El triunfo de Clío

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Nacionalismos, Historia, inversiones y otras hierbas

Me comentaba el otro día un amigo a raíz del post sobre el Sr. Rajoy si no pensaba también dedicar alguna historia a las falsedades históricas sobre las que algunos nacionalistas pretenden cimentar sus tesis políticas. Le contesté que, por supuesto, si encontraba alguna afirmación que mereciera ese calificativo sería igualmente tratado.

No obstante, como no sigo los discursos políticos y, por ello, el post podía tardar en llegar sí me permitiré hacer algunos apuntes generales. Por de pronto, y por una vez, me permitiré una posición personal, los nacionalismos son una opción política perfectamente válida como la democracia cristiana o la social-democracia. No seré yo el que haga una descalificación apriorística de ninguna de esas opciones políticas. Felizmente disfrutamos de una democracia en la que cada uno puede optar en materia política de acuerdo a sus propias convicciones.

Aclarado esto, para ciertos nacionalistas (no todos) existe la tendencia a justificar sus pretensiones de futuro mediante el recurso a la Historia. A nivel general eso me parece un error. Me lo parece por múltiples razones, entre ellas que ¿a qué periodo histórico nos dirigimos en busca de esa supuesta legitimación histórica? Por ejemplo, mi tierra palentina desde tiempos protohistóricos ha sido una población vaccea, parte de la provincia tarraconensis romana, parte del reino visigodo, parte del reino leonés, parte del condado primero y reino después de Castilla, parte del reino castellano-leonés, parte de España. Incluso en una temporada el que aquí "partía el bacalao" era el rey Sancho de Navarra y, de hecho, fue él al que la leyenda le atribuye la reconstrucción de la catedral y el encuentro (milagro incluido) de la imagen de San Antolín. En ese devenir histórico puedo intentar justificar casi cualquier cosa según en que periodo histórico me quiera fijar. Algunas ciudades como Madrid, además, podrían añadir datos tan curiosos como el haber sido parte del reino de Armenia (la anécdota es muy curiosa y algún día se la contaré).

Por encima de cualquier otra consideración, no obstante, esta postura me parece errónea porque el pasado no es necesario para defender las posturas políticas que deseemos. Ya no es sólo si las pretensiones históricas son o no falsedades sino que, aunque fueran ciertas, ¿qué justificaría eso? ¿Debemos prestar mayor atención a un periodo de 100, 200 años en la Edad Media o a un periodo posterior de 500 años o viceversa? ¿Por qué un periodo sí y el otro no?

Claro que el tema de las falsas justificaciones históricas no se agota con los nacionalismos periféricos. Existe otro nacionalismo centralista que también las emplea. A todos (por lo menos a los que tenemos ciertas edades cuyos primer dígito es igual o superior a 3) nos contaron aquello de la unidad española lograda por el matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón y completada con la conquista de Granada. Muy bonita la historia que, por de pronto, se olvida de Navarra (conquistada después de Granada), que no explica que el concepto de unidad era bastante laxo (el estado centralizado fue un invento que en España sólo existió con la llegada de los Borbones) y que prescinde de que al enviudar D. Fernando contrajo nuevas nupcias con Germana de Foix. Si ese matrimonio hubiera tenido descendencia ambas coronas hubieran vuelto a separarse. No lo tuvo y ambas coronas junto con otras recayeron en su nieto Carlos. El que esté libre de pecado...

No obstante, parece que para unos y otros la Historia fuera una suerte de arma arrojadiza con la que zaherir al oponente político. Si los unos se inventan o seleccionan una Historia a la carta de sus propias pretensiones, los otros hacen lo propio. Por ejemplo, estoy un poco cansado de escuchar cosas como que los vascos disfrutan de un elevado nivel de vida gracias a las inversiones públicas realizadas por sucesivos gobiernos españoles. Esa afirmación (no me pregunten quién fue el primero que lanzó esa chorrada) parece haber sido todo un logro ya que surge cada cierto tiempo. Sencillamente, para el interesado en confirmarla o falsarla le recomiendo la lectura del último tomo de la Historia de España de Ramón Tamames en la que hay cifras de la inversión pública durante el franquismo en las distintas regiones españolas. No se sorprendan demasiado al contemplar que la inversión pública en Asturias y Canarias figuran en los primeros puestos de ese apartado. No obstante, seguiré escuchando lo de la inversión pública como motor de la economía vasca prescindiendo del hecho de que la mayoría de las empresas vascas no son ni fueron nunca públicas sino de capital privado, de empresarios que tuvieron la decisión de crearlas y el acierto para hacerlas prosperar. Claro que no debemos caer en la tentación de ir de un extremo a su opuesto. Esas empresas sí tuvieron un apoyo público decisivo pero no en forma de inversiones sino de legislación, las medidas proteccionistas que gravaban los productos metalúrgicos foráneos permitieron que los precios de las empresas vascas fueran competitivos al igual que sucedió con los productos textiles catalanes.

Claro que esas medidas proteccionistas eran iguales para todas las regiones españolas. Las empresas textiles castellanas (que las había, todavía se habla de las mantas de Palencia y de Zamora, por ejemplo) se beneficiaron de la misma forma. Si las textiles catalanas existen todavía mientras en Castilla han desaparecido casi por completo es por la manera en que se gestionaron por las propias empresas los beneficios obtenidos, no por los diferentes apoyos públicos obtenidos.

Puede sostenerse (y lo ha sido) que esas medidas proteccionistas supusieron un drenaje de dinero del resto de España en beneficio de las zonas industrializadas o con una industrialización incipiente. No obstante, siempre se ha dicho que uno de los grandes errores de los gobernantes castellano-leoneses primero y españoles después es que no supieran incentivar la creación de una industria de transformación de la lana que hiciera la competencia a los talleres flamencos. De esta forma, la lana castellana se vendía como materia prima a Flandes en vez de elaborarse en la propia Castilla lo que hubiera supuesto un considerable incremento de beneficios. En los siglos XIX y XX se corrigió ese error y se incentivó mediante esas medidas proteccionistas la industrialización propia. Los efectos positivos de esas medidas superan con muchos los prejuicios causados como el arriba apuntado.

¿Esta historia tiene alguna moraleja? Sólo se me ocurre apuntar la conveniencia de que unos y otros dejen a la Historia en paz, que esta disciplina ni legitima ni deslegitima las posturas políticas y que se limiten a defender o atacar las diversas opciones políticas mirando el presente y el futuro. Por último, si quieren mezclar asuntos históricos en el discurso político, por favor, que traten a la Historia con respeto, que no fabulen, extrapolen o tergiversen de acuerdo a sus propias creencias previas. Sospecho que no harán ni puñetero caso; pero, al menos, sirva este post de desahogo personal ante los excesos de unos y otros ya que creo que no contentará ni a tirios ni a troyanos.
10/09/2003 12:49


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