El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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¿Conoces mi método, Watson? (y III) Finis coronat opus decían los antiguos romanos unos tipos que eran tan cultos que hasta hablaban en latín y realizaban aforismos que los políticos en campaña se empeñan en trabucar diciendo disparates tan gloriosos como "Un funeral de coitus interruptus" o "Mens sana in corpore insepulto"; pero dejemos a los animales políticos (que suelen hacer honor a la primera parte de la expresión y mucho menos a la segunda) y vayamos a lo nuestro, a poner punto y final (pueden manifestar su alegría de la forma que consideren más conveniente) a esta Introducción (y sin vaselina ni nada) al método historiográfico."El fin corona la obra" es la traducción literal del aforismo latino citado más arriba aunque sería quizás más correcto emplear en su lugar un refrán castellano "Bien está lo que bien acaba". No vean en ello ninguna referencia autoonfálica a esta serie de artículos que podrían optar al premio "Tostón plúmbeo" de la Blogocosa si alguien tuviera la buena idea de crear tal galardón y que, posiblemente, hayan conseguido reducir el consumo de válium de las personas que, cosas del Google y de su pastelera madre, hayan dado con ellos para su desgracia. No, cito ese latinajo (además de para presumir, claro) porque lo que hemos visto (o dormido) hasta el momento es una preparación para la escritura de un discurso historiográfico. Las fuentes y su crítica permiten la obtención de los mimbres con los que tejer el cesto (el proceso de escritura que determinará que éste esté bien construido o sea un cesto perero es el final que coronará -o desgraciará- el trabajo metodológico anterior). Cualquier obra historiográfica tropieza con una serie de obstáculos, uno de ellos es si la representación corresponde a la realidad (pueden no existir fuentes fundamentales, haberse realizado un mal análisis documental...). Otro es que cualquier obra limita la Historia. Ésta no es una serie de acontecimientos puntuales inconexos (Revolución Francesa, colonialismo, Revolución de Octubre...) sino un continuo. No obstante (y por obvias razones) cualquier discurso historiográfico establece unos límites de espacio, de tiempo o de ambos simultáneamente que interrumpen ese continuo. Así es difícil que nos encontremos con una historia de ámbito mundial y extensión temporal universal. Lo frecuente es que topemos con discursos sobre la historia del País Vasco (límite espacial), sobre la Alta Edad Media (horrorosa traducción del alemán que ya se ha hecho tan clásica como la de Tabla Redonda) o la Prehistoria (límite temporal) o la Guerra Civil Española de 1936-1939 (límite espacial y temporal). No obstante, ese establecimiento de límites tiene su límite (valga la redundancia). Cualquier obra historiográfica debería exponer la situación histórica previa, el desarrollo de los acontecimientos que se quieren estudiar y la situación histórica posterior a ellos. Dicho de otra forma, en la situación histórica previa están contenidas las causas que motivarán esos acontecimientos que transforman esa situación previa en la situación histórica posterior que a su vez contiene las causas... Por eso hablamos del continuo histórico, porque unos acontecimientos tienen una causa y unas consecuencias que, a su vez, son causa de nuevos acontecimientos que tienen unas consecuencias que... Sin embargo, y durante siglos, la Historia se consideraba como una exposición de hechos ordenados cronológicamente (véanse las Crónicas medievales, por ejemplo). Según esto, la historiografía sería una narración, parte de la literatura. Hoy, esta concepción es obsoleta e insuficiente porque la historiografía como narración ha quedado como patrimonio de la novela histórica que tiene la misma relación con la Historia que la música militar con la música. Hoy se considera que la historiografía no es un género narrativo sino asertivo. Su función no es enumerar una serie de acontecimientos sino explicarlos. No es decir "El 14 de julio de 1789 el pueblo de París tomó la Bastilla" sino explicar el proceso por el que se llegó a esa situación. Este carácter explicativo obliga a que haya constancia expresa de un serie de elementos como identificación de las hipótesis, de las fuentes empleadas (indicando los datos que permitan comprobar desde su existencia a que el contenido es el que se indica en la obra historiográfica), cómo se ha procedido al análisis de las fuentes, hipótesis alternativas señalando las razones por las que esas otras hipótesis tienen menor validez que las suyas, es decir, el porqué las fuentes se aquilatan mejor a sus hipótesis que a las de otros historiadores que mantengan tesis contrarias... En resumen, el discurso historiográfico no es una narración, es una argumentación sujeta a las mismas obligaciones que las demás argumentaciones sobre cualquier otro tema. Esto tiene un problema obvio. El común de la gente encontraría que esto convierte a la historiografía en un peñazo de consideración, pero, esa dificultad (que nunca debe caer en la ininteligibilidad del discurso) supone, también, una mayor tranquilidad para el lector ya que deja de funcionar el argumento de autoridad ("Si esto lo dice el profesor Peranganito es que debe de ser cierto.") ya que al haber indicado las fuentes y el proceso de análisis sus aseveraciones son falsables. Cualquier persona puede comprobar las fuentes y seguir la argumentación basada en ellas para ver si detecta errores en ese proceso. Ya que esta serie de artículos comenzó como una reflexión sobre la obra "La investigación histórica: Teoría y método." por D. Julio Aróstegui (Editorial Crítica. Barcelona, 2001), lo lógico es que sea el profesor Aróstegui el que ponga el punto y final a la pregunta ¿cómo debe escribirse un discurso historiográfico? "- El discurso historiográfico es el análisis de un proceso bien delimitado, con unos límites de sentido y espacios de inteligibilidad claros. Es un discurso, por tanto, analítico. - Ese discurso analítico contiene indudablemente en sí mismo descripciones, narraciones. Se compone, en cuanto resultado de un método para explicar la realidad, tanto de descripciones de situaciones en su proceso temporal -relatos- como de hipótesis sobre su curso y de argumentaciones explicativas." (Op. cit. Pág. 322) Es así de sencillo (o así de complicado). Volvamos al ejemplo que les puse en el comienzo de este artículo, los dos libros sobre los moais de la isla de Pascua. Sin desdeñar ninguna hipótesis a priori, ahora que conocen las herramientas del método historiográfico relean algunos de los libros sobre extraterrestres escultores y comprueben si en ellos se hace una identificación de las fuentes, un análisis documental, una contraposición entre su hipótesis y las hipótesis alternativas (como la de escultores perfectamente terrestres) indicando el porqué su hipótesis es más digna de crédito... y si lo encuentran no dejen de decírmelo porque será, para mí, una sorpresa del copón de la baraja. 02/03/2004 00:04 |
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