El triunfo de Clío

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Una noche el río pasó

republicano.jpgEn un comentario me dice MP lo siguiente: "En referencia a lo que dices de lo que ocurrió en Guernica, ahora también tenemos el ejemplo de la Batalla del Ebro (o de Gandesa) tratada en dos libros de reciente publicación. Hasta ahora se había dicho que Franco tenía la estrategia de un comandante de batallón. Y yo me lo creía, claro. El general de brigada Miguel Alonso Baquer en su libro "El Ebro: la batalla decisiva de los cien días" lo considera un maestro de la aproximación indirecta que plantea la guerra en campañas huyendo de cualquier batalla decisiva. Mientras, Reverte en el otro libro "La batalla del Ebro" lo presenta como un salvaje entusiasmado por la perspectiva de barrer a lo mejor del Ejército Republicano. Pero me queda la duda: ¿era Franco un entusiasta de la acción directa, de no rechazar una buena batalla de aniquilación como la del Ebro, como parece presentárnoslo Reverte?"

Dado que la contestación va a ser un poco larga la traigo aquí en vez de añadir otro comentario. El caso, MP, es que no es exactamente igual la discrepancia entre la Batalla del Ebro y la doble versión de la destrucción de Guernica. Lo que se discutía en Guernica es qué pasó (¿Hubo un bombardeo de la Legión Cóndor? ¿Fue destruida la villa foral por el propio ejército republicano? ¿Ambas cosas?) mientras que el caso de la Batalla del Ebro es una discrepancia sobre las interpretaciones de lo que pasó, ya que el curso de la Batalla en sí está muy bien documentado y no hay discusiones más que sobre asuntos puntuales; pero como no quiero que puedan pensar que estoy "echando balones fuera" vamos con el tema.

Antes que nada, el juzgar la competencia o incompetencia militar de alguien (Franco, Rojo, Modesto, Yagüe...) no es competencia de los historiadores sino de los militares. A los historiadores les corresponde el estudiar las causas, relacionar los hechos y las consecuencias que éstos tuvieron. El que la Batalla del Ebro (en este caso) pudo haber discurrido de otra manera si Franco o si Modesto hubieran actuado de otra forma y si de esa otra forma hubieran conseguido sus fines (que es en lo que se basa la competencia o incompetencia militar) no es propiamente historia sino una ucronía muy interesante. Por ejemplo, una novela ganadora del Planeta "En el día de hoy..." Rojas planea un escenario curioso, el ejército republicano gana la Batalla del Ebro y con ella la guerra. ¿Qué podría haber pasado entonces? Es un juego literario y ucrónico interesante, pero la Historia es el estudio de lo realmente sucedido, no de lo que pudo haber pasado si...

Acabados los preámbulos vamos con el tema en sí y que cada uno juzgue lo que crea conveniente. El golpe de estado del 18 de julio de 1936 (que comenzó el 17 de julio, como es bien sabido) fracasó. Esta afirmación puede parecer sorprendente; pero los planes de los conjurados no eran desencadenar una guerra de tres años sino hacerse con el poder de forma inmediata. Los planes de Mola para el caso de que Madrid no se sumara al golpe contra la República era un rápido avance militar sobre la capital desde las capitanías con las que él creía que podría contar y falló entrepitosamente en sus previsiones.

El mapa de la situación española el 18 de julio es una pesadilla para el bando nacional desde el punto de vista militar. Sus fuerzas más importantes (el ejército de Marruecos) estaban al otro lado del Estrecho de Gibraltar y la República controlaba la Marina y el Ejército del Aire. También contaba la República con mayor número de soldados, con la mayoría de las fábricas de armas, la mayor parte de la población civil, los fondos del Banco de España y las regiones más ricas tanto en industria como en agricultura y minería. Todo ello demuestra el fracaso del golpe de estado como hace costar el socialista Prieto en un célebre discurso pronunciado en agosto del 36.

El cómo se pasó de esa situación militarmente desastrosa a la victoria es uno de los hechos más discutidos de la historiografía de la guerra no por el transcurso en sí sino por los motivos por los que fue así. Franco pasa a la península con el ejército de Marruecos (pese a lo que digan algunos principalmente por vía marítima dada la poca capacidad de carga de los aviones alemanes) sin que la marina republicana hiciera más que un intento por impedirlo cuando el destructor Alcalá Galiano se retira sin entrar en combate con las unidades nacionales que eran un cañonero y un torpedero. Una vez en tierra comienzan un avance para unir las posiciones sublevadas en Andalucía con el núcleo principal que era Castilla y león, Navarra, Aragón y Galicia a través de Extremadura y Castilla-La Mancha. Esas columnas bajo mando de Yagüe, numéricamente poco importantes, encuentran poca oposición excepto en ciudades y pueblos importantes como Badajoz y Talavera de la Reina en los que se libran duros combates. Después de tomar Toledo (decisión personal de Franco ante la opinión de otros generales que preferían un avance rápido hacia Madrid) continúan hacia Madrid en cuyos arrabales se sitúa la línea del frente que no se moverá ya hasta el final de la guerra.

Éste es el primer punto en que basa la supuesta ineptitud militar de Franco. Al decir de algunos historiadores-militares si Franco no hubiera ordenado retrasar el avance con la toma de Toledo para colocarse la medalla propagandista de haber liberado el Alcázar, la guerra podía haber acabado entonces al haber tomado los nacionales Madrid. Sin embargo, eso dista mucho de estar claro porque el ejército republicano de Madrid ya había resistido con éxito los avances de columnas nacionales desde Castilla y León deteniendo la ofensiva en la Sierra del Guadarrama. Las columnas nacionales procedentes de Andalucía eran numéricamente escasas y estaban agotadas después de un avance rapidísmo y de haber librado combates callejeros como los citados de Badajoz y Talavera. Salvo que las tropas republicanas se hubieran rendido sin combatir es muy difícil que hubieran podido tomar Madrid. La defensa de Madrid que duró hasta el final de la guerra, por otra parte, me hace dudar muy seriamente de que se hubieran entregado por haber llegado los nacionales unos días antes.

En el norte, el éjército de Mola conquista con muy poca oposición las provincias vascas de Guipúzcoa y Vizcaya y después Cantabria y Asturias. La razón para esa débil defensa es una de las cosas que aún hoy se discuten. En los diarios de Azaña hay referencias a un informe que emitió el último jefe militar republicano de la zona en la que asegura que era todo un desastre, que los soldados no querían combatir porque sentían más simpatía por los nacionales más que por el gobierno republicano, que la corrupción campaba por doquier, que los mandos no conseguían que la tropa los obedeciera...

Al final de la campaña del Norte la situación objetivamente desastrosa del 18 de julio se había equilibrado. Los territorios dispersos bajo control de los nacionales se habían unido, se habían ampliado, habían conquistado las fábricas de armas vascas, la industria metalúrgica de Asturias y el País Vasco y las zonas mineras de Asturias, León y Palencia además de una gran ciudad como Bilbao y todo eso ante una débil defensa de un ejército republicano superior en efectivos y medios militares. Éstos son los hechos. Las interpretaciones las hay de todos los colores pero voy a mojarme un poco y mi conclusión es que tenía razón Rojo cuando dice que después del golpe el ejército republicano se desintegró por presiones políticas. Se apartó (o eliminó) a mandos intermedios por sus supuestas (o reales) simpatías por los sublevados lo que destrozó tanto la cadena de mando como la disciplina mientras los milicianos hacían lo que les daba la gana sin tener objetivos militares tácticos ni estratégicos.

Una vez que los nacionales habían conseguido su primer objetivo (unificar las zonas dispersas y eliminar la zona republicana en el norte) la guerra se llevó a cabo fundamentalmente en dos frentes, el de Madrid y el de Aragón. Si en el primero pese a batallas como la de Guadalajara no hubo cambios sustanciales, en el segundo, después de batallas cruentas como la lucha por Teruel, el ejército nacional consiguió seguir el curso del Ebro y romper la zona republicana en dos, al norte de la línea nacional gran parte de Cataluña (Barcelona incluida) y al sur la Comunidad Valenciana. En ese momento es cuando se produce la Batalla del Ebro.

La sensación de que la República había perdido la guerra se extendía tanto dentro como fuera de España. La única salida que le quedaba al gobierno republicano era la esperanza de que un cambio político internacional condujera a un apoyo inglés y francés a su causa y, para mantener esa esperanza, necesitaban tiempo. La Batalla del Ebro fue un intento para lograr ese tiempo. Aunque el contrataque tuviera la pretensión final de reunificar los territorios bajo control republicano, Rojo sabía perfectamente que no tenía casi posibilidades de lograr ese objetivo (como señalaron correctamente los asesores soviéticos) pero sí esperaba conducir al ejército nacional a una guerra de posiciones como las de la I Guerra Mundial y así esperar el desenlace de los acontecimientos europeos.

Cogidos por sorpresa, los nacionales vieron como el ejército republicano establecía una sólida cabeza de puente en "su" lado del Ebro; pero no conseguía romper definitivamente sus líneas con lo que después del avance inicial quedaron las líneas estabilizadas. Aquí es donde cometió Franco su supuesto segundo gran error. Sus generales (Yagüe entre ellos) planeaban contraatacar desde Lérida aprovechando que la República había concentrado sus mejores efectivos en la Batalla del Ebro, dejando desguarnecidas o mal protegidas amplias zonas del frente. Franco se opuso y concentró los refuerzos en la propia zona de combate dando lugar a la batalla más cruenta de la Guerra Civil. Sabemos la justificación que dio el propio Franco para esa decisión. Al haber concentrado la República sus mejores tropas en una única zona, si conseguían diezmarlas la guerra estaría acabada en la práctica.

Después de durísimos combates, el ejército republicano tuvo que retroceder a "su" orilla del Ebro. Las cifras de bajas no están claras; pero posiblemente rondaron los 40.000-50.000 hombre en cada uno de los bandos. El posterior avance nacional sobre la Cataluña republicana prácticamente no tuvo resistencia. El ejército republicano después del Ebro no tenía ya capacidad para realizar una defensa numantina ni mucho menos para volver a tomar la iniciativa.

Esto es lo que sucedió (y poca o ninguna discusión cabe sobre ello). Lo que hubiera sucedido si Franco hubiera dejado de lado Toledo o si Franco hubiera atacado desde Lérida en vez de atacar frontalmente las posiciones republicanas en el Ebro serán interesantes cuestiones de estrategia militar, pero para mí con tan poco sentido como plantearse qué hubiera sucedido si el ejército republicano no hubiera sido desmantelado por decisiones políticas después del 18 de julio de forma que Rojo tuvo que crear un nuevo ejército casi desde la nada meses después de iniciada la guerra.
24/10/2003 14:03


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