El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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Creced y multiplicaros por ceroLas noticias sobre un nuevo método anticonceptivo femenino basado en la colocación de parches sobre la piel, hace que nos preguntemos sobre las diversas formas con las que hombres y mujeres han intentado evitar la procreación. Por aquello de que no hay nada nuevo bajo el sol, desde la historia más remota tenemos noticias de los intentos (a menudo risibles) para que aquellos polvos no trajeran lodos no deseados. Menos las técnicas quirúrgicas como la ligadura de trompas, en la antigüedad se emplearon diversos métodos anticonceptivos de barrera, anticonceptivos orales, espermicidas... antecedentes de sus equivalentes actuales con el único problema de que la mayoría de aquéllos tenían una eficacia muy dudosa o ninguna en absoluto. El método más sencillo es el de Onán (y no me pregunten porqué este personaje bíblico acabó dando nombre a la práctica de la masturbación cuando lo suyo era el coitus interruptus), extraer el pene de la vagina y eyacular en el exterior de la mujer. Considerando que este sistema también conocido de forma castiza como "bajarse en marcha" sigue siendo empleado y continúa fallando, ni era ni es recomendable. Tampoco recomiendo a nadie que emplee los anticonceptivos egipcios basados en las supuestas propiedades anti-germinativas de los excrementos de cocodrilo. Se tomaba una bolita de excremento, se untaba con miel y se introducía en la vagina. En algunos pueblos africanos se empleaba con el mismo fin la bosta de elefante. Más eficaz puede haber sido el empleo (también egipcio) de una especie de tampón de hilo impregnado de jugo de acacia que sí tiene propiedades espermicidas. También se usaba con el mismo fin una especie de esponjas rociadas con vinagre o limón. Ya en el S XIX se comercializaron unos supositorios vaginales de quinina que dejaron de emplearse no porque no fueran efectivos sino porque causaban problemas de irritaciones. Los griegos y romanos también hicieron sus pinitos en el tema de la contracepción. Si algunos remedios nos mueven hoy a risa como el recomendar que la mujer diera siete volteretas hacia atrás después del coito, o el de beber el agua con el que los herreros enfriaban los metales forjados (no quiero ni pensar en cuantas mujeres quedaron embarazadas pese a estos insignes consejos) parece ser que inventaron el condón. Claro que en vez de ser de látex eran de tripa de oveja, pero el concepto era el mismo, colocar una barrera que impidiera el paso del esperma. Otras fuentes aportan unos relieves egipcios en los que se ve a hombres con el pene envuelto en una tela como la prúeba de la existencia de condones, pero ese hecho admite otras interpretaciones (protección ante la picadura de insectos, un ritual...) así que no es seguro. En cualquier caso, los condones más antiguos que se conservan son ingleses, también de tripa de animal y datan de la época de las guerras entre realistas y puritanos. Por cierto, la conocida historia según la cuál son un invento del Dr. Condom bien para uso de Carlos II, bien para uso de los marineros de la Navy es falsa. El nombre parece venir de la palabra latina condus (recipiente) y no de ningún nombre propio. Como curiosidad, entre sus usuarios figuraron dos conocidos libertinos, el Marqués de Sade y Casanova. El uso de supuestos anticonceptivos de uso oral está también atestiguado en diversas partes del mundo. Si ya hablamos del agua de los herreros, aún nos falta tratar de las recetas chinas que contenían productos como el mercurio que supuestamente haría que el hombre no produjera esperma. Considerando que el mercurio se acumula en el organismo y que es venenoso, no parece que haya ninguna duda de que, efectivamente, su uso continuado impediría la producción de esperma y de cualquier otro fluido corporal. En Europa también hay remedios que incluyen plantas venenosas como la cicuta o substancias tales como el arsénico o la estricnina. Como medio para evitar la concepción parece un poco drástico. Incluso (aunque no me consta su aplicación en humanos) también existió una especie de DIU para camellas con el objeto de evitar su preñez durante las travesías del desierto. Los camelleros árabes introducían en el aparato genital de las hembras unas piedras que ocasionaban una leve infección que hacía imposible la gestación. "O tempora, o mores!" Como vemos, lo de intentar "haber juntamiento con hembra placentera" que dijo el Arcipreste de Hita sin tener que cargar con unos tiernos retoños no es una invención moderna. La diferencia claro, es que ahora sí funcionan... salvo que uno sea adicto al método Ogino, más conocido en los años 60 con el castizo y guasón apodo de "La ruleta vaticana" por obvias razones. 17/09/2003 19:02 |
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