El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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El conejo de oro Si estamos en diciembre del 2003 eso significa que estamos de aniversarios. La Constitución española cumple 25 (¿a que no se habían enterado?) y la revista Playboy justo el doble. Cumpleaños feliz, os deseamos todos, cumpleaños feliz...Corría el mes de diciembre del año 1953 cuando Hugh Hefner se sacó de la manga un conejito (permítanme la licencia, el conejo no apareció hasta el segundo número de enero de 1954) en forma de revista para hombres. Realizada de forma cuasi artesanal (a Hefner le gusta decir que la terminó de maquetar en la cocina de su apartamento), sufragada con el dinero de familiares y amigos y sin que su propio creador tuviera la menor esperanza de su viabilidad comercial (no llevaba numeración porque Hefner creía que era el primer número... y el último) ya presentaba sus dos principales señas de identidad, mujeres hermosas (portada con la Monroe) desnudas o ligeras de ropa y escritores conocidos (aventura de Holmes por Arthur Conan Doyle). Pese a lo que Hefner pensara, la venta no estuvo mal (más de cincuenta mil ejemplares) lo que permitió que la aventura continuara hasta hoy. Denostada por algunos (y por aquello de que los extremos se tocan, entre ellos se encuentran desde puritanos hasta feministas) y admirada por muchos más, la revista Playboy supuso el comienzo del fin del puritanismo sexual. Aquello tan bonito de "No por vicio ni fornicio, si no por criar hijos a Tu servicio" que los camisones nupciales de nuestras abuelas llevaban bordado (ya se sabe que el fo... hacer el amor desnudas era cosa de putas) estaba fuera de onda. Las mujeres americanas habían adquirido una enorme importancia durante la II Guerra Mundial. Con la población masculina ocupada en el "deporte" de matar alemanes, japoneses... muchas amas de casa dejaron el hogar para ocupar puestos en fábricas, comercios... Lo que en un principio era un deber patriótico terminó demostrando que el "sexo debil" era tan capaz de ocupar un puesto de trabajo como cualquier representante del autodenominado "sexo fuerte". Pretender que las mujeres iban a olvidarlo era una estupidez que ellas no cometieron. Pese a los intentos de los puritanos que quisieron devolverlas a las cocinas (¿se darían cuenta de que su pretensión era la misma de Hitler, las tres K, niños, cocina e iglesia?) muchas mujeres continuaron trabajando fuera del hogar después del final de la II G. M. Con la labor remunerada llegó la posibilidad de la independencia económica y, con ella, las demás libertades. Sin embargo, el tabú continuaba siendo el de la sexualidad (curioso esto de que el país occidental más puritano en cuestiones sexuales sea a la vez el mayor productor de pornografía del mundo). Decir que el sexo es divertido es una obviedad, pero en aquella época el sexo era, por encima de cualquier otra consideración, un pecado. En la ruptura de ese pensamiento dominado por la moralina religiosa tuvo su papel la revista Playboy. En sus páginas habia mujeres desnudas y grandes escritores lo que rompió la imagen de marginalidad y cutrez del erotismo anterior. Por otra parte, a su creador Hugh Hefner nunca le gustó la pornografía explícita por lo que la revista no sobrepasó cierto límite (de eso ya se encargaría Larry Flint) y adoptó una línea de glamour que todavía hoy conserva. El sexo ya no era algo que debía permanecer oculto, algo de lo que un caballero y una dama nunca hablaban (aunque lo hicieran). Era algo que podía aparecer en un poster despleglable en una revista popular, algo que grandes actrices de Jolibú (y Pamela Anderson que tiene de actriz lo que yo de rabino) no se recataban de mostrar a la vez que clamaban que el sexo es divertido. La denominada revolución sexual de los años 60 debe mucho a la píldora anticonceptiva, pero el impulso intelectual vino, entre otros, de una revista cuyo distintivo era un conejito con pajarita. Aunque prohibida durante años en España (las "degeneradas" que posaban desnudas eran, como los hombres-lobo patrios, cosas que no podían pasar por la tijera de un censor del nacional-catolicismo) las consecuencias de esa libertad sexual nos llegaron (con retraso, pero llegaron). Playboy no es sólo parte de la historia americana, también lo es de la nuestra. Hoy el futuro del conejito no está claro. La competencia en forma de sexo más explícito tanto en revistas, películas y, en especial, en Internet han afectado sus ventas. Muchas de las actividades desarrolladas al margen pero a la sombra de la publicación madre, han tenido que cerrar como los clubes Playboy. Las ventas actuales (más de tres millones de ejemplares) apenas aportan beneficios. La sociedad a la que un día escandalizó (e ilusionó) ha evolucionado. En vez de una publicación rompedora y polémica hoy está considerada como tradicional y un poco carca. Tal vez nunca haya ocasión de celebrar que el conejo se adorne con diamantes, pero, la verdad, que nos quiten lo bailado. 04/12/2003 19:13 |
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