El triunfo de ClíoBlog sobre Historia y sobre historia de la Historia. Se permite la libre reproducción de todos los contenidos con el único requisito de citar la procedencia.
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Dosrius"Si vis pacem, para bellum" (Si quieres la paz, prepara la guerra) dice el adagio latino. Durante mucho tiempo, demasiado, la Historia se entendió como la narración de los grandes acontecimientos como las batallas. Añadamos componentes literarios y una elevada dosis de autobombo y tendremos una idea de qué valor tiene la mayoría de la historiografía clásica. La mayoría de los historiadores no tenía el menor reparo en inventarse discursos del personaje X, en aceptar como verídico cualquier relato legendario o, incluso, en tergiversar la realidad con tal de aumentar el interés del relato. En realidad, tenían más de novelistas que de historiadores. Con esa concepción de la práctica histórica, la tentación de halagar al poderoso estaba siempre presente. Son famosos los relatos de la batalla de Kadesh que enfrentó a egipcios e hititas y conservados en las dos versiones contrapuestas. Misteriosamente, la batalla de Kadesh fue algo así como el precedente de las noches electorales españolas porque, de forma cuasi milagrosa, ambos bandos se adjudicaron la victoria. Por supuesto, si la propia nación tenía una política expansionista la guerra era completamente justificable y el caído se convertía en un héroe ("Dulce et decorum est pro patria mori" -Es dulce y honroso morir por la patria- que escribió aquel poeta latino que no tuvo el menor reparo en huir de una batalla dejando que fueran otros los que alcanzaran una muerte tan dulce y honorable). Hoy, cuando comprendemos que las batallas son siempre una catástrofe y cuando esperamos el momento en que se fundan los carros de combate para hacer rejas de arado (actualización de una frase bíblica) la época en que la guerra era algo cotidiano parece muy lejana hasta que descubrimientos como el de Dosrius (Mataró-Barcelona) vuelve a ponernos frente a uno de los jinetes del Apocalipsis y a plantearnos la duda de si la violencia no es algo consubstancial al ser humano. Dosrius es una cueva artificial, un sepulcro excavado en la roca. A imitación de las tumbas de corredor megalíticas, consta de una cámara sepulcral y un corredor de acceso. Ante el monumento se localizaron lajas megalíticas que, al parecer, estaban en posición vertical, pero lo importante es el contenido de la cámara sepulcral. Los arqueólogos se encontraron con 25.000 restos óseos correspondientes a unos 160 individuos de ambos sexos y que tenían en común su juventud. También se localizaron 68 puntas de flecha de sílex. La datación por C-14, por dendocronología (ya es sabido que los troncos de árboles presentan un anillo de crecimiento al año. Tal vez lo sea menos que ese anillo no es uniforme, que depende de si el año fue seco, de si llovió abundantemente... Eso crea una secuencia que puede compararse con otros troncos ya datados y establecer su contemporaneidad) y por cronología comparada (en este caso, el tipo de cerámica idéntico a otros ya datados) establece una fecha de 3.000 a. de C. La reconstrucción de lo sucedido arroja pocas dudas. Estamos ante los restos de una batalla prehistórica, ante los cuerpos de los jóvenes que murieron en ella y muchos a consecuencia de los impactos de flecha. Antes de los años de los grandes imperios ya se combatía. No sabemos quiénes, por qué, ni siquiera el dónde ya que no hay restos de ningún lugar de población cercano que pueda asociarse con una batalla de la importancia que sin duda tuvo ésta. Sólo tenemos respuesta al cómo y al cuándo al igual que en otros yacimientos europeos semejantes a éste. Tal vez también hubiera poetas que cantaran las hazañas de los héroes, tal vez algún cacique tribal justificara aquella guerra como necesaria por motivos peregrinos. No lo sabemos. Sólo que estos restos continúan transmitiendo un mensaje mudo e inmutable a través del tiempo, la guerra es siempre muerte y, por tanto, debe ser siempre aborrecida. Lástima que haya tantos mandamases dispuestos a seguir prestando oídos a los adagios latinos, tantos oídos sordos a Dosrius. 17/09/2003 13:26 |
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