El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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Mis fantasmas favoritos Un reciente debate en el blog Malos Pensamientos sobre la obra histórica de Pío Moa ha tenido el efecto de volverme a enfrentar a mis propios fantasmas, a esas obsesiones que no sé demasiado bien porqué siempre están ahí, a veces calladas y a veces gritándome al oído para que recuerde que, en realidad, nunca se fueron.Varios de esos fantasmas ya han desfilado ante ustedes mientras que otros, por ser ajenos a la temática de este blog, no aparecerán en este peculiar exorcismo que es escribir una bitácora aunque me quede con las ganas de contestar a esas "feministas" a las que vi ayer en televisión protestando porque la figura de la mujer en el Cómic es siempre (según ellas) o de alguien débil o de un mero objeto sexual. No me pregunten cuántos cómics habían visto para llegar a esa estúpida conclusión que más parece una oclusión intestinal; pero sospecho que los de la Patrulla X no figuraban entre ellos. ¿Verdad, Tormenta? En realidad todo ello, tanto estas pseudofeministas, como Pío Moa, como el "Planeta encantado" de Juan José Benítez... puede reducirse a un único fantasma, el padre de todos mis espectros y que no es otro que el ejercicio de la crítica. Criticar ¿por qué, para qué, cómo, cuándo? En mi caso, la crítica es algo que debo hacer porque sin crítica no hay Historia ya que el segundo paso del método histórico (y en mi opinión el más complejo) es la crítica de las fuentes. Ya que estamos hablando también del Sr. Moa vamos con un ejemplo tomado de la Guerra Civil. Supongamos que me encuentro con las declaraciones de un vecino de la villa foral de Guernica en la que éste asegura que la destrucción no fue causada por un bombardeo de la Legión Cóndor sino por la política de "tierra quemada" de los republicanos (y, por si lo dudan, estas declaraciones existen realmente). Si la historiografía fuera un mero buscar fuentes y publicarlas tal cual, nos encontraríamos con dos tesis contrapuestas, Guernica fue destruida por la aviación alemana (obviemos el tema de si los nacionales sabían o no que el bombardeo iba a tener lugar) y Guernica fue destruida por el propio ejército republicano. Sin embargo, la Historia no es un mero publicar fuentes sino que éstas se someten a crítica para saber cuál es fiable, cuál no y cuál ni Pinto ni Valdemoro. Ambas versiones pueden ser interesadas por un tema de propaganda de guerra (de hechos ambos bandos practicaron tanto la tergiversación informativa como el bombardeo de poblaciones civiles y la política de "tierra quemada") pero ¿cuál lo es? Si el historiador no es digno de ese nombre optará por la versión que más se adapte a sus creencias personales; pero la crítica histórica no es eso porque debe ser objetiva. ¿Cómo resolver el embrollo? Sencillamente, hay fotografías de la villa foral después de la destrucción en la que se aprecian los embudos causados por un bombardeo aéreo, ese bombardeo que una de la fuentes niega que hubiera existido y que, por tanto, se demuestra como fuente no fiable. Por supuesto les he puesto un ejemplo extremo y de fácil resolución ya que, aunque no existieran esas fotografías, sí tenemos las declaraciones del comandante de la Legión Cóndor reconociendo que la destrucción de Guernica fue cosa suya lo que confirma de forma independiente la fuente de otros vecinos de la villa que decían eso mismo. Por desgracia otros casos no son tan sencillos y, en ocasiones, la divergencia de fuentes plantea un problema irresoluble que sólo puede paliarse mencionando una y otra sin poder tomar partido por ninguna. Si no todas las fuentes son válidas ¿deben ser mencionadas incluso si no lo son? En pocas obras de Historia que traten del bombardeo de Guernica encontrarán mención a los vecinos que culparon de la destrucción al ejército republicano. ¿Supone eso que no son objetivas? No. No hay ninguna obligación de incluir fuentes que son evidentemente erróneas lo que sólo contribuiría a aumentar la extensión del discurso histórico y la posibilidad de confusión en los lectores. Esto, por supuesto, nos lleva al "Planeta encantado" del Sr. Benítez como una muestra más del pensamiento esoterista. Sabido es ya el gusto de los escritores esoteristas por denunciar la conspiración de silencio de la ciencia oficial, la historia oficial, los oficiales del ejército oficial y hasta del enano mudito de la Blancanieves no oficial de Walt Disney. Seguro que la madrasta vestida de negro era, en realidad, un MIB que no le dejaba hablar para que no contara que habían encontrado un OVNI enterrado en la mina ésa. La razón de ese silencio es, sencillamente, la misma por la que no se menciona a los vecinos de Guernica que quisieron ser más papistas que el Papa (ya se sabe que el miedo siempre ha sido un poderoso acicate para la mentira) y que no es otro que las fuentes erróneas no se mencionan habitualmente. Por eso en los buenos libros sobre Rapa Nui no verán referencias a moais que levitan, ni en los libros de Paleontología a los hombres que montaban Pterosaurios porque la Historia no tiene el cometido de exponer todas las fuentes sino de explicar el pasado. Su finalidad (la de la Historia) no es mostrar lo que algunos creen que pasó sino lo que realmente pasó, que causas y que consecuencias tuvieron los hechos. Por tanto ¿es asumible el silencio de muchos historiadores ante la obra de Pío Moa, ante la obra del Sr. Benítez... (y que nadie quiera ver en ello una equiparación entre ambos porque eso sería absurdo)? No, no lo es. Estamos hablando de dos cosas completamente distintas. Una es la no necesidad de inclusión en obras historiográficas de fuentes probadamente erróneas. Otra, bien distinta, es que cuando alguien basándose en esas fuentes erróneas hace pública sus teorías, el no darse por aludidos sea una opción válida. ¿Para qué sirve la Historia? Si, como hemos visto, el método histórico busca la objetividad es para dar una explicación veraz del pasado. Del conocimiento del pasado se derivan consecuencias como la posibilidad de no repetir los errores de antaño, la comprensión por parte de la sociedad de porqué es como es y no de otra manera... El permitir con el silencio que se propaguen teorías erróneas es negar esos factores positivos. Callar en esos casos se me antoja contrario a la Ética por muy comprensible que sea el limitarse a sonreír ante la idea de un cacho piedro en plena levitación. Si la crítica no sólo es válida sino un factor positivo por cuanto supone la corrección de errores ¿cualquier crítica vale? No. Por de pronto, la crítica no debe olvidar nunca el derecho a que cualquier persona manifieste cualquier teoría aunque sea manifiestamente errónea. Una crítica que pretenda que esas personas cierren su boca (o no escriban o no hagan programas de televisión, radio...) es inasumible. Tampoco lo es una crítica en la que se recurra a argumentaciones ad hominem. Si el propósito de la crítica es corregir un error haríamos mal en cometer errores como responder al hombre en vez de a lo que dice. Por la misma razón, una crítica genérica en la que no se entre en señalar los errores cometidos y argumentar porqué son tales tampoco es una crítica válida. Será un ejercicio de humor, de buen manejo mediático... pero no será una crítica como Dios manda, si me permiten la expresión. Al final, el Sr. Moa, el Sr. Benítez, Guernica, el método histórico... son partes de un todo, la compleja búsqueda de la verdad y los escollos que aparecen en ese camino en el que la crítica es una herramienta indispensable para separar el grano de las pajas mentales. O tal vez sólo sean mis propios, personales e intransferibles fantasmas. 23/10/2003 13:48 |
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