El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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¡Proteged a los mediocres! Juguemos a la política-ficción (término que contiene una notable redundancia). Supongamos que un buen día la Comunidad Autónoma no-histórica (joer lo que hay que padecer gracias a los políticos ahistóricos) de Castilla y León toma varias medidas para proteger su cultura autóctona (de momento, supongamos que tal cosa existe). Por ejemplo, los grupos musicales que canten flamenco en sus versiones modernas (EMMO, aún más horrorosas que sus modalidades clásicas) sólo podrán actuar si los preceden tres grupos folclóricos que interpreten jotas castellanas. Además, el acompañamiento con guitarras debe ser substituido por un acompañamiento de rabeles de Brañosera aunque también será admisible el de dulzainas, zanfonías (no confundir con las zampoñas)... u otros instrumentos tradicionales. Por otra parte, los grupos de rock deberán hacer referencia a los problemas de la despoblación rural y las baterías tendrán que cambiarse por zambombas, almireces, el golpeteo de tablas de lavar o botellas de anís la Castellana frotadas con cucharas. En cuanto a las películas tendrán que rodarse en escenarios castellanos y con actores nacidos en esta tierra en una proporción de uno de cada cuatro films estrenados...Si tal cosa llegase a suceder harían bien en pensar que esta Comunidad está regida por una panda de zangolotinos y que la idioicia campa por todos sus pagos. Sin embargo, cuando se habla de una cultura española (¿?) y de la necesidad de protegerla del "colonialismo cultural norteamericano" (¿?) de forma misteriosa lo que no pasa de ser la misma bobada se convierte en una muestra de progresismo políticamente correcto. Por de pronto ¿qué es la cultura española? ¿En qué se diferencia de la cultura norteamericana? Como no caigamos en la tautología de asegurar que la cultura española es la que elaboran los artistas, pensadores, científicos... españoles yo, al menos, no sé qué es. Como no sea en alguna tribu aislada en algún lugar remoto las culturas puras no existen. Es sabido, aunque no por ello deja de ser conveniente el señalarlo una vez más, que las estampas japonesas influyeron en el Impresionismo europeo, que las máscaras africanas hicieron lo propio con el Cubismo, que las pinturas indias fueron estudiadas por Pollock... ¿Qué permite, entonces, hablar de una cultura española, china o estadounidense? ¿Hay algo en la obra de Magritte y Delvaux, por ejemplo, que me permita saber que son belgas? Podemos caer en la tautología antes indicada y asegurar que pertenecen a la cultura belga sencillamente porque es allí donde nacieron, pero en este mundo ahora tan fácilmente comunicado, los problemas serían constantes. Por ejemplo, ¿Picasso pertenece a la cultura española o a la francesa? ¿Charles Chaplin a la británica, a la estadounidense o a la suiza? ¿Y Kandinsky, y Juan Gris, y...? Si el intento de poner fronteras a la cultura ya es complicado (y posiblemente absurdo) el caso de los Estados Unidos en aún peor porque las culturas autóctonas son, precisamente, las que menos peso han tenido en la historia cultural de ese país que es un crisol de culturas europeas fundamentalmente. El intercambio entre Estados Unidos y Europa ha sido continuo. Si muchos de los grandes nombres de la cultura norteamericana incluyeron en su formación la residencia prolongada en países europeos, muchos europeos acabaron residiendo en los Estados Unidos. El caso del cine (al decir de algunos, el máximo exponente del "colonialismo cultural") es paradigmático. Demos un repasito a los directores del Jolibú clásico a ver cuán norteamericanos eran. Chaplin nació en Londres al igual que Hitchcock, Victor Sjöström en Sibodal (Suecia), Josef von Stemberg en Viena como Erich von Stroheim, Fritz Lang, Fred Zinnemann, Otto Preminger y Billy Wilder, Ernst Lubitsch en Berlín, Robert Siodmak en Dresde, Douglas Sirk en Hamburgo, Michael Curtiz en Budapest, André de Toth en Mako (Hungría), William Wyler en Mulhouse (Francia), Frank Capra en Palermo, Rouben Mamoulian en Tiflis (Georgia)... sin olvidar que durante la II GM los franceses Jean Renoir, René Clair y Max Ophüls (éste último nacido en Alemania) trabajan en los EEUU. Si añadimos a los actores, el abanico de procedencias aumentan. Como curiosidad, de los actores que representaron el gangsterismo norteamericano en pantalla, Paul Muni había nacido en el imperio austrohúngaro y Edward G. Robinson en Bucarest (Rumanía). Incluso una película tan aparentemente norteamericana como "Casablanca" es una mezcla de nacionalidades. El director de origen húngaro Michael Curtiz dirige a un protagonista norteamericano (Humprhrey Bogart) y una sueca (Ingrid Bergman) y entre los secundarios hay de todo, dos ingleses (Claude Rains y Sidney Greenstreet), un alemán (Conrad Veidt), un húngaro (Peter Lorre) e incluso alguien nacido en Trieste (Paul Henreid) cuando formaba parte del Imperio austrohúngaro. Hoy sigue pasando lo mismo. Wolfang Petersen, Paul Verhoeven, Guillermo del Toro, Ang Lee, Ridley Scott, Kenneth Branagh, Peter Weir... continúan la tradición de directores foráneos que trabajan (de forma ocasional o continuada) en los EEUU con actores que nacieron desde Portugal (María de Medeiros o Joaquim de Almeida) hasta Australia (Nicole Kidman) pasando por el Líbano (Keanu Reeves) y, por supuesto, por muchos hispanos que continúan la tradición de José Ferrer o Anthony Quinn como la mexicana Salma Hayek, el cubano Andy García o el español Antonio Banderas. Esto por no hablar de los directores estadounidenses como Coppola o Cimino cuya tradición cultural no es, precisamente, la de los WASPs o por los que como Jim Jarmusch se formaron junto a directores europeos. Intentar poner puertas al cine norteamericano ¿no es ponernos puertas a nosotros mismos? Vale, en el cine norteamericano hay una inmensa cantidad de basura que no llega ni a merecer el calificativo de cultura. Que estas películas no se estrenen en Europa no supone ninguna pérdida (salvo que alguien considere imprescindible el ver horrores como "Los albóndigas en remojo", "El último americano virgen" u otros engendros similares), pero si vamos a cerrar las pantallas a esta basura made in USA que no sea para dejar hueco a la basura made in UE (con cosas como "Pepito Piscinas", "Druidas" o la última versión de "Fanfan la Tulipe"). Ya es hora de que el único criterio que se emplee en la cultura sea el de la calidad y nos olvidemos de nacionalismos que sólo sirven para proteger a los mediocres. 08/05/2004 12:45 |
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