El triunfo de Clío

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La II Batalla de los Huesos

lapedo.jpgPocos lugares resultan más improbables para una contienda intelectual que las Bad Lands (Malas Tierras) de los EEUU. Pocos soldados, a priori, menos predestinados a la liza que Edward Drinker Cope, que fue enviado por su padre (cuáquero y, por tanto, opuesto a la violencia) a Europa para que no tuviera que combatir en la Guerra de Secesión, y Othniel Marsh, sobrino del millonario George Peabody. Difícil resulta imaginar una causa más prosaica para iniciar una guerra intelectual que una leyenda sioux y un telegrama trabucado, pero todo esto sucedía en los EEUU de finales del S XIX, un tiempo y lugar en lo que casi todo era posible, hasta que Marsh fuera protegido y adoptado (le llamaban Wiscasa-Pahi-Huhu, el Hombre que Desentierra los Huesos) por los sioux que, simultáneamente, tenían una cierta "discrepancia de pareceres" con otro blanco, un megalómano apellidado Custer en un lugar que llevaba el improbable nombre de Little Big Horn.

En un tiempo y lugar adecuado para el nacimiento de mitos, el enfrentamiento de Cope y Marsh conocido como The Battle of Bones pasó a la Historia y no sólo por sus resultados científicos (popularización de la Paleontología, del nombre de Dinosaurios y ochenta nuevas especies descubiertas) sino también porque fue un escándalo público por las artimañas a las que recurrieron los dos científicos. Si esto fuera una película de Hollywood, el luchador Cope se hubiera impuesto a su competidor que contaba con los millones (y las influencias políticas) de su familia. Como es una historia real, el "Poderoso Caballero" inclinó desvergonzadamente la balanza hacia Marsh aunque el contrataque de Cope empleando la prensa (en concreto, al New York Herald)consiguió que ambos acabaran perdiendo cuando el gobierno estadounidense "cortó el grifo" del dinero público para financiar expediciones paleontológicas. Veinte años después de comenzar, la Battle of Bones concluyó con la muerte de Cope en 1897. Dos años después le siguió su rival. Ambos acabaron prácticamente arruinados aunque la Paleontología se había enriquecido extraordinariamente. En una suerte de justicia poética, el gran paleontólogo de la siguiente generación fue el discípulo de Cope, Henry Fairfield Osborn.

En otra ocasión les contaré con mayor detenimiento tanto las historias de la Batalla de los Huesos como los despropósitos del coronel Custer (es curioso como unos temas se imbrican en otros), pero sirva este preámbulo como aviso de hasta qué punto las disputas científicas pueden alcanzar una virulencia extraordinaria. Si en lugar de hablar de huesos de Dionosaurios hablamos de restos humanos, pueden hacerse una idea de los extremos que podemos alcanzar. En realidad, la Batalla de los Huesos se reproduce cada cierto tiempo. Las discusiones sobre qué ejemplares corresponden a no a una especie, a las relaciones entre especies, a la "humanidad" o no de las especies, a lo que eran o no capaces de hacer los individuos de esas especies... se encuentran a la orden del día. Como además es un tema que interesa, esas disputas académicas suelen acabar en los medios de comunicación. Pocas veces un descubrimiento científico es noticia de primera plana pero, por ejemplo, lo fue Toumaï, los restos con siete millones de años de antigüedad encontrados en Tchad y que presentan una extraña mezcla de características humanas y simiescas. Algunas veces, esos descubrimientos se ven envueltos en agrias polémicas que, en ocasiones, han acabado ante los tribunales.

¿A que viene todo esto? Pues a suministrar un marco adecuado al primer capítulo de "Memoria de España" emitido el pasado 3 de febrero en la primera cadena de TVE. Antes de seguir, me permito hacer una declaración personal. Me siento muy feliz de que la televisión pública dedique sus esfuerzos a una serie de documentales de contenido histórico (después de la emisión de Planeta Encantado con sus contenidos pseudohistóricos y esotéricos, lo menos que se podía pedir era que también se diera voz a la Historia con rigor metodológico). También me siento feliz de que la audiencia fuera amplia, con picos de 4,5 millones de espectadores que viene a suponer el mentís a que la divulgación histórica o científica no interesa al gran público. Espero que la emisión mañana de la nueva serie documental Atlantis de la mano del conocido divulgador científico Miguel Toharia se vea coronada con el mismo éxito y que como fruto de esas experiencias positivas, las diferentes televisiones se planteen dar más cancha a la divulgación y muchos menos a los cotilleos sobre la sexualidad de Fulanito o Peranganita. Por todo ello estoy muy satisfecho, por desgracia no puedo decir lo mismo de la realización y de algunos aspectos del contenido del programa.

Por descontado, la divulgación es difícil. Es complejo encontrar el punto medio entre rigor metodológico y espectáculo. Si falla lo segundo tendremos un buen producto que, sin embargo, no divulgará nada porque nadie lo verá. Si falla lo primero, tendremos que se estará divulgando algo que no es Historia, Ciencia... Tal vez por esa dificultad es por lo que muy pocos científicos de renombre han intentado hacer divulgación (por supuesto, hay gloriosas excepciones como Stephen Jay Gould, Richard Leakey, Edward Osborne Wilson o Juan Luis Arsuaga) y por lo que algunos intentos de divulgación han acabado en fracaso comercial o, peor aún, en divulgación de conceptos erróneos. Sólo cuando los dos términos consiguen estar en equilibrio se produce el pequeño "milagro" de hacer sencillo y atractivo lo que ha costado tiempo y esfuerzo descubrir.

La serie "Memoria de España", en mi opinión, no lo ha logrado y temo que la audiencia no logre alcanzar las mismas cifras por los fallos que presentó. En un documental que va a ser emitido por televisión no se pueden descuidar los aspectos visuales. Ya que se optó por la dramatización, en este tiempo en la que puede hacerse casi cualquier cosa gracias a las técnicas de creación de imágenes por ordenador, cuando hemos visto a un T-Rex y a unos Velocirraptores (muy creciditos ellos) perseguir a su comida humana con aspecto de total realidad, no parece de recibo que el tigre de dientes de sable fuera un tigre de Bengala disfrazado o que los Homo Heildelbergensis parecieran los paisanos del pueblo de al lado mal caracterizados. El maquillaje tiene sus límites y uno de ellos quedó patente, no puede hacer que un Homo Sapiens Sapiens parezca un Homo Heilderbergensis por mucho que se pueblen y eleven las cejas y por mucho relleno que se pongan en la boca. Por descontado que la opción de creación por ordenador es más cara y exije más tiempo, pero al menos no da la mala impresión de estar viendo a unos actores disfrazados con los dientes llenos de mugre pero, por lo demás, muy limpitos ellos (de verdad que los baños de agua caliente, los geles, las lavadoras y los detergentes al jabón de Marsella vinieron mucho después...).

Pero esto pueden atribuirlo sin demasiado miedo a equivocarse a mi personalidad perfeccionista, a mi forma de ser de tiquismiquis total o a mi vocación de moscón cojonero. Más grave, me parece, la facilidad con la que se aceptó el bifaz Excalibur como prueba de ritos funerarios, de que un único útil lítico proviene de una deposición voluntaria y no de una deposición accidental. Me explico. En la Sima de los Huesos hay restos de treintaytantos individuos (al menos 32) y un único útil lítico. ¿Se depositó voluntariamente o se le extravió a uno de los que condujeron allí los cadáveres? Si aceptamos la primera opción ¿por qué en un caso sí se depositó un bifaz y en los traeintaytantos casos restantes no se documentan ajuares de ningún tipo? Ojo, por descontado que podrá sostenerse esa interpretación si, por ejemplo, resultara que Excalibur no fue empleado nunca, si se puede demostrar que su colocación en el yacimiento impide la opción de una deposición accidental y, por tanto, tuvo que dejado allí a propósito; pero nada de esto se dijo. Fue un mero "como hemos encontrado esta bifaz (se estuvieron todo el documental hablando de los bifaces en femenino aunque sea más frecuente hablar de un hacha bifaz que de una hacha bifaz) queda demostrado que se depositó intencionadamente." Pues no. Así no se puede sostener esa afirmación.

Pero cuando se me pusieron los pelos como escarpias es cuando la locutora dijo (minuto 43 del programa y hablando sobre las relaciones entre los Sapiens Sapiens y los Neandertales): "Un hallazgo sí parece probar su efecto. En Lagar Velho (la locutora lo pronunció como Lagarbel) una tumba muestra los restos de un niño cuyos rasgos son mixtos de Neandertal y de Sapiens Sapiens." Las bucólicas imágenes mostraban a una mujer Neandertal acercándose a un grupo de cuatro cazadores Sapiens Sapiens. Afortunadamente la imagen no fue más allá porque el resto no hubiera sido apto para menores.

¿Qué hay de cierto en ello? Pues que en 1999 Joao Zilhao (el teclado en castellano no me deja escribir bien su nombre, pongan mentalmente una raya ondulada encima de ambas aes), Erik Trinkaus y otros publicaron el hallazgo en Lagar Velho (Portugal) del conocido como "Niño de Lapedo" al que describían como un híbrido de Sapiens Sapiens y Neandertal porque tenía características comunes a ambos. En el mismo número de la revista, Tatersall y Schwartz contestaron negando tal carácter de híbrido. Dado que tanto Trinkaus como Tatersall son dos de los más eminentes expertos mundiales en Neandertales lo que siguió fue una reedición de la Batalla de los Huesos, con acusaciones a nivel personal de falta de ética, de incompetencia científica...

Como suele suceder, con el tiempo transcurrido se pueden ver las cosas con más calma. Los restos del "Niño de Lapedo" tienen dos problemas intrínsecos y otros dos extrínsecos. Los problemas intrínsecos son: es el esqueleto de un niño lo que siempre resulta complejo por las diferencias anatómicas entre niños y adultos (más aún cuando la "prueba" consistía precisamente en las proporciones de los huesos) y, por desgracia, el cráneo quedó destruido por la excavadora que cavaba la zanja en la que se encontró. Así pues, lo que más hubiera contribuido a establecer la supuesta hibridación entre Neandertales y Sapiens Sapiens había desaparecido. Los problemas extrínsecos son que la datación por C-14 de restos orgánicos relacionados con el esqueleto arrojó un resultado de 24.500 A. de C. (los restos de H. Neanderthalis más recientes, los del Boquete de Zafarralla están datados en 28.000 A. de C. por lo que ni siquiera hay pruebas de que en ese momento existieran Neandertales que pudieran haberse reproducido con Sapiens Sapiens) y el problema genético. En 1997 Krings et alii lograron obtener ADN de unos restos óseos Neandertales. En 2000 Ovchinnikov et alii hicieron lo propio con otro ejemplar. El resultado de ambos es que dentro de los Neandertales había una gran diversidad genética, pero si bien ambas muestran eran diferentes entre sí, lo eran aún en mayor medida (y más de lo esperado) con los Sapiens Sapiens. Somos especies diferentes que divergieron más tempranamente de lo que se creía. Como especies diferentes, no había hibridación posible.

Después de la desagradable polémica, Juan Luis Arsuaga en un reciente libro dice: "Pocos autores aceptan hoy tal interpretación (la de la hibridación) de la morfología del niño, que consideran más bien totalmente moderna sin influencia neandertal." (El enigma de la esfinge. Círculo de Lectores. Barcelona, 2001. Pág. 453).

En esto se quedó el "hallazgo revolucionario" que ahora "Memoria de España" ha vuelto a poner de actualidad. Esperemos que mejoren en los próximos capítulos lo que siempre sería un motivo de alegría.
07/02/2004 12:16


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