El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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El largo viaje Para los "popes", el cómic sigue siendo el hermano pobre de las Artes. Recuerdo que mi libro de esta materia de C.O.U conseguía despachar la historia del cómic es apenas diez páginas sobre unas setecientas en total. En la universidad, de cuyo nombre no quiero acordarme pero que es ésa que tiene como modesto lema: "La Sabiduría edificó una casa para sí misma" (a lo que los estudiantes añadíamos que debían de haberla desahuciado hacía siglos), superaron la marca y no mencionaron ni siquiera el tema. Así, no es extraño que haya aún una cierta vergüenza al hablar de tebeos pese a que la valoración peyorativa se haya modificado sensiblemente desde la década de los 60.En realidad el cómic tiene unos antecedentes de lo más prestigioso. Veamos. ¿Qué es un cómic? Básicamente es una serie de ilustraciones que desarrollan un argumento que da unidad al conjunto (como toda definición ésta adolece de defectos ya que, por ejemplo, hay cómics sin argumento). ¿Qué es la Columna Trajana? Caramba, ¡qué coincidencia! Por descontado, entre los relieves de ésta y Mortadelo y Filemón (por ejemplo) hay un largo camino que intentaremos explicar. El contar historias mediante imágenes no obedecía a un mero interés artístico. En una época en la que el analfabetismo estaba muy extendido, las imágenes eran comprendidas por todos y, como tal, suponían un poderoso instrumento de propaganda. Desde los relieves mesopotámicos a la Columna Trajana pasando por el friso del Partenón y el Ara Pacis de Augusto vemos reflejada la idea que cada sociedad tenía de sí misma y que, en gran medida corresponde al "Arma virumque cano" de Virgilio. Victorias militares, cacerías de leones o actos religiosos eran objeto de representación artística de forma que todo el mundo tuviera conocimiento de esas "hazañas", a mayor gloria del pueblo que las erigiera. La caída del mundo antiguo no sólo no supuso su fin sino que, por el contrario, aumentó ese empleo de las imágenes. Se ha dicho (y con razón) que las esculturas y pinturas de la iglesias románicas son un auténtico catecismo visual aunque el significado de algunas representaciones se nos escapan hoy en día por emplear símbolos que entonces eran comunes; pero que actualmente son crípticos para deleite de los esoteristas y "cabreo" de los demás. No me negarán que, por ejemplo, el que un pelícano represente el sacrificio eucarístico no tiene su aquél y éste es un caso del que, afortunadamente, conocemos su significado exacto por aparecer así en los Bestiarios medievales (si se preguntan la razón, en la Edad Media se creía que el pelícano se arrancaba trozos de carne con su correspondiente sangre con los que alimentaba a los pelicanitos. Sabiendo esto, el símbolo cobra sentido). Incluso en los ambientes más letrados, la imagen aparece por doquier. Son conocidísmos los Comentarios al Apocalipsis por Beato de Liébana, más que por el interés de los Comentarios en sí, por la extraordinaria belleza de las miniaturas con la que se ilustraron en muchas ocasiones. Los monjes y monjas (como diría Ibarretxe) ya emplearon procedimientos como la división de una ilustración en franjas horizontales para dividir acciones diferentes (tampoco lo inventaron ellos puesto que los egipcios ya usaron este recurso) que han pervivido hasta hoy. Si en Occidente el mundo de la imagen va bien (como diría Aznar), no sucedía los mismo en Oriente. Las comunidades de religión judía tenían vedada la representación de imágenes por cuestiones religiosas (posiblemente para diferenciarse de los ídolos de las religiones vecinas) por obra y gracia del segundo mandamiento (que la iglesia cristiana tuvo buen cuidado en eliminar para favorecer su propaganda por el mundo grecolatino). Esta prohibición pasó al mundo musulmán aunque en algunos países se la pasaron por el forro del turbante y así las bellísimas miniaturas persas continuaron existiendo para deleite del mundo entero. En el Imperio Bizantino estalló la Querella Iconoclasta, la pugna entre partidarios y detractores de la figuración que pronto tomó dimensiones políticas y que concluyó con la destrucción de muchos iconos de la época en una de las mayores pérdidas que el Arte haya sufrido nunca. Volvamos a Occidente. La invención de la imprenta de tipos móviles y el uso del papel supuso que los libros dejaron de ser el "lujo asiático" de épocas pasadas aunque siguieron siendo patrimonio de una minoría. No obstante, la alfabetización ya no era el sinsentido de la Alta Edad Media cuando prácticamente no había nada que leer hasta el punto que había monasterios que se enorgullecían de poseer doscientos libros. No obstante, la imagen no es sustituida por la letra impresa sino que se integra en el libro siguiendo la tradición de las ilustraciones. Es más, el uso de la imprenta para reproducir grabados (entre ellos los famosísimos de Durero) permite que la imágenes se multipliquen y no sólo en los libros. Los retablos góticos, renacentistas, barrocos ponen imágenes a los textos bíblicos y a la hagiografía de la época y la naciente burguesía desea retratos que permitan legar su imagen a la posteridad. Sin embargo, no sería en estos ambientes "cultos" en donde aparecen los protocómics sino en medios populares. Creemos que son una derivación de las carticellas que se documentan en Italia en 1227. Las carticellas son series de dibujos que se empleaban en la educación de los niños (medio que copiaron los frailes franciscanos en la evangelización de México) y de las que parece que derivaron tanto los naipes y el tarot como los cómics pasando éstos por el paso intermedio de los pliegos de ciego. Como éstos han desaparecido hace mucho, les aclaro que había ciegos que, a cambio de unas monedas, iban de pueblo en pueblo con unos carteles con dibujos que narraban historias habitualmente truculentas y que iba mostrando al público mientras acompañaba las imágenes con los "romances de ciego", la versificación de los mismos hechos. El paso siguiente, claro, era la integración de la narración en el propio dibujo y, curiosamente, este sencillo paso es el que más tardó en darse. Pese a la existencia previa de revistas ilustradas, el que se considera el primer cómic no apareció hasta finales del S XIX (concretamente el 9 de abril de 1893) cuando Outcault crea Yellow Kid para el periódico World. El éxito fue tan grande que pronto surgen imitaciones como Buster Brown en el New York Herald. En 1897 Dirks crea Kantzenjammer Kids e introduce una innovación fundamental, el uso de los "bocadillos" (esas nubes que surgen de la boca de los personajes y en las que se inserta el texto) que facilitó el incluir mayor diálogo sin confundir al lector. No obstante estos pioneros, el primer gran creador del nuevo arte porque fue el primero que supo buscar recursos visuales como los juegos de planos, de puntos de vista... en aras de una narración desbordante de fantasía, fue McCay con su Little Nemo. En 1934 Alex Raymond creó Flash Gordon, un auténtico prodigio de inventiva, de fantasía para soñar un mundo inexistente, a veces reconocible y a veces extraño. Además, el esquema de protagonista heroico, fiel acompañante masculino (el doctor Zarkof) y novia guapa (Dale Arden) tendría mucho éxito como lo demostraría Víctor Mora asumiendo ese mismo esquema aunque con el añadido de un cuarto personaje que es el complemento cómico de la trinidad de Raymond (por si no se han dado cuenta, tanto El Capitán Trueno, como el Jabato y El Corsario de Hierro responden a este esquema aunque en este último -si me permiten la pequeña herejía, el mejor de los cómics creado por Mora- el personaje femenino tenga menor presencia en la acción). En 1938 aparece Supermán que inicia un nuevo filón, las aventuras de personajes dotados de grandes poderes, los superhéroes, que alcanzarían su época dorada en la editorial Marvel con el trabajo de Lee y Kirby. Por el contrario, un género muy prometedor, el de terror, fue víctima del código de censura (censura voluntaria en teoría ya que las editoriales no tenían obligación legal de someterse al comité; pero sin cuyo sello de aprobación los distribuidores se negaban a difundir las publicaciones). Pueden imaginarse lo apasionante que resulta un cómic de terror en el que no pudieran aparecer zombies, hombres-lobo, vampiros... y en el que no podían mostrarse explicitamente asesinatos, mutilaciones... y en el que los asesinos tenían que recibir su correspondiente castigo. Puuuuffff. Lógicamente desaparecieron hasta que el código se fue a tomar por... afortunadamente. En Europa también tomamos nota del éxito y aparecen cómics tan populares como los americanos hasta el punto de que tebeo es el nombre de la publicación española TBO a la que siguieron Pulgarcito, Zipi y Zape, Mortadelo... dentro del campo del cómic supuestamente infantil aunque a veces el supuesto infante lleve barba. En terrenos menos "infantiles" (si aún creen que Mortadelo y Filemón son sólo para niños les aconsejo que vayan echando un vistazo a los últimos trabajos de Francisco Ibáñez como "El nuevo cate" y ya me dirán. Sospecho que los obispos españoles no lo han leído porque si no el anatema sit! no se lo quita ni dios) aparecen Roberto Alcázar y Pedrín o el fascio redentor hecho tebeo y ya con más calidad tanto de dibujo como de guiones (el guionista de Roberto Alcázar debía pensar menos que el encargado de diálogos de una película porno) El Guerrero del Antifaz creado por Gago en 1944 y a partir de 1956 El Capitán Trueno (el primer español que se ligó a una sueca según el dicho popular aunque fuera islandesa). En Bélgica aparece el insufrible Tintin (lo siento, su éxito me resulta incomprensible) y en Francia Goscinny y Uderzo crean a Astérix, héroe del chovinismo galo y responsable junto con Obélix de la difusión de los "celtas megaliteros" que no hay forma de erradicar, aunque ¡qué caray! es muy divertido. En Francia también surgen Lucky Lucke y El Teniente Blueberry, éste último posiblemente el mejor cómic del Far West que jamás se haya dibujado. A partir de los 60 y de la llamada contracultura, el cómic adquiere prestigio como una forma de expresión artística más. Por supuesto, como en cualquier otro arte, hay bodrios memorables junto a obras maestras y los primeros abundan más que las segundas. El hecho de que sea un arte fundamentalmente comercial puede tener algo (mucho) que ver con ello; pero también la dificultad añadida de tener que conciliar guión, expresión plástica y claridad narrativa está en la base de esa realidad. Todos los aficionados sabemos de muy buenos dibujantes que quieren hacerlo tan bonito que no se entiende una m... de lo que dibujan (si están pensando en B. S., yo también lo hago). También hay casos de esteticistas patológicos que hacen unas ilustraciones maravillosas, pero cuyos guiones son tan lineales como el mecanismo de un chupete. Guiones extraordinarios echados a perder por un dibujante (o un entintador) particularmente inepto también abundan. Cuando, no obstante, hay un guión extraordinario y un dibujante genial que, además, sabe cómo se narra una historia gráfica el resultado es maravilloso. Además, ¡qué demonios! no podemos permitirnos el tener un Velázquez en casa; pero sí la Saga de Fénix Oscura ;-) 23/10/2003 20:07 |
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