El triunfo de Clío

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Dos cuadros

hopper_html.jpgComo sin duda habrán observado, he decidido cambiar el cuadro de presentación de esta bitácora. "La matanza de los inocentes" de Brueghel ha sido substituida por los "Noctámbulos" de Edward Hopper. La razón de ese cambio es, sencillamente, que creo que este último cuadro refleja mejor el espíritu de este blog.

Es curioso. Brueghel representa una matanza con colores vivos. Hopper la vida en la ciudad con un brusco contraste entre el exterior nocturno y el interior del bar repleto de luz. Pese a la brutalidad de la escena representada, el cuadro de Brueghel parece más atractivo. La escena de Hopper es calma, no hay en ella nada de violencia. Es un cuadro de la vida cotidiana de una gran ciudad y, sin embargo, ¿no notan un cierto desasosiego ante esta obra?

No hay nada peor ante una obra de arte que la indiferencia. Hopper logra que resulten inquietantes escenas aparentemente cotidianas. El violento contraste que aparece en muchas de sus obras entre el interior y el exterior, entre la luz y la oscuridad, da cierto carácter de irrealidad a la representación. Por otra parte, ante esos personajes que no sabemos que están haciendo ni porqué están donde están (una mujer en un vagón de ferrocarril, una mujer en una habitación que consulta una guía de ferrocarriles, una mujer desnuda frente a una cama) sentimos como si estuviéramos invadiendo la intimidad ajena, como si el pintor nos transformara, por obra y gracia del Arte, en voyeurs.

Si otros pintores buscaron su inspiración en la pintura à plein air (al aire libre) Hopper la encuentra en un mundo moderno encerrado en sí mismo, en bares, en habitaciones... con iluminación eléctrica y en personajes frecuentemente solitarios. Incluso cuando pinta al aire libre (como en La Casa junto al Ferrocarril) que encabeza estas líneas), la atmósfera luminosa deforma la casa ante convertirla en algo cercano a la pesadilla (si esta casa les recuerda a un motel y a una célebre escena de ducha, no es mera casualidad).

Por si aún no se han dado cuenta, Hopper es un pintor que cada día me gusta más, un genio bastante desconocido al que no tengo la menor duda que el tiempo le hará cada vez mayor justicia. Por si tienen curiosidad por contemplar más obras suyas, al final de esta página encontrarán enlaces a ellas y si quieren que el disfrute estético sea completo, les aconsejo que escuchen simultáneamente el Quiet City de Aaron Copeland. Tal vez nadie haya comprendido mejor la estética de la vida en las grandes ciudades que estos dos artistas norteamericanos.

Si otros artistas con mayor renombre siguieron buceando en formas ya empleadas, Hopper nos descubrió nuestro propio mundo, con sus violentos contrastes y su soledad angustiosa. Fue, indudablemente, uno de los grandes genios del S XX.
28/10/2003 18:36


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