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Tradicional amistad al son de gaitas y chirimías (y II) Habíamos dejado a musulmanes y cristianos "estrechando" relaciones al ritmo de la Guerra Santa y de Santiago Matamoros, pero ¿qué pasaba cuando no estaban matándose entre sí? Para entenderlo vayamos hacia atrás (aún más) en el tiempo, a la llegada a la Península de los primeros invasores musulmanes. Los visigodos no eran, precisamente, candidatos a ganar un concurso de popularidad en la época. Ni los judíos ni los descendientes de los hispanorromanos estaban a gusto con su dominio. Por otra parte, el reino visigodo distaba de ser un remanso de paz. Al contrario, las luchas entre facciones llegaban en ocasiones a la guerra civil y siempre eran un motivo de inestabilidad.Todo ello explica que la conquista árabe fuera rapidísima pese al reducido número de soldados que intervinieron en un principio (se cree que unos 12.000 después ampliados hasta unos 30.000). Ello planteaba un claro problema ¿cómo se podía controlar a un pueblo mucho más numeroso? La imposición por la fuerza era imposible, aunque tampoco se eligió la integración igualitaria. Por su parte, la población cristiana optó en numerosos casos por la conversión al Islam más que por auténtico entusiasmo porque eso les convertía en ciudadanos de pleno derecho. Son los llamados musalima cuyos descendientes son los llamados muwalladum (muladíes). Los que eligieron continuar practicando la religión cristiana fueron llamados mustarib (mozárabes). Tanto mozárabes como judíos, si bien tenían una libertad religiosa atenuada (por ejemplo, pocas veces obtuvieron permiso para edificar nuevas iglesias, se prohibió que los cristianos tocaran las campanas para llamar a los servicios religiosos...) no tenían las mismas obligaciones que los musulmanes. Tanto judíos como cristianos eran dimmíes, es decir, estaban sujetos al pago de impuestos especiales. Por otra parte, se procedió a la arabización de la administración. No obstante el añadido de los conversos y nuevas olas migratorias de población musulmanas hacia Al-Andalus, zonas de la Península quedaron prácticamente despobladas (el norte de la Meseta Superior) al no tener efectivos para poderlas controlar. [2] De ello se aprovecharon los reyes cristianos. El asturiano Alfonso I (739-757) consiguió en ese breve lapso de tiempo añadir a su reino los territorios de Galicia, el sur de la Cordillera Cantábrica, la Bardulia (es decir, la Castilla Vieja original), Álava, la Bureba y la Rioja. El problema es que tampoco él podía repoblar esos territorios con la suficiente gente como para mantener un control efectivo de los territorios. Además, cada año se producían incursiones musulmanas que convertían esas Marcas fronterizas en zona de guerra. Para intentar que parte de la población se trasladara desde la relativa seguridad de los territorios más alejados del enemigo musulmán a las peligrosas zonas fronterizas se concedía a las poblaciones unas Cartas de Población y Fueros ventajosos con exenciones de impuestos, derechos jurídicos... Conforme avanza la Reconquista (aprovechando en gran medida la fragmentación del califato omeya de Córdoba) los distintos reinos se encuentran en posesión de territorios que tienen pobladores musulmanes. Entre ellos había hábiles artesanos, agricultores que dominaban la técnica del regadío, funcionarios, intelectuales... una mano de obra muy capacitada que los reyes no podían permitirse el lujo de perder. Los que se quedaron recibieron el nombre de mudayyan (mudéjares), los que pagan tributos. Aunque en las ciudades se les solía obligar a residir en una zona apartada de los cristianos, la aljama, se les permitía el ejercicio de su religión y en ocasiones incluso mantuvieron su propia administración. En el reino de Aragón se dio incluso el caso curioso de órdenes militares (como tal creadas ex-profeso para santificar la guerra contra los "infieles") que incitaron a los musulmanes a no abandonar sus tierras o a regresar si ya lo habían hecho (los Templarios después de la rendición de Chivert, los Hospitalarios en la Albufera de Valencia, los Calatravos en Burriana). Detrás de estas muestras de "magnanimidad" no se encuentra ningún sentimiento de amistad hacia el musulmán sino razones económicas, como el propio nombre de mudéjares indica, éstos eran sometidos a impuestos extraordinarios y, además, lograban una producción mayor de la tierra que los campesinos cristianos, y a una razón de poblamiento, cuando Jaime I conquistó el reino de Valencia intentó que se asentasen en él 100.000 cristianos. Sólo lo hicieron 30.000 y, además, se establecieron principalmente en las ciudades. [2] Con la Corona de Castilla y León pasó lo mismo y por idénticos motivos. Aunque el tema se hubiera debido plantear con la primera gran ciudad conquistada, Toledo, no lo hizo porque la población musulmana, cansada de las incursiones castellanas en las que se destruían las cosechas ocasionando hambrunas, había emigrado antes a Andalucía. Sin embargo, con la conquista de Murcia se planteó el mismo problema que a los aragoneses con Valencia. Las fértiles huertas murcianas necesitaban que se ocuparan de ellas agricultores expertos en regadíos y éstos eran musulmanes. Los Santiaguistas protegieron a los musulmanes que vivían en las donaciones que recibieron en Murcia. Los mudéjares castellanos dependían directamente del rey y a él pagaban tributo a cambio de su protección. [2] No obstante todo ello, el panorama no era para nada idílico. Tan pronto como se consolidaron los reinos cristianos, los mozárabes que vivían en Al-Andalus comenzaron a emigrar. Mozárabes toledanos participaron en la reconstrucción y poblamiento de Zamora a finales del S IX y mozárabes cordobeses repoblaron los conventos de San Miguel de Escalada, San Cebrián de Mazote y San Martín de Castañeda en el S X. También mozárabes andaluces fueron los pobladores del convento de San Facundo [Sahagún]. Por otra parte, los mozárabes protagonizaron problemas en Al-Andalus como la revuelta religiosa de Eulogio. Grupos de cristianos se presentaban ante los jueces musulmanes y comenzaban a insultar a Alá y a Mahoma. Ese punto sobrepasaba la permisividad religiosa y muchos acabaron ejecutados, incluido el propio Eulogio que, lógicamente, fue canonizado. También los mozárabes de Málaga participaron en la revuelta de Umar Ibn Hafsun, un muladí que volvió a la fe cristiana. Por otra parte, conforme aumentaba la población de origen musulmán se fueron poniendo trabas tanto a cristianos como a judíos. En tiempos de los almohades se les prohibió actuar como escribanos en las oficinas del Estado. [2] El caso de los judíos fue aún peor. Las persecuciones que habían padecido por parte de los reyes visigodos les hicieron recibir a los invasores musulmanes con los brazos abiertos. Alguno de ellos, gracias a su gran formación intelectual, recibieron cargos importantes como Samuel Ibn Nagralla y su hijo José, que fueron visires en Granada. No obstante, una cosa era el favor real y otra lo que opinaba el pueblo. En el 1066 José fue asesinado y en la revuelta antijudía que siguió a su muerte perecieron más de 4000 judíos. Tanto con los almorávides como con los almohades, los judíos tuvieron problemas. En muchos casos se les obligó a la conversión al Islam (en Lucena se libraron pagando un tributo que se pareció mucho a un soborno) lo que ocasionó un descontento que cristalizó en Granada en 1162 cuando los judíos convertidos a la fuerza apoyaron al rey musulmán de Murcia contra los almohades. Como pese a todo, éstos acabaron imponiéndose hubo una nueva matanza de judíos. Muchos judíos andaluces tuvieron que emigrar a los reinos cristianos en busca de mejores aires. Volvieron a partir de 1391, cuando comenzaron los pogromos en los reinos cristianos. Tampoco las poblaciones mudéjares en territorio cristiano eran un remanso de paz. En el reino de Valencia se produjeron levantamientos en 1258 y 1275-76 y en Murcia en 1264. El aplastamiento de todas ellas ocasionó nuevos movimientos migratorios hacia Granada. Conforme la población cristiana se va asentando en las zonas conquistadas los mudéjares pierden sus derechos. A finales del S XIII las morerías son auténticos guettos cada vez menos poblados y con una formación menor. En Cataluña se les impone el llevar prendas distintivas e, incluso, se les cobra por abandonar el reino (Dret de la Porta, en Mallorca se llamaba eixides y en Valencia passatges de saharrins). Pese a ello, la emigración mudéjar se recrudeció a partir de 1335 llegando a su punto más alto en 1412-1416. El punto de destino ya no era Granada sino lugares más seguros (por estar más alejados, claro) como Alejandría. [2] En Castilla su situación fue mejor... por un tiempo. Fernando IV les concedió en 1305 importantes privilegios como la libertad de movimientos, derecho a la elección de sus representantes y jueces e incluso igualó sus impuestos (que, además, eran recaudados por musulmanes para evitar abusos) en la compra de tierras con los cristianos. La razón para tanta "generosidad" es clara, Castilla se estaba despoblando así que los mudéjares, al contrario que en Aragón, seguían siendo necesarios. Tan buena relación duró un siglo. En 1407 se les prohíbe moverse de su lugar de residencia y aún más el abandonar el reino. Al año siguiente se les obliga a llevar prendas distintivas. Con Juan I se les prohíbe cohabitar con cristianos e incluso tener relaciones profesionales con ellos. En 1417 se les prohíbe vender alimentos y medicinas a los cristianos. En Aragón, en 1442 se prohíbe la emigración a territorio musulmán incluso con la pena de esclavitud si eran detenidos intentándolo. En 1447 se les prohíbe que invoquen el nombre de Mahoma en lugares públicos. En 1480 bajo el reinado de Isabel I de Castilla se obliga a mudéjares y judíos a residir en barrios separados. Se les prohíbe el adoptar nombres cristianos y se castiga con dureza el intento de emigración a territorio musulmán. Se impulsan las conversiones al cristianismo y se les carga con nuevos pechos destinados a financiar la guerra contra el reino de Granada. Precisamente la actuación de Isabel y Fernando durante la guerra contra el reino nazarí demuestra la carga de hipocresía que se ocultaba detrás de los periodos de "buen trato" a los musulmanes. La misma Isabel que en Castilla tomaba medidas contra los mudéjares, en los terrenos conquistados al reino de Granada hacía lo contrario. Conservó la estructura administrativa nazarí y mantuvo el nivel impositivo. Se reconoció el derecho a que mantuvieran su religión aunque, eso sí, se prohibieron los matrimonios mixtos. Todo ello, claro, a que condición de que se rindieran porque en caso contrario debían de tomar ejemplo de Málaga conquistada en 1487 y cuyos habitantes fueron vendidos como esclavos. Por supuesto, una vez que se habían rendido debían abstenerse de mantener cualquier relación con el reino de Granada bajo pena de muerte o expropiación de todos sus bienes. En la toma de Almería fueron incluso más generosos. Se reconocieron todos los privilegios que la ciudad poseía y sus habitantes se les eximió del uso de prendas distintivas, se les permitió la emigración al lugar que quisiesen e incluso se entregaron presentes a las autoridades musulmanas. Sin embargo, en 1490 los mudéjares de Salobreña auxiliaron a las tropas de Boabdil. La respuesta de los Reyes Católicos fue la expulsión de los mudéjares de todas las ciudades en las que hubiera agitación incluidos los musulmanes almerienses. Finalmente, si bien las Capitulaciones concedidas a los musulmanes de Granada en 1492 fueron generosas, no es menos cierto que en 1499 se produjo una revuelta de los mudéjares granadinos por el reiterado incumplimiento de lo pactado. A eso se reduce casi toda la historia de las "buenas" relaciones entre judíos, moros y cristianos, a que podían aspirar a un trato decente (aunque no igualitario con los que practicaran la religión oficial de cada reino) mientras fueran útiles. Cuando las circunstancias cambiaban y dejaban de serlo, comenzaba el trato vejatorio (también los judíos en Granada tenían que llevar ropas distintivas), la segregación y, finalmente, la expulsión. Y esto a nivel legal, porque la emigración mudéjar (o mozárabe, en el caso contrario) incluso en periodos relativamente benignos, hace pensar que la situación a nivel popular era aún peor. Si esto sucedía con los súbditos de las otras religiones, cuando no eran residentes sino que eran capturados por las incursiones que tanto musulmanes como cristianos realizaban en territorio enemigo, no había lugar para el fingimiento de actitudes tolerantes. Tanto cristianos capturados por los musulmanes como musulmanes capturados por los cristianos se convertían en esclavos salvo que pagaran rescate por ellos o fueran canjeados por prisioneros del bando contrario. Con amistades tradicionales como éstas ¿quién necesita enemigos? BIBLIOGRAFÍA Y NOTAS: [1] Mangas, Julio et alii. Textos y documentos de Historia Antigua, Media y Moderna hasta el siglo XVII. Historia de España Tomo XI. Editorial Labor, Barcelona 1984. [2] Arié, Rachel. España musulmana (siglos VIII-XV). Historia de España Tomo III. Editorial Labor, Barcelona 1983. 27/04/2004 20:27 |
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