El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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Por un enorme puñado de dólares Hace Mankel en su comentario a una historia anterior dos interesantes preguntas cuya respuesta precisa espacio suficiente así que las traigo aquí. Dice Mankel: " "Unas preguntas son: ¿tiene el valor económico que se le da? ¿merece el arte contemporaneo el ambiente quasi-sacro (museístico) en el que está envuelto? Los museos son del XIX y el arte de ahora sólo casa con calzador en ese esquema. Respecto al valor, se dice que es el mercado. Pero quienes marcan la pauta del mercado son en muchos casos museos públicos que todos pagamos (un artísta sólo es grande si un gran museo lo ensalza)."Con relación a la primera, el Arte no ha sido nunca barato. Un buen pintor (no necesariamente un pintor genial) tenía una buena posición económica dentro de la sociedad. Sin necesidad de entrar en casos extremos como Leonardo, Rafael, Ticiano, Rubens o Velázquez que fueron protegidos por el papado y las diversas monarquías europeas y disfrutaron de la estima real o pontificia cuando eso era garantía de una vida desahogada; incluso en casos alejados de esos notorios éxitos personales logrados en vida del interesado se puede observar que no eran unos plebeyos más. El caso del Greco es paradigmático. Sabido es que intentó trabajar para Felipe II y no lo consiguió. Se dice que sus dos cuadros (Martirio de San Mauricio y Alegoría de la Liga Santa) para El Escorial no gustaron al monarca. Tal vez sea conveniente matizar ese "no le gustaron" por cuanto D. Felipe no se desprendió jamás de ellos. Se dice también que su arte era demasiado visionario para el gusto del monarca, pero no es conveniente olvidar que Felipe II fue un conocido admirador de El Bosco. Por las razones que fueran, El Greco no consigue encargos en la Corte y se afinca definitivamente en Toledo en donde se había establecido (de forma supuestamente provisional) por relaciones con amigos españoles que conoció en Italia. Toledo era una ciudad importante en aquella época pero muy alejada de los grandes centros económicos como Sevilla o Valladolid. No obstante, en ella consigue el éxito que no había obtenido ni en Venecia ni en Roma. Forma un gran taller y obtiene numerosos encargos. Pese a que en más de una ocasión debió pleitear por desacuerdos sobre los precios de los cuadros (incluido el célebre "Entierro del señor de Orgaz") sabemos que vivió rodeado de grandes lujos que le merecieron más de una crítica. De él dijo Jusepe Martínez: "ganó muchos ducados, pero los despilfarró en una vida ostentosa; incluso mantenía a músicos asalariados en su casa de modo que pudiera gozar de todos los placeres mientras comía". La idea popular del artista que malvive en una buhardilla mientras intenta vender sus cuadros haciendo la pelota al burgués de turno es fruto de una época posterior y sólo es válida para artistas que no gozaron de reconocimiento en vida, auténticos "pintores malditos" que son la excepción más que la norma (caso de un van Gogh que sólo pudo vivir gracias al apoyo económico de su hermano Teo). Incluso artistas que hoy no tienen demasiado nombre excepto para los especialistas como Madrazo, Casado del Alisal, López... lograron una posición desahogada. Todo esto como preámbulo (creo que necesario) a la pregunta ¿el arte contemporáneo merece el precio que se paga por él? Esto no es ya una cuestión artística sino económica ya que se rige por la ley de la oferta y la demanda. Por ejemplo, el mismo cuadro de Sorolla que hace treinta años hubiera podido comprarse por un precio razonable alcanza hoy cotizaciones astronómicas cuando el valor artístico del cuadro no varía porque es el mismo. La razón de su ascenso es el descubrimiento del maestro valenciano por el mercado anglosajón que es el que mueve mayores cantidades de dinero (ya, ya sé que no han descubierto la pólvora pero antes de reírnos de los yanquis y su llegar tarde a todas partes ¿les suena de algo un tal John Singer Sargent? Su caso es el opuesto al de Sorolla ya que sólo ahora estamos enterándonos en España de que existió un pintor de ese nombre y que, además, fue un artista excepcional). Este mercado del arte está dominado por modas y algunas estupideces de bastante calibre (bastó la atribución a Miguel Ángel de un dibujo de un candelabro para que el precio estimado cuando estaba catalogado como anónimo se multiplicase por cien o por doscientos. Pese a ello, el dibujo siguió siendo igual que antes de que se conociera su paternidad, claro). Que en estos vaivenes tienen mucho que ver marchantes, expertos (entre ellos museos de arte contemporáneo)... es también conocido y que como consecuencia de algunas meteduras de pata de consideración (como el considerar la compra de Arte como una inversión segura cuando las subidas y desplomes del mercado son considerables) este campo entró en clara recesión (quedan lejos los tiempos de la subasta de "Los Girasoles"), pero todo esto puede generalizarse a cualquier arte y no sólo al contemporáneo. Sencillamente en el arte contemporáneo el grado de incertidumbre es superior. Parece difícil que en el futuro la pintura de Velázquez (por ejemplo) sea menos estimada que hoy, pero nadie puede asegurar lo mismo de un Jasper Johns (su obra "Flag" encabeza este comentario y ¿qué quieren que les diga? Pues que ni fu ni fa sino todo lo contrario). Tanto más cuando entre los artistas jóvenes parece que hay un retorno a la figuración. Una figuración innovadora, distinta a la representación clásica, pero figuración al fin y a la postre. No me parece que el futuro pinte de color de rosa para los artistas no figurativos. Más bien creo que pintan bastos. Contra esta mercantilización del arte (que como decía anteriormente no es nueva) se produjeron rechazos en el S XX, movimientos que pretendían purificar el arte (en mi opinión, inventarse algo que nunca existió) mediante la creación de obras cuya comercialización fuera imposible. Es el caso, por ejemplo, del arte efímero, creación mediante materiales muy perecederos que impedían su conservación, esculturas sobre hielo, empleo de materiales orgánicos... pero ello tropieza con un problema, que puede que el artista no viva sólo de pan, pero tiene la funesta costumbre de comer. Además, incluso así el arte no dejaba de ser objeto de comercio. Se vendían las reproducciones fotográficas de la obra o ésta contaba con un patrocinio que no tenía porqué ser ajeno al beneficio material. El caso que citaba en la anterior historia es un buen ejemplo de ello. La movida de los cien parados (perdón por la aparente contradicción) estaba financiada por una galería de arte que no obtendrá nada en este caso concreto pero que ha conseguido una gran publicidad para su negocio. ¿Quiero defender el todo vale? Por supuesto que no es ésa mi intención. La verdad es que todo esto arranca de la sensacional metedura de pata de la crítica artística de la época al juzgar a los que ahora llamamos Impresionistas. La descalificación fue casi general y, sin embargo, hoy está considerado (en mi opinión con excesiva generosidad) como uno de los movimientos más importantes de la historia de la pintura. Por contra, la pintura histórica que en su día merecía todos los reconocimientos oficiales y de crítica es hoy ignorada cuando no despreciada (pese a que haya comenzado su revalorización porque, pese a un exceso de teatralidad, tiene estimables valores pictóricos). Los críticos se equivocaron y el ridículo aún se recuerda, pero la solución para salir de él no es su opuesto, el que todo sea declarado como bueno por miedo a que lo que hoy juzguemos de forma negativa sea ensalzado en el futuro. Este "tó er mundo é güeno" me parece tan ridículo como el pretender ceñirse a consignas del tipo "la pintura histórica es la pintura por excelencia y el resto mero entretenimiento de aficionados sin valor artístico". Psar de un extremo del péndulo al contrario no suele ser una buena política. En mis escasos días de optimismo creo que la crítica acabará siendo todo lo objetiva que pueda serlo, que se juzgará la obra y no el concepto (¡qué barbaridades se perpetran en tu nombre!), el renombre del autor o el movimiento artístico al que se adscriba éste. En todos los demás, los "palos" que se dedican a críticos que no tienen pelos en la lengua como Gaya Nuño me hace pensar que eso es imposible y que continuaremos viendo basura artística en exposiciones vendidas con tecnicas de markéting. No nos engañemos. Los intereses creados en torno al Arte son de tal cuantía que pueden mover voluntades o comprar plumas para decir lo que interese asegurar. Al menos, nos queda Internet. 31/10/2003 19:47 |
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