El triunfo de Clío

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No hay dos sin tres

gallipoli.jpgSi en días pasados hablábamos de dos películas que embellecieron hasta hacer irreconocibles las batallas de Little Bighorn y Balaklava hoy despediremos esta serie de artículos con una tercera que no incurre en ese error. En 1981 el australiano Peter Weir dirigió a un casi desconocido actor australiano nacido en Peeksill (Nueva York - EEUU), Mel Gibson, en una película sobre tropas ¿como no? australianas. Obviamente, estoy hablando de "Gallipoli". Si bien la película es dura por cuanto refleja parte de la estupidez y violencia de la guerra, la verdad es que se queda muy corta. Gallípoli fue algo aún más absurdo y trágico hasta el punto de que la mayor polémica en Inglaterra durante la I Guerra Mundial no fue por los "mataderos" de Verdún o el Somme sino por esta península turca.

No deja de ser un contrasentido que la cadena de acontecimientos que condujeron a esta absurda matanza comenzaran en Londres el día en que se repite aquello de "Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad", en la Navidad de 1914. En esa fecha, el Primer Lord del Almirantazgo, un tal Winston Churchill que después haría correr ríos de tinta, propuso al Consejo de Guerra aprovechar la fuerza naval inglesa para atacar la península de Gallípoli, llave del estrecho de los Dardanelos y, por tanto, de Constatinopla. La razón para ello era privar a Alemania y el Imperio Austro-Húngaro de uno de sus aliados y, además, aliviar la situación de Rusia ya que un ejército turco avanzaba por el Caúcaso (en realidad, el ejército turco ya había sido derrotado pero en Londres aún no lo sabían). Churchill telegrafió al almirante Carden (cuya flota ya estaba frente a los Dardanelos) si era posible un asalto naval a lo que Carden respondió prudentemente que un ataque gradual podría tener éxito. Churchill consideró que eso era una respuesta afirmativa, algo que resulta curioso cuando el propio Primer Lord del Almirantazgo había escrito en 1911: "hay que recordar que ya no es posible forzar los Dardanelos; nadie expondría a un peligro así a una flota moderna."

En enero de 1915 el Consejo de Guerra acepta preparar para febrero la expedición que debía tomar Gallípoli como primer paso para alcanzar Constantinopla. No obstante, no hay acuerdo entre los participantes en el Consejo de si llegaron a una decisión definitiva. Churchill pensó que se había aprobado su plan con carácter definitivo mientras Asquith interpretó que sólo habían aceptado comenzar los preparativos y los miembros de la Marina creyeron que estaban hablando de una operación puramente naval. Fisher, Primer Lord del Mar, estaba muy preocupado, pero se abstuvo de expresar su opinión. Fue Churchill quien forzó la situación dando órdenes a Carden de que preparase no sólo una operación naval sino que también ordenó que se preparasen los Anzacs (Australian and New Zealand Army Corps) que estaban estacionados en Egipto con vistas a un desembarco. El ataque naval comenzó el 19 de febrero y Carden no tuvo ningún problema en destruir los fuertes exteriores de Sedd-el-Barh y Kum Kale. Otra cosa bien distinta sucedió cuando penetró en el estrecho de los Dardanelos, minado y defendido por baterías artilleras. Los "dragaminas" británicos eran meros barcos de pesca de arrastre de la costa Este de Gran Bretaña y sus tripulaciones sabían mucho de peces, pero nada de minas. Los barcos ingleses con la excepción del acorazado Queen Elizabeth eran viejos y, en muchos casos, precisaban reparaciones urgentes.

En marzo empeoró el tiempo e impidió el trabajo de los pesqueros pero Churchill tenía prisa e incitó a Carden a hacer algo. El almirante estaba enfermo y tuvo que ser substituido por Robeck. Se recurrió al ejército y el teniente general Birwood fue enviado a los Dardanelos por lord Kitchener para que informara de la situación. Birwood concluyó que era necesario un desembarco a gran escala si se quería forzar los Dardanelos. Se preparó lo que recibió el nombre de Fuerza Expedicionaria del Mediterráneo, 70.000 hombres entre británicos, franceses y Anzacs, y se puso a su mando a Hamilton. Éste llegó a Gallípoli el 18 de marzo de 1915, justo a tiempo para contemplar el desastre naval de ese día. El intento de Robeck de forzar los Dardanelos mediante una operación sólo naval, se saldó con la pérdida de 6 (3 hundidos y otros tantos con graves daños) de los 9 acorazados que tenía bajo su mando. Los pesqueros no pudieron llegar a los campos de minas que quedaron intactos.

No contento con ese primer desastre, Robeck y Hamilton decidieron proceder con una operación mixta, naval y terrestre pese a que el Consejo no había decidido nada en ese sentido. Es más, Hankey (secretario del Consejo de Guerra) había advertido en un memorándum redactado a finales de marzo que nadie se había molestado en calcular qué tropas harían falta para un asalto anfibio a Gallípoli. No obstante, el Consejo no se reunió hasta mayo. Para entonces Hamilton ya había elaborado un plan de ataque y reunido a las tropas estacionadas en Egipto. El 25 de abril, la Fuerza Expedicionaria del Mediterráneo partió desde la isla de Lemnos para tomar Gallípoli para lo que desembarcaron en cinco lugares distintos. En tres de ellos, en Helles, prácticamente no encontraron oposición. El cuarto sí encontró respuesta turca, pero fueron derrotados. El quinto, en Sedd-el-Bahr fue un completo desastre que ocasionó fuertes pérdidas a los aliados. Incluso en los lugares en los que pudieron establecer cabezas de puente, la situación empeoró con rapidez. Los Anzacs habían sido desembarcados en un lugar equivocado y se encontraron en una playa estrecha y rodeada de precipicios y elevaciones. Al intentar desembarcar el material en aquella playa que desde entonces se conoce como "la ensenada de los Anzacs" se produjo una inmensa confusión que impidió un avance rápido. Los turcos comenzaron a contraatacar dirigidos por un coronel entonces desconocido, Mustafá Kemal. Los Anzacs no llegaron a penetrar en Gallípoli más que unos 900 metros por lo que se consideró que el desembarco había fracasado y pidieron la evacuación. Hamilton se negó.

En Helles sucedió algo parecido y tampoco se logró un gran avance. Hasta el 8 de mayo, los alidos tuvieron más de 20.000 bajas (casi un tercio de los hombres que formaban el ejército expedicionario), 6.000 de ellas mortales a cambio de prácticamente nada. La situación empeoró cuando otros tres acorazados fueron hundidos mientras el avituallamiento y la asistencia médica se colapsaban por completo.

Esta sucesión de fracasos supuso ni más ni menos que la caída del gobierno inglés y la destitución de Winston Churchill como Primer Lord del Almirantazgo. No obstante, el nuevo gobierno en vez de aceptar que el plan había fracasado por completo, decidió enviar refuerzos a Hamilton. El 6 de agosto se produjeron nuevos desembarcos y, simultáneamente, avances desde las cabezas de puente. El resultado, aparte de una nueva matanza, fue nulo. El 10 de agosto Mustafá Kemal contraatacó y reconquistó el terreno perdido desde el 6 de agosto. La situación evolucionó a una guerra de trincheras. Pese al nuevo fracaso, el gobierno inglés continuó negándose a la evacuación pese a que Gran Bretaña era ya un clamor en contra de tanto despropósito. No fue hasta octubre cuando Hamilton fue llamado a Gran Bretaña y se nombró a Monro en su lugar. Éste aconsejó la retirada. El gobierno no terminaba de aceptar la situación y fue necesaria la recomendación de Kitchener para que se acordase. El 19 y 20 de diciembre de 1915 se evacuaron las tropas de la ensenada de los Anzacs y el 8 y 9 de enero de 1916 las del cabo Helles. En medio de tanto despropósito, los aliados habían perdido más de 200.000 hombres y los turcos, posiblemente porque se ignoran las cifras, aún más. Se cree, por tanto, que cerca de 500.000 hombres murieron o fueron heridos para nada. Lord Slim, que combatió y fue gravemente herido en Gallípoli calificó toda la operación como la peor conducida desde la Guerra de Crimea y eso, como ya vimos, es decir mucho.
18/03/2004 10:28


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