El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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De burros y de hombres Recuerdo un chiste de Forges en el que representa el rodaje de una nueva versión de Caperucita Roja. El director da instrucciones a la niña que interpreta el papel protagonista y le dice algo así como: "Entonces gritas, ¡te voy a matar! le metes el lanzagranadas en la boca y disparas." La pseudo Caperucita contesta: "De acuerdo, pero ¿no tendría que hacerle eso al Lobo Feroz en vez de a la Abuelita?" El director replica: "Es que no sabes cómo se ponen las Protectoras de Animales con estas cosas."Ya se sabe que un buen humorista es aquél que es capaz de mostrar lo ridículo de la sociedad en que vivimos. Forges lo es y de los mejores. Supongo que si ha leído El Correo de hoy, habrá recordado lo mismo que yo y se habrá dicho aquello de "la realidad imita la ficción". La noticia, en principio, parecía una de tantas. El actor John C. Reilly abandona el rodaje de la nueva película de Lars von Triers, "Manderlay". ¿Por qué? ¿Problemas de diferencias artísticas con el director, con los compañeros de rodaje...? ¿Diferencias económicas con el productor? ¿Problemas de incompatibilidad de fechas con otro rodaje ya comprometido? Pues no, nada de eso. El "plantón" fue motivado por la muerte de un burro. Por vaya Vd. a saber qué extrañas razones, en la película tenía que morir un burro así que alguien de la producción se encargó de localizar un asno enfermo que tuviera que ser sacrificado. La única diferencia para el borrico es que en vez de serlo en su pesebre lo fue en un plató de cine, pero bajo supervisión veterinaria y sin causar sufrimientos innecesarios al animal de acuerdo con la ley sueca. Pues bien, el actor secundario Bob, perdón, Reilly (¿en qué estaría yo pensando?) se lo tomó muy a pecho y tomó las de Villadiego incapaz de asumir el sacrificio filmado del jumento. Obviamente, cada uno tiene su propia sensibilidad pero trabajando en el cine norteamericano ¿no parece esto un poco demencial? Es que si una cinematografía se ha caracterizado por el desprecio a la vida humana es, precisamente, la de los EEUU. Basta con ver ese sushi-western demencial que lleva el título de "Kill Bill" para ver cómo se puede pretender convertir el asesinato en una de las bellas artes (que me perdone De Quincey por la paráfrasis) con litros y litros de ketchup y miembros cortados por doquier, y todavía hay quién le ríe la gracia de la violencia gratuita y sádica a su director, un tal Tarantino, que empezó muy bien en esto del cine y va por un camino cada vez más errado. Vale. Lo de "Kill Bill" fue cosa del departamento de Efectos Sanguinolentos mientras el burro está realmente muerto y bien muerto (no me pregunten cómo lo hubiera solucionado von Triers si la primera toma hubiera salido mal), pero hay un pequeño problema. En esa búsqueda del asesinato como espectáculo, hay tiroteos, explosiones, caídas, persecuciones de coches... y todo ello cuesta vidas reales en caso de fallo que más pronto o más tarde se produce. ¿Se acuerdan, por ejemplo, de Brandon Lee? Posiblemente sí, pero tal vez no de todos los especialistas muertos o malheridos intentando el más difícil todavía, la caída desde lo más alto, la explosión más realista... Todo ello ¿para qué? ¿Eran peores las viejas películas del Oeste en las que alguien se llevaba las manos al estómago y se "moría" sin que se viera ni una gota de sangre? ¿Que eso era poco realista? Pues tan poco realista como ver que a alguien (a quien supuestamente le han pegado un tiro con una pistola) saltar hacia atrás un par de metros mientras ríos de sangre fluyen por todas partes. ¿Estética de la violencia? Y una mierda. 11/06/2004 18:33 |
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