El triunfo de Clío

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Bring on the empty horses!

balaklava.jpgSiempre he sentido un gran aprecio por Michael Curtiz. No deja de parecerme curioso que el director de la película más americana de la historia ("Casablanca") se llamara en realidad Mihály Kertész y fuera húngaro de nacimiento (Budapest, 1888). Al contrario que otros drectores americanos de origen foráneo como Frank Capra, Curtiz emigró siendo ya adulto lo que le valió tener siempre problemas con el inglés ocasionando ciertos inconvenientes durante los rodajes. Es muy conocida la anécdota según la cual durante el rodaje de "La carga de la Brigada Ligera" dio la orden cuyo título encabeza este artículo y que podríamos traducir como: "¡Traigan los caballos vacíos!" Afortunadamente, nadie le hizo caso y no empezaron a vaciar caballos lo que hubiera sido una notable salvajada.

Evidentemente, los ayudantes de rodaje tenían más luces que aquéllos cuya "historia" estaban contando o, tal vez, conocían los problemas de Curtiz con la lengua inglesa (en otra ocasión, quiso que le llevaran agua para fabricar un charco y consiguió que le llevaran un perro). Si ayer hablábamos de "Murieron con las botas puestas" de Raoul Walsh y de su visión muy alejada de la realidad sobre Custer y la batalla de Little Bighorn, Curtiz fue aún más lejos (por cierto, el que ambas "pelis" estuvieran protagonizadas por la pareja Errol Flynn y Olivia de Havilland es mera coincidencia) y consiguió presentar como una gran gesta de honor y amor lo que fue, sencillamente, el episodio más imbécil dentro de la guerra más idiota de la historia (que ya es decir).

Como la historia de la barbarie humana es pródiga en hechos memorables, algunos episodios han terminado por olvidarse o casi. Uno de esos capítulos es la llamada Guerra de Crimea, dentro de ella la batalla de Balaklava (o de Balaclava, de Balaklawa... según quién lo escriba) y dentro de ella la Carga de la Brigada Ligera. Este olvido no deja de ser una lástima por varios motivos. El primero que la batalla de Balaklava inspiró un célebre poema de Alfred, lord Tennyson (Por el valle de la muerte/cabalgaron los seiscientos), una expresión que dio título a una magnífica y reciente película sobre la estupidez de la guerra "La delgada línea roja" (en origen, añadía "coronada de puntas de acero" y hacía referencia a la infantería escocesa que combatíó en Baraklava con el ejército inglés y que llevaba una casaca roja) y a otra frase memorable, ésta del general francés Canrobert: "C´est magnifique, mais ce n´est pas la guerre" (Es magnífico, pero esto no es la guerra). En realidad, dado que fue una idiotez sobrasaliente, me permito contradecir a Canrobert. Sí, eso es la guerra y lo único magnífico fue el nivel de estupidez de los implicados. En segundo lugar, la Guerra de Crimea fue innovadora en muchos sentidos. Situada a mediados del S XIX (1853-1856) fue la primera contienda en la que se generalizó el uso de la fotografía, en que hubo enviados especiales de prensa, en que se intentó mejorar la sanidad militar y en que quedó patente la importancia de la intendencia.

No deja de ser curioso que una guerra tan "innovadora" tuviera sus raíces declaradas (las reales fueron muy distintas) en uno de los motivos más antiguos, cuestiones religiosas y que, para más inri, estaban muy alejadas de Crimea, en Jerusalén y Nazareth para más señas. Hagamos un poco de memoria. En esa época, Tierra Santa pertenecía al Imperio Otomano. Los turcos permitían que las distintas comunidades cristianas se organizaran como quisieran lo que era (y es todavía hoy) motivo de frecuentes disputas entre cristianos católicos, cristianos ortodoxos, cristianos armenios... En esos roces, Francia apoyaba a los católicos y Rusia a los ortodoxos. Por otra parte, el Imperio Otomano entonces comprendía la zona de los Balcanes al sur del Danubio en la que una gran parte de la población era cristiana ortodoxa lo que suponía un nexo con la Rusia zarista (y si recuerdan las recientes guerras de Yugoslavia, Rusia se sentía muy unida a Servia por el mismo motivo).

En realidad, todos estos motivos religiosos ocultaban una sencilla verdad, el Imperio Otomano estaba en plena decadencia y Rusia quería aprovecharse territorialmente de esa desintegración para obtener una salida al Mediterráneo. Rusia creía contar con el apoyo del Imperio Austriaco y de Prusia (todavía no se había producido la unificación alemana) tanto por su antigua alianza contra Francia como por haber ayudado a ambos países en sus conflictos internos (recuérdese que los vencedores de Napoleón en el Congreso de Viena habían acordado, por inspiración del zar Alejandro recogida por el canciller austriaco Metternich, la Santa Alianza, el compromiso de que todos ellos acudirían en auxilio de los restantes para sofocar cualquier intentona de revolución liberal) en especial en la represión de la revuelta nacionalista húngara (Hungría formaba parte, entonces, del Imperio Austriaco).

Enfrente ya sabía que tenía a Francia que bajo Napoleón III quería obtener de nuevo el status de gran potencia y que, además, al enfrentarse a Rusia, que era el paladín de la reacción política más absoluta, esperaba acallar sus propios problemas internos con los liberales franceses. Después de intentar obtener el apoyo de Inglaterra prometiendo cesiones territoriales (Egipto y la isla de Candía) en la desintegración del Imperio Otomano, no obstante, el Zar Nicolás I fue advertido de que el Reino Unido no veía con buenos ojos la operación. Las razones estaban claras. A Inglaterra no le interesaba que Rusia apareciera en el Mediterráneo y que controlase, además, Constantinopla y los Estrechos. Por otra parte, el Reino Unido ya estaba "con la mosca tras la oreja" con Rusia por su expansión por Asia Central y por su politica en Afganistán.

Él zar Nicolás creyó que había dos bandos bien definidos, Rusia, Austria y Prusia por uno y Turquía, Francia e Inglaterra por otro. No obstante, los problemas que tendrían Francia y el Reino Unido para auxiliar de forma eficaz a los otomanos eran de difícil resolución y Nicolás I pasó a la acción. Exigió a Turquía la destitución del ministro Fuad y que los súbditos del Imperio que tuvieran religión cristiana (unos 11 millones) pasaran a depender de un protectorado ruso. Lógicamente, Turquía se negó y Rusia rompió las relaciones diplomáticas con el Imperio Otomano. A principios de julio de 1853 Rusia invadió los territorios turcos del sur del Danubio.

Hasta noviembre se intentó resolver el conflicto por la vía diplomática y Francia y el Reino Unido enviaron flotas a Constatinopla para dejar claro su apoyo a Turquía, pero nada se pudo hacer por la negativa rusa a negociar. En noviembre, la guerra era general. El ejército turco venció al ruso en Oltenitza y Calafat, pero la flota rusa derrotó a la turca en la bahía de Sinope, lo que preocupó a los aliados franceses e ingleses que decidieron trasladar sus flotas al mar Negro (3 de enero de 1854) en actitud de clara amenaza a Rusia. Como tampoco así Rusia se dio por aludida, el 27 de marzo de 1854 declararon la guerra a Rusia y enviaron sendos cuerpos expedicionarios a Turquía (30.000 franceses al mando del mariscal Saint Arnaud y 22.000 ingleses al mando del general lord Raglan).

En algo sí tuvo razón Nicolás I, las dificultades de la operación eran tan considerables que se enviaron hombres con un equipo deficiente y, en el caso francés, sin siquiera calzado de repuesto, mal avituallados. Tanto es así que hasta mediados de mayo no pudieron ponerse en marcha. Puesto que la guerra había sido motivada por la invasión rusa de los principados danubianos, la primera intención del ejército aliado fue socorrer la sitiada ciudad de Silistria pero antes de que llegaran, el ejército ruso se retiró al otro lado del Pruth abandonando sus conquistas.

La razón para ello estuvo en la actitud de Austria y Prusia que, si hasta el momento no habían tomado partido, el 2 de junio exigieron la retirada rusa y apoyaron esa petición movilizando 80.000 hombres en Hungría y Transilvania. En realidad, a Austria no le interesaba una expansión rusa por los Balcanes puesto que ellos también tenían pretensiones sobre esa zona. Los intereses pudieron sobre la gratitud a Rusia por su apoyo contra la revolución húngara de 1849 y el zar se dio cuenta de que se había equivocado al pensar que Austria y Prusia estaban de su parte. En este punto debería haber concluido el conflicto, pero Francia e Inglaterra se encontraron con un problema de opinión pública, la guerra era muy popular y una retirada sin entrar en combate se hubiera interpretado como una debilidad. La guerra tenía que continuar y lo hizo.

El 18 de julio de 1854 se decide trasladar la guerra a la península de Crimea y más concretamente a la base naval rusa de Sebastopol. Entre el 14 y 19 de septiembre los aliados desembarcan en Eupatoria lo que ocasiona la batalla del río Alma en la que los rusos son derrotados y permite el cerco de Sebastopol. A partir de entonces, la guerra se reduce a los intentos rusos de romper el cerco y a los intentos aliados de tomar la ciudad en la que unos y otros fracasan extrepitosamente mientras los aliados son mermados por epidemias de cólera, tifus y escorbuto (entre los muertos, el mariscal Saint Arnaud que fue sustituido por el general Canrobert.

En este marco demencial tuvo lugar la batalla de Baraklava (25 de octubre de 1854) en la que los rusos intentaron tomar el cuartel general aliado que estaba allí situado. No obstante, fueron derrotados por la infantería escocesa y la Brigada Pesada de la caballería inglesa en lo que se conoce como la primera fase de la batalla. La Carga de la Brigada Ligera fue la segunda (y demencial) fase de la batalla. Después de la primera fase de la batalla, los cosacos rusos estaban en fuga por la actuación de la Brigada Pesada. La Brigada Ligera no había intervenido en la acción. El general inglés, lord Raglan, se dio cuenta de que los soldados rusos se estaban reagrupando y dio orden a lord Lucan, jefe de la caballería, de que cargasen, pero en la orden decía que atacarían junto a la infantería por lo que la Brigada Ligera al mado de lord Cardigan, cuñado de lord Lucan entre los que había un "amor" fraternal (siempre que pensemos en Caín y Abel como ejemplo de cariño fraterno), permaneció en sus puestos esperando que llegase la infantería... que nunca llegó. Lord Raglan se puso furioso con esa aparente pasividad y más al ver que caballos rusos se acercaban a una de las baterías abandonadas por los rusos en los altos de Causeway por lo que envió al capitán Nolan con un segundo mensaje ordenando que atacasen de una vez.

Cuando el capitán Nolan le transmitió la orden a lord Lucan éste preguntó cuál era su objetivo a lo que Nolan respondió que cargasen contra los cañones. Lo que tanto lord Raglan como Nolan no tuvieron en cuenta es que lord Lucan estaba en un valle y, por tanto, no podía ver la batería abandonada en los altos de Causeway que lord Raglan quería que atacase. En realidad, lord Lucan no podía ver otros cañones que una batería situada al fondo del valle defendida con infantería y caballería y flanqueada a derecha e izquierda por sendas baterías con apoyo de la infentería rusa.

Lord Lucan transmitió a su cuñado su interpretación de la orden de lord Raglan y después de discutir con lord Cardigan que decía, con razón, que eso era un suicidio, éste no tuvo más remedio que cargar con sus seiscientos (en números redondos y para no llevar la contraria a Tennyson) jinetes contra la batería rusa. En un primer momento los rusos no hicieron nada posiblemente porque no llegaron a creerse que tanta estupidez era posible. Cuando reaccionaron, machacaron a la Brigada Ligera a lo largo de su cabalgada por todo el valle desde las tres posiciones, al frente, a la derecha y a la izquierda. Sólo pudieron llegar a la batería frontal los jinetes que estaban en segunda línea (la primera línea fue casi completamente destruida) y allí se encontraron con la infantería y los cosacos rusos por lo que dándose cuenta de que no podían tomar la posición, tuvieron que volver grupas y recorrer el valle nuevamente bajo el fuego ruso y mientras eran perseguidos por los cosacos (que, todo hay que decirlo, no pusieron tampoco demasiado interés en su labor se ignora si por piedad o si por cansancio después de su derrota en la primera fase de la batalla).

A esto se reduce, en realidad, el "heroico" episodio, a una sucesión de órdenes mal dadas, mal entendidas y obedecidas de forma mecánica. Que se convirtiera en algo mítico refleja la concepción heroica que las sociedades de aquellos tiempos tenían de la guerra y que los poderes públicos tuvieron buen cuidado de alimentar (por ejemplo, muchas de las fotografías que se hicieron durante la Guerra de Crimea fueron censuradas por reflejar la brutalidad de los combates). Sin embargo, los que la vivieron sin censura posible por haber combatido allí, no olvidaron. Entre ellos estaba un ruso que, con los años daría mucho que hablar con su antibelicismo a ultranza y sus novelas, era Lew (León) Tolstói.

La Guerra de Crimea acabó después de algunos despropósitos más como la batalla de Inkermann librada en mitad de una niebla tan densa que los ejércitos no veían a sus enemigos o la de Traktir, con la toma de Sebastopol en septiembre de 1855 aunque oficialmente la guerra continuó hasta el 1 de febrero de 1856 firmándose la Paz de París el 30 de marzo de ese mismo año.

Una guerra innecesaria y absurda (aún más de lo habitual) que tuvo, no obstante, una consecuencia muy importante. El reino de Piamonte intervino en la guerra en 1855 a favor de los aliados a cambio de que éstos no interfiriesen en el plan Cavour que terminó suponiendo la unificación de Italia.
16/03/2004 13:05


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