El triunfo de Clío

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Será una gran erección

MannekinPis.jpgNo, aunque lo parezca por el título no vamos a hablar de viagra, cantáridas ni de la historia de los afrodisíacos reales o supuestos sino de algo mucho más frío, de los monumentos que, salvo en Villatripas de Abajo no gozan del calor de los seres humanos. Si de momento he conseguido despistarles es porque son Vds. lo bastante jóvenes para no recordar una canción burlesca, muy popular hace unos años, del grupo La Mandrágora en donde comenzó su carrera artística un tal Joaquín Sabina.

Nunca he entendido que para homenajear a una persona se le erija una escultura (broncínea o pétrea según el presupesto disponible) en mitad de una calle o plaza para convertirlo, así, en blanco perfecto para los balonazos infantiles, en objetivo para las deyecciones de volátiles varios y en lugar de de alivio de micciones caninas. No obstante, esto es una estimación subjetiva que harán muy bien en no compartir (o sí). Lo que ya no tiene nada de subjetivo son las razones por las que se levante un monumento.

Luis Alfonso Gámez es una rara avis, un periodista que tiene los santísimos cojones para decir aquello que es necesario decir, caiga quién caiga. Así, en su último post no ha tenido el menor empacho en dar un par de "toquecitos" al Sr. Ibarretxe y al municipio de Hondarribia (Fuenterrabía) a causa de sus manipulaciones históricas. Del primero y la primera tendremos ocasión de hablar en otro momento, pero ahora quiero ocuparme del Concejo y su escultura al "rey del estado vasco" (¡Manda huevos! y mandó dos docenas).

Por descontado que los regidores de Fuenterrabía pueden gozar las monumentales erecciones que quieran; pero que dejen a la historia tranquila. Vamos con Don Sancho III, rey de Navarra y Conde, por matrimonio, de Castilla y Álava. Para entender el embrollo que sigue, debemos irnos al momento en que el condado de Castilla se independizó del reino Leonés. Estamos en la segunda mitad del S X cuando el conde Fernán González consigue tres cuestiones fundamentales, romper su dependencia de la corona leonesa, convertir el condado en hereditario (hasta el momento, los condes de Castilla eran nombrados por el rey de León) y aumentar el territorio bajo su dominio, convirtiéndose en conde de Castilla y Álava. Dado que ni Castilla y Álava corresponden a sus límites actuales, les aclaro que el condado de Castilla y Álava, grosso modo, correspondía a la totalidad de las actuales provincias de Burgos y Vizcaya, a la mayoría del territorio de las actuales provincias de Cantabria y Álava, y a una parte de las actuales provincias de Palencia, Guipúzcoa y La Rioja. Aquí tienen un mapa que aclara la situación.

Los sucesores de Fernán González como condes de Castilla y Álava fueron su hijo García Fernández (al contrario de lo que sucede ahora, el apellido del hijo se obtenía sumando al nombre del padre el sufijo -ez o -es, -hijo de-), y su nieto Sancho Garcés o García, conocido por aquí como el "de los buenos fueros" puesto que repobló los territorios fronterizos a base de otorgar grandes beneficios a las localidades que se enclavaban en esa zonas bajo la forma de fueros. Sancho Garcés o García tuvo dos hijos que nos interesen para continuar la historia, una hija, Munia o Mayor que casó con el rey de Navarra, un tal Sancho, tercero de ese nombre, y un hijo, García Sánchez. Dado que a la muerte del conde Sancho Garcés su hijo García Sánchez no tenía edad para desempeñar el gobierno del condado, se confió su tutela a su cuñado, el rey Sancho III de Navarra.

Cuando García Sánchez tuvo edad de asumir el gobierno, se acordó su boda con Doña Sancha, hermana del rey Bermudo III de León. Aquí nos encontramos con una ucronía ¿que hubiera pasado si el matrimonio se hubiera celebrado?, pero la historia fue distinta. El 13 de mayo de 1029, a las puertas de san Isidoro de León, García Sánchez, conde de Castilla y Álava, fue asesinado. El condado, al no tener descendencia, recayó en su hermana, doña Munia, casada, como antes dijimos, con el rey Sancho III de Navarra. Puesto que éste ya controlaba el condado de Aragón se encontró con el dominio de casi todos los territorios cristianos. Su siguiente objetivo fue el reino de León que invadió en 1034. El supuesto "rey del estado vasco" se hizo llamar, entonces, "rey de las Españas" y "poseedor del imperio".

Si la cosa de momento está pelín liada no iba a tardar en complicarse más. Don Sancho tenía tres hijos de su matrimonio con Doña Munia, Don García, Don Fernando y Don Gonzalo y uno más de su relación con Sancha de Aybar, Don Ramiro. A la muerte de Sancho III (fue asesinado el 18-X-1035) dividió su reino. Don García "el de Nájera", cuarto de su nombre, recibió en herencia el reino de Navarra. Don Fernando, "el Magno", recibió el condado (ahora ya llamado reino) de Castilla, Don Gonzalo el reino de Sobrarbe, y Don Ramiro, el antiguo condado de Aragón ahora también llamado reino.

Don Bermudo III, el rey leonés que fue expulsado por Sancho III, aprovecha esa división para recuperar su reino y monta en cólera (no, no era el nombre de su caballo) por la denominación de reino para Castilla. En 1037 invade Castilla y los monarcas de Castilla y de León luchan en la batalla de Tamarón, en las cercanías de Támara (Palencia). Junto a Fernando I combaten las tropas de su hermano, García IV de Navarra. Bermudo III muere en el combate y su reino pasa a formar parte de la corona de Castilla. Don Fernando cede a su hermano, como pago a su ayuda, los territorios del norte y del este de Castilla lo que posteriormente será motivo de una guerra fraticida entre ambos resuelta en la batalla de Atapuerca (¿les suena el nombre?) en 1054 donde el monarca navarro muere asesinado por uno de sus vasallos. Fernando I recobra los antiguos territorios de la corona castellana a cambio de permitir que García IV fuera sucedido por su hijo Sancho IV, en vez de ocupar el reino como había hecho con el de León.

Aunque no tenga que ver con esta historia, Don Gonzalo, el rey de Sobrarbe fue asesinado en 1044 y su reino fue ofrecido por la nobleza local a su hermanastro Ramiro de Aragón. Así, a la muerte de Sancho III y las luchas entre sus hijos, quedaron tres grandes reinos cristianos, el de Navarra, el de Castilla y León (que sería nuevamente dividido por herencia entre los hijos de Fernando I "el Magno" y definitivamente reunificado por Fernando III "el Santo") y el de Aragón en el que después se integraría, por matrimonio, el condado de Barcelona. Todos ellos estaban regidos por descendientes de Sancho III, ése al que algunos quieren dedicar estatuas por ser "rey del estado vasco". Sería para descojonarse si no fuera tan triste. En fin, ¿qué tal la idea de substituir el monumento al "rey vasco" por la Jacinta desnuda en el pilón? La erección mejoraría, evidentemente.
27/09/2003 13:43


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