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El avispero (IV) El hablar de I Cruzada puede dar lugar al equívoco, a pensar en un movimiento único y bien organizado. En realidad dentro de la Cruzada existieron diferentes frentes y la descoordinación entre ellos fue notable. Pero antes de hablar de la Cruzada y sus "éxitos" en Bizancio ¿por qué se produjo ésta? Evidentemente, el desencadenante fue la petición de ayuda de Alejo I Comneno, pero las causas reales son otras y de todo tipo. Se ha señalado que la Iglesia venía elaborando el concepto de "guerra justa" desde hacía tiempo y por un interés de lo más material, las incursiones depredadoras de pueblos como los magiares y los normandos se habían dirigido a los objetivos más ricos y menos protegidos (el que se dedicaran al pillaje no significa que fueran idiotas) lo que se traducía en la práctica en el robo de iglesias y monasterios. Por tanto, la Iglesia empezó a ver con buenos ojos la idea de una caballería cristiana hasta el punto de que pervirtió el significado original de la expresión "militia Christi" (ejército de Cristo) que inicialmente designaba de forma metafórica al clero que combatía pacificamente contra el pecado.Se ha señalado también que las normas que regían las herencias de las propiedades nobiliarias en el norte de Francia habían cambiado. La división carolingia de los feudos entre todos los hijos terminó suponiendo la fragmentación de la propiedad hasta un punto en que se tornaba inviable. Entre los años 850 y 1000 está documentada la existicia de hambrunas periódicas. Para impedir este proceso, se establece la primogenitura. Si bien el hecho de que el primogénito reciba la herencia acaba con el problema de la fragmentación de las tierras crea un nuevo problema. Los hijos no primogénitos quedan desheredados. Muchos segundones no veían con malos ojos la posibilidad de ganar feudos propios en ultramar (y Urbano II ya tuvo buen cuidado de prometer en Clermont la propiedad de las tierras ganadas tanto a los caballeros que participasen en la Cruzada como a sus descendientes). Según parece, la Cruzada se había pensado, según parece, como un movimiento nobiliario, pero en unos años sin televisión ni periódicos, la noticia debía difundirse con el auxilio de las órdenes religiosas y de predicadores de todo tipo. Uno de ellos era un visionario llamado Pedro el Ermitaño. Según las leyendas que se crearon después en torno suyo poseía una carta recibida del mismo cielo en la que se auguraba la reconquista de Jerusalén. Sea cierto o no que afirmara tal cosa, sí es verídico que predicó con gran éxito la Cruzada a todo tipo de gente. Champaña, Lorena, Tréveris y Colonia son algunos de los lugares que vieron pasar a este personaje camino de Oriente. Además de algunos caballeros como Gualterio sin Haber (y entiéndase ese mote en el sentido económico del término) reunió a gente del pueblo, sin armamento ni dinero. La cantidad de cruzados reunida obligó a dividir la tropa. Gualterio al frente de los franceses llega sin demasiados problemas a Bizancio en julio de 1096. Pedro el Ermitaño hace lo propio un par de semanas más tarde con el resto de los franceses, loreneses, renanos y nativos del sur de Alemania aunque éste sí que con pérdidas por el motivo que luego veremos. Por el contrario, los alemanes que debían llegar capitaneados por el sacerdote Godescalco y el conde Emicho fueron masacrados en Hungría después de que los cruzados se entregaran al pillaje de las poblaciones por las que pasaban. Ni fue el primer caso ni fue el último. Ya en Alemania habían realizado pogromos antijudíos en Espira, Worms, Colonia... con la tradicional excusa de que eran los asesinos de Cristo, pero, en realidad, para saquear sus bienes. En Nis, la tropa de Pedro el Ermitaño consiguió entrar en combate... con el propio ejército de Bizancio y más concretamente con los mercenarios pechenegos después de episodios de indisciplina similares a los antedichos. No obstante, Pedro fue recibido por el basileus que además de hacerle cuantiosos regalos (no sabía lo que le había caído encima) le pidió que permaneciera en Bizancio hasta la llegada de los restantes contingentes. Alejo I no tardó en cambiar de opinión cuando los cruzados comenzaron a saquear la propia Constantinopla. El 6 de agosto de 1096 cruzan el Bósforo y se dirigen al campamento de Civetot justo donde comenzaba el territorio bajo control turco. Los franceses se dedican al pillaje de las poblaciones enemigas y logran un botín considerable en Nicea. El contingente alemán intentó hacer lo propio, pero sólo consiguen quedar cercados en Xerigordon. El grueso de la tropa cruzada acude en su auxilio y es aniquilado (21 de octubre de 1096). Sólo unos pocos supervivientes consiguen huir a Constantinopla. Si la "cruzada popular" había sido un desastre que sólo consiguió crear problemas a su paso sin ninguna utilidad militar, no fue Pedro el Ermitaño el único jefe que tuvo problemas. El continguente (éste sí nobiliario) al mando del conde Raimundo de Tolosa y del legado papal Ademaro partió tarde y le sorprendió el invierno balkánico. En territorio bizantino fue escoltado por mercenarios pechenegos con los que tuvo ciertas "discrepancias de pareceres". En una de ellas resultó herido de gravedad Ademaro que tuvo que quedarse, de momento, en Tesalónica. Los cruzados saquean la ciudad de Roussa y cuando Raimundo se dirige a Constantinopla para preparar la llegada de sus tropas, los bizantinos atacan y disuelven el ejército. Otros contingentes llegan sin problemas como los normandos al mando de Bohemundo de Tarento pero en este caso el problema eran ellos mismos dado que los normandos y los bizantinos habían tenido ciertos "problemillas" tradicionales a causa de las posesiones de los segundos en Sicilia. Posiblemente escarmentado por el precedente de Pedro el Ermitaño, Alejo prohíbe la entrada en Constatinopla de los cruzados. Sólo permite la recepción de los jefes y sus séquitos a los que colma de regalos. Pronto surgirían los problemas. El basileus quiere que los jefes presten juramento de devolver a Bizancio las tierras que conquisten y que habían perdido por la invasión turca. El primer contingente cruzado que llegó (excluido el de Pedro el Ermitaño) era pequeño y estaba mandado por Hugo de Vermandois que sí juró. El segundo, mucho más numeroso, fue el de Godofredo de Bouillon. Éste dijo que tururú y se negó por dos veces a ser recibido por Alejo. El basileus respondió negando el suministro de alimentos a las tropas que contastaron saqueando los arrabales de Constatinopla (parece que esto se estaba convirtiendo en una costumbre cruzada). En enero de 1097 Godofredo decide visitar el palacio imperial de Blanquernas de una forma bastante poco procotolaria, sitiándole. Alejo se tomó bastante mal la "visita" de Godofredo y estalla un enfrentamiento entre el ejército bizantino y el cruzado en el que éste lleva la peor parte. El 20 de enero, Godofredo jura y es transportado con sus tropas al otro lado del estrecho posiblemente con gran alivio del basileus. Después llegó Bohemundo con las tropas normandas aunque sabedor de que no era un modelo de popularidad para los bizantinos no puso ningún problema y también juró a mediados de abril. Le tocó el turno a continuación a Raimundo de Tolosa. Éste dijo que había ido a Oriente por voluntad de Dios y que, por tanto, no estaba dispuesto a someterse a los hombres. Los demás jefes cruzados (en especial Bohemundo) le presionaron para no demorar más la expedición y el 26 de abril de 1097, el conde de Tolosa jura (curiosamente, el que tanto se había negado a jurar fue el único que cumplió su palabra). A finales de abril el ejército cruzado comienza las operaciones militares. El primer objetivo fue Nicea a dónde llegó Godofredo el 6 de mayo. Las tropas selyúcidas que intentan auxiliar la ciudad fueron derrotadas el 21 de mayo y Nicea se rinde el 19 de junio. Como antigua posesión bizantina y en virtud del juramento prestado, se niega a los cruzados la entrada (de saqueo ni hablar) a la ciudad lo que les sienta bastante mal. Fue el único caso en que se respetó la palabra dada. Los jefes cruzados dejaron palpables los sentimientos de profunda religiosidad que les había llevado a Oriente. Tancredo y Balduino casi llegan a las manos por la posesión de Tarso (de cederla a Bizancio ni hablar). El segundo llegó a Edesa (febrero de 1098) donde es adoptado y nombrado corregente de Edesa por Toros. Éste era ortodoxo mientras la mayoría de Edesa era monofisita. En marzo el pueblo se revela y Toros es linchado mientras Balduino miraba para otro lado. El día 10 es nombrado señor de Edesa y abandona la cruzada. El 3 de junio de 1098 los cruzados toman Antioquía que es asignada (5 de noviembre) a Bohemundo en medio de la oposición de Raimundo de Tolosa que fue el único que insistió en cumplir el juramento prestado a Alejo I. Finalmente, el 15 de junio de 1099 los cruzados toman Jerusalén en medio de una horrible matanza de la población civil. Las poblaciones que supuestamente debían haber sido devueltas a Bizancio quedaron en posesión de los cruzados. Si las relaciones entre Bizancio y el occidente europeo no eran buenas, a partir de ese momento empeorarían aún más. Si los bizantinos se quejaban por el incumplimiento del juramento a Alejo, los cruzados protestan por los agravios recibidos en Constantinopla y por la poca ayuda prestada por parte del ejército bizantino. Las diferencias eran irreconciliables y tardaron poco en empeorar. 23/03/2004 21:18 |
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