El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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De Parga, Cipolla y un montón de mierda Como cualquier otra persona que sienta afición por la Historia tengo con ella una relación ambivalente. Sé que sin el pasado la sociedad resulta incomprensible y, simultáneamente, sé que hay momentos en los que es necesario revelarse contra lo instituido para poder progresar. Quizás sea cierto lo que asegura un amigo mío de que el pasado es siempre peor de lo que nos merecemos. Todo esto me venía a la neurona a cuenta de la última y las pasadas broncas sobre Jiménez de Parga, presidente del Tribunal Constitucional Español.Que a Jiménez de Parga hay mucha gente que se la tiene jurada es obvio, que él se lo pone fácil a sus críticos lo es igualmente, pero al final de la polémica ¿queda algún fruto? Me temo que no y es una lástima porque los temas que trata el Sr. Jiménez de Parga sí resultan interesantes objetos de debate. Por desgracia, este país es poco dialogante y aquí la moda desde siempre consiste en ensalzar o emplumar al personaje y no preocuparse de si lo que dice es o no cierto. Por ejemplo, una de las polémicas sobre el Sr. Jiménez de Parga versó sobre las raíces de lo europeo. De Parga tiene muy claro que esa raíz es la religión cristiana. Bueno, como ateo que soy esas afirmaciones pueden gustarme poco o nada, pero ¿es o no es cierto? Y este punto que se me antoja un inicio obligado para cualquier discusión, la evaluación de la certeza o no de los argumentos del contrario, es algo de lo que se prescinde habitualmente en este país de mis amores y mis odios que es España. Puedo calificar al Sr. de Parga de deslenguado, metepatas, inoportuno, provocador, aficionado a las boutades (gilipolleces en forma menos fina y más castiza)... pero eso nada implica sobre lo importante, si lo que dice es o no verdad. El Sr. de Parga puede ser todo eso y mucho más, pero como dicen en mi tierra "Hasta un reloj parado marca la hora correcta dos veces al día" o si lo prefieren de forma menos sutil, "Hasta un tonto puede decir la verdad". Supongamos que yo no estuviera de acuerdo con el Sr. de Parga sobre ese punto. Como defensor del pensamiento crítico que soy, debería criticar sus afirmaciones con hechos y poner sobre la mesa otras raíces de lo europeo distintas a lo cristiano, y, la verdad, no podría hacerlo. Podemos hablar hasta cansarnos del Imperio Romano, el Imperio Carolingio... pero, al final nos encontraríamos con un contrasentido, Europa no coincide con el Imperio Romano ni con el Carolingio ni con ninguna entidad política que haya existido nunca. No creo que nadie dude de la europeidad de Suecia o de Polonia (por ejemplo) que nada tuvieron que ver con Roma y sí de la de Siria que, sin embargo, fue una de las provincias romanas primero y bizantinas después. Tampoco encontraríamos nexos étnicos, lingüísticos, jurídicos, culturales... porque la historia europea es una sucesión de invasiones de pueblos de distinto origen con diversas tradiciones. ¿Tradicionales amistades? Históricamente, en Europa el amigo de ayer era el enemigo de mañana. Por si lo han olvidado, en sólo una década España pasó de luchar contra el Reino Unido en Trafalgar a conceder el título de Generalísimo a Lord Wellington por su lucha contra Napoleón. Asi que al final ¿qué queda? Pues o consideramos que Europa es una mera cuestión geográfica (¿dónde quedaría Rusia en ese caso?) o, en efecto, lo que sirvió de fundamento a la identidad europea es el cristianismo y eso pese a las matanzas mutuas entre una forma de entender esa religión y las restantes. Sin embargo, del reconocimiento de un hecho histórico no se deriva necesariamente absolutamente nada de cara al futuro. Me fastidia considerablemente ese tipo de personas que se lían a buscar entre legajos polvorientos no para conocer mejor el pasado sino para intentar sostener cualquier aspiración política, como si la Historia fuera un áncora del que no podemos desprendernos. Por ejemplo, otro de los "líos" monumentales que organizó el Sr. de Parga fue a cuenta de la higiene (de la falta de ella, más bien) de los pueblos cristianos hispanos en comparación con los musulmanes de Al-Andalus en el año 1000. El que dijera que los musulmanes andaluces se bañaban frecuentemente cuando los cristianos castellanos, leoneses, aragoneses, navarros... no tenían tal costumbre fue algo así como el acabóse para los que se sintieron insultados por esa afirmación. Por cierto, y para poner las cosas en su sitio, el follón enmascaró lo que el Sr. Jiménez de Parga criticaba con ello, el uso del término de comunidades históricas sin otro argumento para determinar lo histórico o no de las comunidades que el que hubieran contado o fueran a contar con estatutos de autonomía durante la II República (1931-1936,1939) o no. Sin embargo, vayamos a lo accesorio que es lo que hizo la mayoría de la gente, a fijarse en el dedo que señala y no el objeto señalado. Por cierto, no termino de entender porqué nadie se da por aludido por lo que hicieron sus antepasados de un milenio atrás. Por simple cuestión estadística, todos tenemos no sólo a un "guarrete" en la familia sino también a un ladrón, un asesino... basta con pensar en la progresión geométrica de nuestros ancestros (dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, dieciséis tatarabuelos...) para comprender que el que se sienta aludido por las "burradas" que hicieron nuestros antepasados no debería salir a la calle. A lo que íbamos, ¿nuestros antepsados eran unos cerdos de cuidado o iban más "bonitos que un San Luis", según el curioso dicho castellano? Me temo que aquí entramos nuevamente en la construcción de un pasado idílico. Vemos en las "pelis de Jolibú" (o de cualquier otro sitio) unas ciudades medievales muy monas y nos creemos que eran así en la realidad. La realidad era distinta y no sólo en la Edad Media sino en tiempos mucho más recientes. ¿Se han preguntado alguna vez de dónde nace la costumbre entre las gentes del teatro de no desearse suerte ante un próximo estreno sino de decirse "un montón de mierda"? Tan aparente contrasentido es, por el contrario, algo lógico. Si a la puerta de un teatro había un montón de excrementos eso suponía dos cosas, que habían acudido personas principales que eran las que podían permitirse el acudir a caballo o en carroza, y que se habían quedado durante toda la representación (olvídense de la hora y media o dos horas actuales, una representación de la época incluía entremeses -piezas breves-, números musicales...). Si, por el contrario, no existía tal montón de estiércol, eso era mala señal. Y esto, por supuesto, nos lleva al Sr. Cipolla, es decir a Carlo M. Cipolla y a su obra "Contra un enemigo mortal e invisible" (Traducción de Mireia Carol. Ed. Crítica. Barcelona, 1993). El gran historiador italiano criticó una concepción tradicional, la de las grandes epidemias como un factor exógeno (es decir, externo) cuando eran algo endógeno para las sociedades de la época. A demostrarlo dedicó una obra de pequeña extensión (154 páginas en la edición española sin contar apéndices, glosarios...), profusamente documentada y que se lee como una novela apasionante (si pensaban que ambos cosas son contradictorias ya ven que no lo es, que un texto histórico puede ser riguroso y entretenido y que si no es así es por una mera incompetencia para divulgar del historiador de turno). El Sr. Cipolla se fue a los archivos y el resultado no deja lugar a dudas. Pese a que habla de la zona de Florencia y del siglo XVII, al ser los medios de vida similares hay poca duda de que sean extrapolables a otros tiempos y lugares. Sencillamente, en la Toscana hubo una preocupación temprana por estudiar las condiciones higiénicas del pueblo (a la que se relacionaba correctamente aunque por causas equivocadas -teoría de la enfermedad relacionada con la corrupción del aire y el desequilibrio de los humores- con las pandemias) que en otros lugares fue inexistente o, al menos, más tardía. Los médicos debían acudir a las poblaciones e informar de lo que veían. Lo que dijeron es: "Al haber tenido noticia nuestra Magistratura de que en muchos lugares del Estado los habitantes estaban hundidos hasta el cuello en la basura..." (Informe del magistrado de Sanidad al Gran Duque de Florencia, 14-7-1622, reproducido en la pág. 24 de la Op. Cit.) El podestá (equivale más o menos a nuestro alcalde) de Bibbiena comunica (8-X-1622) que: "en este lugar hay un callizo de aproximadamente cuarenta brazas de longitud en la cual desembocan más cloacas de pozos negros descubiertos, las cuales no tienen la mayoría en su casa retretes y arrojan por la ventana porquerías..." (Op. Cit. Pág. 32). El podestá de Castelfranco era un innovador y quería que se pusiera en su localidad un sistema de alcantarillado, pero al no haber nadie en su población que entendiese de tales asuntos pidió ayuda a Florencia que le remitió al albañil Mazantini que aseguró: " ...todas las casas tienen sus retretes sin conducto, los cuales dejan caer las porquerías al exterior, y éstas se ven aparecer por la calle mayor, con grandísimo hedor..." (Op. Cit. Pág. 33). Y no sólo hay excrementos humanos, las ciudades estaban llenas de animales, caballos, ovejas... y cerdos. En 1628 el sacerdote de Palaia denuncia a la Magistratura a uno de sus vecinos: "Pollonio di Nicolo Boscagli, carnicero de Palaia, tiene entre 40 y 50 carneros y 2 cerdos en una habitación que da donde comienza la calle mayor... Ahora, por el hedor tan grande, no se puede estar en la puerta ni en la ventana." (Op. Cit. Pág. 36) Afortunadamente para la salud pública, el estiércol es abono así que no faltaba quien lo recogiera para venderlo a los agricultores. Por desgracia, lo almacenaban en su propia casa. El comisario de Sanidad de Castelfiorentino envía en 1628 una "lista de aquellos a quienes se ha encontrado estiércol acumulado en casa, y éstos no tienen animales, sino que lo recogen por las calles para venderlo y son todos gente pobre y todos tienen niños que suelen recoger por las calles y meterlo en casa." (Op. Cit. Pág. 37) Sumen a esto los productos de actividades como las carnicerías (que eran simultáneamente mataderos), cordelerías (por la maceración del cáñamo), curtidurías... y comenzarán a tener una idea aproximada del aspecto y los olores de las "bucólicas" condiciones de vida de nuestros antepasados. Y digo que comenzarán porque hay aspectos en los que difícilmente habrán pensado. Por ejemplo, los cementerios extramuros no eran algo habitual. Lo usual era el enterramiento en o junto a lugares religiosos. En épocas de gran mortalidad por epidemias (mucho más frecuentes de lo que se piensa) los enterradores no se esmeraban en su labor como era fácilmente perceptible cuando comenzaba el calor. En reiteradas ocasiones se tuvieron que sellar sepulturas por el hedor que desprendían. ¿Y cuál era la actitud del pueblo ante esa situación? ¿Estaban encantados con las medidas higiénicas que propugnaba la vanguardista organización sanitaria de Florencia? El podestá de Barberino del Mugello informa (27-6-1622): "En este lugar hay una plaza enfrente del palacio del podestá y en dicha plaza hay también una iglesia, y entre dicho palacio y la iglesia hay un espacio de aproximadamente ochenta brazas, y el sábado se reúne allí un gran número de bueyes y producen, de este modo, tanto estiércol que no se puede salir de casa. Cuando llueve, al estar dicho plano inclinado hacia el palacio, toda esta porquería se desliza hacia el mismo. Y hay un pozo delante de dicho palacio, y dicha porquería corrompe el agua de dicho pozo y, además, el olor es tan malo que no se puede vivir. Yo me enfadé y el sábado pasado los hice ir al río, donde ya estaban acostumbrados a estar y hubo algunas gentes que dijeron que querían ver quién era aquel maldito cabrón que los echaba y les hicieron volver a mi despecho." (Op. Cit. Pág. 41) El podestá de Bibbiena informa de que ha ordenado sacar el estiércol de las calles de la localidad y de que no le han hecho ni caso. Los mismo sucede en Castelfiorentino cuando se promulga una ordenanza para impedir que hubiera animales (cerdos y ovejas) intramuros. ¿Y cómo eran las cosas en la magnífica ciudad de Florencia, rebosante de obras de arte que hacen que, aun hoy, sea una de las ciudades más hermosas (o la más, para el que esto subscribe) del mundo? En 1620-1621 se produjo una epidemia de tifus exantemático. La magistratura de Sanidad investigó las condiciones higiénicas de la ciudad y lo que informaron al Gran Duque fue: " ...que van a visitar a los enfermos pobres, que en las casas han hallado un tufo y un hedor tan grandes e insoportables que se contentaron más bien con que los enfermos sufrieran frío, haciéndoles abrir puertas y ventanas para que saliera el tufo y el hedor... Porque hallamos que, en casi todas las casas, las bóvedas y los sótanos están llenos de agua apestosa y fétida, que la amyoría de los retretes están llenos y vierten en dichos sótanos, que los pozos de beber están sucios por la resudación y la mezcla de las aguas pútridas y fétidas y, sin embargo, se sirven de ellos para beber y otras necesidades suyas, y que, teniendo las bóvedas y los pozos negros llenos, se sirven para sus necesidades hasta de las habitaciones donde viven y también de las calles, las cuales se ven llenas de inmundicias..." (Op. Cit. Págs. 105-106) Con este panorama de higiene pública, ¿cabe pensar en una mejor higiene privada? Pensemos por un momento en lo que implica tomar un baño, agua en cantidad (y forma de desaguarla convenientemente) y combustible para calentarla (salvo que uno sea del mismo Bilbao, claro). Hoy cuando todo se limita a abrir un grifo parece muy sencillo, pero si tienen que sacar el agua a cubos desde un pozo deja de parecerlo. Si además tiene que acarrear la leña para calentarla... Por ello, la cuestión de darse un baño quedaba para los ricos que tenían una servidumbre que se encargaba de la parte engorrosa (se dice que Carlomagno se bañaba a diario. El simple hecho de que se comentara eso implica lo poco frecuente que era ese comportamiento) y los demás acudían a los baños públicos... donde los hubiera. Lo mismo hacían los romanos, los árabes... e hicieron los cristianos españoles durante mucho tiempo. Sin embargo, esto cayó en desuso por un problemilla religioso. Ya en tiempos del Imperio Romano los escritores cristianos habían clamado contra las inmoralidades en las termas, condena que se plasmó en el Concilio de Laodicea con la prohibición de que los cristianos acudieran a los establecimientos mixtos de baño. Esta mala fama de tales lugares se reprodujo durante la Edad Media tanto más cuando se equiparó el baño frecuente con las costumbres religiosas judías y árabes. A partir de ese momento, la guarrería personal quedó como timbre de ser cristiano viejo (y por la peste que despedirían más que viejos parecerían muertos y descompuestos). En uno de sus "Diálogos amorosos" Margarita de Navarra expresa la admiración por la blancura de las manos de una joven pese a que hacía ocho días que no se las lavaba, lo que, bien mirado, dice mucho más sobre la higiene de la época que todo lo que quiera escribir yo. Aunque en las declaraciones del Sr. de Parga haya excesos (que los hay. Posiblemente la gente era más guarra en el S XVI que en el S XI por la razón ya apuntada y por la teoría del agua como mecanismo transmisor de la sífilis -casi aciertan los médicos de la época, pensaron en el agua en vez de en el polvo-) y sospechas de intencionalidades políticas en las que no voy a entrar por dos razones, primero porque todo el mundo tiene derecho a tener sus ideas políticas y a defenderlas como crea conveniente mientras no sea por medios ilegales, y segundo porque no es ése el tema de que habla este blog; pero, la verdad, tampoco es para tanto rasgarse las vestiduras. ¿Que nuestros antepasados eran un poco o un bastante cerdos? ¿Y qué? Posiblemente también creían que matar moros era un acto que complacía a su Dios, que el rey era representante de Dios en la tierra o que la astrología permitía conocer el futuro. Si no pudiéramos superar la Historia, seguiríamos sin bañarnos más que en las grandes fiestas, declarando guerras santas al moro infiel, rindiendo pleitesía al monarca de turno, consultando al astrólogo antes de emprender cualquier negocio..., pero como sí podemos, todo eso pasa a ser un mero reflejo de una época pasada, no es un condicionante para el futuro, aunque, por desgracia, sigue habiendo quien emplea la Historia a modo de garrote para agredir a los demás y en eso, hay muchos que protestan sin darse cuenta de que hacen lo propio. ¿Verdad, Sr. Aznar? 02/06/2004 00:11 |
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