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La seducción de los culpables (historia con moraleja) Pocas personas necesitarían explicaciones sobre la "caza de brujas" del senador McCarthy y su Comité de Actividades Norteamericanas. Como siempre ha sido cierto aquello de que "Unos son más iguales que otros", la cinematografía y el "glamour" que rodeaba al Jolibú de la época actuaron como caja de resonancia para que el nombre del senador sea hoy sinónimo de intolerancia, fanatismo y ataque a las libertades individuales. Nada, por cierto, que no se mereciera con creces por su actuación.Otras personas, por contra, escaparon casi de rositas al atacar otras formas artísticas y de expresión con menos atracción popular. ¿Alguien sabe quiénes fueron Frederic Werthan y Estes Kefauver? En caso afirmativo, ya saben de qué va a ir esta historia. En caso contrario, tendremos una buena ocasión de aprender de la historia que tan mala es la censura como el linchamiento moral que conduce a la autocensura. En el mismo año en que el Comité comenzó sus actividades que estuvieron a punto de destruir el Hollywood de la época (y que sí destrozaron carreras y vidas de los acusados de comunismo), en 1947, William Gaines heredó una editorial dedicada a los cómics. Su nombre era Educational Comics, pero Gaines lo mudó por Entertaining Comics aunque pasaría a la historia de este arte con sus iniciales E.C. No fue el único cambio. Se olvida completamente de la finalidad educativa mediante historias bíblicas y lanza revistas dedicadas a cinco temas, humor, ciencia ficción, terror, bélico y policiaco. No sólo introdujo unos temas "adultos" sino que también revolucionó los guiones y los dibujos que abundan en truculencias de todo tipo sin dejar de tener una alta calidad (ahora mismo las colecciones de cómics de terror y policiacos se están editando en España por obra de Planeta-DeAgostini bajo los títulos "Clásicos del terror" y "Clásicos del suspense"). Guiones salvajes (y con una carga de "mala leche" social digna de encomio) realizados frecuentemente por el propio Bill Gaines y su "mano derecha" Al Feldstein y dibujos que rozan lo caricaturesco (Jack Davis, Jack Kamen, Joe Orlando, Graham "Ghastly" Ingels, Bill Elder...) y que dejan poco a la imaginación no eran algo fácilmente digerible por la sociedad de la época y menos cuando se destinaban, supuestamente, a la infancia (el mito de cómic=público infantil tardaría aún en caer). Supongo la cara que pondría un padre si, por "casualidad" echaba mano a la revista del niño y se encontraba con una historia de un necrófilo casado con una vampira que se quedaban encerrados en una cabaña en medio de un temporal de nieve [1] (dejo que intenten averiguar el final aunque sospecho que no lo lograrán. Es, pese a todo, una historia de Amor...). Canibalismo, asesinatos atroces (a veces cometidos por niños), mutilaciones, putrefacción... aparecen una y otra vez y de forma muy explícita. Sea por su truculencia o por su calidad (o incluso por las hermosísimas mujeres que aparecían como víctimas, culpables o desencadenantes de las tragedias) las publicaciones de EC se hicieron con un hueco en el mercado que, por otra parte, estaba en baja por cambios culturales y sociales. Sólo las de ciencia ficción no funcionaron comercialmente, pero eran una apuesta personal del propio Bill Gaines así que también continuaron existiendo. Todo ello cambió en 1954 cuando el doctor Frederic Werthan publicó un libro titulado "Seduction of the Innocent" (La seducción del inocente) en la que pegaba un buen repaso a los cómics que resultan ser algo así como el Anticristo. Partiendo de hechos anecdóticos y sin tener la menor idea de estadística, Werthan acusa a los cómics de estar presentando a la infancia unos personajes amorales (Batman y Robin son dos homosexuales, la Mujer Maravilla una lesbiana fetichista... según su curiosa interpretación, claro) que conducían a los niños por el camino de la amoralidad y la delincuencia hasta llegar, en ocasiones, al asesinato. Obviamente, existían asesinatos cometidos por niños que leían cómics (lo difícil es que hubiera sido de otra forma por una mera cuestión de estadística) y, de hecho, un caso de éstos (convenientemente aireado por los padres bienpensantes de rigor) había llevado, años atrás, al establecimiento de un primer código de conducta para editores (por ironías de la vida, uno de sus promotores fue el padre de Bill Gaines, Max C. Gaines) pero éste era vulnerado un mes sí y otro también por EC. Esta vez la cosa fue mucho más grave. El éxito del opúsculo del doctor Werthan (jaleado por los sectores más reaccionarios de la sociedad norteamericana) acabó en la Comisión del Senado sobre Delincuencia Juvenil presidida por Estes Kefauver. Sabedor de que EC estaba en el punto de mira (había pisado demasiados pies para que fuera de otra forma con sus soldados que no estaban encantados de combatir por los EEUU sino que sufrían miedo, hambre, frío... y que, incluso, eran unos cobardes redomados [2], sus policías que no vacilaban en recurrir a la tortura para arrancar una confesión [3] o que llegaban al asesinato por sus prejuicios raciales [4], su pueblo capaz de linchar a un hombre por creerle comunista [5], su denuncia de los prejuicios antisemitas [6] y contra la minoría negra [7], sus posturas progresistas en contra del sufrimiento a los animales por cuestiones estéticas [8]...) Bill Gaines pidió comparecer ante la Comisión. Allí recordó que sin libertad de expresión, Estados Unidos no sería diferente a la URSS o España y defendió la inocuidad de los cómics por muy truculentos que éstos fuesen. Se le preguntó si le parecía de buen gusto una ilustración de EC que representaba a un marido que sostenía en una mano la cabeza de su esposa. Y Gaines respondió que sí para un cómic de terror, que lo que hubiera sido de mal gusto era representar el cuello manando sangre. Si bien la Comisión no tomó ninguna medida contra los Cómics en general y EC en particular (se lo impedía la propia Constitución, claro) el linchamiento público era irreparable. Para salvar la cara (y posiblemente para cargarse la exitosa EC) se constituye la Comics Magazine Association of America que el 26 de octubre de 1954 promulga el Comic Code, una autocensura de obligado cumplimiento. Puesto que legalmente no podían imponerlo, empleron la presión económica. Las publicaciones que no obtuvieran el "nihil obstat" no serían distribuidas lo que suponía que no se venderían. ¿Qué imponía el Comic Code? Pues cosas tan peregrinas como "Los criminales no tienen que motivar simpatías, ni sus fechorías, no se mostrarán detalles explícitos de sus acciones, las fuerzas de la Ley se presentarán de forma intachable, el bien siempre triunfa sobre el mal, no se pueden ver actos de excesiva violencia, ni recrearse en secuestros, ni mostrar mucha sangre, la palabra "Crimen" no puede aparecer en portada como principal o destacada." [9] "En los cómics se prohíben las palabras "horror" y "terror", se prohíben las historias que atenten contra la moralidad y la sensibilidad del lector, no se pueden mostrar zombies, vampiros, fantasmas, espíritus, hombres-lobo, caníbales, ni objetos relacionados con ellos." [9] "Se prohíbe todo lo que vulnere el buen gusto, tanto en dibujo como en texto. Nada de obscenidades, deformidades físicas, vulgarismos y coloquialismos." [9] "Tampoco se puede ridiculizar las religiones, mostrar desnudos, posturas lascivas, vestidos incorrectos, ni exagerar los atributos femeninos." [9] Si esto fuera "Caballero sin espada" Bill Gaines hubiera encontrado una salida. Como es la vida real, de todas las publicaciones de EC sólo sobrevivió una de las dedicadas al humor, la todavía existente MAD. Las demás tuvieron que ser clausuradas en 1955. La autocastración supuso una involución de los cómics del que sólo comenzaría a salir en la década de los 60 con los cómics en blanco y negro (que no estaban afectados por el Code) de la editorial Warren (James Warren y Forrest J Ackerman) publicados en las revistas Creepy (en España Vampus), Eerie (en España Rufus) y Vampirella (que conservó el mismo título en España). Los que pretendieron "cargarse" al advenedizo Gaines lo lograron (al menos en parte, porque siguió "dando caña" desde MAD), pero al precio del divorcio de una parte del público al que no gustó nada la gazmoñería imperante por obra y gracia del Code. Después de haber visto los excesos de EC, el leer historias de un extraterrestre de Krypton dedicado a capturar espías comunistas se mostraba aún más irreal de lo que ya era. ¿La moraleja prometida en el título? El que la hace, aunque sea disfrazando sus cortapisas a la libertad de expresión con bellas palabras de protección a la infancia, la paga. Esperemos que los que en este país (tan socialmente avanzado y tan defensor de la libertad de expresión... según dicen nuestros políticos) los que se dedican a elaborar "listas negras" de periodistas, a "suspender" las tertulias políticas en RNE hasta después de las elecciones europeas... tomen buena nota; pero si algo enseña la Historia en relación con los políticos es que éstos nunca aprenden de los errores ajenos (y muy pocas veces de los propios). NOTAS: [1] Two of a Kind! publicado en The Vault of Horror nº 26 IX/X 1952. Edición en español ¡Tal para cual! Biblioteca grandes del cómic. Clásicos del terror nº 8. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2003. [2] Yellow! publicado en Shock SuspenStories nº 1 II/III 1952. Edición es español ¡Cobarde! Biblioteca grandes del cómic. Clásicos del suspense nº 6. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2004. [3] Confession! publicado en Shock SuspenStories nº 4 VIII/IX 1952. Edición es español Confesión. Biblioteca grandes del cómic. Clásicos del suspense nº 6. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2004. [4] The Guilty! publicado en Shock SuspenStories nº 3 VI/VII 1952. Edición es español ¡El Culpable! Biblioteca grandes del cómic. Clásicos del suspense nº 6. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2004. [5] The Patriots! publicado en Shock SuspenStories nº 2 IV/V 1952. Edición es español ¡Los Patriotas! Biblioteca grandes del cómic. Clásicos del suspense nº 6. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2004. [6] Hate! publicado en Shock SuspenStories nº 5 X/XI 1952. Edición es español ¡Odio! Biblioteca grandes del cómic. Clásicos del suspense nº 6. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2004. [7] Under cover! publicado en Shock SuspenStories nº 6 XII 1952/I 1953. Edición es español ¡Bajo la Máscara! Biblioteca grandes del cómic. Clásicos del suspense nº 6. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2004. [8] Whar fur?! publicado en Shock SuspenStories nº 5 X/XI 1952. Edición es español A flor de piel. Biblioteca grandes del cómic. Clásicos del suspense nº 6. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2004. [9] Citado por Enrique Torres en su artículo El Comic Code. Biblioteca grandes del comic. Clásicos del terror nº 4. Editorial Planeta DeAgostini. Barcelona, 2003. BIBLIOGRAFÍA: Artículos introductorios de Enrique Torres a las diversos números de las colecciones y editorial ya reseñadas. 11/05/2004 13:48 |
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