El triunfo de Clío

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Lágrimas para derribar una muralla

emperador.jpgDesde que los Cien Mil Hijos de San Luis (que ni eran cien mil ni eran hijos de san Luis) invadieron España para restaurar el absolutismo en nuestro país, ningún ejército había sido recibido con tales muestras de entusiasmo como los Guerreros de Xi´an. Evidentemente, esta vez la "invasión" no tiene lecturas políticas (o eso se supone porque las malas lenguas aseguran que las autoridades chinas autorizaron el viaje a cambio de que en el Fórum de las Culturas ni se mencionase el problema del Tíbet. Si eso es así, mal empezamos...) y sí culturales. Como sabe todo el mundo (es decir, todo español que vea la TV o lea periódicos no deportivos -que los hay aunque no lo parezca-) los Guerreros de Terracota son parte del ajuar funerario de la tumba del primer emperador chino, Qin Shihuang (que en realidad se llamaba Zheng).

Si sobre la vida del último emperador de China Bernardo Bertolucci ya se encargó de ponernos al día, el primero es harina de otro costal. En el S III A. de C. China no existía como nación. En su lugar había una serie de reinos feudales en lucha más o menos constante. Es el periodo conocido como Los Reinos Combatientes (por una vez, el nombre está bien puesto). Uno de ellos era el reino de Qin cuyo príncipe Zheng (o Yingzheng) consigue la hegemonía por el expeditivo procedimiento de derrotar a los demás. En el año 221 A. de C. adopta el título de Primer Emperador de la dinastía Qin (o Qin Shihuang) por el que es conocido y se dedica a intentar convertir esos antiguos reinos feudales en una nación. Unifica los ideogramas chinos, los pesos, las medidas, la moneda y adopta una estructura basada en la división del país en prefecturas y distritos. Esas reformas básicamente se mantendrían durante más de dos mil años lo que demuestra lo acertadas que fueron.

No obstante, Qin Shihuang no tenía sólo el lado amable del reformador, también era un tirano que conquistó y mantuvo el trono imperial a sangre y fuego. Las leyendas chinas lo presentan como un obseso de la inmortalidad que pretendía a toda costa lograr el elixir de la eterna juventud y como un crédulo que aceptó el augurio de que los bárbaros del norte pondrían en peligro la existencia del Imperio. Según ese mito, para defenderse de ellos ordenó la construcción de la Gran Muralla para lo que reclutó trabajadores forzosos. De ahí arranca una de las más bellas leyendas chinas, la de la mujer que intenta reunirse con su amado que está construyendo la Gran Muralla para encontrarse con que ha fallecido y sobre su tumba está levantado uno de los lienzos de la fortificación. Al saberlo, la mujer rompe a llorar de forma tan copiosa que las lágrimas forman un río que derriba la muralla. Entre las ruinas, ¿como no? aparece el cuerpo de su enamorado.

Si bien esto es un mito, la otra gran obra que ordenó, su propio mausoleo, no lo es en modo alguno. Durante años, miles de trabajadores construyeron lo que sólo conocemos en una ínfima parte (y si esa parte ya es motivo de asombro, el pensar qué puede haber en la cámara sepulcral es para "alucinar en colores"). En 1974 un campesino sacó a la luz lo que llevaba dos mil años enterrado. Hasta el momento se han excavado tres cámaras en las que se encontraron la reproducción en terracota, a tamaño real y con rasgos individualizados de ocho mil de los soldados del ejército del primer emperador. Infantes, carros de guerra y arqueros velan los secretos del mausoleo que, por lo que sabemos, ocupa una extensión real de varios kilómetros cuadrados. Cuando todo esté excavado será (salvo inmensa sorpresa) uno de los hallazgos arqueológicos más impresionantes de todos los tiempos.

Sin embargo, tal vez no lleguemos a verlo. La ruptura del microclima al que estaban sometidas las esculturas enterradas motivó el desprendimiento de la capa superficial lo que ocasionó la pérdida de la policromía (las terracotas estaban pintadas de vivos colores que les conferían un mayor parecido con los modelos) por lo que los arqueólogos chinos con muy buen criterio optaron por unas excavaciones lentas ante la necesidad de ir consolidando las piezas que van apareciendo. Dado el número de éstas, hay trabajo para varias generaciones.

Por otra parte, las leyendas chinas aseguran que la cámara sepulcral rodeada por ríos y lagos de mercurio, está defendida por trampas mortales para evitar su saqueo. Esto parece una película de Jolibú, pero por si acaso fuera cierto, nuevamente la prudencia no está de más que a fin de cuentas cualquier parecido entre Indiana Jones y los arqueólogos de verdad es mera coincidencia. Así que de momento tendremos que conformarnos con la reproducción de parte del afortunado ejército de Qin Shihuang (y digo lo de afortunado porque según los mitos chinos las concubinas de Zheng no están representadas en imagen sino de verdadero cuerpo presente). Se cree que irán apareciendo las representaciones de los funcionarios de igual forma que las de los soldados, pero el resto es (y seguirá siendo por mucho tiempo) un enigma. Los tesoros que pudo llevarse a la tumba el primer emperador permanecerán enterrados por el momento. Con su mausoleo, después de todo, Zheng Qin Shihuang si logró la inmortalidad que tanto anhelaba.
10/05/2004 18:55


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