El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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Las locuras del rey El rey loco por antonomasia es Luis II de Baviera, protector de Wagner y promotor de castillos de opereta. No obstante no fue el primero. Aunque se silenciara por cuestión de estado, los monarcas dementes han sido varios y ¿como no? aquí también hemos cocido habas.Nos queda la duda de si ese desecho humano que fue Carlos II tenía también alguna enfermedad mental o si, sencillamente, era idiota. Esa duda, no obstante, no se extiende a su sucesor, Felipe V que para más inri y pese a su locura fue rey de España en dos ocasiones distintas. Rtrocedamos en el tiempo a 1700 y al fallecimiento del último monarca de la dinastía de los Austrias, Carlos II el Hechizado. Les aclaro que el lema le vino de un intento de preservar la dignidad real. Después de siglos de matrimonios consanguíneos, Carlos II era débil, enfermizo, impotente e imbécil. Todo en uno. Como, no obstante, el rey no debía ser ninguna de esas cosas, esos padecimientos se atribuyeron a un hechizo, a la práctica de brujerías para perjudicarlo. Naturalmente, los remedios físicos y espirituales de la época no solucionaron nada, así que falleció sin descendencia. Por testamento, Carlos II legaba el trono a los borbones franceses. No obstante, la designación de Felipe V, nieto de Luis XIV no fue bien vista por la corona austriaca que pretendió el trono de España para Carlos. Tampoco en España había unanimidad, grosso modo, los territorios del antiguo reino de Castilla preferían a Felipe mientras los de Aragón optaron por Carlos. El resultado fue una guerra, la de Sucesión española resuelta tras la muerte del pretendiente austriaco por el tratado de Utrecht por el que Felipe era reconocido como titular del trono a cambio de la pérdida de las posesiones españolas en Italia, Flandes, Gibraltar, Menorca y territorios en América. Felipe venía, logicamente, contagiado del espíritu de la Corte francesa aunque menos de lo que aseguran sus detractores. Por ejemplo, para el nacionalismo catalán Felipe V es algo así como la bicha, el rey centralista que suprimió los fueros. No obstante, Felipe V fue también el que otorgó los nuevos fueros alaveses. ¿Por qué esa diferencia? ¿Era centralista y no lo era a la vez? La razón, claro, es que Álava lo apoyó en su lucha con Carlos mientras Aragón, Valencia y Cataluña apoyaron al bando vencido. También comenzó el muy necesario proceso de modernización española. A Felipe V se deben la creación de la Biblioteca Nacional y de las Reales Academias de Medicina y de la Historia. Incluso en cuestiones artísticas quiso importar las tendencias francesas construyendo el Palacio de la Granja como su propio Versalles y modernizando el de Aranjuez. Trajo a la Corte a pintores como Ranc o Van Loo, por desgracia muy poco dotados para este arte aunque importante por lo que supusieron de renovación de las formas. Incluso en la moda, los negros tejidos de los Austrias se vieron substituidos por colores brillantes. Por desgracia, el rey comenzó a dar muestras de locura. Se negaba a bañarse, afeitarse o cambiarse de ropa. Algunas descripciones de él nos lo muestran vestido con harapos que dejaban al aire sus vergüenzas y por los que correteaban piojos de tamaño considerable. A comienzos de 1724 abdicó (o lo hicieron abdicar) en su hijo Luis que pasó a reinar como Luis I del que poco puede decirse porque falleció en agosto del mismo año a resultas de una viruela sin haber tenido descendencia. Su hermano Fernando era demasiado joven para gobernar así que el trono volvió a Felipe V que se encontró, nuevamente, como rey de España aunque seguía igual de loco. Desde ese momento hasta el final, alternó periodos de lucidez (cada vez menos) con largos periodos de demencia. Se sabe que en uno de los momentos de lucidez su hijo Fernando logró que se bañase y se cambiase de ropa lo que no hacía desde 19 meses antes. No obstante, la segunda esposa de Felipe, Isabel de Farnesio apartó cada vez más a Fernando de Felipe temerosa de que aquél lograra una nueva abdicación que la haría perder el poder político que poseía y que empleaba en beneficio de sus propios hijos a los que se empeñó (y consiguió) hacer reyes. No obstante, a la muerte de Felipe el trono pasó a Fernando, sexto de su nombre, que también falleció loco y sin herederos por lo que el trono acabó recayendo en uno de los hijos de Felipe e Isabel de Farnesio, Carlos que en aquel momento ya era monarca de Nápoles y las Dos Sicilias y que pasó a la historia con el nombre de Carlos III; pero eso es otra historia que deberemos contar en distinta ocasión. 11/10/2003 12:35 |
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