El triunfo de Clío

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Carros de guerra

Que la Historia interesa (y, por tanto, vende) es algo que los creadores de literatura, cine y juegos de ordenador tienen presente. Que a través de estos caminos mucha gente puede tener un primer contacto con la Historia (y quizás sentir el nacimiento de un amor apasionado por esta disciplina) es algo que no quiero olvidar. Tal vez los comentarios sobre estos aspectos parezcan un tanto frívolos, pero siempre he repudiado la idea de que la cultura sea patrimonio de una élite, de unos pocos escogidos encerrados en una torre de marfil y apartados del mundanal ruido. Si esto es divulgación o vulgarización queda a su arbitrio.

Aunque no llegue a la calidad del mítico Civilización II, recientemente ha aparecido en nuestro país un nuevo juego para ordenador basado en la Historia, el Chariots of War (no se asusten si no saben inglés. Pese al título original está completamente traducido al español). Si desde el punto de vista histórico es discutible ya que, entre otras cosas, las localizaciones geográficas de los distintos pueblos son criticables y porque coexisten pueblos cronológicamente diferenciados, sí presenta logros destacables. Como mero juego es muy divertido (o muy frustrante, según como se vea) por la dificultad de conciliar la evolución económica y cultural con los aspectos bélicos. La actitud de primar la construcción de edificios como herbolarios, médicos, gremios... frente a la de campos de entrenamientos, herrerías o barracones puede conducir a un desastre si los pueblos vecinos nos atacan (que lo harán), pero también el primar los aspectos bélicos frente a los económicos y culturales puede conducir a la desaparición de los ejércitos por no poderse mantener y/o ampliar. El jugador se ve obligado a pensar continuamente el cómo mantener el equilibrio de estos aspectos mientras intenta conseguir, además, el bienestar de su pueblo (cuidado con las subidas de impuestos o la disminución de las raciones de comida como medio para equilibrar la balanza comercial) y lograr las materias primas necesarias para mantener una actividad constructora que permita el avance de su civilización. ¿Parece complicado? Pues les aseguro que es aún más difícil de lograr llevarlo a cabo.

Todo ello, si son aficionados a este tipo de juegos, les recordará a Civilización (y no sin motivo porque las influencias son patentes) con el que podemos establecer tanto aspectos mejorados como empeorados. Por ejemplo, las tecnologías que en Civilización deben adquirirse y cada pueblo puede poseerlas completamente distintas, en Carros de guerra son iguales para todos sin que el jugador tenga ningún nivel de decisión sobre ellas. Otro aspecto que está peor tratado que en Civilización es la Diplomacia, que permite un menor número de opciones que en el juego de Sid Meier.

En los aspectos mejorados, el desarrollo de las batallas (que ya les advierto que son inevitables) es innovador y mucho más cercano a la realidad. Si en Civilización se enfrenta el mero número y la calidad de las unidades involucradas de forma que el resultado es bastante previsible, en Carros de Guerra juega la estrategia. Ejércitos en apariencia más débiles pueden derrotar a un ejército más numeroso si el jugador sabe disponer sus unidades aprovechando las ventajas del terreno y las habilidades de cada una de las compañías. En ese sentido, Carros de guerra es un juego muy superior y así debo reconocerlo aunque sea un fan confeso del Civilización.

Permítanme, por último un par de consejos por si deciden ponerse manos a la obra (y a la batalla). Si eligen la opción de Escenario Global prepárense para horas y horas de juego. Mientras van tomándole el pulso al juego elijan uno de los escenarios restringidos. Si pese a ello les motiva más la opción de jugar por todo Oriente Medio, seleccionen como el suyo pueblos como el Alto Egipto o los Nabateos que controlan recursos que les serán muy necesarios en el juego y no seleccionen a todos los pueblos restantes como enemigos. Eso les dará un tiempo precioso para preparar sus ejércitos antes del comienzo de las hostilidades.

En cualquier caso, si terminan desapareciendo como pueblo recuerden que sólo es un juego y que sólo tienen que volver a empezar un nuevo juego. Ah, y si se preguntan quiénes eran esos nabateos, esos hititas... no contengan su curiosidad. Busque información sobre ellos y encontrarán historias tan apasionantes como el propio juego.
28/08/2003 11:21


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