El triunfo de Clío

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Iconos y cultura popular (I)

thor.jpg¿Por qué creemos lo que creemos? es, para el escepticismo, la pregunta del millón. Por desgracia, la respuesta es mucho más compleja que la interrogación. Se ha señalado ya que durante nuestra educación adquirimos el sesgo cultural de creer. Algo es así porque el profesor o los padres (o los hermanos mayores, o...) lo dicen. Por más vueltas que le demos, los primeros fundamentos educativos se basan en el argumento de autoridad. ¿Alguien se imagina a un chiguito (localismo que equivale a niño) preguntando al profesor que se empeña en enseñarle que la "m" con la "a" es ma el porqué la "m" es "m" y no "z"? El educador podía cometer hara-kiri si tuviera que explicar la evolución histórica de las letras desde el alfabeto fenicio y de éste desde pictogramas, para comenzar a enseñar a leer.

Si nos vamos más atrás en el tiempo, a la época en que nuestros antepasados eran cazadores y recolectores ¿se imaginan la que podía montar un zagal que no aceptara la autoridad familiar? Imagínense la escena. Chaval que va a recoger una seta muy bonita de color rojo para comer. Progenitor diciéndole que ni se le ocurra porque es más letal que un programa de José Luis Moreno. Niño que se la traga pese a la advertencia porque el argumento de autoridad es falaz y las cosas hay que experimentarlas para admitirlas como ciertas. ¿Resultado? Un escéptico menos.

Sin embargo, a lo que realmente nos referimos es porqué, una vez que superamos ese estadio infantil, seguimos tragándonos carros y carretas, porqué no aplicamos continuamente una máxima tan de sentido común como que "Afirmaciones extraordinarias necesitan pruebas extraordinarias". Aquí ya entramos en terrenos muy complejos y a los que se ha intentado dar distintas respuestas no siempre acertadas desde el campo escéptico (campo en el que también pacen algunos "burros" -y si no vean al que subscribe esto-), como la de que la creencia proporciona una grata sensación de seguridad (¡Caralho! Eso será cierto en ocasiones, pero en otras tururú. Por ejemplo, cuando el Sr. Welles montó la que montó con su emisión radiofónica de La Guerra de los Mundos ¿qué sensación de seguridad obtuvieron los que creyeron que tenían los marcianos ad portas?). Así se ha intentado explicar, por ejemplo, la existencia del fenómeno religioso (ése que, al parecer y desde el punto de vista educativo, es adoctrinamiento y, por tanto, debe ser inexistente. ¡Qué bonitas son las falacias!) explicando que la vida de ultratumba proporcionaba un consuelo al fiel. Por desgracia para los que creen eso, la vida de ultratumba para un mesopotámico o un griego era cualquier cosa menos una juerga. Si observamos la Epopeya de Gilgamesh veremos que lo que pretende el héroe no es ir a ningún cielo comparable al judeocristiano sino, sencillamente, no morir. En los Diálogos de los Muertos de Luciano de Samósata vemos la concepción que tenían los helenos de la vida en el Hades. Claro, el Olimpo era otra cosa, pero estaba reservado a los dioses (y a algunos humanos "enchufados" como Hércules, Ganímedes...) La vida conforme a las normas religiosas no permitía su acceso a él a los pobre mortales que no tenían como papá a Zeus o a aquéllos por el que éste no sintiera una pasión pederasta. Coñe, que el can Cerbero no estaba vigilando el Hades para que nadie se colara de rondón sino para que nadie se escapara de la "felicísima" vida de ultratumba (y eso que a los espíritus de los muertos se les borraba la memoria de su vida terrena al beber las aguas del río Leteo).

Incluso en otras religiones en las que la vida de ultratumba parece más divertida que sus versiones clásicas y mesopotámica como la nórdica tienen su aquél. Se ha popularizado la imagen del Valhala con sus comilonas de carne del jabalí Saehrímnir y sus borracheras con el hidromiel que mana de las tetas de la cabra Heidrún. Pero tampoco estamos hablando de una vida de ultratumba que sea una juerga eterna. En una religión en la que hasta los dioses mueren, el concepto de eternidad queda bastante diluido. Por otra parte, el acceso al Valhala tiene que ver con una única condición, la muerte en combate. Incluso el propio dios Baldr cuando muere debe ir al infierno al no haberlo hecho en una guerra. Aun más, el Valhala será destruido en el Ragnarök (aunque suele traducirse como "el crepúsculo de los dioses" en realidad es "el destino de los dioses") cuando los dioses y los einherjar (los guerreros del Valhala) se enfrenten con el lobo Fenrir (que matará a Odín y será muerto por Vídar), la serpiente de Midgard (que morirá junto con Thor), el perro Garm (que morirá junto con Týr), Loki (que morirá junto con Heimdall) y Surt. Éste destruirá los mundos con el fuego aunque habrá supervivientes al combate apocalíptico que reconstruirán una nueva tierra y un nuevo cielo, el Gimlé (versiones posteriores bajo influjo cristiano como el Gylfaginnig de Snorri Sturluson -S XIII- presentan al Gimlé como el cielo de los justos y buenos y ya existente antes del Ragnarök en abierta contradicción con textos anteriores como la Völuspá -S X-XI-) así como una nueva Ásgard, Ídavellir, dónde vivirán los dioses que sobrevivan, Vídar, Vali, Modi y Magni junto a Baldr y Hödr que no se sabe porqué razón podrán abandonar el infierno después del combate en la llanura de Vígríd.

Si la idea del consuelo no está en el origen de todas las creencias ni siquiera de las religiosas, lo mismo sucede con otra explicación frecuentemente aportada, la ignorancia. Según los que sostienen esto, la credulidad es proporcional al desconocimiento. La explicación queda muy bonita pero es falsa. Basta con mirar las encuestas sobre distintas creencias en las que se haga referencia igualmente al grado académico de los encuestados para comprobar que no es así.

Pero si la explicación de la creencia como consuelo, como asidero al que aferrarnos en momentos de dificultad al menos no es completa (dijera lo que dijera el Sr. Asimov) y si la explicación de la creencia como fruto de la ignorancia es falsa, la pregunta sigue en pie. ¿Por qué no aplicamos más frecuentemente lo que es puro sentido común, que cuanto más extraordinaria sea una afirmación más extraordinarias deben ser las pruebas que la sustenten? Mi opinión es que no hay una única respuesta, pero una parte no insignificante del problema es, sencillamente, que la gente no percibe como extraordinarias afirmaciones que sí lo son al participar de una tradición cultural generalmente aceptada. En el mantenimiento de ese statu quo hay varias responsabilidades, entre ellas la de los medios de comunicación (aquí y aquí pueden encontrar información sobre el último caso de pifia mediática, el de los OVNIs mexicanos), pero también existe una responsabilidad en la llamada cultura popular. A ver algunos casos concretos dedicaremos nuestra próxima historia.
12/05/2004 13:55


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