El triunfo de Clío

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El día en que Goya pudo cambiar la Historia

Que el marketing es capaz de vender neveras a un esquimal o arena a un saudí es conocido. Que a esa influencia no escapa el Arte tal vez sea algo ignorado; pero si tienen alguna duda de ello basta con haber contemplado las largas colas para contemplar la exposición de Velázquez para darse cuenta de esta verdad.

La gente que no era capaz de ir a ver las obras del pintor sevillano cuando estaban expuestas en el Prado, perdió la cabeza para ver esas mismas pinturas cuando se supo vender como una ocasión única. El hecho de que sólo tres pinturas merecedoras del título de obras maestras no estuvieran colgadas habitualmente en la pinacoteca madrileña fue convenientemente olvidado, pero no quería hablar de esto sino de la historia por la que dos de esas tres pinturas no están en España cuando históricamente formaban parte de la Colección Real que es el origen del Prado.

Supongo que si Vds. estudiaron en la época de Franco o poco después les contaron la misma milonga que a mí, la del heroico pueblo español que pudo derrotar a los ejércitos napoleónicos mediante la invención de la guerra de guerrillas. Sin ánimo de meter el dedo en el ojo al recuerdo de El Empecinado, el cura Merino... y demás figuras destacadas de esta nueva forma de guerra, no fue así. Los ejercitos napoleónicos tuvieron que retirarse por las derrotas sufridas ante un ejército regular formado por soldados británicos, portugueses y españoles y capitaneado por el británico Arthur Wellesley, más conocido por su título de Duque de Wellington. Las partidas guerrilleras tuvieron su importancia al minar la moral de los franceses, sostener la propia y convertir la intendencia gala en un infierno; pero no fueron ellos los que derotaron a los generales napoleónicos. Curiosamente esa mitificación de la guerra de guerrillas tuvo hace poco un revival en la filmografía sobre la Guerra de Vietnam, en la que los propios estadounidenses magnifican la importancia del Vietcong mientras suelen olvidarse del EVN, el Ejército de Vietnam del Norte que fue el que protagonizó las ofensivas que concluyeron con la retirada de los EEUU.

Volvamos a lord Wellington. Al retirarse del país, las tropas galas quisieron llevarse unos cuantos "recuerdos" de su estancia en nuestro país entre ellos las Colecciones que, entonces, se conservaban en los palacios reales. Afortunadamente el ejército aliado recuperó muchas de esas obras expoliadas en la batalla de Vitoria. En agradecimiento, Fernando VII (que tenía múltiples defectos, pero la ignorancia artística no figuraba entre ellos como demostró creando el museo del Prado) obsequió al general inglés con una selección de los cuadros recobrados entre ellos la Venus del Espejo (hoy en la Galería Nacional de Londres) y el Aguador de Sevilla (hoy en el Museo Wellington en Apsley House, también en Londres), dos de las tres obras a las que hacía referencia más arriba. También entre las más de ochenta pinturas regaladas al general británico figuran obras de Rubens y Teniers que todavía hoy se conservan (junto a otras igualmente regaladas o compradas por el propio Lord) en su mansión londinense.

Como curiosidad, no fueron las únicas recompensas que obtuvo Arthur Wellesley por sus victorias en la Península Ibérica. También recibió el título de Duque de Ciudad Rodrigo con el añadido de Grande de España, el nombramiento de Generalísimo de los ejércitos españoles y un latifundio en Andalucía; pero es menos conocido el hecho de que Lord Wellington estuvo a punto de ser asesinado en Madrid y de, por tanto, no haber llegado a combatir y vencer en Waterloo. Tal vez el que su casi homicida fuera Francisco de Goya y Lucientes tuviera algo que ver con este silencio.

Los hechos que casi acaban con un pistoletazo arrancan de la afición a la pintura del británico. Habiendo oído hablar de la maestría de D. Francisco quiso que lo retratase para lo que se dirigió a casa del pintor acompañado por su ayudante y amigo, el general Álava. Tal vez D. Francisco, cuyas simpatías por las ideas de la Revolución Francesa son conocidas, no se sintiera precisamente feliz por el encargo. El caso es que el aragonés realizó un boceto de Lord Wellington que éste tildó de mamarrachada, lo que molestó a Goya. La discusión debió de ir en aumento tal vez perjudicada por la ignorancia de cada uno del idioma del otro y pese a los intentos de Javier Goya y el general Álava por poner paz. En un momento dado, lord Wellington echó mano al pomo de la espada que llevaba a lo que D. Francisco contestó asiendo un par de pistolas cargadas que siempre tenía en su estudio. Sólo la rápida intervención de los testigos impidió que la disputa acabara en tragedia.

Prescindiendo del temperamento apasionado de Goya, aquel retrato actualmente está considerado como uno de los más personales de Goya aunque lord Wellington nunca lo estimó. Hoy se conserva también en la Galería Nacional de Londres mientras en Apsley House se expone un mucho más aparatoso y menos interesante Retrato Ecuestre de Lord Wellington también de la mano de Goya. Por una vez, el general nacido en Dublín se equivocó.
15/09/2003 10:24


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