El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
|
Schliemann y la Atlántida Una de las pocas cosas que resultan casi seguras es que si estamos hablando con un atlantófilo más pronto o más tarde va a decir aquello de que: ¿Por qué no van a ser ciertas las narraciones de Platón si Schliemann encontró Troya siguiendo la Iliada homérica? Mi respuesta suele dejarles bastante descolocados: ¿No sabes que Schliemann también encontró la Atlántida?No me he vuelto loco, sencillamente tengo la pasión de los libros antiguos (en especial, de los relacionados a las pseudociencias) y buena memoria para estas cosas. En 1912 (el 20 de octubre, para mayor precisión) el periódico New-York American publicó una carta de Paul Schliemann titulada "Cómo encontré la Atlántida, fuente de toda civilización" que dice (en su traducción al español), lo siguiente: "Algunos días antes de su muerte, en el año 1890, mi abuelo, el descubridor de la famosa civilización de Micenas, entregó en Nápoles una carta lacrada a uno de sus más íntimos amigos. El sobre tenía la siguiente indicación: "Solamente podrá abrirlo un miembro de mi familia, a condición de que prometa solemnemente consagrar su vida a las indagaciones científicas que se describen en él." Mi abuelo, una hora antes de su muerte, pidió papel y un lápiz, y con mano temblorosa escribió: "Adición íntima al sobre cerrado. Romped eñ vaso de cabeza de búho; se refiere a la Atlántida. Explorad las ruinas orientales del templo de Sais y el cementerio del valle de Chucuna. ¡Importante! Allí encontraréis la explicación del sistema. La noche se aproxima... ¡Salud!" Cerró la carta y la envió por medio de una sirvienta al antes mencionado amigo, como complemento al paquete que ya se encontraba allí. Aunque todos tenían curiosidad por saber el contenido del misterioso paquete, sin embargo, ninguno perteneciente a la familia o amigo se atrevió a abrir los sellos. Ninguno sentía deseos de consagrar su vida a un asunto del cual nada se sabía y sepositaron el sobre en un Banco francés. Mientras tanto, yo me ocupé en asuntos científicos por varios años en Rusia, en Alemania y en Oriente y después decidí encargarme de la labor propuesta por mi abuelo. Durante este tiempo había meditado sobre el asunto y llegué a la convicción de que si él, de tal manera, había conservado el secreto era cosa digna de ocuparse de ella. En 1906 hice la solemne promesa y rompí el sobre. Había en él diversos documentos y fotografías. El contenido del primer documento es el siguiente: "Quienquiera que haya abierto este sobre debe solemnemente prometer que se dedicará enteramente a finalizar esta gran labor, que dejé sin terminar. Yo me he convencido de que la Atlántida fue, no solamente un gran Continente entre América y el litoral occidental de Europa y África, sino también la cuna de toda civilización. Según unos. la leyenda sobre la Atlántida es sólo una ficción, basada en fragmentos sobre el Diluvio, algunos miles de años antes de la Era cristiana; según otros, se trata de un hecho histórico, pero no han sido capaces de demostrarlo. Según los materiales adjuntos, notas y otros documentos, se debe emprender exploraciones hasta encontrar las pruebas. Quien se encargue de esta tarea, debe prometer continuar mis investigaciones y poner fin solamente a ellas cuando adquiera resultados definitivos, usando los materiales que he dejado. Con este objeto está depositada en el Banco francés una suma que se pagará al portador del recibo aquí incluído. Esta basta para los gastos de investigación. Enrique Schliemann" Yo no puedo ni deseo tampoco publicar todos los dicumentos; pero he de mencionar uno de los más importantes: "Cuando en el sño 1873 dirigía yo los trabajos de excavación de Troya y de Hissarlik y encontré en la segunda Troya el lugar de los famosos tesoros de Príamo, entre los objetos valiosos encontré un jarro grande de extraña forma. En su interior había metal, diversas vasijas de arcilla, estuches, algunas estatuillas de un metal extraño, monedas del mismo metal y objetos de hueso. Sobre algunos de estos objetos y vasijas de bronce se encontraba esta inscripción en jeroglíficos fenicios: "Del rey Cronos de Atlantis"." [...]" La carta de Paul Schliemann (si les interesa entera pueden encontrar su texto en la obra "El misterio de la Atlántida y las civilizaciones prehistóricas" por José Barbero Garrido. Ed. IMP. Radio P. Madrid, 1928. Págs. 32-47) prosigue describiendo las investigaciones tanto de su abuelo como de él mismo y anuncia la próxima publicación de un libro que contendría pruebas irrefutables de que todas las civilizaciones de oriente y occidente proceden de ese único lugar. Como vemos, la relación de los Schliemann con la Atlántida va mucho más allá del ejemplo de Troya ¿o no? Tal libro jamás llegó a existir y por un muy buen motivo, Heinrich (Enrique) Schliemann no tenía ningún nieto que se llamara Paul. En una investigación realizada en 1924 por F. Wencker, ya quedó claro que tal carta era una absoluta invención. Las pruebas que cita en la carta no existen y nadie ha sido capaz de encontrar evidencia alguna ni de la existencia de ese Paul Schliemann ni muchísimo menos de las supuestas excavaciones arqueológicas por él realizadas en medio mundo. Además, el texto original de la carta (arreglado en la traducción al español antes citada) contiene grandes errores como situar Tiahuanaco en América Central y confirmar invenciones de Donnelly y Le Plongeon. (Véase "El libro de las Atlántidas" por Armando Vivante y José Imbelloni. Col. Humanior, biblioteca del americanista moderno. Ed. José Anesi. Buenos Aires s/f -seguramente de los años 40-). La relación entre Schliemann y la Atlántida, lejos de ser un punto a favor de sus defensores, es, por el contrario, ejemplo de los múltiples fraudes relacionados con el supuesto continente desaparecido. 10/06/2004 17:13 |
Temas
Archivos
EnlacesHistoriaParahistoriaEscepticismo
Divulgación
Cajón de sastreOtros |