El triunfo de Clío

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Tercer interludio castellano

freakies.jpgLa telebasura es la mejor prueba de la célebre ley de Murphy que asegura que todo lo que puede empeorar acabará por hacerlo. El programa de hoy ha sido aún más delirante y cutre que el anterior. Por de pronto ya parece que ha habido quien se ha hartado de esta astracanada y la "jueza" Dña. Beatriz de Orleans ha desaparecido substituida por el Sr. Carrión. Ha sido la única porque tanto el conde Luconi como el ente Kennedy, pese a una bronca realmente memorable en la que lo segundo ha acusado al primero de falso conde, falso italiano y verdadero estafador, mientras el primero anunciaba que iba a querellarse y llamaba a lo segundo de todo menos bonito (lo que hubiera sido una auténtica falsedad pese a las 200 barras de carmín -más o menos- que embadurnaban sus siliconados labios), continúan en "El castillo..." pese a sus amenazas de abandonarlo si no echaban al otro. Sospecho que la cláusula que suele poner A3 en otros programas semejantes según la cual el que abandona voluntariamente el concurso no cobra ni un euro por su participación, también existe en "El castillo...".

La verdad, el programa es un auténtico coñazo si uno se lo toma medianamente en serio, pero tiene su puntito si uno realiza antes un par de buenos conjuros sobre una queimada (y después se la bebe, claro). Por ejemplo, el divino Otelma apareció con un modelito absolutamente indescriptible que parecía un cruce entre las vestiduras papales (tiara incluida) y el vestuario de una drag-queen pasada de rosca con ciertas influencias de la capa de Batman. Aramís Fuster apareció con algo también inenarrable. Uno de los mensajes que ponen en pantalla (y que son lo mejor del programa) decía: "Aramís, pareces un avestruz gay". Si se imaginan un avestruz gay podrán tener cierto pálido reflejo del disfraz que llevaba la Sra. Fuster. Paco Porras continuaba con algo encima de la cabeza (otro de los mensajes aseguraba: "Aquí no hay otro espíritu que el de la rata que lleva Paco Porras encima de la cabeza" mientras otro se preguntaba si ése era Paco Porras o David Crocket) y con una corbata arcoiris que, supongo, habrá indignado al colectivo gay después de comprobar como el Sr. Porras tocaba, poniendo cara de arrobo, los pechos siliconados del ente Kennedy. Por su parte, nuestro querido mago celta-galaico había cambiado su disfraz de burbuja Freixenet por el de bola de árbol de Navidad made in Taiwan.

¿Algo más a destacar? Que el coro de las mentes prodigiosas y las voces deplorables perpetró bajo la dirección (si Ataúlfo Argenta levantara la cabeza...) del profesor Mercury aquella canción tan hermosa (si no la ejecutan -nunca mejor dicho- cantores como éstos) que dice: "Éstas son las mañanitas que cantaba el rey David..." ya que, al parecer, era el cumpleaños de la seño Senoalgo. Fue una interpretación tan armoniosa como la obtenida metiendo una zorra hambrienta en un gallinero repleto de gallináceas desafinadas. Por cierto, alguno de las "mentes prodigiosas" tuvo que leer la letra mediante una "chuleta". Parece que sus amplios poderes mentales no comprenden la prosaica buena memoria.

¿Y eso fue todo? Pues no porque el engendro ha durado dos horas y media (menos intermedios publicitarios), pero, la verdad, supongo que les importarán las broncas entre participantes y entre participantes y tribunal tan poco como a mí. ¿Y las pruebas previstas para comprobar la veracidad de los supuestos poderes psíquicos? Pues deben haber sido abducidas en el Triángulo de las Bermudas o en el de Venus, porque allí no hubo nada de nada. Al parecer, la cosa va a limitarse a enviarles unas cuantas personas de las que solicitan sus servicios y reflejar lo que opinan éstas sin que se emitan las consultas de videncia ni nada semejante. De pruebas de doble ciego y con rigor científico mejor que nos vamos olvidando. Bueno, también enviaron al castillo de Fantomas a la conocida científica Leticia Savater para que evaluara sus poderes, pero lo único que pudimos ver de esas pruebas es cómo la Srta. Savater se ponía hasta las patas en una comida con toda esa cáfila (si el buen comer es señal de poderes psíquicos Randi se va a quedar sin premio en cuanto me acerque por los Estados Arrejuntaditos de América).

¿Y el Sr. Armentia? Pues habló algo más que en el programa anterior (lo que, reconozcámoslo, era fácil). Dijo pocas cosas pero llenas de buen juicio (que es a lo más, me temo, a que pueda aspirar en este bodrio granhermanesco) y la hora de nominar a los candidatos a la expulsión aseguró que no sabía si nominarlos a todos porque nadie había demostrado ningún poder o pedir que les permitieran seguir a todos en el Castillo a condición de que cerraran la puerta y tiraran la llave al mar.

En fin, que cualquier duda que pudiera haber sobre este programa ha quedado despejada. Ni pruebas, ni poderes, ni pepinillos en vinagre. Todo eso no es más que una excusa para vender el morbo (para el que estas cosas se lo provoquen que hay gente para todo incluso quien pide vía SMS imágenes de la pitonisa Lola en la ducha -sólo de pensarlo me entran ganas de hacerme anacoreta y renunciar a los placeres carnales-) de unas personas que se insultan, gritan, acusan... mutuamente. Pues que con su pan (y su nabo del Sr. Porras) se lo coman.
31/03/2004 13:40


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