El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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Lo que las tijeras no pueden cortar El poeta checo Jaroslav Seifert escribió:"Alguna vez nos atan los recuerdos y no hay tijeras que puedan cortar hilos tan fuertes ¡O cuerdas!" Que vivimos en un mundo en el que la hipocresía campa por doquier no es ningún secreto para nadie, que la misma gente que no toleraría intromisiones en su vida privada adquiere publicaciones dedicadas a fisgar los secretos ajenos, que la misma iglesia que pone el grito en el cielo por la posibilidad de que se permita contraer matrimonio e incluso adoptar hijos a las parejas homosexuales (¿en qué siglo creerá que estamos, en el XXI o en el IX?) tiene un comportamiento bien distinto cuando uno de sus ministros se encuentra acusado de pederastia, que... (prosigan Vds. mismos la relación poniendo los casos que se les ocurra). Todo esto se le debe haber venido encima a la nueva musa del cine alemán, Sibel Kekilli, protagonista de la película "Contra la pared", triunfadora en el reciente festival de cine de Berlín. Esto fue la semana pasada y ya parece viejo, que la interpretación de Kekilli sea memorable según las personas que han visto la película (que no es mi caso) parece ser una menudencia porque lo que realmente interesa hoy es el descubrimiento de que Sibel Kekilli actuaba antes con el nombre artístico de Dilara en películas de porno puro y duro. Escándalo hipócrita habemus (y van...) comenzando por un papá de la criatura que se muestra avergonzado por el pasado de su hija y que declara que no quiere volver a verla (si este argumento lo pillara Calderón haría un maravilloso drama sobre el honor entendido como mantener el coño alejado de sospechas). Todo esto me da un tufo a naftalina rancia que hace que me plantee en qué quedan, en realidad, los avances en materia de libertad sexual en el siglo pasado. Si eres homosexual no puedes casarte, no puedes adoptar hijos, si eres actriz porno no puedes ser buena actriz (como ya tuvo ocasión de comprobar Ginger Lynn), si te gusta que una señorita te haga un buen francés se te puede custionar como presidente de los EEUU, si tienes una supuesta amante puede que no seas un buen candidato demócrata... como si la añeja concepción del honor del Siglo de Oro español nos atara más que las libertades individuales (entre las que figura las de vivir la sexualidad cómo y con quién nos dé la gana mientras no se haga daño a nadie). Con perdón, cuánta mierda y cuánta hipocresía. No estamos atados al pasado, podemos aprender de él pero esto no nos niega la libertad de elección. Podemos (y debemos) revelarnos contra consideraciones trasnochadas. Sólo así podemos avanzar como sociedad en la dirección correcta, en la de un aumento de las libertades individuales y de su libre ejercicio. 19/02/2004 13:09 |
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