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Cuatro locos peligrosos Odio las etiquetas. Calificar a alguien como de derechas, izquierdas, centro... me parece que es reducir la complejidad que todos albergamos en nuestro interior. Cuando, además, esa etiqueta tiene un significado histórico, puede dar lugar a malas interpretaciones si queremos emplearla con un sentido distinto.Por eso no es extraño que ante la palabra "escéptico" la mayoría de la gente piense "Joer, otro que lo niega todo". Hoy en día (hagamos tabula rasa del significado que tiene esa palabra en la Historia de la Filosofía) no es así. Tan absurdo es negarlo todo a priori como aceptarlo todo a priori. Como no me gusta perderme en profundas disquisiciones filosóficas, vamos a poner ejemplos sencillos para deducir los cuatro principios fundamentales del escepticismo moderno. Yo puedo asegurarles a Vds. muchas cosas. Todos sabemos que como seres humanos tenemos la capacidad tanto de decir la verdad como de mentir. ¿Cómo pueden saber, en cada caso, si estoy diciendo la verdad o si miento? Incluso si me consideran como un mentiroso habitual, alguna de las cosas que diga puede ser cierta. De la misma forma, aunque sea normalmente veraz puedo mentir en alguna ocasión. Item más, sin tener la voluntad de engañar puedo estar equivocado. Vemos como la aceptación o la negación sistemática de lo que yo diga es absurda. Por ello el único camino es el de la duda, el no aceptar algo hasta verificar si algo es o no cierto. Este sencillo principio fue formulado por Marco Tulio Cicerón de la siguiente forma: "Dubitando ad veritatem pervenimus" o lo que es lo mismo "Mediante la duda llegamos a la verdad". Sin embargo, esta solución teórica es poco práctica. Supongamos que estoy en un lugar cerrado en el que no veo la calle. Voy a salir y quiero saber cómo hace en el exterior. Le pregunto a alguien que sé que acaba de entrar y me dice que está lloviendo. Si siguiéramos al pie de la letra el aforismo ciceroniano, debería preguntar a otras personas, tal vez llamar al servicio metereológico... Nadie hacemos eso. Sencillamente, confiamos en lo que nos han dicho y tomamos el paraguas, la gabardina o el sombrero (según el gusto de cada uno) y salimos. Ahora bien, si yo les asegurara que tengo en mi casa diez kilos de plutonio ¿me creerían sin otra prueba que mi palabra? (Si responden que sí, se habrán equivocado. No los tengo). ¿Dónde está la norma para distinguir unas afirmaciones de otras? Volvamos a las dos afirmaciones que estamos manejando. El que llueva es un suceso ordinario (salvo que vivamos en el desierto de Atacama o similar e, incluso allí, también llueve a veces). No obstante, el plutonio es un material peligroso, caro y muy controlado. El que yo pudiera poseer diez kilos de este elemento sería algo extraordinario. Puesto que no todas las afirmaciones tienen el mismo grado de credibilidad, debemos buscar una proporcionalidad entre la extrañeza de la propuesta y las pruebas que exijamos para aceptarla o no. Entre principio de proporcionalidad fue formulado por David Hume de la siguiente forma: "Extraordinay claims require extraordinary proofs" o lo que es lo mismo "Afirmaciones extraordinarias necesitan pruebas extraordinarias". Sin embargo, no sólo de afirmaciones vive el hombre (si me permiten la paráfrasis de las conocidas palabras de Jesús) sino también de hechos. Supongamos que estoy viendo a un ilusionista que, aparentemente, hace desaparecer la estatua de la Libertad. ¿Qué debo hacer? La escultura que estaba viendo ha desaparecido de mi vista. Esto tal vez se haya debido a una intervención celestial, a una abducción extraterrestre, a la capacidad de un ser privilegiado de desintegrar instantáneamente la materia y reconstruirla de forma igualmente instantánea... Aquí no hay nadie que me diga nada. Yo mismo lo he visto y si lo he contemplado debe ser cierto ¿no? Pues no. Todos nos hemos divertido con juegos de ilusiones ópticas, líneas paralelas que parecen no serlo, segmentos que parecen de tamaños desiguales y que son, no obstante, idénticos... Nuestros sentidos pueden engañarnos lo que no quiere decir que nos engañen siempre. Nuevamente, volvemos a una situación similar a la de la cita ciceroniana. La solución a esta cuestión la brindó Fontenelle: "Il est vrai que cette methode est bien lente pour la plupart des gens qui courent naturellement à la cause, et passent par-dessus la vérité du fait; mais enfin nous éviterons le ridicule d´avoir trouvé la cause de ce qui n´est point" o lo que es lo mismo "Es cierto que este método es muy lento para la mayoría de la gente que busca con ahínco la causa, obviando la veracidad del hecho; pero así evitaremos el ridículo de encontrar la causa de lo que no existe". Es decir, que antes de buscar las causas debemos cercionarnos de que el hecho es tal y no una mera ilusión. Demos un paso más. Supongamos que el hecho ya está firmemente establecido. Por ejemplo, he visto una luz en el cielo. Otras personas situadas en otros puntos con una perspectiva distinta a la mía la han visto también. Incluso existen fotografías y/o grabaciones en vídeo de ese mismo fenómeno. Por tanto, podemos buscar una causa para ese suceso. ¿Hay alguna norma para saber cuál de las diversas explicaciones tiene más posibilidades de ser cierta? Dejemos las luces en el cielo y vayamos a un ejemplo de andar por casa. Cae un líquido del cielo. ¿Qué explicación les parece más plausible, que es el fenómenos metereológico conocido como lluvia o que a un avión cisterna se le ha abierto un boquete en el fuselaje y está perdiendo combustible? Guillermo de Occam lo formuló de esta manera: "Entia non sunt multiplicanda sine necesitate" o lo que es lo mismo "No debemos multiplicar los entes sin ser necesario". Dicho de otra forma, la explicación más sencilla es la que tiene más posibilidades (ojo, tiene más posibilidades, no quiere decir que tenga que ser necesariamente así) de ser correcta. Cicerón, Hume, Fontenelle y Occam. Cuatro personas sobre las que se cimenta el escepticismo moderno, un sistema filosófico que concibe la duda no como un fin, sino como una herramienta para encontrar la verdad. Cuatro locos peligrosos ¿o quizás no? 26/09/2003 20:25 |
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