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Iconos y cultura popular (IV) Antes de proseguir permítanme una breve aclaración. Hoy, con la perspectiva que da el tiempo, pudiera parecer que la iconografía ufológica permanece invariable desde un principio, desde el avistamiento de "naves" de Kenneth Arnold de 1947. No obstante, eso no es para nada cierto. En los primeros tiempos casi no existen descripciones de los "tripulantes" (y las que hay son absolutamente contradictorias) ni mucho menos de sus supuestas intenciones con relación a los seres humanos. Para la descripción de las después habituales abducciones tendrían que pasar casi veinte años más [1 y 2] y aún más para que von Däniken publicara su primer libro "Erinnerungen an die zukunft" (Recuerdos del futuro) en 1968.Esto explica la importancia que tiene la cultura popular en la lenta y contradictoria formación de esa peculiar mitología que comenzó con supuestos marcianos verdes y ha acabado con los enigmáticos "grises" abductores provenientes de vaya Vd. a saber qué planeta situado en el quinto carajo a mano izquierda. ¿Cómo? ¿Los grises no arrancan del caso Roswell de 1947? No nos olvidemos que el "incidente" de Roswell no se popularizó hasta la publicación de "The Roswell incident" (El incidente) por Moore & Berlitz a comienzos de la década de 1980 y sólo pocos años antes se comenzó a hablar de los supuestos cadáveres de alienígenas encontrados en esta localidad. Si las primeras descripciones de alienígenas son tan contradictorias como las representaciones en los cómics y las películas cinematográficas (véanse los casos citados en "The flying saucers conspirancy" de Donald Keyhoe de 1955 entre los que Martin Kottmeyer [1] recoge los de ETs rayados como cebras, un alienígena con cabeza de elefante -tanto en Buck Rogers como en Flash Gordon los ETs aparecen con frecuencia con una mezcla de características humanas y animales como los hombres-gato de Marte o los hombres-león de Mongo- y diversos seres monstruosos que aparecen con frecuencia en los films de la época como en la ya citada "Invaders from Mars" (Los invasores de Marte) o en "Invasion of the Saucer-Men" de 1957), el actual arquetipo de ET enano, lampiño, débil, cabezón, grisáceo y con grandes ojos negros (una hermosura, vamos) popularizado en dos películas de Steven Spielberg ("Close Encounters of the Third Kind" -Encuentros en la tercera fase- de 1977 y "E.T The Extra-terrestial" -E.T.- de 1982) comienza su andadura con las descriciones bajo hipnosis de la supuestamente abducida Betty Hill en 1964. Kottmeyer ha sido capaz de encontrar su antecedente iconográfico... en una serie de televisión. [1] No deja de ser lógico. Si en los 30 y 40 los extraterrestres pueblan los cómics y las emisiones de radio y en los 50 las pantallas de cine, los 60 son una auténtica edad de oro de la televisión norteamericana. En aquéllas serie no podían faltar los alienígenas que ya entonces estaba claro que vendían. Veamos algunos ejemplos en un listado que, nuevamente, no tiene la pretensión de ser exhaustivo sino meramente ilustrativo. En 1959 comenzó una de las series más recordadas de la TV mundial, "The Twilight Zone", que se extendería a lo largo de 156 episodios hasta 1965. Con guiones a cargo de autores tan competentes como Richard Matheson, Ray Bradbury y el propio creador de la serie Rod Serling, con directores como Don Siegel, Stuart Rosenberg y Richard Donner, y actores de la talla de Robert Redford y Lee Marvin fue un completo éxito pese a su reducido presupuesto. Basada en episodios cortos de tema fantástico fue imitada hasta la saciedad pese a sus defectos como extraterrestres que calzaban zapatos de cocodrilo [3] (cocodrilo alienígena, supongo). Una de las series que la imitaron fue "The Outer Limits" (Rumbo a lo desconocido) que se extendió a lo largo de 49 episodios desde 1963 hasta 1965. Precisamente en uno de ellos "The Bellero shield" emitido el 10 de febrero de 1964 aparecía un alienígena lampiño, sin orejas ni nariz y con grandes ojos almendrados. El 22 de febrero de 1964 Betty Hill recordó bajo hipnosis qué aspecto tenían los ETs que le habían abducido y ¡oh, casualidad! era el mismo que el extraterrestre televisivo que se había emitido doce días antes. [1] El alienígena más duradero de la televisión (aunque fuera de la TV inglesa y no de las americanas) vio la luz en esas mismas fechas "Dr. Who" (Doctor Who) que prolongaría su vida a lo largo de 695 episodios, desde 1963 hasta ni más ni menos que 1989. El Doctor Who es un alienígena huido del planeta Gallifrey que viaja por el tiempo en una típica cabina de teléfonos inglesa (curioso, ¿no?) enfrentándose a todo tipo de amenazas, desde trogloditas hasta extraterrestres. De regreso a los EEUU nos encontramos con una de las series más cutres de la TV mundial, "Lost in Space" (Perdidos en el Espacio). El viaje espacial de la familia Robinson (¡qué original!) y el piloto Donald West en busca de planetas habitables se ve una y otra vez torpedeado por el malvado doctor Smith que intenta vender a la familia a cuanto extraterrestre se encuentran por las vías lácteas. Como los Robinson parecen ser un poco (bastante) gilipollas le perdonan una y otra vez... para que se la vuelva a liar en el siguiente episodio. Pese a que los alienígenas que por allí desfilaron podían ganar un concurso al E.T. más "freakie" de todos los tiempos (me estoy acordando de una especie de hombre-peluche con cuernos y colmillos absolutamente demencial) la serie sobrevivió desde 1965 a 1968 con un total de 83 episodios emitidos. Si la anterior fue cutre, no le fue a la zaga "Star Trek" que comenzó a emitirse en 1966 y sobrevivió (más mal que bien) a lo largo de 80 episodios hasta 1969. Pese a las grandes limitaciones dramáticas de sus actores, el demencial vestuario (más que una nave espacial parecía una fiesta de pijamas) y a los efectos (¿o era defectos?) espaciales, se convirtió (incomprensiblemente para quien esto subscribe) en una serie de culto (satánico, supongo) pese a que en el momento de su emisión no fue ningún éxito. En cualquier caso, aportó a la iconografía de los extraterrestres a los klingons, los romulianos y otros bichos sin denominación conocida y que olían a gomaespuma hasta para quien entonces era un tierno infante que se sorbía los mocos. Al año siguiente (1967) apareció otra serie mítica, "The Invaders" (Los invasores) que sólo aguantó en la programación 80 episodios (hasta 1968). Los alienígenas aquí no son bichos más o menos monstruosos sino entes iguales a los seres humanos salvo por el pequeño detalle de que no tienen corazón (¿a ver si los políticos son E.Ts?) y que llevan el dedo meñique en estado de erección permanente (he dicho el dedo meñique. Que no haya malos entendidos). El "prota" David Vicent (interpretado -o algo así- por el actor Roy Thines) intenta conseguir pruebas de esa invasión alienígena pero una y otra vez se ve frustrado en ese intento por la mala constumbre que tienen los E.Ts de desintegrarse cuando la "palman" (obviamente se ahorraban mucho en entierros). (Por cierto, ¿no les recuerda esto a cierto investigador del FBI bastante zorruno él?) Como la serie iba de culo, cuesta abajo y sin frenos, Roy Thines se dedicó a dar conferencias en las que alertaba del, para él, riesgo de una auténtica invasión alienígena para lo que contaba con las mismas pruebas que su alter ego televisivo, es decir, absolutamente ninguna. La cosa llegó a ser tan demencial que se canceló la producción de una tercera temporada de la serie. También alcanzó (de forma contradictoria, dado su título) las más altas cotas de alucinación extraterrestre la última temporada de "Voyage to the Bottom of the Sea" (Viaje al fondo del mar). Había comenzado en 1964 y duró hasta 1967 a lo largo de 110 episodios. Si bien en un principio se había limitado a las típicas aventuras submarinas, a la lucha contra desastres naturales y espías soviéticos, acabó en el delirio más total y absoluto en su tercera y última temporada en la que aparecieron desde momias atlantes hasta los mismos extraterrestres que poblaron "Perdidos en el espacio" y que si ya resultaban ridículos en un primer vistazo al verles repetidos... dado que el productor de ambos engendros era el mismo Irwin Allen. Obviamente y pese a sus múltiples defectos y algunos aciertos, estas series consiguieron propalar la idea de que los extraterrestres andaban por esos cielos de Dios y este planeta nuestro. El declive de estas series, no obstante, era paralelo al de la Ufología. El público estaba cansado de supuestas invasiones extraterrestres que nunca llegaban, de alienígenas muy sabios pero que nunca movían un dedo para resolver los problemas reales como la proliferación nuclear de la Guerra Fría, los conflictos causados por el reconocimiento de los derechos de la minoría negra o la Guerra de Vietnam. De ese aburrimiento la Ufología saldría gracias a los "Astronautas de la antigüedad" de Charroux, von Däniken & Cía a finales de los 60 y hasta mediados o finales de los 70 y al fenómeno de las abducciones (popularizadas en gran medida gracias a un documental-telefilm de 1975 sobre los Hill protagonizado por el gran actor James Earl Jones -nuevamente la simbiosis entre pseudociencia y cultura popular-) que añadieron nuevos collares al mismo perro para caer posteriormente en un nuevo periodo de aburrimiento del que no ha salido hasta hoy. La televisión, por su parte, tuvo que esperar a un relevo generacional para lograr una nueva serie sobre extraterrestres de gran éxito, "V" pero esto ya en el bienio 1984-1985. NOTAS: [1] Nada predispuestos. El trasfondo cultural de los informes de abducciones. Martin Kottmeyer. Traducción de Adela Torres. El Escéptico nº 6. Zaragoza, Otoño de 1999. [2] El hombre que moldeó un sueño americano. Luis R. González Manso. El Escéptico nº 6. Zaragoza, Otoño de 1999. [3] La información sobre ésta y las demás series de televisión ha sido obtenida de Televisión de culto. Antonio Blanco. Biblioteca Dr. Vértigo nº 6. Ediciones Glénant S. L. Barcelona, 1999. La ilustración que acompaña este artículo es un fotograma de la serie The Outers Limits, del episodio The Bellero shield. 24/05/2004 03:14 |
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