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Miseria y grandeza Decir que el Prado es uno de los grandes museos del mundo mundial es no añadir nada nuevo a lo ya sabido. Que, precisamente por ese carácter extraordinario, es fuente de todo tipo de noticias y follones tampoco es un descubrimiento semejante al de la pólvora.Desde que Fernando VII tomó la decisión de constituir con parte de las colecciones reales un museo diferenciado, las polémicas han sido constantes. Como "las cosas de Palacio van despacio" el primer problema fue el de encontrar una ubicación al nuevo museo. Después de evaluar otros posibles edificios, se pensó en el del arquitecto Juan de Villanueva construido para ser sede del Museo de Ciencias Naturales y situado en el paseo del Prado. Nueva pega. El edificio había sido empleado por las tropas francesas como establo y estaba como pueden Vds. suponer. Después de varios retrasos por aquello de que sí, la idea es muy buena y lo apoyamos; pero lo de poner dinero para arreglar el edificio, no nos parece bien... se llegó, por fin, a la restauración del edificio y a la apertura del Museo. No pensemos en el Prado actual porque tenía más bien poco que ver con éste. Las obras expuestas eran muchas menos y, además, el Museo no tenía carácter público sino que estaba reservado para los estudiosos del arte. El público en general sólo tenía acceso un día a la semana. El segundo gran momento del Prado llegó a consecuencia de la desamortización de Mendizábal. Con parte del patrimonio artístico incautado se fundó en Madrid un nuevo museo, el de la Trinidad cuyos fondos acabaron siendo transferidos al Prado. Esto junto con donaciones y compras, creó uno de los grandes problemas aún hoy no solucionados, el volumen de las colecciones supera el espacio para exponerlas. Otro de los grandes problemas era el de la seguridad. El personal del museo vivía en el propio edificio, lo que suponía que allí había cocinas, estufas... con el riesgo que llevaba aparejado. Tanto es así, que uno de los grandes periodistas españoles, Cavia, quiso denunciar el peligro inventándose la noticia de que un pavoroso incendio había destruido el Museo. Aunque las consecuencias de la falsa noticia supusieron un terremoto, poco se hizo para que no se convirtiera en realidad. Si bien, no hubo incendio, no podemos decir lo mismo de los robos. Una de las colecciones más importantes (y desconocidas) del Prado es El Tesoro del Delfín, la colección de objetos preciosos que heredó Felipe V de su padre, el Delfín de Francia. Parte de ese Tesoro fue robado y nunca más se ha sabido de él. El resto se expone hoy en una cámara acorazada situada en el sótano (a buenas horas...) La Guerra Civil supuso el mayor peligro que haya sorteado el Prado. Por miedo a los bombardeos de la aviación nacional, la colección se trasladó a Valencia en donde se almacenó en las Torres de Serrano. Ante la inminente caída del legítimo gobierno republicano se condujo a Suiza donde se expuso mientras se acordaba el regreso a España que se hizo a través de una Europa inmersa ya en la II Guerra Mundial. Lo mejor que se puede decir de la honradez con la que unos y otros se comportaron (y de la suerte que hubo) es que la colección regresó prácticamente intacta. Más problemas. El Prado era un buque insignia de la cultura española y en eso todo los gobiernos han estado de acuerdo. A todos, sin excepción, se les ha llenado la boca de dedicarle los más extrafalarios ditirambos; pero ya se sabe que "una cosa es predicar y otra cargas de trigo dar". Los problemas económicos del Prado han sido una constante durante buena parte del S XX. Como fruto de esas estrecheces, durante años los departamentos de restauración carecieron de material moderno e incluso del personal necesario. Tampoco el Prado gozó de sistemas de climatización y humidificación que permitieran la perfecta conservación de las pinturas hasta hace cuatro días, como quién dice. No obstante, el gran problema del Prado, como ya dijimos, era y sigue siendo el espacio. La colección es tan extraordinaria en cantidad y calidad que, sencillamente, no se puede exponer por completo en el edificio de Villanueva. A lo largo de los años se ha intentado solucionar de distintas maneras, con reformas en el edificio, con cesión de obras a otros museos e instituciones (lo que se llamó "el Prado disperso") y, especialmente, con la búsqueda de otras sedes cercanas al edificio principal. Había un claro candidato, El Casón del Buen Retiro, al que se pensó transladar la obra de Goya de forma que sirviera de puente simbólico entre el Museo del Prado y el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo. No obstante, se transfirieron al Prado las colecciones del S XIX del segundo museo lo que obligó a convertir el Casón en su lugar de exposición. Como el problema continuaba igual, se buscaron nuevas sedes. Finalmente se acordó que el edificio destinado a tal fin fuera el palacio de Vistahermosa lo que hubiera supuesto el final del problema de no ser porque se metió por medio la colección Thyssen. Por descontado, estoy muy satisfecho de que la colección Thyssen esté en España. La calidad de sus obras es un digno complemento del Prado ya que llenan alguna de las lagunas de la pinacoteca madrileña, pintores del Trescientos y del Cuatrocientos italianos, pintura holandesa, pintura alemana... pero lo que se hizo en aquel momento fue un insulto al Prado, prolongar el problema del espacio cuando por fin iba a solucionarse. Ahora se está actuando en una doble dirección, la adecuación del claustro de los Jerónimos (con una nueva polémica incluida por el edificio que lo va a cubrir y que, en mi opinión personal, va a ser un engendro arquitectónico que no pega ni con cola con el entorno actual) y el uso por el Prado del Museo del Ejército, otro de los restos del antiguo palacio del Buen Retiro (el otro es El Casón). Si finalmente se llega a hacer así, el Prado habrá conseguido solucionar su gran problema como se solucionaron los anteriores, pero después de tantos intentos fallidos la verdad es que me lo creeré cuando lo vea. 30/09/2003 12:36 |
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