El triunfo de Clío

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Nayaf y Kerbala

El brutal atentado del pasado viernes en Irak me trae a la memoria una célebre frase: "El que sólo conoce su religión no conoce ninguna religión". No deja de ser trágico que en nombre de cualquier religión que, supuestamente y atendiendo a su etimología debiera ser un motivo de unión, sucedan matanzas tan crueles como ésta.

Los nombres de chiítas y suníes andan en boca de todos los informadores, pero ¿sabemos qué designan? ¿qué son? ¿cuáles son sus diferencias? ¿por qué Nayaf y Kerbala son ciudades tan importantes para los chiítas?

La división entre ambos grupos arranca de la sucesión del profeta Mahoma. Para unos musulmanes, el único requisito que debía cumplir el sucesor de Mohamed (Mahoma) era el que mediante una vida piadosa, la persona se hubiera hecho merecedora de ello. Para otros, era indispensable que tuviera su sangre. Parece que el profeta aspiraba a ser sucedido por su sobrino y yerno Alí ben Abu Taleb, pero, a la muerte de su tío, era aún demasiado joven a los ojos de muchos musulmanes, así que no fue su inmediato sucesor pese al apoyo que le prestaron los partidarios de que este honor fuera hereditario. Esos miembros del partido de Alí (shiat Alí) son los chiítas.

La cosa pudo no haber llegado a mayores ya que Ali ben Abu Taleb sí terminó siendo elegido como imán; pero lo que comenzó siendo una discrepancia sobre la sucesión de Mohamed terminó en diferencias doctrinales y, además, Alí fue asesinado en Nayaf durante la oración del viernes en el año 661 de la era cristiana, lo que desató nuevamente el problema sucesorio. Para los chiítas, el imán legítimo debía ser miembro de su familia por lo que apoyaron a sus hijos, Huseín y Abbas. No obstante, ambos murieron en la batalla de Kerbala en el 680. En esta localidad están enterrados el padre y sus dos hijos lo que explica su carácter de ciudad santa.

Para los chiítas no ha habido más que doce imanes legítimos. El último, Mohamed al Mahdi que, según la tradición, desapareció en el año 878 regresará como Mesías en el Fin del Mundo. Hasta entonces, nadie puede pretender de forma legítima el ser sucesor del profeta.

Decíamos que esto que en principio era una cuestión sucesoria acabó en discrepancias ideológicas. Para los chiítas la verdad de la que debe emanar toda interpretación religiosa pero también todas las normas sociales, legislativas... es el Corán. Por el contrario, sus adversarios aceptan también la Suna (de ahí su denominación de sunitas), la vida del profeta Mohamed y, en especial, los Hadices, los dichos atribuidos al profeta.

Si bien en Occidente y a raíz de la Revolución iraní se tiende a identificar integrismo islámico con los chiítas, en realidad los primeros movimientos integristas musulmanes del S XX surgen dentro de la tendencia mayoritaria en el Islam, el Sunismo (según las diversas fuentes, entre un 80 y un 90% de los musulmanes son sunitas). Aunque minoritarios dentro del Islam, los chiítas son mayoritarios en Irán e Irak aunque en este último país fueron duramente perseguidos por Sadam Huseín que pertenecía a una familia sunita aunque él personalmente oscilaba entre el ateísmo y el integrismo suní, según la imagen que le conviniera dar en cada momento.

Sabedor de que su régimen no era bien visto por la mayoría chiíta prohibió sus ceremonias religiosas como la peregrinación a Kerbala en la que algunos fieles se hieren a sí mismos con espadas en recuerdo del martirio sufrido por Huseín. Después de la derrota iraquí en la I Guerra del Golfo, se produjeron levantamiento de la población chií que fueron reprimidos por Sadam de la forma acostumbrada (es decir, asesinando o encarcelando a todo sospechoso de haber participado en la revuelta). Occidente, como siempre, estaba demasiado ocupado mirando para otro lado... hasta que interesó derrocar a Sadam momento en el que se recordaron todos esos actos y otros tales como el gaseamiento de los kurdos con las substancias químicas vendidas por los civilizados países occidentales. Curiosamente (bueno, en realidad no tiene nada de sorprendente) otros genocidios como el de los judíos bagdadíes ahorcados en las farolas de la capital por una multitud perfectamente dirigida por el poder, no fueron recordados.

Varios líderes chiítas tuvieron que exiliarse hasta que el derrocamiento de Sadam les permitió el regreso en lo que parecía el primer paso para la normalización de Irak, pero los asesinatos y atentados sufridos por alguno de ellos demuestra que la minoría suní que gobernaba el país a través del partido Baas no está dispuesta a renunciar a el poder fácilmente. Para ello deben poner en práctica los dos principios fundamentales de cualquier revolución "cuanto peor sea la situación, mejor para la revolución" y "hay que eliminar las alternativas para que no haya más que una salida, la revolución".

Éste es el avispero iraquí, una mezcolanza de historia antigua y de política actual, una encrucijada de odios pasados y presentes que parece no interesarla a nadie... excepto en lo que respecta al peligro perfectamente real de que muera algún militar español.
01/09/2003 19:20


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