El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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Miré los muros... Supongo que no necesitan más que esa breve referencia para recordar el resto del conocido soneto de Francisco de Quevedo y Villegas, pero por si acaso aquí tienen el resto. No es el mejor poema de Quevedo (dónde esté aquel "Cerrar podrá mis ojos..." que se quiten todos los demás, incluso los demás de cualquier otro autor en castellano), pero siempre se cita como ilustración literaria de la decadencia española. Y es que D. Francisco, como buen cortesano, era un perfecto hipócrita que lo mismo podía escribir un poema a una pieza de caza abatida por Su Majestad (y hacer aparecer al rey como a un héroe, como si en vez de sacudirle un tiro a un pobre bicho hubiera peleado a brazo partido con el oso de Favila) que podía decir que "Filipo es grande a manera de hoyo". Como otras ocurrencias barrocas necesita explicación. Los hoyos se hacen más grandes cuanta más tierra les quitan y Felipe sólo podía considerarse grande de esa manera porque España había empezado a perder su Imperio.Pecadillos que resultan perdonables por su inmensa calidad literaria unida a un extraordinario sentido del humor (y no sólo escatológico). No sé si es cierta la anécdota (si no lo es, merece serlo) de una competición de ingenio en verso en la que el contrincante daba un pie de dos versos a los que debía contestarse con otros dos en rima consonante. Si D. Francisco tenía muy mala uva, su rival no debía de quedarse atrás porque empleó una de las pocas palabras castellanas que no tiene rima consonante, polvo. Se arrodilló ante D. Francisco y le dijo: "Tu humilde servidor/postrado en el polvo..." a lo que D. Francisco respondió: "...De tus faltas, pecador,/ego te absolvo." Como ya está bien de disgresiones volvamos al principio, a la decadencia, a la casa en la que no había nada en que posar los ojos que no fuera imagen de la muerte, estancia que es símbolo de lo que queramos ya que como D. Francisco sabía muy bien (uno de los títulos de sus obras filosóficas es "La cuna y la sepultura"), todo lo que nace debe de morir. Quevedo miró los muros de la patria; pero lo mismo podríamos decir de cualquier cosa como el escepticismo entendido como corriente organizada que, al menos en su versión española, está a punto de fallecer. En uno de los experimentos de Susan Blackmore sobre PES (experimentos que, dicho sea de paso, llevaron a su autora desde la creencia en los poderes de la mente al escepticismo) clasificó a los grupos en función de su creencia previa o su falta de ella en "ovejas" y "cabras". Nadie debe ver en ello una intención ofensiva. Si algún creyente siente que es una forma disimulada de llamarle borrego que considere que, con la misma argumentación, yo debería estar de mascota del Vasconia, equipo que, por si no lo saben, tiene como animal totémico a un hermoso cabrón. No, la intención de Blackmore (ahora que lo pienso no sé si tal denominación es original suya o la había empleado alguien con anterioridad) era puramente descriptiva. Las personas propensas a la creencia tienden a ser más pacíficas, más gregarias ya que la misma creencia forma lazos de unión entre los que la comparten, mientras que los incrédulos tendemos a ser más levantiscos y más individualistas. En ese sentido, las referencias a los animales citados no puede ser más adecuada. Es lógico pensar que el asociacionismo tiene mayor facilidad para funcionar si las decisiones se toman de forma más o menos rápida que si cualquier punto da a lugar a interminables debates que hace que los bizantinos parezcan unos aprendices de retórica poco aventajados. Si los participantes en el Concilio de Constantinopla (de ahí viene lo de "discusiones bizantinas") discutían sobre el sexo de los ángeles mientras tenían el enemigo ad portas, hoy podríamos decir que se debate de lo bueno o malo que es el sistema operativo del pingüinito frente al de las ventanitas mientras el señor Benítez habla de moais que levitan, piedras con dinosaurios grabados, los inmensos conocimientos astronómicos de un pueblo que cree que el sol es una vasija calentada... sin que nadie alce la voz para decir que eso no es así. Claro que si hablaran temo que fuera para criticar no los contenidos del programa sino la mera existencia del mismo en una televisión pública (como si las funciones de las televisiones públicas fueran diferentes a las de las televisiones privadas)... así que hacen bien en recordar aquello de "Si lo que dices no mejora el silencio, ¡cállate!" Claro que tanto silencio recuerda la paz de los cementerios. Tal vez si el Sr. Benítez en vez de hablar de antropología, de arqueología... mencionara máquinas de movimiento perpetuo o agua magnetizada la reacción fuera rápida (entiéndase este adjetivo en sentido escéptico organizado que sólo admite la comparación con el sentido geológico del mismo). Así tal vez haya finalmente una reacción cuando el programa del Sr. Benítez haya dejado de emitirse. Creo que era en la película de "Zorba el griego" donde uno de los personajes exclamaba: "Si hemos de fracasar que sea, al menos, un fracaso grandioso." No sé si el escepticismo organizado en España ha sido un fracaso grandioso; pero, sin duda, sí ha sido un grandioso fracaso. 22/10/2003 18:40 |
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