El triunfo de Clío

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Candidatos frustrados

redhorse.jpgUna vez concluido mi desahogo personal (que espero sepan disculparme) por la tragedia que hemos vivido estos días regreso al campo que me interesa, el de la historia. El chasco que se ha llevado D. Mariano Rajoy, el candidato del Partido Popular derrotado en las elecciones de ayer es sólo uno más a añadir a la larga lista de frustraciones políticas. Como el "mundo no se ha parado ni un momento" todo evoluciona. D. Mariano sólo se ve frustrado en sus legítimas aspiraciones políticas. El 26 de junio de 1876 un hombre que pretendía la presidencia de los EEUU no sólo perdió su futuro político sino también su vida y las de sus hombres. Me refiero, claro, a George Armstrong Custer y al 7º de Caballería.

Custer se graduó en West Point en 1861. Durante la guerra de Secesión alcanzó el grado de capitán del ejército regular y de brigadier general del cuerpo de voluntarios. Terminada la guerra, el general Sheridan influyó para que fuera ascendido a teniente coronel del ejército y terminó concediéndole el mando del mítico 7º regimiento de Caballería, el cuerpo de élite encargado de la guerra contra los "pieles rojas". Con ello consiguió una inmensa popularidad que le hizo acariciar la idea de entrar en política siguiendo el ejemplo del general Grant.

En 1876, la nación sioux estaba en pie de guerra. Una expedición pseudocientífica dirigida por el propio Custer había encontrado oro en las Colinas Negras (Black Hills), territorio que los sioux consideraban como sagrado. Como suele suceder, bastó que alguien gritara "oro" para que riadas de gente afluyeran al lugar del hallazgo. Fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de los sioux y empezaron los enfrentamientos con los colonos. El gobierno de los EEUU ni se planteó las razones para el conflicto (ya se sabe aquello de: "He visto un indio bueno. Estaba muerto.") e hizo intervenir un ejército dirigido por el general Crook. Nadie se planteó otra posibilidad que una victoria sencilla en la que los militares estadounidenses debían estar más preocupados por la posibilidad de que los indios huyeran que por cualquier otra eventualidad. A fin de cuentas, los indios eran maestros de la emboscada y el golpe de mano, pero nunca habían plantado cara a un ejército regular y bien equipado.

No obstante, no faltaron los presagios de que esta vez no iba a ser así. La nación sioux estaba unida. No iba a ser una guerra con una tribu, sino con la reunión de lakotas, oglalas, minnenconjou... bajo líderes tan carismáticos como Caballo Loco y Toro Sentado. El primer aviso les llegó a los militares de los EEUU el 17 de junio en Rosebud cuando los sioux hicieron retroceder a una fuerza de 1600 hombres bajo el mando del propio general Crook haciendo fracasar el plan previsto y que no era otro que encerrar a los indios en el valle de Yellowstone en el que suponían se encontraban. No obstante esto, y pese a la advertencia del comandante Terry de que los indios eran muy numerosos, Custer deseaba una victoria personal. Ordenó a su regimiento que se desprendiera de lo no necesario (entre lo que incluyó las ametralladoras Gatling) y partió el 22 de junio hacia Little Bighorn. Aunque sus órdenes eran impedir la huida de los sioux hasta que llegaran las tropas de Terry y del general Gibbon no parece que Custer estuviera dispuesto a esperar nada ni a nadie.

El 25 de junio, los exploradores del 7º de Caballería estaban en la cima del Nido del Cuervo (Crow´s Nest) desde donde pudieron contemplar el campamento sioux. Avisaron a Custer de la gran cantidad de guerreros y le aconsejaron cumplir las ódenes y aguardar la llegada del grueso de las tropas equipadas, además, con artillería y ametralladoras. Custer creyó que exageraban y decidió valorar la situación por sí mismo subiendo al Nido del Cuervo. La climatología le jugó una mala pasada ya que la niebla ocultó el campamento de los indios. Custer decidió atacar sin aguardar ni siquiera a que sus hombres pudieran descansar de las marchas forzadas a los que los había sometido.

Dividió el regimiento en tres, tres escuadrones al mando del capitán Benteen se dirigirían hacia el sur para impedir la "segura" huida de los sioux, otros tres al mando del comandante Reno atacarían el campamento sioux mientras cinco escuadrones a su mando flanquearían el campamento en dirección norte para impedir la huida por el río Little Bighorn.

La batalla empezo bien para el ejército estadounidense. Aunque los sioux sabían que la caballería había llegado no advirtieron la división de las tropas así que el ataque de Reno les pilló de sorpresa. Fue la única ventaja de la que gozaron. Pese a la sorpresa, Reno se dio cuenta de que no podía ganar una batalla contra miles de guerreros bien armados. Ordenó a sus soldados que pusieran pie a tierra y se retiraran a un bosque de chopos donde podrían organizar una defensa. No obstante, la situación era insostenible y debió huir a la otra orilla del Little Bighorn. Sus tropas fueron masacradas durante la fuga y sólo un pequeño grupo pudo atrincherarse en una colina.

Custer había contemplado el comienzo del combate cuando la sorpresa le dio a Reno una ventaja y dio por supuesto que los sioux habrían comenzado su huida por el norte, así que atacó a su vez. En vez de una banda desorganizada se encontró con una fuerza de unos 1500 guerreros hunkpapa. Consciente de que se había equivocado, Custer decidió retirarse a las colinas y atrincherarse esperando la llegada de refuerzos ya que había enviado al corneta Giovanni Martini a Benteen indicándole que la batalla había empezado y que se uniera a ellos.

No obstante, el jefe de los oglala, Caballo Loco, había previsto tal maniobra. Mientras unos guerreros hostigaban los escuadrones de Custer, otros les flanqueaban y ocupaban las colinas. Cuando llegaron las tropas de Custer se encontraron entre dos fuegos. No hubo supervivientes. Benteen sólo pudo llegar a tiempo de reunirse con los restos del grupo de Reno y atrincherarse con ellos.

El día 27, cuando los exploradores sioux advirtieron la llegada de los tropas de Terry y Gibbon levantaron el campamento y se retiraron. Detrás de ellos dejaron el mito de la invencibilidad del 7º de Caballería y el sueño de una fácil victoria que le abriera las puertas de la Casa Blanca al egomaníaco que había dicho: "Yo y mi 7º de Caballería podemos aniquilar a todos los indios del continente." Como verán, cualquier parecido entre esta historia y "Murieron con las botas puestas" es mera coincidencia.
15/03/2004 18:49


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