El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
|
El avispero (V) Bueno, dejemos por ahora -seguro que tendremos que volver sobre el tema si es que no se cancela su emisión por la baja audiencia lograda- la cuestión de "El castillo de las mentes prodigiosas" y volvamos al Imperio Bizantino. Antes de la disgresión castellana, habíamos dejado a Constantinopla y los reinos de Occidente con ciertos resquemores mutuos por aquello de que los segundos dijeron "La tierra para el que la conquista" incumpliendo los juramentos con Alejo I para cederle los territorios conquistados por los cruzados que hubiera perdido ante los turcos selyúcidas. En esa situación el gran perdedor fue Bizancio que sufrió una nueva derrota militar ante los selyúcidas en Miriocéfalo (1176), pero los turcos ya sólo eran una parte del problema. Los normandos estaban empeñados en conquistar bases navales en el Mediterráneo Oriental. Su conquista del puerto clave de Durazzo obligó a Bizancio (incapaz de organizar una flota en condiciones) a recurrir a Venecia. Ya dijimos que esa ayuda obligó al basileus a otorgar la libertad comercial y la exención de impuestos a los venecianos (crisóbulo de 1082). En una época en la que las dificultades económicas eran considerables, esa medida era un desastre para el tesoro imperial. Además, las ventajas obtenidas por Venecia, suponían una inmensa influencia en los asuntos internos de Constantinopla (entre otras cosas, se les cedió uno de los distritos de Bizancio). Para intentar paliar esa preponderancia veneciana, los Comneno concedieron ventajas comerciales a los rivales de Venecia, pisanos y genoveses. En 1147 el normando Roger II se apodera de la isla de Corfú. Nuevamente los bizantinos tienen que recurrir a la armada veneciana para reconquistarla.Bajo el basileus Manuel I Comneno se restablece la unidad de las iglesias ortodoxa y latina, pero esta medida es muy impopular entre el poderoso clero oriental. Ante el aumento del descontento interno agravado por la derrota de la ofensiva bizantina contra los normandos (Brindisi-1155) Manuel I hace una concesión a la demagogia que tendrá efectos demoledores. En 1171 ordena la detención de los venecianos que residían en la capital. Venecia, que ya estaba molesta por los privilegios concedidos a sus rivales de Pisa y Génova, se alía a los normandos (1175). La derrota de Miriocéfalo ante los selyúcidas hace estallar el resentimiento. La población, azuzada por demagogos, culpa de esos desastres a los occidentales. En 1182 se produce la matanza de los latinos que vivían en el imperio. El saqueo y el pillaje de sus posesiones confirió a esta masacre su equivalencia con los pogromos antijudíos de la Europa Occidental. Andrónico Comneno usurpa el trono a su primo, el pro-occidental Alejo II, y toma medidas contrarias a los intereses de la nobleza militar-terrateniente. La respuesta interna y externa ante esos desórdenes no se hace esperar. Los normandos conquistan Durazzo, Tesalónica y se preparan para atacar Constantinopla (1185). En ese mismo año Isaac Angel, apoyado por la nobleza latifundista, derroca y asesina a Andrónico Comneno con lo que pone fin a esa dinastía y comienza la de los Angel, pero el desastre es ya imposible de detener. El tesoro imperial prácticamente había desaparecido. Los Balkanes estaban fuera de todo control bizantino (en 1187, Isaac Angel debe reconocer el nuevo reino búlgaro y la pérdida de Dalmacia, Croacia y Servia). Al sur la amenaza turca, aunque debilitada por la desunión de los selyúcidas, estaba presente. En Occidente se preparan para el reparto del botín. Isaac es depuesto (y cegado) por su hermano, Alejo III (1195). El hijo de Isaac que también se llamaba Alejo (Alexis) escapa de la cárcel en 1201 y pide ayuda al Papa que se la niega por lo que se dirige a Alemania ya que su hermana Irene estaba casada con Felipe de Suabia. En esos momentos estaba en marcha una nueva cruzada, la IV, para reconquistar el reino de Jerusalén perdido en 1187 y sólo parcialmente recuperado en 1192 por la III Cruzada (acuerdo entre Ricardo Plantagenet, más conocido por su apodo de Corazón de León, y Saladino). Tomaron la cruz el conde Teobaldo de Champaña, Hugo de Blois y el conde Balduino de Flandes. Los tres enviaron emisarios (por primera vez en la historia plenipotenciarios, es decir, con plena libertad para acordar lo que fuera en su nombre) a Italia para acordar con venecianos, genoveses o pisanos su transporte por vía marítima. La elegida fue la República de Venecia cuyo dogo (dux) era Enrico Dandolo. Por 85.000 marcos de plata pagaderos en cuatro cómodos plazos, los venecianos se comprometieron a transportar a Egipto (dado que eran los ayyubíes los que sustentaban el poder musulmán en Palestina, atacarles en su propio reducto no era ninguna tontería) a 33.500 hombres (4.500 caballeros, 9.000 escuderos y 20.000 infantes). El problema surgió cuando los cruzados sólo pudieron reunir 11.000 hombres lo que generó una deuda con la Serenísima (que se negó a rebajar el precio pactado) de 34.000 marcos. A cambio de un aplazamiento de la deuda los venecianos consiguen que los cruzados les ayuden a conquistar la ciudad de Zara en la costa dálmata que era un importante enclave comercial que pertenecía a la corona húngara. El 24 de noviembre de 1202 la ciudad es tomada. Por haber tomado las armas contra un rey cristianos el papa Inocencio III decreta la excomunión de todo el ejército cruzado (situación de los más curiosa, obviamente). Franceses y alemanes consiguen que se les levante el anatema, pero los venecianos siguen excomulgados aunque, para salvar la Cruzada, Inocencio III no prohíbe que se tenga tratos con ellos. Como el invierno estaba muy avanzado, el ejército cruzado acampa en Zara. Allí, a finales del 1202 o comienzos de 1203, llegan emisarios de Felipe de Suabia y Alejo, el hijo del depuesto basileus Isaac. Piden ayuda a los cruzados para recuperar el imperio. A cambio de ese auxilio se compromente a volver a unir las iglesias griega y latina (después de Manuel I Comneno se habían vuelto a separar), grandes recompensas para los venecianos y a ceder 10.000 hombres para la Cruzada. Entre los cruzados estallan las disensiones entre los partidarios y contrarios al acuerdo. Simón de Monfort y el abad de Vaux abandonan la Cruzada. La mayoría de los cruzados de a pie, según parece, fueron convencidos para continuar la empresa (que ya no se dirigiría a Egipto sino a Bizancio) con el argumento de que las grandes reliquias que se conservaban en Costantinopla no podían estar custodiadas por unos cismáticos como los griegos. Inocencio III, en junio de 1203, condena el cambio de planes pero como la RENFE de antaño llega tarde porque los cruzados habían zarpado de Zara en abril en compañía de Alejo. En julio están ante Constantinopla y el 17 de julio atacan la ciudad que sólo se salva de su toma por la actuación de los mercenarios ingleses y daneses. No obstante, Alejo III se ve perdido y abandona la ciudad llevándose, eso sí, el tesoro imperial. Los cruzados quedan, pues, dueños de la capital y restablecen en el trono a Isaac y a su hijo Alejo IV como corregentes del Imperio. No obstante, pronto se vio que Alejo IV no podía cumplir con lo prometido. Además, el pueblo le detestaba cordialmente por haber recurrido a los latinos que eran odiados por todo lo antedicho. En enero de 1204 Isaac y Alejo IV son derrocados y asesinados. El pueblo entroniza a otro Alejo, quinto de su nombre, abiertamente antilatino. Los cruzados deciden volver a intervenir y el 12 de abril de 1204 toman las murallas de Constantinopla y el 13 asaltan la ciudad. Se repiten (aunque esta vez en sentido contrario) las matanzas y saqueos de 1182. Se produce un inmenso robo de reliquias y objetos artísticos (si se preguntan por la procedencia de la cuadriga de bronce de la basílica veneciana de San Marcos, fue uno de los "recuerdos" de esta "hazaña"). El botín oficial fue de 900.000 marcos de plata de los que más de la mitad, cerca de medio millón fue a parar a Venecia. El Imperio Bizantino dejó de existir como tal, repartido entre los vencedores. Balduino de Flandes fue coronado el 16 de mayo de 1204 en Santa Sofía como emperador de Romania, el reino latino de Constantinopla. Su dominio, no obstante, se limitaba a zonas de Bizancio (entre ellas los palacios imperiales de Blanquernas y Bucoleón), Tracia, el noroeste de Asia Menor y las islas de Lesbos, Quíos y Samos, aproximadamente un cuarto de la extensión del Imperio Bizantino antes de estos sucesos. Los 3/4 restantes de dividieron a partes iguales entre Venecia y los cruzados. Bonifacio de Montferrat, pariente de Felipe de Suabia, recibe Macedonia, Tesalia y Creta (que vende después a los venecianos). Venecia, sabedora de que no podía mantener un imperio, rehúsa recibir el Peloponeso, pero sí acepta enclaves en la costa adriática además de algunas islas jónicas, el protectorado de Eubea y puertos clave para el comercio en el Helesponto y el mar de Mármara así como 3/8 de la ciudad de Constantinopla, incluida Santa Sofía. El imperio griego quedó reducido a tres estados, el Imperio de Trebisonda en el mar Negro, gobernado por la antigua familia imperial de los Comneno; el Despotado de Epiro en el norte de Grecia gobernado por la familia imperial de los Angel y el Imperio de Nicea gobernado por la familia de los Lascaris. Nicea se alía con los búlgaros y derrotan a Balduino en Adrianópolis (1205). Bajo Juan III (1222-1254) los niceanos arrebatan a los latinos las provincias periféricas (Tracia, Macedonia y Tesalónica), derrota a Epiro y a sus antiguos enemigos-aliados búlgaros. El trono niceano es ocupado por Miguel Paleólogo que vence en Pelagonia (1259) a una coalición de latinos y del despotado de Epiro. El 25 de julio de 1261 sus tropas entran en Constantinopla mientras el último de los reyes de Romania, Balduino II, huye. El Imperio Bizantino vuelve a aparecer aunque mermado. Venecia conserva sus posesiones, existen dos reinos latinos independientes, el principado de Acaya y el ducado de Atenas y económicamente Miguel había obtenido apoyo de Génova a cambio de beneficios equivalentes a los obtenidos por sus adversarios venecianos (acuerdo de Nymphaion de 1261). La antigua hipoteca comercial con Venecia sólo ha cambiado de manos. La nobleza consigue grandes beneficios en detrimento de las clases bajas en especial del campesinado. Las luchas religiosas se reanudan cuando Miguel Paleólogo accede a una nueva unión de las dos iglesias (II concilio de Lyon -1274-)en un intento de obtener aliados antes la pretensión de la poderosa casa de Anjou (que gobernaba el sur de Italia y Sicilia desde la batalla de Benevento -1266-) de restablecer el reino latino de Acaya (sur de Grecia) que le había sido cedido a Carlos de Anjou por Guillermo II (tratado de Viterbo) después de que éste rompiera sus lazos vasalláticos con Venecia. Pero el nuevo Papa Martín IV es francés y partidario de Carlos de Anjou, así que rompe la unión de las dos iglesias al excomulgar a Miguel Paleólogo. En 1282 se produce el levantamiento antifrancés conocido como "las vísperas sicilianas". Sicilia pasa a la Corona de Aragón bajo Pedro III, pero los Anjou controlan aún Nápoles. No obstante las guerras con Aragón centran su preocupación así que Carlos II de Anjou revierte Acaya a la hija de Guillermo II, Isabel, casada en primeras nupcias con Florencio de Hennegau. El principado de Acaya vuelve a ser, nominalmente, independiente pese a que Carlos II no cesará en sus pretensiones de interferir en su política. No obstante, Florencio lleva a cabo una buena labor diplomática con Bizancio que permite que el Acaya mantenga su independencia nominal. No puede decirse lo mismo del segundo marido de Isabel, Felipe de Saboya, cuyo comportamiento arrogante logra que en 1306 tenga que ser depuesto por felonía por Carlos II que traspasa el principado de Acaya a su propio hijo, Felipe de Tarento. En su lucha con los angevinos (los Anjou) Pedro III recurre a la Compañía Catalana, un grupo de mercenarios catalanes, aragoneses y navarros que estaban bajo el mando de un antiguo templario, Roger de Flor. Tras la paz de Caltabellotta (1302) los mercenarios se quedan sin trabajo así que aceptan una oferta del nuevo basileus, Andrónico II, para frenar la expansión turca. Los 6500 hombres de Roger de Flor se establecen en Gallípoli (1305) desde donde atacarán no a los turcos sino al ducado de Atenas (1311). Los ducados de Atenas y Neopatria pasan a la Corona de Aragón. El Imperio Bizantino era un inmenso cadáver del que cada uno saqueaba lo que podía. Sólo faltaba un último acto, su entierro definitivo. De ello se ocuparían los turcos otomanos. 25/03/2004 20:04 |
Temas
Archivos
EnlacesHistoriaParahistoriaEscepticismo
Divulgación
Cajón de sastreOtros |