El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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73 años... y un día Permítanme, por una vez, una declaración personal. Me encantaría ver la proclamación en España de la III República. Nada tengo en contra (todo lo contrario) de D. Juan Carlos I. Sencillamente, me parece inconcebible que en un país democrático la jefatura del estado sea vitalicia y hereditaria. No soy, evidentemente, el único español que piensa así. Siempre se ha dicho que España es un país monárquico y un pueblo republicano al contrario que Francia.Incluso los reyes españoles más influenciados por las ideas de monarquía divina y gaitas semilares tuvieron buen cuidado de mantener aspectos populares e incluso castizos. Tal vez por ello y al contrario de lo sucedido en Rusia, Francia, Inglaterra... ni uno sólo de los monarcas españoles desde la Edad Media fue ejecutado o asesinado, aunque alguno hiciera méritos sobrados para ello. No deja de ser curioso en un país en el que el padre Mariana en su obra De rege et regis institutione (1599) había defendido el magnicidio: "Mas si el rey atropella la República, entrega al robo las fortunas públicas y privadas y desprecia y conculca las leyes públicas y la religión sacrosanta... esto no se le debe disimular de modo alguno" "...el que secunde los votos de la república e intente quitar la vida al príncipe, juzgo que en modo alguno obrará injustamente" causando con ello un escándalo en otros países (en París se quemaron públicamente ejemplares de esta obra) y ninguno en la propia España. En cuatro ocasiones el pueblo español expulsó a sus monarcas, pero nunca se llegó a más. Por si no lo recuerdan, los tres primeros fueron Carlos IV forzado a abdicar en su hijo Fernando VII por el motín de Aranjuez, José I al ser derrotado el ejército napoleónico en la Guerra de la Independencia e Isabel II por la Revolución de 1868. La cuarta ocasión, por el contrario, fue totalmente pacífica porque fue motivada... por unas elecciones municipales que ni siquiera ganaron los partidos que se proclamaban como republicanos. Si no lo entienden no se preocupen porque lo sucedido sigue siendo motivo de disputa historiográfica. Tal vez haya que comenzar por una aclaración, lo sucedido y la percepción de lo sucedido son dos cosas distintas. El 12 de abril de 1931 se celebraron elecciones municipales, la primera de las tres elecciones que debían suponer la vuelta a la normalidad democrática después de la dictadura (o de la dictablanda, como entonces se dijo) de Primo de Rivera. El apoyo del monarca Alfonso XIII al general y dictador le había hecho extraordinariamente impopular, algo a lo que también ayudaron los escándalos de corrupción, el caciquismo... que se habían dado durante su reinado; pero nadie esperaba lo que iba a pasar. Como dijimos, las elecciones municipales iban a ser seguidas por elecciones provinciales (el 3 de mayo) y generales (el 7 de junio). Éstas no llegaron a celebrarse. En otras ocasiones los partidos republicanos habían ganado elecciones municipales en las grandes ciudades sin que pasara nada (por ejemplo, en 1903). ¿Qué cambió en esta ocasión? El mismo día 12 por la noche el Gobierno comienza a recibir los resultados de las capitales de provincia. Quedan estupefactos al advertir que municipios que consideraban leales a la monarquía habían dado la mayoría a los republicanos. Marañón diría después de Toledo "Hasta los canónigos han votado la República". Sólo en nueve capitales de provincia (Ávila, Burgos, Cádiz, Gerona, Lugo, Palma de Mallorca, Pamplona, Soria y Vitoria) vencen los monárquicos. La sensación de derrota se extiende por el Gobierno reunido en el despacho del ministro de la Gobernación, el Marqués de Hoyos. A la salida de esa reunión, el conde de Romanones declara a los periodistas: "Han sido ocho años que, al fin, han hecho explosión." En la madrugada del día 13 de abril, el ministro de la Guerra, general Berenguer, telegrafía a las capitanías generales avisando de la derrota electoral que consideraba cierta. En la mañana de ese mismo día, Gabriel Maura, ministro de Trabajo, propone a Alfonso XIII que se olvide de las restantes elecciones, que convoque elecciones a Cortes Constituyentes y que, mientras tanto, abandone el país. A mediodía el almirante Aznar y varios ministros acuerdan celebrar Consejo esa misma tarde. Preguntado por los periodistas, Aznar pronuncia una frase que se ha hecho célebre: "¿Crisis? ¿Qué mas crisis quieren ustedes que la de un país que se acuesta monárquico y amanece republicano?" Esa tarde, en el Consejo, varios ministros afirman que han perdido la legitimidad para gobernar y se niegan a seguir en funciones. La Cierva y Bugallal se oponen y, finalmente, llegan a una solución de compromiso. Olvidar las elecciones provinciales e ir, directamente, a las generales. El general Mola afirmó, posteriormente, que el Consejo había decidido presentar su dimisión en pleno al rey, pero si esto fuera cierto, nadie se tomó la molestia de comunicárselo a Alfonso XIII. Éste se siente cada vez más ninguneado por sus propios ministros. En la madrugada del martes 14 de abril, Vigo declara la República en España. En un país en el que el alcalde de Móstoles se permitió el lujo de declarar la guerra a Francia en 1808, no es algo sorprendente. Después lo hizo Éibar. Cuando la noticia llega a Madrid comienzan a congregarse manifestaciones en las calles. D. Alfonso llama al subsecretario de Gobernación, Mariano Marfil, y le pide que actúe contra ellas. Marfil le comunica que eso es imposible. En ese momento, parece ser, que D. Alfonso considera que no tiene otra salida que el exilio. Comienza una ronda de consultas con los ministros. A Ventosa y a Hoyos les asegura que no se siente legitimado para emplear la violencia. Al conde Romanones le pide que se entreviste con D. Niceto Alcalá Zamora. En esa entrevista, Romanones pide al político republicano un plazo de unas semanas para conocer el resultado definitivo de las elecciones. Alcalá Zamora se niega a ello. La mitad de los gobernadores civiles se han adherido a la proclamación de la República y la Guardia Civil se niega a actuar contra los republicanos. Alcalá Zamora concede a D. Alfonso XIII el plazo hasta la puesta de sol para abandonar España en paz. A las 3 de la tarde, Romanones se entrevista con el rey. A las 4, la bandera tricolor ondea en el Palacio de Comunicaciones. Los políticos republicanos se ufanan ante la prensa internacional por la victoria electoral y el cambio de régimen. El Gobierno monárquico se reúne en el Palacio Real a las cinco menos cuarto. El general Berenguer asegura que la Monarquía no puede contar con un apoyo firme del ejército. Llega entonces un mensaje del Comité Republicano que exige la entrega del poder antes de las 7 de la tarde. D. Alfonso aprueba un Manifiesto redactado por Gabriel Maura en el que suspende el poder real. A las seis y media el Gobierno abandona el Palacio Real. El reinado de Alfonso XIII ha acabado y comienza la andadura de la II República. El caso es que el Gobierno se sentía derrotado en las urnas... y no había sido así. Aunque los resultados definitivos nunca se proclamaron, al añadir a las capitales de provincia (en las que, como ya dijimos, sí ganaron los republicanos) las del resto de localidades, el resultado se invierte. El republicano Madariaga da las cifras de concejales monárquicos electos: 41.224; concejales republicanos electos: 39.248. Los problemas de escrutinio y notificación de resultados provocaron que unos y otros creyeran que el resultado fue distinto al que realmente fue. No obstante, es poco probable que aunque se hubieran sabido estos datos el resultado final fuera otro. Los errores de D. Alfonso habían sido de tal calibre que hasta sus colaboradores más cercanos sentían que la proclamación de la República era inevitable. El derrotismo de que hicieron gala todos ellos (excepto La Cierva y Bugallal) incluido el propio monarca es la mejor prueba de ello. Posteriormente, D. Alfonso declaró: "Yo no tenía derecho, en 1931, a imponerme por la fuerza cuando las principales poblaciones de la Monarquía se habían pronunciado contra ella." aunque, tal vez la mejor definición de lo sucedido en esos días fue la que hizo Lerroux: "La Monarquía se hundió, no la derribó nadie. Lo que hicieron los republicanos fue poner en su lugar, ya vacío, la República." 15/04/2004 01:53 |
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