El triunfo de Clío

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Mea culpa d´un sceptique

cartailhac.jpgEn 1879, D. Marcelino Sanz de Sautuola penetró en una cueva situada en unas tierras de su propiedad cerca de la villa cántabra de Santillana del Mar. En ella encontró pinturas de animales de vivos colores. Dado que en esa misma cueva de Altamira había restos líticos y óseos pertenecientes a épocas prehistóricas, D. Marcelino relacionó ambas actividades para llegar a la revolucionaria conclusión de que esas pinturas habían sido realizadas por gentes antediluvianas, como entonces se decía.

Sin embargo, en el Congreso de Lisboa de 1880 esa idea es tajantemente rechazada. Hoy puede parecer una decisión equivocada (que lo fue) y arbitraria (que no lo fue). No tiene ningún sentido que juzquemos a aquellos doctos académicos según lo que hoy sabemos porque ellos no aceptaron la relación propuesta por el Sr. Sanz de Sautuola según lo que ellos sabían en esos momentos. Se conocía arte prehistórico, pero éste se limitaba a grabados animalísticos en hueso y cantos localizados en estratos antiguos lo que permitía una datación "a ojo". Estilísticamente, si bien representaban fauna como la de Altamira, eran mucho más sencillos, menos estéticos. En una época en la que no existían dataciones absolutas, D. Marcelino no pudo presentar ninguna prueba de que esas pinturas fueran contemporáneas de los útiles prehistóricos. Se pensó que podían haber sido realizadas por legionarios romanos durante las guerras cántabras e incluso hubo quien apuntó a que eran obra de los jesuitas para desprestigiar el estudio científico de la Prehistoria que Boucher de Perthes había iniciado cincuenta años antes. Los colores vivos parecían recién pintados y algunos pensaron que eso es lo que había pasado. En esa descalificación de las teorías de D. Marcelino se distinguió el gran experto en Prehistoria de aquella época, Émile Cartailhac.

El Sr. Sanz de Sautuola continuó su batalla infructuosamente porque no pudo presentar pruebas de su teoría. En 1888 falleció pensando que él tenía razón aunque poca gente lo creyera. Altamira, que había gozado de popularidad en un primer momento (incluso fue visitada por S. M. D. Alfonso XII) cayó en el olvido. Monsieur Cartailhac ni siquiera quiso verla. Hay una cierta justicia poética en lo sucedido a continuación. En 1895 en la cueva de La Mouthe, su propietario procede a eliminar los pedruscos que la llenaban en parte. Encuentra un corredor por el que entran unos niños que encuentran grabados parietales. Al contrario que en Altamira, varios de ellos estaban parcialmente tapados por estalactitas que debían haberse formado después de que se efectuaran los dibujos. Al año siguiente (1896) François Deleau (que llevaba años trabajando en excavaciones arqueológicas en la cueva de Pair-non-Pair) anuncia un descubrimiento sensacional. Ha encontrado grabados parietales tapados por estratos en los que se documentan útiles prehistóricos. Por tanto no cabe duda de que esos estratos prehistóricos se acumularon después de realizados los dibujos. Mr. Cartailhac vacila hasta que le convence de su error un sacerdote que estaba muy interesado por esos hallazgos, el abate Breuil.

En 1902, Mr. Cartailhac publica un artículo que se ha hecho famoso, "Mea culpa d´un sceptique" en el que reconoce que D. Marcelino siempre tuvo razón y que él se equivocó. Esta vindicación póstuma ¿como no? fue acompañada de una visita a Altamira acompañado del abate Breuil, la misma visita que antes se había negado a realizar.

El preámbulo ha sido largo (espero que no aburrido) porque lo que realmente quería era entonar mi propio "mea culpa d´un sceptique". Si frecuentan esta página, ya sabrán mi postura sobre la presencia de D. Javier Armentia en el programa de televisión titulado "El Castillo de las mentes prodigiosas". Dije en su momento que estaba seguro de que el programa sería aún peor sin su presencia. Me equivoqué. Me creí la publicidad de la propia cadena que aseguraba que se iba a poner a prueba las supuestas facultades paranormales (lo que hubiera dado sentido a su presencia en el programa por la necesidad de ser supervisadas por alguien con experiencia en estos temas). Eso ha terminado siendo una falsedad evidente para cualquier persona que haya tenido el estómago y el mal gusto (ando sobrado de ambas cosas) para aguantar la emisión de esa astracanada. La cuestión esotérica es sólo una excusa para realizar un calco de ese engendro de la telebasura que es Gran Hermano. Ni pruebas ni leches. No hay ninguna intención de someter a prueba a los invitados. Si albergaba muchas dudas después del segundo programa, el martes se disiparon todas las que pudiera tener.

Por si pertenecen Vds. al numeroso grupo de personas que deciden inteligentemente que tienen mejores cosas que hacer (abrillantar tortillas, coleccionar picaportes...) que aguantar este bodrio, les cuento el porqué. El martes, el encargado de poner a prueba a los videntes fue el padre Apeles, un sacerdote inteligente, cáustico y conocido detractor de las afirmaciones paranormales (por si no lo han notado, este hombre me cae muy bien). Intentó hacer un resumen de sus conclusiones momento en el que fue cortado por la presentadora (por lo que se ve, si dejaba hablar largo y tendido al padre Apeles, quedaría menos tiempo para lucir escote) aduciendo la falta de tiempo para ello. No deja de ser curioso cuando al principio del programa dejó que los videntes se pusieran a caldo con gritos, insultos... durante cerca de media hora, cuando al final hubo tiempo para mostrar a la Pitonisa Lola cantando no se qué, y al Divino Otelma perpetrando el "Guantanamera". Hay tiempo para las gilipolleces, no lo hay para lo que se suponía iba a ser el argumento central de programa. Morbo barato disimulado baja la capa del ocultismo, ésa es la jodida realidad de "El Castillo..."

Lógicamente, D. Javier no tiene nada que hacer en ese circo, así que optó por permanecer en plan estatuario. El programa no empeoraría si no hubiera estado allí (tampoco mejoraría si no estuviera). Ya que no puede hacer nada (para este tipo de cosas, con el padre Apeles basta e incluso sobra porque con dejar solos a los (in)videntes ya queda claro qué son, espero que, al menos, D. Javier se divierta. La audiencia no va a conocer el pensamiento crítico, el método científico... intelectualmente este programa no va a dejar nada positivo. El contar con un conocido escéptico y excelente divulgador científico parece que más que ser una garantía de seriedad es un ardid, un camuflaje para que parezca que este "Gran Hermano" es otra cosa que el mismo perro con distintos collares.

Por supuesto el Sr. Armentia es muy libre de hacer lo que le dé la santísima gana y de asistir a los programas que tenga a bien puesto que acude a título personal y cualquier descrédito que pueda salpicarle por ello le perjudicará única y exclusivamente a él (si alguien piensa lo contrario, estará cometiendo un non sequitur); pero los aspectos positivos que yo esperaba de su colaboración con este engendro, ni se han producido ni tengo la menor esperanza de que aparezcan por algún lado.

Me equivoqué y por ello les pido disculpas. Como penitencia copiaré doscientas veces: "No tomarás las promesas de la telebasura en serio." "No tomarás las promesas de la telebasura en serio" (les ahorro el tener que leer las 198 copias siguientes). Errare asinum est.
08/04/2004 00:44


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