El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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Premio a la excelencia Por una vez, lo de "fallo del jurado" ha resultado ser una expresión y no una realidad. En estos tiempos menguados en la que lo cutre, lo casposo... vive y reina per saecula saecurum el ver como se premia la excelencia supone una cierta reconciliación con la sociedad. Claro, que el premio no lleva dotación económica (como deberían ser todos los galardones) así que el jurado ha podido ser justo, permanecer ajeno a presiones de amiguismos, politiquerías y demás influencias externas.Las editoriales Renacimiento y Siruela han recibido el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural en el año 2003. La noticia está ahí y dudo que merezca demasiada atención mediática dado que ninguna de ellas es una gran editorial. Es perfectamente posible que ni siquieran conozcan su existencia, que nunca hayan leído uno de sus libros. Si es así, permítanme que les hable de la segunda de las galardonadas. La editorial Siruela es una apuesta personal de D. Jacobo Fitz-James Stuart, conde de Siruela. Edita títulos que difícilmente lleguen al gran público. Por ejemplo, mantiene la colección Biblioteca Medieval en la que figuran "cositas" como "Historia de Merlín", "La muerte de Arturo" de Thomas Malory o el "Perzeval" de Wolfram von Escenbach, otra colección, el Árbol del Paraíso, dedicada a la vivencia espiritual con títulos como "Del Cielo y el Infierno" de Emanuel Swedemborg, el "Corpus Hermeticum" o "El fruto de la nada. Y otros escritos" del Maestro Eckhart e incluso una colección, La Biblioteca Sumergida, dedicada directamente a recuperar libros extraños como "La comunidad secreta" de Robert Kirk, "Monstruos y prodigios" de Ambroise Paré o "En busca de Isis" de Jurgis Baltrusaitis. Si conocen el contenido de esos textos, apreciarán la extraña mixtura que forma la literatura medieval, las visiones heterodoxas del Cielo y el Infierno, el esoterismo, la mística, las hadas, la teratología o la búsqueda de claves alquímicas supuestamente egipcias en el arte occidental, una mezcolanza en la que lo fácil hubiera sido caer en el ridículo más espantoso. Lo sencillo y lo comercial porque, no nos engañemos, tienen más tirón los libros escritos por cualquier autor esotérico actual que los realizados hace siglos. En efecto, muchos de esos libros entran de lleno en el esoterismo e, incluso, son textos que dieron forma a "modas" que todavía hoy existen y por eso precisamente era importante su recuperación. El conocimiento que podamos tener del esoterismo sería incompleto y muy probablemente erróneo si fuéramos incapaces de reconocer sus causas, el dónde, el cómo, el cuándo y el por qué surgen las creencias. Tal vez esta declaración les parezca sorprendente y piensen que lo único que realmente importa en el esoterismo es su refutación. En realidad el esoterismo, al igual que el pensamiento mítico-religioso y el científico, forman parte indisociable de nuestro pasado, de nuestra cultura. Cualquier aproximación a la historia del pensamiento humano que prescinda a priori del estudio de cualquiera de sus manifestaciones será necesariamente incompleta. El conocimiento de las fuentes originales nos permite comprobar qué parte de las creencias esoteristas ha permanecido invariable y qué aspectos han ido mutando a lo largo de los siglos, las relaciones de derivación, retroalimentación o mero parasitismo entre las distintas creencias... en suma, sirve para vislumbrar las causas por las que nuestra sociedad es como es y no de cualquiera otra de las formas en que podría haber sido. Además, Siruela se caracteriza por un cuidado exquisito en el tratamiento íntegro del libro. No es sólo el tener un texto interesante sino también ofrecer una traducción cuidada, incluir estudios sobre la obra a cargo de especialistas en la materia, atender igualmente los aspectos materiales tan descuidados por otras editoriales. Para los bibliófilos impenitentes como yo, supone un motivo de indignación el que abrir un libro sea una metáfora del otoño con sus hojas caídas por el suelo, el que en un par de años los márgenes comiencen a adquirir una "tonalidad blanco-amarillenta" que dijeron Les Luthiers o que la tinta en un decenio se torne tinta invisible. El que, por fin, una editorial se preocupe de que el papel, la tinta, el cosido... del libro sea de calidad óptima es un motivo de alegría y sólo por ello Siruela ya se hubiera hecho merecedora del galardón aunque, como hemos visto, motivos para ello había más que sobrados. Cuando las editoriales más conocidas parecen competir con las televisiones en ver quién es capaz de difundir la basura más hedionda, en pugnar por quién publica el libro de un autor menos merecedor de ello (y la competición está muy reñida), el reconocer la labor de editoriales que no se preocupan por eso sino por ofrecer a sus clientes-lectores un producto de calidad sólo puede merecer mi aplauso. Enhorabuena, por ello, tanto al jurado como a los galardonados. Hoy han conseguido alegrarme el día. 26/11/2003 18:57 |
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