El triunfo de Clío

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¿Conoces mi método, Watson? (I)

historiador.jpg¿Por qué es fundamental el conocimiento del método historiográfico? Tomemos dos libros sobre Historia. En uno de ellos se pretende (por poner un ejemplo) que los moais de la isla de Pascua fueron construidos por extraterrestres del planeta Raticulín de Abajo. En otro, que son fruto de la civilización humana que floreció en esa isla entre los siglos XI-XIV. Evidentemente y a priori pueden estar ambos equivocados (por ejemplo, si los moais los hubieran erigidos, en realidad, atlantes del XI milenio A. de C.), tener razón uno u otro; pero no pueden tener razón ambos de forma simultánea. Así pues, imaginemos un lector completamente libre de prejuicios que se pregunta ¿cómo puedo saber cuál de estas dos hipótesis es más digna de crédito?

Por supuesto, lo que no deberíamos hacer es pensar "¿Extraterrestres escultores? Este autor debe haberse escapado del pabellón psiquiátrico Hannibal Lecter o fumarse toda la María de West Side Story." ni "¿Extraterrestres escultores? Sí, esta es una teoría que me gusta, heterodoxa, rompedora..." (y digo que no deberíamos porque soy demasiado viejo como para ignorar que eso es, precisamente, lo que suele hacerse incluso en los "respetables" ambientes académicos). La prueba del nueve consiste en ver cuál de esos autores ha escrito su obra de acuerdo con el método historiográfico. Para ello, claro, hay qué saber qué es eso.

Prescindamos del primer paso del investigador histórico que es, por supuesto, determinar qué tema va a tratar, qué teoría tiene en principio, qué considera necesario para probar su teoría (o para olvidarla)... ya que lo que nos interesa es la capacidad como lectores para juzgar si uno de esos dos libros es un discurso histórico o si ninguno cumple con esa calificación.

Una vez que el autor ha considerado esos puntos preliminares, debe ponerse manos a la obra. Su paso inicial es la búsqueda de fuentes (y olvídense de contratar a un zahorí porque no van por ahí los tiros). En metodología histórica una fuente es: "Todo aquel objeto material, instrumento o herramienta, símbolo o discurso intelectual, que procede de la creatividad humana, a cuyo través puede inferirse algo acerca de una determinada situación social en el tiempo." (La definición es de D. Julio Aróstegui en la obra citada en el anterior artículo, Pág. 380).

Como vemos, dentro de esa definición entra casi cualquier cosa (y eso aconseja que la formación de un historiador debiera ser plural tanto en contenidos de lo que popularmente llamanos "letras" como de "ciencias". Al menos se lo aconseja a cualquier persona que tenga un poco más de inteligencia que los ministros de Educación españoles). Para poner algo de orden, se proponen diversos criterios para su ordenación, para su taxonomía, entre los que hay cuatro criterios básicos, posicional, intencional, cualitativo, formal-cuantitativo.

El criterio posicional divide las fuentes históricas en directas e indirectas. Todo ello parece bastante complicado, pero en realidad es bastante sencillo. Supongamos que estamos ante un texto que describe la ejecución en la guillotina de Luis XVI. Será una fuente directa si procede de un testigo presencial del hecho e indirecta si no es ése el caso.

El criterio intencional divide las fuentes históricas en testimoniales y no testimoniales. Las primeras serán aquéllas que nacen de la voluntad de pervivencia, de ser un testimonio para el presente y el futuro. Las segundas son las que nacen fruto de un acto inintencionado (por supuesto, entiéndase que inintencionado para que constituyan un testimonio). Nuevamente, parece esto más complejo de lo que es. Pensemos en el político X que escribe un artículo titulado "El chapapote del Prestige embellece las costas de Finisterre" en el que defiende su propia actuación en el caso. Estamos ante una fuente histórica testimonial (por cierto, y si no lo sabían, el que algo sea considerado "fuente histórica" no implica que sea cierto, pero esto lo veremos en el siguiente artículo. De momento, valga el apunte). Pensemos, por contra, en un escribano de la Edad Media que señala que el 16 de agosto de 1357 el precio del pan en Medina del Campo era de medio madaverí la hogaza grande. Estamos ante una fuente no testimonial aunque parezca lo contrario (recuérdese que hablamos de intencional e inintencional en el sentido de que constituya o no un testimonio de cara al presente y al futuro). Dentro de cada una de estas categorías de fuentes testimoniales y no testimoniales se distinguen dos subcategorías, materiales y culturales. Por ejemplo, son fuentes testimoniales materiales las estelas conmemorativas y funerarias, las esculturas erigidas en recuerdo de un hecho... son fuentes testimoniales culturales las crónicas, las memorias, las epopeyas, las tradiciones orales... son fuentes no testimoniales materiales los útiles, el menaje, las monedas no conmemorativas, la arquitectura no suntuaria... son fuentes no testimoniales culturales los documentos administrativos, económicos y jurídicos.

El criterio cualitativo divide las fuentes históricas en materiales y culturales. Por ejemplo, una raedera paleolítica es una fuente material, un documento jurídico es una fuente cultural. Simplificando, si en la fuente lo importante es el objeto estaremos ante una fuente material. Si lo significativo es lo que dice, estaremos ante una fuente cultural (y es una simplificación porque hay fuentes que participan de ambas consideraciones). Dentro de las fuentes culturales se distinguen fuentes culturales narrativas (por ejemplo, una biografía) y no narrativas (por ejemplo, un documento económico).

El criterio formal-cuantitativo divide las fuentes históricas en seriables y no seriables. Por fuente históricas seriable se entiende aquellas que: "está compuesta de muchas unidades o elementos homogéneos, susceptibles de ser ordenados, numéricamente o no." (Nuevamente, la definición es del Sr. Aróstegui. Op. cit. Pág. 389). Ojo, por criterio cuantitativo no se entiende tanto el que haya varias fuentes como el que los datos dentro de la fuente sobre un mismo hecho sean coherentes entre sí.

Bueno, ya tenemos localizadas y organizadas las fuentes históricas (lo que se conoce como heurística) ¿Qué hacemos ahora con ella? La respuesta, después de la publicidad, digo, en el próximo artículo.
27/02/2004 03:44


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