El triunfo de Clío

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¿Conoces mi método, Watson? (II)

critico.gifBueno, supongamos que ya tenemos un montón de fuentes históricas localizadas y ordenadas. ¿Qué hacemos ahora? Proceder a la crítica fontal (no me he comido una "r", es fontal de fuente no frontal de frente), al análisis documental que debe tener una doble orientación, análisis de fiabilidad y análisis de adecuación.

Como casi siempre, esto queda muy bonito sobre el papel (o sobre la pantalla con sus electrones cien por cien reciclables), pero hay algún problema que no debe ser olvidado. El primero es que los hechos históricos son inferidos desde los restos (materiales, culturales...) que haya dejado, es decir, que inferimos los hechos desde las fuentes pero las fuentes pueden presentar una versión distorsionada (voluntaria o involuntariamente) del hecho (por eso la necesidad de la crítica fontal). Un segundo problema que ya habrán podido advertir por el anterior artículo es la pluralidad de las fuentes (documentos de todo tipo, restos materiales, tradiciones orales, creaciones artísticas...) muchos de los cuales presentan problemas específicos, emplean convenciones propias que no debemos perder nunca de vista. Añadamos que, como fruto de ambos problemas, es muy frecuente que nos encontremos con fuentes que apuntan en direcciones contrarias para comenzar a comprender las dificultades que plantea el análisis fontal.

Dificultad que, no obstante, no es insalvable puesto que es superable con conocimiento y sentido común. Comencemos con el análisis de fiabilidad o lo que es lo mismo ¿hasta qué punto es fiable una fuente histórica? Esta pregunta plantea un doble problema ¿la fuente es auténtica? Si lo es ¿es creíble? En la contestación a la primera pregunta la Ciencia ha echado una mano importantísima a la historiografía. No sólo por las técnicas de datación como el Carbono 14 o la Termoluminiscencia sino también por los análisis químicos de tintas, pigmentos... que han permitido que algunas fuentes históricas hayan pasado a la categoría de falsificaciones. No obstante, permítanme una advertencia. Durante mucho tiempo se ha considerado que el objetivo de la crítica fontal era extraer de las diversas fuentes sólo aquéllas que reunieran criterios de autenticidad, veracidad y objetividad. Hoy no subscribiría esa opinión. Entiéndanme, no es que el investigador histórico se pueda permitir el lujo de comulgar con piedras de molino (notoriamente indigestas), de confundir a Dios con un zapato (según un dicho popular que me encanta), de equiparar falsificaciones y tergiversaciones con fuentes auténticas, veraces y objetivas; sino que de las tergiversaciones y falsificaciones también pueden extraerse conclusiones válidas en forma de respuesta a las preguntas ¿por qué alguien se molestó en falsificar y/o tergiversar una fuente? ¿Por qué la falsificó y/o tergiversó en ese sentido determinado y en no en otro de los posibles?

La respuesta a la segunda pregunta ¿hasta qué punto es creíble una fuente? debe contestarse desde la coherencia interna y externa. Coherencia interna porque en una fuente auténtica puede haber interpolaciones posteriores (un ejemplo de ello lo vimos, si lo recuerdan, cuando revisamos las fuentes para la leyenda de la papisa Juana; otro, fue el desopilante error de Íker Jiménez con su "investigación" sobre el llamado hombre-pez de Liérganes). Coherencia externa porque, con frecuencia, las fuentes no son coincidentes y ello supone que hay que establecer una jerarquización, pero ¿cómo determinar qué fuentes son las que ocuparán los puestos más altos en la jerarquía? Pues muchas veces es una mera cuestión de sentido común. Pongamos un ejemplo ficticio. Supongamos que encontramos una estela del rey neobabilonio Nabucodonorsocito IX "Zampabollos" con la narración de su gran victoria sobre el ejército asirio de Salsipuedes IV "Bestiajo" lo que plantea el problema de que ya era conocida otra estela asiria coetánea en la que Salsipuedes IV conmemoraba su victoria sobre los ejércitos neobabilonios. Supongamos, también, que en la misma época en que se erigen ambas estelas, se documenta una destrucción rápida y violenta de diversas ciudades neobabilonias y un florecimiento de las asirias, que en ellas se encuentran diversos objetos preciosos de factura neobabilónica... Si fueran Vds. historiadores ¿a qué fuente considerarían fiable y a cuál no? La respuesta está bastante clara. Puesto que la estela asiria es coherente con los demás hechos conocidos mientras la neobabilónica no lo es, es aquélla la que es fiable y ésta la que es mendaz. No obstante, en otros casos la jerarquización de fuentes no es tan clara por escasez de fuentes, por falta de investigaciones que conformen un marco de referencia para evaluar la coherencia de una fuente en concreto...

En resumen, el análisis de fiabilidad de las fuentes debería contemplar procesos como:

"Autenticidad:
Técnicas de datación (estratificación, radiactividad, comprobación de dataciones explícitas).
Técnicas lingüísticas (lexicografía, análisis del de la lengua), erudición literaria y crítica histórica.
Análisis de la historia de la fuente.

Depuración de la información:
Coherencia interna de la fuente (rastreo de interpolaciones).
Comprobación externa de la información.
Investigación por encuesta o cuestionarios comparativos.

Contextualización:
Técnicas de clasificación documental.
Análisis de o de documentos.
Comparación de fuentes diversas." (Cita del Sr. Aróstegui, Op. cit. Págs. 394-395).

El análisis de adecuación supone la respuesta a otra pregunta bien distinta ¿qué puedo inferir y qué no de las fuentes históricas tanto de forma directa como indirecta? Cualquier búsqueda de fuentes viene precedida por un deseo del investigador histórico de estudiar unos procesos sobre los que formula una hipótesis previa. El investigador debe establecer un mínimo de fuentes (mínimo tanto en términos cualitativos como cuantitativos) que le permitan seguir manteniendo la hipótesis de partida y que, en caso de no alcanzar, debe ser desechada. Estas fuentes deben poder ser contrastadas y comparadas con otras fuentes. Es decir, las fuentes son adecuadas "cuando pasado ese umbral mínimo a que aludimos de relación entre lo que se pretende preguntar y a qué o a quién se le pregunta , hay de ellas suficiente calidad y variedad -formal y de contenidos- y cuando han superado una suficiente evaluación de su fiabilidad" (Cita del Sr. Aróstegui, Op. cit. Pág. 396).

Ya tenemos un criterio para saber si una obra determinada puede ser calificada como historiográfica, como historiografía patológica o como pseudohistoria: ¿El autor ha efectuado una correcta crítica fontal tanto por análisis de fiabilidad como por análisis de adecuación (en cuyo caso sería una obra historiográfica), no incluye más que la fuentes que confirman su hipótesis excluyendo injustificadamente las que la niegan (en cuyo caso sería una muestra de historiografía patológica) o, sencillamente, se pasa las crítica fontal por el "arco del triunfo" (en cuyo caso estaríamos ante una obra pseudohistórica)?

No obstante, no debemos detenernos aquí porque la necesaria crítica fontal no es la escritura de una obra historiográfica sino su paso previo. Dado que ya les he aburrido bastante por hoy, la pregunta ¿cómo se debe escribir una obra historiográfica? será contestada en el siguiente artículo de la serie.
29/02/2004 03:25


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