo de 1082). En una época en la que las dificultades económicas eran considerables, esa medida era un desastre para el tesoro imperial. Además, las ventajas obtenidas por Venecia, suponían una inmensa influencia en los asuntos internos de Constantinopla (entre otras cosas, se les cedió uno de los distritos de Bizancio). Para intentar paliar esa preponderancia veneciana, los Comneno concedieron ventajas comerciales a los rivales de Venecia, pisanos y genoveses. En 1147 el normando Roger II se apodera de la isla de Corfú. Nuevamente los bizantinos tienen que recurrir a la armada veneciana para reconquistarla.

Bajo el basileus Manuel I Comneno se restablece la unidad de las iglesias ortodoxa y latina, pero esta medida es muy impopular entre el poderoso clero oriental. Ante el aumento del descontento interno agravado por la derrota de la ofensiva bizantina contra los normandos (Brindisi-1155) Manuel I hace una concesión a la demagogia que tendrá efectos demoledores. En 1171 ordena la detención de los venecianos que residían en la capital. Venecia, que ya estaba molesta por los privilegios concedidos a sus rivales de Pisa y Génova, se alía a los normandos (1175). La derrota de Miriocéfalo ante los selyúcidas hace estallar el resentimiento. La población, azuzada por demagogos, culpa de esos desastres a los occidentales. En 1182 se produce la matanza de los latinos que vivían en el imperio. El saqueo y el pillaje de sus posesiones confirió a esta masacre su equivalencia con los pogromos antijudíos de la Europa Occidental. Andrónico Comneno usurpa el trono a su primo, el pro-occidental Alejo II, y toma medidas contrarias a los intereses de la nobleza militar-terrateniente. La respuesta interna y externa ante esos desórdenes no se hace esperar. Los normandos conquistan Durazzo, Tesalónica y se preparan para atacar Constantinopla (1185). En ese mismo año Isaac Angel, apoyado por la nobleza latifundista, derroca y asesina a Andrónico Comneno con lo que pone fin a esa dinastía y comienza la de los Angel, pero el desastre es ya imposible de detener. El tesoro imperial prácticamente había desaparecido. Los Balkanes estaban fuera de todo control bizantino (en 1187, Isaac Angel debe reconocer el nuevo reino búlgaro y la pérdida de Dalmacia, Croacia y Servia). Al sur la amenaza turca, aunque debilitada por la desunión de los selyúcidas, estaba presente. En Occidente se preparan para el reparto del botín.

Isaac es depuesto (y cegado) por su hermano, Alejo III (1195). El hijo de Isaac que también se llamaba Alejo (Alexis) escapa de la cárcel en 1201 y pide ayuda al Papa que se la niega por lo que se dirige a Alemania ya que su hermana Irene estaba casada con Felipe de Suabia. En esos momentos estaba en marcha una nueva cruzada, la IV, para reconquistar el reino de Jerusalén perdido en 1187 y sólo parcialmente recuperado en 1192 por la III Cruzada (acuerdo entre Ricardo Plantagenet, más conocido por su apodo de Corazón de León, y Saladino). Tomaron la cruz el conde Teobaldo de Champaña, Hugo de Blois y el conde Balduino de Flandes. Los tres enviaron emisarios (por primera vez en la historia plenipotenciarios, es decir, con plena libertad para acordar lo que fuera en su nombre) a Italia para acordar con venecianos, genoveses o pisanos su transporte por vía marítima. La elegida fue la República de Venecia cuyo dogo (dux) era Enrico Dandolo. Por 85.000 marcos de plata pagaderos en cuatro cómodos plazos, los venecianos se comprometieron a transportar a Egipto (dado que eran los ayyubíes los que sustentaban el poder musulmán en Palestina, atacarles en su propio reducto no era ninguna tontería) a 33.500 hombres (4.500 caballeros, 9.000 escuderos y 20.000 infantes). El problema surgió cuando los cruzados sólo pudieron reunir 11.000 hombres lo que generó una deuda con la Serenísima (que se negó a rebajar el precio pactado) de 34.000 marcos. A cambio de un aplazamiento de la deuda los venecianos consiguen que los cruzados les ayuden a conquistar la ciudad de Zara en la costa dálmata que era un importante enclave comercial que pertenecía a la corona húngara. El 24 de noviembre de 1202 la ciudad es tomada. Por haber tomado las armas contra un rey cristianos el papa Inocencio III decreta la excomunión de todo el ejército cruzado (situación de los más curiosa, obviamente). Franceses y alemanes consiguen que se les levante el anatema, pero los venecianos siguen excomulgados aunque, para salvar la Cruzada, Inocencio III no prohíbe que se tenga tratos con ellos. Como el invierno estaba muy avanzado, el ejército cruzado acampa en Zara.

Allí, a finales del 1202 o comienzos de 1203, llegan emisarios de Felipe de Suabia y Alejo, el hijo del depuesto basileus Isaac. Piden ayuda a los cruzados para recuperar el imperio. A cambio de ese auxilio se compromente a volver a unir las iglesias griega y latina (después de Manuel I Comneno se habían vuelto a separar), grandes recompensas para los venecianos y a ceder 10.000 hombres para la Cruzada. Entre los cruzados estallan las disensiones entre los partidarios y contrarios al acuerdo. Simón de Monfort y el abad de Vaux abandonan la Cruzada. La mayoría de los cruzados de a pie, según parece, fueron convencidos para continuar la empresa (que ya no se dirigiría a Egipto sino a Bizancio) con el argumento de que las grandes reliquias que se conservaban en Costantinopla no podían estar custodiadas por unos cismáticos como los griegos. Inocencio III, en junio de 1203, condena el cambio de planes pero como la RENFE de antaño llega tarde porque los cruzados habían zarpado de Zara en abril en compañía de Alejo. En julio están ante Constantinopla y el 17 de julio atacan la ciudad que sólo se salva de su toma por la actuación de los mercenarios ingleses y daneses. No obstante, Alejo III se ve perdido y abandona la ciudad llevándose, eso sí, el tesoro imperial. Los cruzados quedan, pues, dueños de la capital y restablecen en el trono a Isaac y a su hijo Alejo IV como corregentes del Imperio. No obstante, pronto se vio que Alejo IV no podía cumplir con lo prometido. Además, el pueblo le detestaba cordialmente por haber recurrido a los latinos que eran odiados por todo lo antedicho. En enero de 1204 Isaac y Alejo IV son derrocados y asesinados. El pueblo entroniza a otro Alejo, quinto de su nombre, abiertamente antilatino. Los cruzados deciden volver a intervenir y el 12 de abril de 1204 toman las murallas de Constantinopla y el 13 asaltan la ciudad. Se repiten (aunque esta vez en sentido contrario) las matanzas y saqueos de 1182. Se produce un inmenso robo de reliquias y objetos artísticos (si se preguntan por la procedencia de la cuadriga de bronce de la basílica veneciana de San Marcos, fue uno de los "recuerdos" de esta "hazaña"). El botín oficial fue de 900.000 marcos de plata de los que más de la mitad, cerca de medio millón fue a parar a Venecia. El Imperio Bizantino dejó de existir como tal, repartido entre los vencedores. Balduino de Flandes fue coronado el 16 de mayo de 1204 en Santa Sofía como emperador de Romania, el reino latino de Constantinopla. Su dominio, no obstante, se limitaba a zonas de Bizancio (entre ellas los palacios imperiales de Blanquernas y Bucoleón), Tracia, el noroeste de Asia Menor y las islas de Lesbos, Quíos y Samos, aproximadamente un cuarto de la extensión del Imperio Bizantino antes de estos sucesos. Los 3/4 restantes de dividieron a partes iguales entre Venecia y los cruzados. Bonifacio de Montferrat, pariente de Felipe de Suabia, recibe Macedonia, Tesalia y Creta (que vende después a los venecianos). Venecia, sabedora de que no podía mantener un imperio, rehúsa recibir el Peloponeso, pero sí acepta enclaves en la costa adriática además de algunas islas jónicas, el protectorado de Eubea y puertos clave para el comercio en el Helesponto y el mar de Mármara así como 3/8 de la ciudad de Constantinopla, incluida Santa Sofía.

El imperio griego quedó reducido a tres estados, el Imperio de Trebisonda en el mar Negro, gobernado por la antigua familia imperial de los Comneno; el Despotado de Epiro en el norte de Grecia gobernado por la familia imperial de los Angel y el Imperio de Nicea gobernado por la familia de los Lascaris. Nicea se alía con los búlgaros y derrotan a Balduino en Adrianópolis (1205). Bajo Juan III (1222-1254) los niceanos arrebatan a los latinos las provincias periféricas (Tracia, Macedonia y Tesalónica), derrota a Epiro y a sus antiguos enemigos-aliados búlgaros. El trono niceano es ocupado por Miguel Paleólogo que vence en Pelagonia (1259) a una coalición de latinos y del despotado de Epiro. El 25 de julio de 1261 sus tropas entran en Constantinopla mientras el último de los reyes de Romania, Balduino II, huye. El Imperio Bizantino vuelve a aparecer aunque mermado. Venecia conserva sus posesiones, existen dos reinos latinos independientes, el principado de Acaya y el ducado de Atenas y económicamente Miguel había obtenido apoyo de Génova a cambio de beneficios equivalentes a los obtenidos por sus adversarios venecianos (acuerdo de Nymphaion de 1261). La antigua hipoteca comercial con Venecia sólo ha cambiado de manos. La nobleza consigue grandes beneficios en detrimento de las clases bajas en especial del campesinado. Las luchas religiosas se reanudan cuando Miguel Paleólogo accede a una nueva unión de las dos iglesias (II concilio de Lyon -1274-)en un intento de obtener aliados antes la pretensión de la poderosa casa de Anjou (que gobernaba el sur de Italia y Sicilia desde la batalla de Benevento -1266-) de restablecer el reino latino de Acaya (sur de Grecia) que le había sido cedido a Carlos de Anjou por Guillermo II (tratado de Viterbo) después de que éste rompiera sus lazos vasalláticos con Venecia. Pero el nuevo Papa Martín IV es francés y partidario de Carlos de Anjou, así que rompe la unión de las dos iglesias al excomulgar a Miguel Paleólogo. En 1282 se produce el levantamiento antifrancés conocido como "las vísperas sicilianas". Sicilia pasa a la Corona de Aragón bajo Pedro III, pero los Anjou controlan aún Nápoles. No obstante las guerras con Aragón centran su preocupación así que Carlos II de Anjou revierte Acaya a la hija de Guillermo II, Isabel, casada en primeras nupcias con Florencio de Hennegau. El principado de Acaya vuelve a ser, nominalmente, independiente pese a que Carlos II no cesará en sus pretensiones de interferir en su política. No obstante, Florencio lleva a cabo una buena labor diplomática con Bizancio que permite que el Acaya mantenga su independencia nominal. No puede decirse lo mismo del segundo marido de Isabel, Felipe de Saboya, cuyo comportamiento arrogante logra que en 1306 tenga que ser depuesto por felonía por Carlos II que traspasa el principado de Acaya a su propio hijo, Felipe de Tarento.

En su lucha con los angevinos (los Anjou) Pedro III recurre a la Compañía Catalana, un grupo de mercenarios catalanes, aragoneses y navarros que estaban bajo el mando de un antiguo templario, Roger de Flor. Tras la paz de Caltabellotta (1302) los mercenarios se quedan sin trabajo así que aceptan una oferta del nuevo basileus, Andrónico II, para frenar la expansión turca. Los 6500 hombres de Roger de Flor se establecen en Gallípoli (1305) desde donde atacarán no a los turcos sino al ducado de Atenas (1311). Los ducados de Atenas y Neopatria pasan a la Corona de Aragón.

El Imperio Bizantino era un inmenso cadáver del que cada uno saqueaba lo que podía. Sólo faltaba un último acto, su entierro definitivo. De ello se ocuparían los turcos otomanos.
25/03/2004 20:04 Enlace permanente. Tema: Historia

26/03/2004

El avispero (VI)

kremlin.jpgPuesto que ya hemos visto la intervención veneciana en la entrada anterior, sólo falta introducir un nuevo participante que será fundamental en el desarrollo de los acontecimientos en los Balkanes, Rusia.

Los eslavos se enfrentan a los fineses. Ambos solicitan la ayuda de los varegos (vikingos) que terminan apoderándose del territorio. Bajo Rurik se unifica el área septentrional en torno a la ciudad de Novgorod. A mediados del S IX Askold y Dir siguen la ruta comercial que unía Bizancio con el golfo de Finlandia hasta Kiev. En 860 atacan Constantinopla siendo derrotados. Un hijo de Rurik, Oleg el Sabio unifica el territorio de Novgorod y el de Kiev convirtiéndose esta última ciuda en la capital del nuevo reino de Rus (nombre que los fineses daban a los varegos). No obstante esta unidad se ve rota por las continuos repartos del territorio en sucesivas herencias. La riqueza de Constantinopla atrae distintas tentativas de conquista. Lo intenta Igor pero también él es derrotado. No obstante, firma acuerdos comerciales con Bizancio que abren el camino a la influencia en todos los campos. Uno de ellos es el religioso. Olga, la viuda del príncipe Igor se bautiza. Sviatoslav comienza la expansión territorial de la rusia de kiev derrotando a los jázaros y a los búlgaros del Danubio. También él entra en guerra con el Imperio Bizantino pero, para no romper la tradición, es derrotado (972). Uno de sus sucesores es Vladimiro I el Santo que, pese a su apodo, se convierte en un poderoso monarca gracias al apoyo de mercenarios varegos y por el expeditivo procedimiento de eliminar a sus hermanos. Llega a una alianza dinástica con Bizancio por su conversión al cristianismo y matrimonio con Ana, hermana del basileus Basilio II. La influencia bizantina se intensifica. Se adopta el alfabeto griego modificado (el cirílico) para escribir la lengua eslavona, Kiev depende en cuanto a religión del patriarca de Constantinopla, la importancia comercial de Kiev como paso en la ruta de Bizancio al golfo de Finlandia aumenta aunque la mayoría de la población se dedica a la agricultura bien como campesinos libres (smerdy), semilibres (zakupy) o totalmente sujetos a servidumbre (jolopy). Con el paso del tiempo, los boyardos (comerciantes y terratenientes) que forman el consejo del príncipe o druzhina irán apoderándose de las tierras y muchos campesinos libres terminarán convirtiéndose en jolopy por causa de las deudas contraídas. No obstante, el principal problema para lograr una consolidación del reino lo constituye las continuas razzias de pueblos nómadas como los pechenegos y los cumanos. Pese a la victoria de Yaroslav el Sabio sobre los pechenegos (1036) la debilidad de la Rusia de Kiev es evidente. Un nuevo intento de conquista de Constantinopla fracasa (1043). Se crea el primer código legislativo, la Russkaya Pravda pero nada de eso impide los saqueos continuos. Se produce la dispersión de la población que huía de los pillajes. El principado de Suzdal-Vladimir es uno de los destinos de los fugitivos (en su zona de influencia aparecen la ciudad de Moscú). Su príncipe Andrei Bogoliuvski saquea Kiev en 1169. Para terminar de empeorar la situación, la conquista de Constatinopla por los cruzados supone el fin de la hegemonía comercial de Kiev en el mar Negro. Cuando llegan los mongoles (que en Rusia llaman tártaros) nadie puede resistirles y la mayoría de los principados rusos (la excepción principal es Novgorod) desaparecen y pasan a formar parte de la Horda de Oro fundada por Ogodei en 1251 e independiente de Karakórum desde 1260. En Novgorod, Alexander Nevski consigue victorias sobre los suecos y los caballeros portaespadas que garantizan la independencia del principado. Su hijo Daniel se traslada en 1260 a Moscú y entable relaciones amistosas con los tártaros. Su hijo Jorge contrae matrimonio con la hermana del kan Uzbek. Su sucesor, Ivan I continúa la alianza con los mongoles y con su ayuda derrota al príncipe de Vladimir, Miguel de Tver, y es proclamado como Gran Príncipe (1328). El metropolitano de la iglesia ortodoxa se traslada de Vladimir a Moscú. Dimitri Donskoy abandona la política familiar de pactar con los tártaros y da los primeros pasos (tanto políticos como religiosos) para forjar la independencia nacional. En 1380 derrota a los mongoles en Kulinovo. Aunque los tártaros responden saqueando Moscú en 1382, para los restantes principados rusos queda patente que Moscú es el más importante y el que lidera la lucha por la independencia del poder mongol. Con su sucesor Vasili I, el principado de Moscú es casi independiente aunque todavía pague tributo a la Horda de Oro. Vasili II el Ciego inicia la expansión del principado. Su autoridad se extiende a Riazan, Pskov y comienza su influencia en Novgorod. Además, en 1439 los rusos abandonan la iglesia ortodoxa griega por disconformidad con la nueva unión entre griegos y latinos (Concilio de Florencia) y se constituye en iglesia nacional. La caída de Constantinopla en 1453 supone que la iglesia ortodoxa rusa pase a ser la más importante del mundo oriental. El proceso de expansión del principado culminaría con Iván III el Grande. Anexión de Novgorod (1478), de Tver (1485) y de Smolenko. En 1480 cesa de pagar el tributo a los tártaros con lo que abandona la última ficción de dependencia que quedaba. Casado con la princesa bizantina Sofía se siente heredero del Imperio. Adopta símbolos como el águila bicéfala y el ceremonial de la corte de Constantinopla. Se proclama Zar de todas las Rusias y se considera representante de Dios en la tierra. En estas fechas aparece un mito, el de la tercera Roma (la segunda Roma era, evidentemente, Constantinopla y la tercera Moscú) que no habría de ser tomada nunca al contrario que sus antecesoras. Para demostrar su dignidad, trae a arquitectos italianos para construir un palacio-fortaleza digno, el Kremlin. La Horda de Oro se disuelve en una serie de kanatos de los que Kazan y Astrakan son anexionados a Rusia (1552-1556) por Iván IV el Terrible. La respuesta del kanato de Crimea fue una contraofensiva que acaba con el incendio de Moscú (1571) facilitada por los desórdenes internos creados por la persecución a los boyardos promovida por Iván IV y apoyada por la pequeña nobleza y la Oprichnina (milicia fiel al zar) y por las matanzas realizadas para acabar con cualquier intento de sedición (Novgorod, 1570). A la muerte de Iván el Terrible, Rusia se encuentra en la anarquía.

Resumamos un poco todo lo dicho. Tenemos un Imperio Bizantino en descomposición de cultura griega y religión ortodoxa. Tenemos pueblos eslavos o que sin serlo (búlgaros) están eslavizados que aparecen, se expanden, se contraen y llegan hasta a desaparecer como naciones independientes aprovechando la debilidad de los vecinos o perjudicados por la suya propia y que están sometidos a una doble influencia cultural (aparte de sus propias peculiaridades), la latina (pueblos que forman o formaron parte de Hungría y pueblos de la costa adriática de los Balkanes) y la griega. Tenemos principados y enclaves latinos nacidos del deseo de controlar el comercio marítimo en el Mediterráneo Oriental (fundamental en la distibución para Europa de los productos del Lejano y Medio Oriente llegados a Constantinopla). Tenemos el reino de Hungría ni eslavo ni eslavizado y sí sujeto a la influencia occidental y de religión católica romana... Un mosaico de pueblos, culturas, religiones (incluso había bogomilos refugiados en Bosnia que, según parece, en la II Cruzada trasladan su "herejía" a Francia a los que se conoce como cátaros) sujeto a enfrentamientos seculares que ocasionan odios ancestrales. Si algo faltaba para inestabilizar ese polvorín en potencia es la irrupción de una nueva cultura, de una nueva religión, de un nuevo estado. Eso es lo que sucede con el dominio de los Balkanes por los turcos otomanos.
26/03/2004 20:38 Enlace permanente. Tema: Historia

27/03/2004

El avispero (VII)

mohamed_II.jpgLas conquistas mongolas habían empujado hacia occidente a numerosas tribus nómadas del Turkestán. Se establecen en Anatolia en donde forman una serie de principados en principio dependientes de los turcos selyúcidas. Con la decadencia de los selyúcidas, esos principados se independizan. Uno de ellos es el principado del emir de Senyut Osmán u Othman, miembro de los ghazid, los combatientes de la fe. Osmán gobernará con el nombre de Osmán I entre 1281 y 1326. En 1317 entrega el mando de su ejército a su hijo Orjan que conquista Brusa en 1326 donde fijará su capital. En 1337 toma Nicomedia (para los turcos Ismid), pero, por encima de sus victorias militares, Orjan es un organizador. El Imperio Otomano no se forma de manera fulgurante como el Imperio Mongol, por ejemplo. Al contrario, prefieren la consolidación de una conquista antes de pensar en una nueva. Esa conquista, además, pretende establecer vínculos con las poblaciones nativas. Tal vez esos factores sean los que expliquen que el Imperio Otomano cuyos primeros pasos estamos viendo, perdure hasta 1918. Orjan no piensa sólo en términos de victorias que, además, no hubieran resultado difíciles por cuanto, como ya vimos, el Imperio Bizantino estaba en pleno proceso de putrefacción. Orjan organiza la administración pública, crea una nueva moneda y rehace el ejército con fuerzas de caballería ligera (los spahis) y de infantería (los jenízaros) sometidos a una férrea disciplina. Parte de su éxito en las "relaciones públicas" con los pueblos vencidos es que el ejército otomano no realizaba saqueos en las ciudades conquistadas con la excepción de Constantinopla y éste fue consentido por Mohamed (o Mahomet) II. Además, se preocupan de la cohesión religiosa (lo que no quiere decir que no permitiesen otros cultos que sí lo hacían) construyendo mezquitas y madrasas (escuelas religiosas) allí donde llegaban. Si de los combatientes por la fe, los ghazid, sacarán un primer factor de unidad religiosa, los doctores (derviches) imbuidos de corrientes místicas y orientados al islamismo chiíta aseguraban esa cohesión.

Cohesión religiosa que en Bizancio brillaba por su ausencia. Nuevamente amenazados, nuevamente buscan la unión entre las iglesias latina y griega. Esto (como ya dijimos) crea descontento entre la población y el clero griego entre los que surge un movimiento de ortodoxia integrista que se conoce como los zelotes por similitud con el grupo judío que floreció bajo la dominación romana. En medio del desorden interno, un general, Juan VI Cantacuceno se hace con el poder desbancado a la dinastía de los Paleólogo (que volverían a ocuparlo con el apoyo de los genoveses en 1355, pero ya debiendo reconocer su vasallaje con los otomanos) con el apoyo de los jenízaros de Orjan. Si había alguna duda de su debilidad esto acaba por despejarla. En 1354 los otomanos conquistan su primer territorio europeo, Gallípolis. Con el sultán Murad I (es el primer otomano que adopta el título de sultán) prosiguen las conquistas, Adrianópolis (con lo que Constantinopla se reduce a un enclave en medio del Imperio Otomano) en 1362, así como una gran parte de Tracia. Los reinos balkánicos reaccionan ante la nueva amenaza y por impulso del Papa Urbano II forman una gran coalición cristiana (Hungría, Serbia, Bosnia y Valaquia) que irá de derrota en derrota. En la decisiva batalla de Kosovo (1389) el destino de Serbia, Bosnia y Valaquia queda decidido. El sultán Bayaceto I interviene en la política de Bizancio apoyando a los Paleólogo, derrota al rey húngaro Segismundo en Nicópolis (1396), conquista el ducado latino de Atenas (1397) y se extiende hacia el este por Anatolia. Cuando se preparaba la conquista de Bizancio aparecen los mongoles esta vez al mando de Timur-Leng (conocido en occidente como Tamerlán) que derrota a los otomanos en la batalla de Angora (la Ankara turca) en 1402. Bayaceto I es capturado por los mongoles y no vuelve a saberse nada de él. Si bien Tamerlán forma un gran imperio que va desde el Éufrates al Ganges y del mar de Aral al golfo Pérsico, a su muerte en 1405 su imperio se fracciona. Por el contrario, el otomano sobrevive a la derrota. Mohamed I mantiene la calma entre su población y Murad II conquista Salónica (1430) y derrota en Varna (1444) una nueva coalición cristiana de húngaros y polacos aunque fracasa en el primer sitio de Constantinopla (1422). Todo ello prepara la expansión realizada por Mohamed II el Conquistador (1451-1481) que establece la costumbre (para evitar las luchas por el poder) de que el sultán que llegue al poder asesine a sus hermanos. En 1453, después de 50 días de asedio y gracias a la artillería turca, cae Constantinopla. El último basileus, Constantino XI muere en el combate con lo que acaba la historia del Imperio de Bizancio.

Serbia y Bosnia pasan a ser provincias del Imperio Otomano. En 1461 cae Trebisonda, último reino cristiano griego que sobrevivía. Albania es conquistada en 1468 pese a la defensa de Jorge Kastriotis (o Skandersberg). En 1475 cae Caffa. En 1480 realizan una razzia sobre Otranto. Venecia pierde sus posesiones en Morea. Selim I se adueña de Siria, Arabia y Egipto y se proclama Califa. Solimán el Magnífico vuelve su vista a Europa. En 1521 conquista Belgrado. En 1522 cae Rodas que es abandonada por los Caballeros Hospitalarios de San Juan que se trasladan a Malta de donde recibirán su nombre popular de Caballeros de Malta. En 1526 derrota en la batalla de Mohacs en la que muere el rey Luis II. Asciende al trono húngaro Juan Zalpoya como vasallo de los Otomanos. A su muerte en 1541 Hungría pierde su independencia (excepto Transilvania) y se convierte en una provincia turca. Los Balkanes están unificados bajo el Imperio Otomano que ahora mira hacia el centro de Europa. En 1529 los turcos sitian Viena.
27/03/2004 03:18 Enlace permanente. Tema: Historia

28/03/2004

El avispero (VIII)

batalla_lepanto.jpgEuropa quedó conmocionada y con una sensación de estar amenazada. Una cosa es que los otomanos acabaran con el Imperio Bizantino (que, por lo que hemos visto, no tenía excesivo aprecio en Occidente) y otra bien distinta que se sitiasen los dominios de los Habsburgo. La reacción europea fue casi unánime (la excepción fue, evidentemente, Francia en guerra con el habsburgo Carlos I de España y V de Alemania).

Aunque el sitio de Viena de 1529 fue levantado sin consecuencias (gracias a la llegada del invierno), en 1532 volvieron a atacar Austria. Por una vez se dejaron de lado las diferencias religiosas y alemanes luteranos y católicos combaten junto a las tropas españolas (el que en 1529 los turcos hubieran llegado hasta Ratisbona fue una buena razón para olvidarse de la teología). Viena vuelve a salvarse de la conquista otomana aunque no de la peste. Una de sus víctimas fue Alfonso de Valdés, el secretario de cartas latinas del emperador y notable escritor (según apuntan algunos, se trataría del autor del Lazarillo de Tormes).

La guerra entre España y el Imperio Otomano es inevitable aunque el marco para los nuevos combates será muy diferente a la capital austriaca, el Mediterráneo Occidental. En 1534 Barbarroja (Señor de Argel, aliado del Imperio Otomano y nombrado almirante por Solimán) se apodera de Túnez destronando a Muley Hassán, vasallo de España lo que le proporcionaba una nueva base para sus ataques contra las costas españolas e italianas. Después de lograr el apoyo de muchos de los reinos cristianos, en 1535 parte una flota desde Barcelona al mando de Álvaro de Bazán el Viejo y de Andrea Doria que consigue reconquistar Túnez liberando a 20.000 cautivos cristianos. Un nuevo intento de cruzada contra el turco en 1538 fracasa por la negativa de las Cortes castellanas reunidas en Toledo y por la amenaza de Francia de romper las treguas con España. La actuación española se limitó al envío de los Tercios a la costa de Dalmacia en donde tomaron la fortaleza de Castelnuovo que es, posteriormente, conquistada por el Imperio Otomano sin que ni España ni los aliados italianos (el Papado y Venecia) se atrevan a intervenir para no molestar a Francia.

En 1541 Carlos I hace una nueva tentativa en África. Esta vez es contra Argel, el centro de las acciones de Barbarroja. Fue una operación mal planificada que se desarrolló en pleno otoño por lo que la armada española se enfrenta al mal tiempo que hace zozobrar numerosos de sus barcos. La vida del mismo Carlos I estuvo en peligro y apenas pudo reembarcar para España totalmente derrotado. El prestigio imperial (de Carlos V, no del Otomano, claro) sufre un duro golpe y el archiduque austriaco Fernando (hermano de Carlos I y que había nacido en Alcalá de Henares) paga, en 1543, un tributo de 30.000 ducados al Imperio Otomano. Éste, por su parte, se había extendido hacia el Este. Si en 1536 había conquistado Bagdad y Mesopotamia y en 1538 llegó hasta la India, en 1543 le toca el turno a parte de Persia.

En Occidente, las cosas también iban bien para el Imperio Otomano gracias a su alianza con Francia. La armada de Barbarroja inverna en Tolón y en 1543 junto a la francesa toma Niza. Con la paz de Crépy de 1544 llega el fin (por ahora) de las guerras con Francia lo que permite también la tregua entre Carlos I y Fernando de Austria por un lado y el Imperio Otomano por otro, paz necesaria ya que austriacos y españoles estaban preocupados por el avance del luteranismo en Alemania (en 1546-47 Fernando apoya a Carlos en su guerra contra la Liga de Schmalkalden), pero también una paz más aparente que real ya que Fernando se consideraba sucesor legítimo del difunto rey húngaro Luis II al estar casado con su hermana Ana Jagellón y porque Barbarroja no paró de atacar las posesiones españolas en África. Trípoli había sido conquistada en 1510 por Fernando el Católico y se perdió en 1551. En 1555 se pierde Bugía lo que conmociona España hasta tal punto que el gobernador de la plaza, Peralta, fue condenado a muerte. También Orán fue asediada aunque no pudo ser conquistada por los berberiscos aliados de los Otomanos.

Mal pintaban las cosas en el Mediterráneo Occidental, así que España activa la lucha contra los Otomanos y sus aliados. En 1560 una coalición formada por España, el Papado y la Orden Militar del Hospital de San Juan (los caballeros que en 1530 habían recibido de Carlos I la soberanía de la isla de Malta tras perder Rodas) conquista la isla Djerba (Gelves). Sin embargo, la llegada de la armada turca de Pialí Bajá supone la derrota de la flota aliada y la rendición del ejército desembarcado en Gelves. No obstante, España repone sus pérdidas con más facilidad que el Imperio Otomano y en 1564 García de Toledo toma el Peñón de Vélez de la Gomera.

La respuesta de los turcos no se hace esperar y en 1565 atacan las isla de Malta. La heroica resistencia de los Caballeros de Malta dirigidos por el Gran Maestre La Vallette permite que lleguen refuerzos desde Sicilia bajo el mando nuevamente de García de Toledo. Los turcos deben retirarse diezmados. El golpe moral se hace sentir y en 1566 Maximiliano de Austria se niega a seguir pagando el tributo anual. Los turcos atacan Sigetz y en el asedio muere Solimán el Magnífico. Sin embargo, por la paz de Adrianópolis (1568) los Habsburdo austriacos se comprometen a continuar abonándolo. La pérdida de Chipre (excepto la ciudad fortificada de Famagusta), posesión de la República de Venecia, y la toma de Túnez (1570) por el virrey de Argel Euldj Alí sumado a la sublevación de la población morisca en España (1568) llevan a la constitución de la Santa Liga entre Venecia, España y el Papado. El 7 de octubre de 1571 se enfrentan ambas flotas en el golfo de Lepanto. La derrota de la armada turca mandada por Alí Bajá (que murió en el combate) no tuvo consecuencias aparentes. Las diferencias de intereses entre los aliados (Venecia firma la paz en 1573 y pese a ser uno de los vencedores acepta la pérdida de Chipre, la limitación de su flota a 60 galeras y el pago de una cuantiosa indemnización -la guerra estaba arruinando el comercio con Oriente fundamental en su economía- y España estaba mucho más interesada por el Mediterráneo Occidental que por el Oriental) impide que se explote la victoria. En 1573 España recupera Túnez aunque al año siguiente pierde La Goleta, la posición de defiende Túnez y después la ciudad entera. Los problemas de la guerra en los Países Bajos y en las guerras de religión francesas hacen que Felipe II tenga otros focos de atención así que también acuerda treguas con el Imperio Otomano.

No obstante, la batalla de Lepanto supone el primer acto de la decadencia del Imperio Otomano. El mito de la invencibilidad de los turcos acaba. Las consecuencias no se harán esperar.
28/03/2004 20:05 Enlace permanente. Tema: Historia

29/03/2004

Segundo interludio castellano

Armentia.jpgMe perdonarán vuesas mercedes (o se alegrarán un montón de) que haga un nuevo paréntesis en la historia de los Balkanes para tratar un tema que anda revolucionando el mundillo (el diminutivo viene al pelo porque somos cuatro mal contados) de los escépticos en España, la participación de D. Javier Armentia en ese paradigma de la televisión basura que es "El castillo de las mentes prodigiosas".

Por aquello de que el escepticismo no debe silenciar los datos contrarios a la hipótesis que uno sostenga, antes de seguir adelante les ruego que, si no lo han hecho ya, lean en la bitácora Magonia las razones por las que D. Luis Alfonso Gámez critica esa participación. Aunque no las comparta por los motivos que luego expondré, son dignas de reflexión como no podía ser menos habida cuenta del autor.

Bien, vayamos con mis propias razones para esperar la actuación de D. Javier antes de criticar o aplaudir. Comenzaré con una duda ¿si D. Javier no se hubiera avenido a participar en este engendro el programa no se hubiera realizado? Tengo muy claro que este espacio (cambie cada cual esta palabra por la calificación que le merezca) hubiera salido a la pantalla con o sin D. Javier Armentia. Basta con ver la cantidad de publicidad hecha en la propia cadena así como en las revistas dedicadas a la programación televisiva para comprobar que es un apuesta muy fuerte de Antena 3 para esta temporada (el que les haya salido "rana", de momento, es otra cuestión). Por tanto la decisión de D. Javier no hubiera supuesto en esto ninguna diferencia aunque hubiera sido otra. "El castillo...", desgraciadamente, existiría (y digo desgraciadamente porque me parece que la emisión de estos programas, al igual que los de cotilleos varios, famoseo e investigación de braguetas, sólo contribuyen a fomentar el idiotismo cultural en el que se hayan sumidas las diversas televisiones españolas tan atentas al balance de beneficios y tan despreocupadas con las obligaciones que les marca la ley como servicios públicos que son).

Así las cosas, si D. Javier, después de haber sopesado los pros y los contras a su participación en esta astracanada, hubiera decidido no acudir ¿qué habría pasado? Que el programa seguiría adelante sin que, tal vez, hubiera una voz crítica con los supuestos poderes mentales de los concursantes. Durante años el mundillo de los escépticos se ha venido quejando de la falta de proyección pública de su actividad, de que los medios de comunicación publiquen páginas de horóscopos, den alas a toda suerte de curanderos, astrólogos, zahoríes... sin que presten la misma atención a los que tenemos otras cosas que decir sobre estos temas (por si necesitan algún ejemplo, las informaciones sobre las caras de Bélmez de la Moraleda que se emitieron con motivo del fallecimiento de la propietaria de la casa en la que aparecían estos dibujos). Ahora, sin embargo, por las razones que sean (de tipo conseguir una mejor audiencia -lo más probable-, por una concesión al juego limpio...) una productora de televisión quiere contar con una voz crítica ¿hay razones para oponerse a ello?

Por descontado que sí las hay, la no colaboración con la telebasura, el que ese tipo de programas no es el lugar adecuado para una exposición rigurosa..., pero también las hay para sostener lo contrario. Una es de orden totalmente práctico, esa productora (que si no me falla la memoria es la misma a la que le debemos los triunfitos morningsingers -cantamañanas para entendernos-) elabora un producto para una televisión. Esa cadena cuando necesite a alguien que aporte el punto de vista escéptico en un programa de mayor calidad (lo que es muy fácil) ¿recordará mejor a alguien que haya participado en un espacio emitido o a alguien que se negara a ello? Tengo la respuesta muy clara.

Por descontado que ojalá este programa tuviera calidad (no digo más calidad porque para ello tendría que poseer algo de calidad lo que no es el caso), pero la realidad de las televisiones es la que es y mientras intentamos cambiar esa situación podemos amoldarnos a ella o negarla y lo segundo es una mala postura en mi opinión. Tal vez llegue un día en que este tipo de programas desaparezca de la programación porque la inmensa mayoría de la audiencia les dé la espalda, pero ese día no es hoy ni previsiblemente mañana. Siempre hemos declarado los escépticos (bueno, la mayoría porque también hay algún examinador de tráfico en Barcelona que piensa lo contrario) que no somos una élite intelectual ni una panda de mutantes con un hipotético gen escéptico activado. Somos personas completamente normales con la pretensión de que la duda metódica es tan positiva para los científicos como para la gente de la calle. Si no tenemos la intención de ser la élite intelectual (que en mi caso sería una pretensión para desternillarse de la risa) ¿por qué habríamos de limitarnos a programas serios y de calidad cuando mucha gente huye de ellos como de la peste por considerarlos aburridos? Sí, ya, ojalá hubiera buenos programas de debate en los que escépticos y crédulos pudieran discutir racional y educadamente, pero el caso es que ese tipo de espacios brilla por su ausencia.

Puede considerarse que todo lo dicho está muy bien pero que, de todas formas, la participación del Sr. Armentia en esa jaula de grillos es contraproducente, que enfanga la imagen del escepticismo hasta reducirlo a una atracción de barraca de feria (yo mismo he tenido mis dudas sobre ello), pero para el escepticismo como para el refranero castellano "La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero" De igual forma, veo racional la consideración de que "La verdad es la verdad, se diga en un palacio o en una porqueriza." Malo sería que para defender, supuestamente, el escepticismo empezáramos a considerar que el medio en que se expresa una verdad la minimiza o incluso anula porque esa pretensión sí me parece totalmente anti-escéptica.

Por otra parte, puede pretenderse que D. Javier ha cometido una falta de ética (alguno incluso habla de traición) por asentir a su participación en este programa, pero ¿hay tal? Para saberlo hay que atender a los fines que se pretenden y a los medios que se emplean (y no, esto no es aceptar que "el fin siempre justifica los medios" sino que hay fines que sí justifican algunos medios -por si tienen alguna duda sobre si esto es así, les pido que piensen en si les merece la misma calificación ética el que una persona corte una pierna a otra para hacerle daño o el que una persona corte una pierna a otra para salvar su vida por tenerla gangrenada-). ¿Qué fin pretende el Sr. Armentia? Pues eso, evidentemente, lo sabe él. Tenemos varios posibles, desde ganar algo de plata (que tampoco es algo malo), a pasar un buen rato, a difundir el pensamiento crítico desenmascarando a falsos videntes, brujos... Evidentemente, podremos hacernos una idea de lo que pretende cuando vayamos viendo su participación en "El castillo...", si se limita a hacer acto de presencia, si va explicando el cómo se pueden hacer supuestas proezas psíquicas mediante trucos de ilusionismo... Entonces podremos realizar un juicio ético sobre su participación, pero no antes (y si alguien pretende que ya ha tenido ocasión para denunciar farsas y no lo ha hecho, me permito recordarle que la presentadora, la seño Senoalgo, pidió en varias ocasiones a los miembros del tribunal que no criticasen aún a los concursantes porque el primer día era sólo de presentación y que ya habría ocasión más adelante para ello). Por tanto, si intentásemos hacer ahora un juicio ético estaríamos cometiendo un prejuicio más basado en las filias o fobias de cada uno que en una evaluación racional.

Por último, no faltará quien quiera interpretar este artículo como una supuesta defensa del Sr. Armentia o de la asociación escéptica que presidió en un pasado, ARP-SAPC. Que no se tome la molestia porque el Sr. Armentia no necesita para nada mi defensa (que tampoco es tal porque no es más que un aplazamiento de mi opinión hasta que tenga más elementos de juicio para definirme) y con respecto a ARP-SAPC es una asociación a la que, en este momento, me honro en no pertenecer.
29/03/2004 19:02 Enlace permanente. Tema: Escepticismo

30/03/2004

El avispero (IX)

Sobieski.jpgLa situación del Imperio Otomano se complicaría por problemas internos y externos. Entre los primeros habría que citar problemas económicos derivados de la necesidad de financiar las guerras agravados por la apertura de nuevas rutas comerciales con Oriente tanto por parte portuguesa como por parte española, un estancamiento de la agricultura, corrupción en la administración pública, problemas sucesorios, la propia heterogeneidad del Imperio y aumento del peso político de los jenízaros parejo a su pérdida de disciplina y fanatismo religioso.

Entre los segundos, una sucesión de guerras que agravarán los problemas internos. Comencemos con la que les enfrentó con Persia. Ayudados por las tribus de procedencia turcómana que habitaban en Persia, la primera fase de la guerra (1578) no encontró demasiados problemas para apoderarse de casi toda Georgia, incluida su capital, Tiflis. Entre 1583 y 1584 se desarrolla la segunda fase en la que los turcos conquistan Bakú y Tabriz. Entre 1586-1587 en una última campaña, los otomanos conquistan el sur de Mesopotamia incluida la ciudad de Bagdad. Los problemas del Imperio Persa eran considerables por lo que en 1590 tuvo que aceptar la paz de Constantinopla que les costó la pérdida de Georgia, Azerbaiyán, Tabriz y Bagdad. No obstante, el sha Abbas el Grande no está dispuesto a que esa pérdida sea permanente y comienza la modernización de su país tanto en aspectos económicos como militares para lo que contó con la ayuda de dos aventureros ingleses, los hermanos Shirley, que introducen en Persia las técnicas militares occidentales. En 1606 se rebelan Bagdad y Mosul y en 1623 los persas se toman la revancha y reconquistan Bagdad.

En 1593 se insurreccionan los válacos apoyados por austriacos y húngaros. Hasta 1595 la guerra favorece a los cristianos que recuperan la ciudad de Gran, pero en ese año el sultán Mahomed III se pone al frente de sus tropas y consigue la victoria de Kerestzes que supone una ralentización de la guerra hasta 1606 en que la mediación francesa (como ya vimos, aliada de los otomanos) logra la firma de la paz de Sitva-Torok en la que los turcos consiguen mantener todo su territorio pero a cambio de renunciar al cobro del tributo austriaco y a que reconozcan a Rodolfo II el título de emperador lo que supone su equiparación con el sultán, algo que nunca habían hecho y que demuestra el deseo otomano de acabar con el conflicto. La razón para ello era el costo económico insostenible que suponía la ruina del tesoro y que condujo a continuas devaluaciones de la moneda, una de las cuales supuso la insurrección jenízara para acabar con la cual se tuvo que ejecutar al tesorero y al comandante militar.

Comienzan los problemas sucesorios con Ahmed I que tuvo que ascender al trono cuando sólo tenía catorce años. Tuvo que enfrentarse a rebeliones internas, devolver a Persia parte de los territorios ganados por la paz de Constantinopla (1612), ver fracasar la expedición contra Persia de 1616 antes de morir en 1617. Le sucedió su hermano Mustafá I pero por sus deficiencias intelectuales (si lo prefieren sin eufemismos, era más simple que el mecanismo de un botijo) es depuesto a los tres meses. Le sucede su sobrino Osmán II de trece años de edad que firma una nueva paz con Persia (1618) y derrota al ejército polaco que había atacado Moldavia (1620). Pese a la victoria, Osmán II reprocha a los jenízaros no haber sacado partido de la derrota polaca y piensa en disolver ese cuerpo del ejército. La respuesta de los jenízaros consiste en asesinar al sultán (1622) y poner en su lugar al antes depuesto Mustafá I. Como no había adquirido más luces desde que había sido derrocado, los problemas se complican con la insurrección de Abaza Bajá, enemigo declarado de los jenízaros, en Anatolia. Los rebeldes conquistan Ankara, Sivas y Brussa y Mustafá I es derrocado sucediéndole su sobrino Murad IV de doce años de edad. Justo entonces el sha Abbas conquista Bagdad. Fracasa una expedición militar contra el kanato de Crimea (uno de los kanatos en los que se descompuso la Horda de Oro mongola) y los cosacos devastan el Bósforo (1624). La única victoria la obtuvo antes los rebeldes de Abaza derrotados por el visir Hafyz Bajá que, sin embargo, fracasa también al intentar reconquistar Bagdad. Esta derrota supuso una insurrección en Bizancio que sólo pudo dominarse mediante la ejecución de Rejel Bajá, acusado de ser el instigador de los disturbios (1632). Después de esto, y ante la progresiva debilidad de los persas después de la muerte del sha Abbas (1628) se reanuda la guerra y los otomanos reconquistan Bagdad en 1638. La paz con Persia estableció unas fronteras que permanecerían invariables hasta el fin de la I Guerra Mundial dada la debilidad de ambos Imperios. Poco después, en 1640 falleció Murad II antes de cumplir los treinta años (según dicen, a causa de sus excesos alcohólicos).

Le sucedió su hermano Ibrahim I que en 1646 decide conquistar la posesión veneciana de Creta. Si la isla, tomada por sorpresa, capituló fácilmente no sucedió los mismo con la capital, Candía, que resistió fieramente durante más de veinte años. El descontento ocasionado por esta resistencia concluyó con el asesinato (nuevamente por obra de los jenízaros) del sultán y la proclamación de su hijo Mohamed IV de diez años de edad. Esto supuso un nuevo periodo de desorden durante el cual los venecianos al mando del almirante Mocénigo destruyen la armada turca frente a los Dardanelos (1656). La situación no mejoraría hasta el nombramiento, en este mismo año, de visir a Mohamed Kuprulu que devuelve el orden a la hacienda y la disciplina al ejército. Derrota a los venecianos e interviene en Hungría ante las sucesivas interferencias austriacas. Le sucede como visir su hijo Ahmed quien reinicia la guerra con Hungría y Austria, con victorias iniciales, pero la batalla de San Gotardo (1664) supone el agotamiento del ejército turco. La paz de Vasvar consolida los territorios turcos. Esto y la capitulación de Candía en 1669 sólo fueron un respiro. En 1672 un enfrentamiento sobre el gobierno de Ucrania motiva una guerra con Polonia. Derrotada ésta se firma la paz que contempla el pago de un tributo polaco. Al año siguiente, Polonia se niega a pagar y comienza una nueva guerra que dura hasta 1676. La paz de Zuramna asigna a los otomanos Podolia y parte de Ucrania. Muere el visir Ahmed Kuprulu y le sucede su cuñado Kara Mustafá, mucho menos capaz que aquél. Nueva guerra por la cuestión ucraniana, esta vez con Rusia que derrota a los turcos que pierden las recientemente ganadas Podolia y Ucrania.

Entre 1669 y 1671 se produjo una revuelta en Hungría contra Leopoldo I por su política centralista. Los rebeldes piden ayuda a Turquía lo que desencadenará una nueva guerra. En 1683 los otomanos han vuelto a sitiar Viena, pero la llegada de refuerzos comandados por Juan Sobieski, rey de Polonia, y Carlos V, duque de Lorena, suponen la desastrosa derrota turca en Kahlenberg. Al año siguiente se forma, bajo inspiración del Papa Inocencio XI, la Santa Alianza contra los turcos (Austria, Polonia y Venecia) a la que se sumará dos años después Rusia. Los aliados conquistan Gran y la capital húngara Buda y vuelven a derrotar a los otomanos en Mohaczs que supone la reconquista de toda Hungría. Los venecianos al mando de Morosini conquistan el Peloponeso y Cefalonia. La suma de derrotas motiva el enojo del ejército que depone al sultán Mohamed IV en beneficio de Solimán III. Nuevos desórdenes en Constantinopla y en 1688 Belgrado es conquistada por los aliados. El fin parecía estar cerca.
30/03/2004 02:50 Enlace permanente. Tema: Historia

31/03/2004

Tercer interludio castellano

freakies.jpgLa telebasura es la mejor prueba de la célebre ley de Murphy que asegura que todo lo que puede empeorar acabará por hacerlo. El programa de hoy ha sido aún más delirante y cutre que el anterior. Por de pronto ya parece que ha habido quien se ha hartado de esta astracanada y la "jueza" Dña. Beatriz de Orleans ha desaparecido substituida por el Sr. Carrión. Ha sido la única porque tanto el conde Luconi como el ente Kennedy, pese a una bronca realmente memorable en la que lo segundo ha acusado al primero de falso conde, falso italiano y verdadero estafador, mientras el primero anunciaba que iba a querellarse y llamaba a lo segundo de todo menos bonito (lo que hubiera sido una auténtica falsedad pese a las 200 barras de carmín -más o menos- que embadurnaban sus siliconados labios), continúan en "El castillo..." pese a sus amenazas de abandonarlo si no echaban al otro. Sospecho que la cláusula que suele poner A3 en otros programas semejantes según la cual el que abandona voluntariamente el concurso no cobra ni un euro por su participación, también existe en "El castillo...".

La verdad, el programa es un auténtico coñazo si uno se lo toma medianamente en serio, pero tiene su puntito si uno realiza antes un par de buenos conjuros sobre una queimada (y después se la bebe, claro). Por ejemplo, el divino Otelma apareció con un modelito absolutamente indescriptible que parecía un cruce entre las vestiduras papales (tiara incluida) y el vestuario de una drag-queen pasada de rosca con ciertas influencias de la capa de Batman. Aramís Fuster apareció con algo también inenarrable. Uno de los mensajes que ponen en pantalla (y que son lo mejor del programa) decía: "Aramís, pareces un avestruz gay". Si se imaginan un avestruz gay podrán tener cierto pálido reflejo del disfraz que llevaba la Sra. Fuster. Paco Porras continuaba con algo encima de la cabeza (otro de los mensajes aseguraba: "Aquí no hay otro espíritu que el de la rata que lleva Paco Porras encima de la cabeza" mientras otro se preguntaba si ése era Paco Porras o David Crocket) y con una corbata arcoiris que, supongo, habrá indignado al colectivo gay después de comprobar como el Sr. Porras tocaba, poniendo cara de arrobo, los pechos siliconados del ente Kennedy. Por su parte, nuestro querido mago celta-galaico había cambiado su disfraz de burbuja Freixenet por el de bola de árbol de Navidad made in Taiwan.

¿Algo más a destacar? Que el coro de las mentes prodigiosas y las voces deplorables perpetró bajo la dirección (si Ataúlfo Argenta levantara la cabeza...) del profesor Mercury aquella canción tan hermosa (si no la ejecutan -nunca mejor dicho- cantores como éstos) que dice: "Éstas son las mañanitas que cantaba el rey David..." ya que, al parecer, era el cumpleaños de la seño Senoalgo. Fue una interpretación tan armoniosa como la obtenida metiendo una zorra hambrienta en un gallinero repleto de gallináceas desafinadas. Por cierto, alguno de las "mentes prodigiosas" tuvo que leer la letra mediante una "chuleta". Parece que sus amplios poderes mentales no comprenden la prosaica buena memoria.

¿Y eso fue todo? Pues no porque el engendro ha durado dos horas y media (menos intermedios publicitarios), pero, la verdad, supongo que les importarán las broncas entre participantes y entre participantes y tribunal tan poco como a mí. ¿Y las pruebas previstas para comprobar la veracidad de los supuestos poderes psíquicos? Pues deben haber sido abducidas en el Triángulo de las Bermudas o en el de Venus, porque allí no hubo nada de nada. Al parecer, la cosa va a limitarse a enviarles unas cuantas personas de las que solicitan sus servicios y reflejar lo que opinan éstas sin que se emitan las consultas de videncia ni nada semejante. De pruebas de doble ciego y con rigor científico mejor que nos vamos olvidando. Bueno, también enviaron al castillo de Fantomas a la conocida científica Leticia Savater para que evaluara sus poderes, pero lo único que pudimos ver de esas pruebas es cómo la Srta. Savater se ponía hasta las patas en una comida con toda esa cáfila (si el buen comer es señal de poderes psíquicos Randi se va a quedar sin premio en cuanto me acerque por los Estados Arrejuntaditos de América).

¿Y el Sr. Armentia? Pues habló algo más que en el programa anterior (lo que, reconozcámoslo, era fácil). Dijo pocas cosas pero llenas de buen juicio (que es a lo más, me temo, a que pueda aspirar en este bodrio granhermanesco) y la hora de nominar a los candidatos a la expulsión aseguró que no sabía si nominarlos a todos porque nadie había demostrado ningún poder o pedir que les permitieran seguir a todos en el Castillo a condición de que cerraran la puerta y tiraran la llave al mar.

En fin, que cualquier duda que pudiera haber sobre este programa ha quedado despejada. Ni pruebas, ni poderes, ni pepinillos en vinagre. Todo eso no es más que una excusa para vender el morbo (para el que estas cosas se lo provoquen que hay gente para todo incluso quien pide vía SMS imágenes de la pitonisa Lola en la ducha -sólo de pensarlo me entran ganas de hacerme anacoreta y renunciar a los placeres carnales-) de unas personas que se insultan, gritan, acusan... mutuamente. Pues que con su pan (y su nabo del Sr. Porras) se lo coman.
31/03/2004 13:40 Enlace permanente. Tema: Escepticismo


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