El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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Los abuelos y sus picardías Una de las máximas que la sabiduría popular nos ha legado es la sentencia de que: "Tiran más dos tetas que cien carretas." Es obvio que los carcas que a la muerte de Franco se lanzaron a protestar por la "ola de pornografía que nos invade", además de ser unos pacatos (y no es un juego de palabras con el diminutivo del nombre de pila diminuto general) tenían poca idea de la historia del sexo explícito. Eran lo primero porque protestar por una película como "La trastienda" con el tímido despelote frontal de Nadiuska (musa erótica de la época por si no llegaron a vivir esa época) es ser más cerrado que la gatera de un submarino. Lo segundo porque la pornografía ha estado siempre acompañando al hombre sin que el paso del tiempo cambiara otra cosa que el vehículo de expresión.En cualquier colección artística que se preciara existía un gabinete reservado dedicado a los desnudos más lúbricos como el de Bronzino que encabeza esta historia. Es conocida la historia de que el pintor Mengs consiguió convencer al "tragafrailes" de Carlos III de que olvidara su "genial" idea de ordenar quemar los cuadros más subidos de tono de la colección real entre la que se encontraban "cositas" como "La bacanal" de un tal Ticiano. Igualmente famosa es la historia del gabinete de Godoy en el que se encontraban pinturas como "La Venus del Espejo" de Velázquez y las "Majas" de Goya. A fuerza de ser repetidas estas anécdotas suele olvidarse que lo importante es lo que demuestran, que estos cuadros se consideraban vergonzosos, que se ocultaban... pero que se poseían. Igualito que las pelis porno de hoy en día aunque, por desgracia, la calidad artística se perdió por el camino. Cuando la fotografía aparece, las modelos continúan posando pero ahora lo hacen ante el daguerrotipo en vez de ante el lienzo aunque todavía algún retrato como el "Olimpia" de Manet escandalizara a los de siempre (la verdad, es que se escandalizan con facilidad y si no vean la que se ha liado con el nombre de la exposición de Barcelona). Fueron famosas las llamadas "postales francesas" (y no precisamente las que retrataban a la Torre Eiffel) y es que entonces la pornografía, como los niños, venía de París. De don Amadeo I (y último) se dice que era muy aficionado a las "novelas francesas" (y no se referían a las de Víctor Hugo o Alejandro Dumas y sí a la literatura pornográfica). Y es que nuestros vecinos siempre han tenido una muy sana actitud ante el sexo. Volvemos al inagotable anecdotario de esta materia. Doña Paulina Bonaparte (hermanísima de Napoleón) posó para el escultor Canova en una de sus más conocidas esculturas. El escándalo fue mayúsculo cuando vieron que Paulina aparecía representada con los pechos al aire. La preguntaron si había posado así y ella confirmó que tal cual. Justa indignación de los bienpensantes y maledicentes de turno que la preguntaron qué cómo había hecho tal cosa, que si no había tenido problemas a lo que Paulina tranquilamente contestó que no, que el estudio de Canova tenía una buena calefacción. No hacía falta ser un lince para suponer que la aparición del cine iba a abrir un nuevo camino para la pornografía (made in France, nuevamente). Poco después de que los Lumiére proyectaran la salida de los obreros de su fábrica o al regador regado, ya hubo quién pensó que si lo que se filmaba era un polvete tampoco estaría nada mal. Y así la pantalla se llenó de orondas modelos rubenianas y no meros orondos caballeros embigotados (y empalmados) haciendo exactamente lo mismo que sus émulos contemporáneos. Ya se sabe que el sexo no admite demasiadas variaciones más allá de la geometría (posición) y aritmética (número de participantes -espero que el Tío Petros no se me enfade por este mezclar a la matemática en el ajo-). Como Europa acaba en los Pirineos, pronto aquí encontraron imitadores bajo una inspiración real, la de D. Alfonso XIII muy aficionado a este tipo de cine hecho, eso sí (la clase es la clase) por los mejores directores del momento como Perojo. Poco de todo ello ha sobrevivido lastrado tanto por su falta de calidad (si hay algo más aburrido que una película porno es una película porno intelectual -¿verdad, Sr. Kubrick?-) como por su carácter de posesión vergonzante e incluso peligrosa. Sólo hoy comienza a recuperarse ese legado oculto, a restaurarse las pocas copias que han llegado hasta nosotros y a proyectarse incluso en festivales. Si poco (o nada) añaden al Arte sí son un curioso recordatorio de que nuestros abuelitos no fueron tan circunspectos como ellos aseguraban. 30/10/2003 20:12 |
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