El triunfo de Clío

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Habet duos testiculos...

papisa.jpg...et bene pendentes, es, según algunos, lo que anunciaba el cardenal más joven a la multitud reunida para celebrar el nombramiento de un nuevo papa después de haberlo comprobrado por sí mismo mediante el sencillo procedimiento de tocarle los co... genitales a Su Santidad. Los allí reunidos celebraban la noticia con un "Laus Deo" y se quedaban tranquilos sobre la identidad sexual del Papa.

La "historia" es muy buena y se presta a tada suerte de chanzas y chirigotas, pero no es cierta como tampoco el episodio histórico del que derivaría esta extraña costumbre de andar toquiteando los atributos varoniles al papa electo, y que no es otro que el de la Papisa Juana.

No suelo sorprenderme de los contenidos sobre Historia en los medios de comunicación (normalmente me espero lo peor y acierto más que Octavio Aceves -lo que tampoco es decir mucho, claro-) pero alguno sí me merece respeto por una trayectoria intachable caso de RNE-5 que incluye microespacios de divulgación de diversas materias desde música a ciencia. El contenido suele ser interesante, intachable... pero está visto que el mejor escribiente puede echar un borrón y éste fue de tamaño catedralicio.

Ante mi sorpresa, el responsable del microespacio aceptó como real la historia de la Papisa Juana según está recogida en la Crónica de Martín Von Troppau más conocido como Martín Polonius. Según Polonius, Juan Anglicus nació en Maguncia y llegó a ser Papa como sucesor de León IV durante dos años, siete meses y cuatro días. Había sido elegido de forma unánime por su inteligencia ya que destacaba en todas las ramas del saber. Un día, cuando iba en procesión desde San Pedro a San Juan de Letrán se sintió indispuesto y dio a luz a un niño en un callejón entre el Coliseo y la iglesia de San Clemente. Quedó así claro para el pueblo de Roma que el Papa era una Papisa y el supuesto Juan era una Juana. Para evitar que se repitiera la farsa, desde entonces se procedió a la comprobación de la virilidad que antes relatamos.

Ésta es la historia básica a la que otros autores han ido colocando detalles. Mariano Scoto la ubica en sus Historiographi también como sucesora del Papa León IV (855 D. de C.). Jean de Mailly en su Crhonica Universalis Mettensis sitúa a la Papisa como sucesora de Urbano II (1099 D. de C.) y asegura que el pueblo de Roma, enfurecido por el engaño, ató a la parturienta a la cola del caballo y la lapidaron mientra era arrastrada. Fue enterrada en el lugar en el que murió y se colocó en ese lugar una placa que rezaba "Petre, Pater Patrum, Papisse Prodito Partum" (¡Pedro, Padre de los Padres, denuncia el parto de la Papisa!). Otros autores como Van Maerlant confirman la existencia de tal inscripción. En la catedral de Siena figura una galería de los Papas. Hasta 1600 uno de los bustos esculpidos era una mujer y la inscipción decía "Giovanni VIII, donna inglese". (En esa fecha se le convirtió en el retrato del Papa Zacarías). Adán de Usk asegura que en el callejón junto al Coliseo se conservaba una escultura de la Papisa y que en la proclamación de Inocencio VII (1404) el Papa se sentó en una silla de pórfido con el asiento perforado para que el cardenal más joven pudiera atestiguar su virilidad. William Brewyn describe dos sillas de pórfido rojo con el asiento perforado que se encontraban en la basílica de San Juan de Letrán.

¿Me he vuelto loco para negar la historicidad de esas descripciones que engañaron al experto de RNE? Ya he dicho que el método histórico se articula en tres pasos. El primero es la heurística o recopilación de fuentes (lo que hecho hasta el momento), pero ahora debemos proceder a su crítica. Polonius murió en 1278, es decir, más de 400 años después de sucedidos los supuestos hechos ¿cuál fue su fuente? Los pocos historiadores que aceptan que la Papisa es algo más que una leyenda no dejan de indicar que un manuscrito del Liber Pontificalis, obra de Anastasio el Bibliotecario (mediados del S IX y, por tanto, contemporáneo del supuesto hecho) conservado en la Biblioteca Vaticana, se encuentra un párrafo casi idéntico al citado por Polonius. Dado que Polonius vivió y trabajó en El Vaticano ya está resuelto el problema de la fuente y podemos mantener la historicidad de la Papisa Juana ¿No? Pues no. Lo que se les olvida a los defensores del episodio de la Papisa es que el manuscrito de la Biblioteca Vaticana no es la única copia existente de la obra de Anastasio el Bibliotecario y en ninguna de las demás aparece esta mención a Juana. Por otra parte, el hecho de que el texto en el manuscrito de la Biblioteca Vaticana esté escrito en el margen inferior, con una caligrafía distinta al resto y con un tipo de letra típico del S XIV hace que debamos considerarlo como una interpolación posterior. No es que Anastasio el Bibliotecario sea la fuente de Polonius sino que Polonius es la fuente de la persona que introdujo ese pasaje en el manuscrito de Anastasio.

Otro tanto puede decirse de Mariano Scoto. Las copias tempranas de su obra no contienen ninguna mención a la Papisa. Sólo aparece en las copias tardías. Jean de Mailly es un autor del S XIII como Polonius, Adán de Usk lo es del S XV... con lo que la pregunta sigue en pie ¿cuál es la fuente de esas informaciones? Ninguna que se conozca. Si unimos a ello las diferencias entre unas versiones y otras (difieren las fechas de acceso al Papado, la duración de éste, el sexo del recién nacido, la suerte posterior de la Papisa -muerta en el parto, asesinada por la multitud enfurecida, relegada a prisión de por vida-) todo hace pensar en una historia de transmisión oral y sólo puesta por escrito en los S XII-XIII.

Si esto ya arroja serias dudas sobre la historicidad de las Crónicas medievales (que pueden llegar a ser una pesadilla para el historiador por la mezcla constante de elementos reales, cuentos, leyendas...) la sucesión de León IV es bien conocida. Le sucedió Benedicto III que fue encarcelado por el cardenal Anastasio que había sido excomulgado por León IV por su apoyo al Emperador frente al Papado. No obstante, Anastasio fue expulsado por los seguidores del Papa electo y Benedicto III pudo ocupar la silla de Pedro hasta el 858. El cardenal Anastasio fue perdonado y pasó a la historia como Anastasio el Bibliotecario. No hubo tal pontificado de dos años entre ambos con un Papa (ni Papisa) llamado Juan VIII ya que no existe ninguna mención, ningún documento, nada que haga mención a tal denominación hasta el 872 en que sí hubo un Papa de tal nombre (ocupó el solio pontificio hasta el 882).

Sí se conservan textos que hacen referencia a Benedicto III ya como Papa en el 855 (recuérdese que de ser cierta la historia de la Papisa ésta hubiera debido serlo hasta el 857) como una carta enviada por Benedicto III al monasterio de Corbie el 7 de octubre de 855. Hinemar, arzobispo de Reims, informa a Nicolás I de que un mensajero que había enviado a León IV se enteró de la muerte de este Papa y por lo tanto dirigió su petición a Benedicto III, quien la resolvió. También existen monedas que representan a Lotario I y a Benedicto III. Dado que Lotario I falleció en septiembre de 855, demuestran que Benedicto III era Papa con anterioridad a esa fecha.

No hemos hecho mención a la estatua en el callejón de Roma, a la lápida... porque estos elementos no demuestran la existencia real de la Papisa y tal vez sean el origen de la misma. La localización de una escultura de una mujer con un niño en brazos unida a las leyendas comunes sobre mujeres que se disfrazan de varones pudo ser el detonante del mito. Dölinger especula con que la lápida pudo ser en origen una dedicatoria sepulcral en la que apareciera la bien conocida fórmula P.P.P. (proprie pecunia posuit) -lo erigió de su propio caudal- junto con un nombre con prefijo que dijera: Pap. pater patrum. Fuera así o bien se crearan ex-profeso para ilustrar la leyenda cuando ésta ya estaba extendida, no demuestran la existencia real de la Papisa.

El busto de la Catedral de Siena no sirve tampoco más que como demostración de que la leyenda era aceptada ya que la Catedral se comenzó a construir a finales del S XII y se levantó durante el S XIII.

Sobre la ceremonia de comprobación del sexo papal, los supuestos testigos no contemplan tal cosa sino que repiten lo que les dicen. Jacopone Angelo di Scarparia lo deja bien claro al indicar antes de su descripción que "El vulgo cuenta la fábula...".

Las sillas de pórfido rojo, que probablemente es lo único real de la leyenda, posiblemente procedieran de unas termas romanas donde se han encontrado objetos semejantes y que eran meras tazas de retrete más artísticas y ricas que las elaboradas por Roca pero dedicadas al mismo menester. El asiento horadado no era, pues, para comprobar el sexo de nadie sino para defecar.

Se nos ha caído un mito, pero no lo lamento porque la mezcla de elementos que confluyeron para darle forma no me parecen menos interesantes que la leyenda en sí.

BIBLIOGRAFÍA:
García Atienza, Juan. Juana la Papisa. Historia 16 nº 275. Marzo de 1999. Madrid.
J.P. Kirsch. Entrada Juana, Papisa en la Enciclopedia Católica Traducción de Eladio Megchún.
05/02/2004 19:38


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