El triunfo de Clío

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El viento en las jarcias

kidd.jpg¿Qué saben Vds. del capitán Kidd? Me imagino que su respuesta, exactamente igual a la que yo hubiera dado hasta hace pocos días, es que fue un célebre pirata de finales del S XVII que acabó ahorcado a comienzos del S XVIII. Incluso si están al tanto de las leyendas sobre tesoros piratas enterrados recordarán que, supuestamente, hay una fortuna producto de las rapiñas del capitán Kidd escondida en la isla de Oak.

Sin embargo ¿es eso cierto? Que el capitán Kidd fue ahorcado por piratería al anochecer del viernes 23 de mayo de 1701 y que su cadáver permaneció expuesto sobre el Támesis como advertencia a futuros piratas está fuera de toda duda. Que realmente se dedicara a la piratería es mucho más dudoso. A defender la inocencia de Kidd se dedica un libro de reciente aparición: "El cazador de piratas. La historia secreta del capitán Kidd" por Richard Zacks (Traducción de Ricard Martínez i Muntada. Ed. Círculo de Lectores. Barcelona, 2004. 567 Págs.) ¿Se ha vuelto loco Mr. Zacks, pretende escribir un libro de éxito demoliendo, sin pruebas, lo que antes se aceptaba como cierto? Nada de eso. Al contrario que otros títulos recientes (el engendro de "El código da Vinci", sin ir más lejos) éste es fruto de una paciente búsqueda documental por los archivos de medio mundo, desde el Archivo Nacional Británico a los archivos del Estado de Nueva York, del Estado de Massachusetts... Sin embargo, tampoco estamos ante un "tocho" académico con más notas que texto y de difícil y casi incomprensible lectura. "El cazador de piratas" pertenece a esa categoría difusa (y apasionante) que se sitúa entre la narración y el ensayo historiográfico. Adopta una escritura narrativa (que no es sinónimo de ficticia), pero no deja de señalar al final del texto las localizaciones y signaturas de los documentos que le permiten sostener sus afirmaciones. Sin ser una novela ni un ensayo al uso, se lee de un tirón sin dejar de ser un texto riguroso.

La pregunta que se deberían estar planteando (y si no es así, les recuerdo que el pensamiento crítico no debe moderarse ante textos que hagan afirmaciones extraordinarias por el hecho de que éstas no caigan en el campo del esoterismo) es ¿cómo se explica que el capitán Kidd si no fue un pirata acabara colgando de una horca? A explicarlo dedica Mr. Zacks esta obra que, por desgracia, ha pasado casi desapercibida. Por de pronto, el capitán Kidd no responde a la imagen de un pirata. Era héroe de guerra, había contraído un matrimonio ventajoso (no piensen mal, todo hace pensar que realmente estaban enamorados) y era uno de los puntales de la sociedad de Nueva York en aquella época cuando la actual capital del mundo tenía unos 5.000 habitantes. Aunque rico y respetado, Kidd no dejó nunca de ser un aventurero. En 1695 se encontraba en Londres buscando un empleo de capitán de la Armada Real al que consideraba haberse hecho merecedor por su actuación contra Francia en el Caribe. Allí coincide con un conocido, Robert Livingston, que a su vez había oído a lord Bellomont (que había sido nombrado gobernador de la bahía de Massachusetts) asegurar que el rey deseaba acabar de una vez por todas con la piratería que causaba graves pérdidas al tráfico comercial con la India. Livingston recomienda a lord Bellomont que se contrate a Kidd como cazador de piratas, pero Bellomont no consigue del Almirantazgo que se ceda ningún barco para esa tarea. Livingston insiste. Si no hay un barco "oficial" tal vez podrían encontrarse socios capitalistas que armaran uno. Dellomont, que siempre tenía problemas económicos, ve la posibilidad de un buen negocio. Entre lord Bellomont y Livingston consiguen reunir el apoyo de cuatro hombres poderosos, Charles Talbot, conde de Shrewsbury, Henry Sidney, conde de Romney, Lord John Somers, guardián del real sello y miembro del Consejo Real, y el almirante Edward Russell, primer Lord del Almirantazgo.

El 10 de octubre, Kidd, Livingston y lord Bellomont firman un contrato de corso. Dos claúsulas son sorprendentes, por la segunda Lord Bellomont se comprometía a gestionar del rey la cesión de cualquier mercancía que Kidd lograra capturar a los piratas en vez de su entrega a los legítimos propietarios. Por la décima, los bienes apresados serían entregados a lord Bellomont en Boston (donde como gobernador tendría la obligación de residir en el futuro) sin dar cuenta alguna a la Corona. A este contrato, que evidentemente es una patente para robar a los ladrones y repartirse el botín sin dar cuentas a nadie, se añadió un compromiso por parte de Kidd. Si fracasaba en su empresa tendría que indemnizar con 20.000 libras a sus socios. Simplemente, esto supondría su ruina total y absoluta.

A partir de ahí comienzan los problemas. Provisto de un barco construido ex profeso, el Adventure Galley, Kidd se ve obligado a reclutar a la "flor y nata" de las tripulaciones. Como la tarea de cazar piratas no era la más atractiva para un marino, termina por aceptar a cualquier tripulante, entre ellos varios ex-piratas y aun eso ofreciendo parte de los beneficios que correspondían a los socios capitalistas. Por otra parte, una compañía monopolizaba el comercio con la India, la Compañía de las Islas Orientales que no tenía ni idea del nombramiento como corsario de Kidd y a la que, además, no la hacía ninguna gracia que hubiera barcos armados cerca de sus rutas comerciales. El capitán Kidd sufre una racha de mala suerte, el barco construido apresuradamente hace aguas, la tripulación sufre una virulenta epidemia y los piratas no aparecen por parte alguna. Si Kidd no logra una presa acabará arruinado así que se pone en el límite de la ley. Un corsario podía atacar barcos enemigos (en este caso franceses). Esto puede parecer claro, pero en la práctica no lo era tanto. Muchos barcos eran fletados por mercaderes de varias nacionalidades y solían disponer de varios salvoconductos de diversos países. Kidd enarbola pabellón francés y aborda un mercante que al ver la bandera que mostraba entrega al corsario un salvoconducto francés. Técnicamente eso le convierte en presa legítima, pero varios de los mercaderes eran, en realidad, neutrales y recurren al Gran Mongol que pone el grito en el cielo y aprieta las clavijas a los paisanos de aquel "pirata", la Compañía de las Indias Orientales. Ésta, que ya sospechaba de las intenciones de aquel barco con el que habían tenido más que palabras alguno de sus propios navíos (al parecer, Kidd replicó al fuego que había comenzado un barco de la Compañía que le tomó por pirata), propagan la noticia de que el capitán Kidd está fuera de la ley. Para rematar el desastre, finalmente Kidd logra encontrar un barco pirata... al que se une su tripulación que considera mejor negocio el dedicarse a la piratería que a perseguirla.

Cuando Kidd logra regresar a las colonias con su presa mercante nominalmente francesa y con los pocos hombres que le han permanecido fieles se encuentra con que lord Bellomont le arresta como pirata. La razón es sencilla, las acusaciones públicas de piratería contra Kidd ponían en una situación comprometida a hombres poderosos. Éstos debían mostrar contra él la mayor dureza para salvar su propia situación, muy desairada en virtud del extraño compromiso al que habían llegado en su contrato y que podía salpicar al propio monarca. Lo que siguió es fácil de imaginar. Traslado a la Gran Bretaña para celebrar un proceso en el que se presentan testimonios inculpatorios demostrablemente falsos y en el que no se presentan pruebas que hubieran ayudado a la defensa. Kidd proclamó hasta el final su inocencia aunque, como ya dijimos, no le sirvió de nada.

Ésta es la tesis que defiende Zacks y que, en todo caso, habrá de ser respondida por los historiadores expertos en este periodo histórico y en la piratería en general. En cualquier caso, es un libro muy interesante y una magnífica recreación de la época que merece una lectura pausada.
17/04/2004 18:54


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