El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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Cosas que hacer en Dallas cuando estás muerto ¿Recordamos lo que realmente sucedió o recreamos lo que hubiéramos querido que pasara? La respuesta a esta sencilla pregunta marca, en gran medida, la diferencia entre una Historiografía metódica y la Historia Patológica y la Pseudohistoria (que no se crean que se da sólo en pirámides construidas por extraterrestres, atlantes viajeros y la humanidad conviviendo con los dinosaurios).Siempre he considerado que el lema de la Historia debería ser: "La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero", incluso si esa verdad levanta ronchas, si duele o si jode profundamente. Pongamos un ejemplo. Supongamos que preguntamos a los españoles de cuarenta y tantos o más años cuál era su actitud con el régimen del general Franco. Nos encontraríamos con que una gran mayoría aseguraría que estuvieron en la oposición política al dictador. Podemos creernos tales afirmaciones o contraponerlas al hecho de que el general murió en la cama de un hospital, junto a la reliquia del brazo amojamado de Santa Teresa, en plena posesión del poder político y sin que la oposición le inquietara en demasía. Falleció creyendo que había dejado todo "Atado y bien atado" para que su régimen dictatorial se prolongase. La verdad es que la oposición interna fue casi siempre inexistente y siempre ineficaz sin que eso suponga minusvalorar el ejemplo que dieron (con grave riesgo personal) las personas que realmente se opusieron a la dictadura franquista. No es el único caso que podríamos citar y no se limita sólo a España. Por ejemplo, muchos franceses que vivieron la II Guerra Mundial se sentirían muy molestos si les preguntásemos por cosas como el gobierno colaboracionista de Vichy, la división Carlomagno de las SS -formada por voluntarios franceses-, sus compatriotas que agitaban banderitas en las aceras mientras Hitler paseaba por las calles de un París conquistado... Todo ello debe ser tenido en cuenta ante, por ejemplo, las Memorias de un político que, con mucha frecuencia, son una autojustificación, un intento de afirmar lo bueno que era uno y lo malos que eran los otros (y "los otros" pueden ser los correlegionarios, los adversarios políticos o, más frecuentemente, ambos). Cuando, además, lo que se puntualiza o ataca es una invención grata a la mayoría de la gente, el historiador no se convierte, precisamente, en santo de la devoción ajena. No hay mejor manera de que le cuelguen a uno el letrerito de "facha" o de ser descalificado por sectores de la autocalificada "progresía" que recordar que si Franco pudo mantenerse en el poder no fue sólo por su mando del ejército, la policía... sino también por la no-oposición o la colaboración de muchos civiles. Hoy, cuando esa etapa negra de la historia de España está, felizmente, superada, hay la tentación de reescribir el pasado. La mayoría de los españoles estuvieron en la oposición al franquismo de igual forma que la mayoría de los franceses eran, en secreto, seguidores del general de Gaulle o que la mayoría de los alemanes no tuvieron nada que ver con el nazismo. Mitos, por supuesto, pero mitos tan extendidos que han llegado a ser convenientemente aceptados por una gran cantidad de gente. Tal vez haya quién se crea que un antiguo ministro franquista, hoy presidente electo de unas de las comunidades autónomas españolas, era un "demócrata de toda la vida", que una soprano de fama mundial apoyó la huelga de Barcelona (una de las pocas muestras de oposición real al general Franco) o que el conocido humorista gráfico de un periódico de izquierdas siempre se opuso al franquismo pese a haber ilustrado publicaciones del Ministerio de Información y Turismo en las que, entre otras cosas, se encarecía a los visitantes extranjeros a que no hablaran de la situación política española a los españoles; pero los demás haríamos muy bien en poner esas afirmaciones en solfa por la sencilla razón de que contradicen lo realmente sucedido. No se trata, por supuesto, de negar a esas personas (y a muchísimas otras) el derecho a la evolución política sino a no dejar que reinventen la Historia. Cuando esa recreación, además de ser aceptada por mucha gente, está extendida por los modernos medios de comunicación, el resultado puede ser demoledor hasta el punto de que cuestionar la veracidad de ese mito parece que fuera la afirmación extraordinaria en vez de ser al revés. Pongamos un ejemplo, la leyenda que comenzó en Dallas el 22 de noviembre de 1963, fecha del asesinato del presidente John F. Kennedy. Según Oliver Stone en su mentirosa (y magnífica) película JFK la cuestión era muy sencilla. El presidente Kennedy era una "paloma" que iba a retirar a las tropas estadounidenses de Vietnam por lo que fue asesinado por un contubernio de anticastristas, servicios secretos, mafiosos... bajo instigación de los miembros del lobby de fabricantes de armamento que veían como esa decisión iba en contra de sus intereses económicos. Por supuesto, el vicepresidente Lyndon B. Johnson era completamente diferente porque, en caso contrario, el asesinato hubiera sido una pérdida de tiempo. La realidad era completamente distinta. Vayamos por partes, si el lobby industrial y militar de los EEUU hubiera tomado una actitud con el presidente Kennedy, ésta no hubiera sido la de asesinarle sino la de levantarle un monumento ecuestre en alguna plaza de la capital. Las cifras, al contrario de las personas, tienen una buena costumbre, no reinventan el pasado. El demócrata Kennedy venció al anterior presidente, el republicano Ike Eisenhower, acusándole no de militarista sino de haber mostrado tal debilidad ante la URSS que los EEUU estaban en un inmenso peligro por ser inferiores en submarinos lanzamisiles, en cohetes estratégicos... Por supuesto, cuando Kennedy llegó al poder multiplicó las partidas de fondos dedicadas a Defensa... pese a que no existía tal supuesta inferioridad. Kennedy no dejó nunca de jactarse en sus discursos públicos de la cantidad de misiles estratégicos, de submarinos nucleares, de bombarderos de largo radio de acción´... que se habían construido bajo su mandato. Reconozcámoslo, como "paloma" el presidente Kennedy "sale rana". ¿John F. Kennedy iba a retirar a las tropas estadounidenses de Vietnam del Sur lo que hubiera evitado el desastre que terminó suponiendo? Pues queda muy bonito sobre el papel, pero la verdad tampoco es ésa. Por de pronto, la mayoría de los "asesores" militares estadounidense que estaban entonces en Vietnam del Sur habían sido desplegados por orden del propio Kennedy (el cómo enviar más tropas es la manera de retirar tropas escapa de mi comprensión). Los defensores de tal afirmación se basan en un memorándum de Defensa y en las declaraciones de algunos miembros del gobierno como el Secretario (ministro) de Defensa McNamara. No obstante, tal memorándum sólo contempla la retirada de 1.000 hombres porque supuestamente el ejército sudvietnamita podía hacerse cargo de las tareas que desempeñaban. Otros miembros del Gobierno como Robert Kennedy, hermano del propio John F. más tarde también asesinado, negó en abril de 1964 que su hermano pensara en una retirada de Vietnam ya que tal hecho hubiera supuesto la caída de Vietnam del Sur bajo el gobierno comunista de Vietnam del Norte y, por efecto dominó, de todo el Sudeste asiático. McNamara continuó siendo Secretario de Defensa con Lyndon B. Johnson y, como tal, apoyó el aumento de la escalada militar en Vietnam (no sólo la apoyó, sino que fue uno de sus principales responsables) hasta 1968 fecha en la que dimitió cuando la guerra se había convertido ya en un desastre que los EEUU no podían ganar. Si hubiera tenido la certeza de que Kennedy sabía en 1963 que los EEUU no debían involucrarse más en Vietnam y debían, por tanto, retirarse ¿por qué hizo él lo contrario? Nuevamente, la autojustificación a posteriori aparece. Más sobre los mitos del nuevo Camelot. ¿Kennedy se oponía a las intervenciones militares en el extranjero? Pues el que defienda esto va a tener algunos problemas para explicar qué demonios pasó en la Bahía de Cochinos. Recordemos, grupos anticastristas con entrenamiento y financiación de los EEUU invadieron Cuba. Supuestamente, iban a contar con el apoyo aéreo de la USAF pero Kennedy se negó a ello en el último minuto. Posiblemente la invasión hubiera sido un desastre de todos modos, pero así se convirtió en un suicidio, en una matanza que los anticastristas no perdonaron nunca a Kennedy. No obstante, la CIA con conocimiento de Kennedy se dedicó a planear el asesinato de Fidel Castro (con nulo éxito, evidentemente). Pretender que la presidencia de Kennedy fue un periodo de limpieza democrática entre presidentes que emplearon la guerra sucia es para descojonarse de risa. Kennedy, por los norteamericanos siempre será recordado como el gran defensor de los derechos civiles (y esto sí es completamente cierto) mientras su sucesor, el tejano Lyndon B. Johnson siempre será el presidente de la Guerra de Vietnam. Sobre la Guerra de Vietnam (que oficialmente no fue tal porque nunca existió una declaración de guerra) ya hemos hablado. Sobre los derechos civiles, los problemas que tuvo Kennedy con el Congreso le impidieron hacer todo lo que hubiera deseado (tuvo que recurrir a los decretos presidenciales para paliarlo) y fue Johnson el que consiguió en 1964 que se promulgara como ley, con el inmenso respaldo moral de que ésa era la voluntad del presidente asesinado. En realidad, Johnson, tanto para lo bueno como para lo malo, siempre aseguró que él era el continuador de la política de Kennedy. No parece, por tanto, muy justo que para el recuerdo de los estadounidenses uno sea el bueno y otro el malvado de una opereta bufa. En fin, documentos sobre Kennedy y la participación estadounidense en Vietnam los tienen aquí y aquí. 15/02/2004 20:49 |
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