El triunfo de Clío

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Una fotografía desenfocada (III)

La historia de los clavos y las muñecas viene de Barbet, cirujano en el hospital de San José en París, que intentó explicar la razón para que la herida del clavo en el hombre de la Sindone está (aparentemente) en la muñeca en vez de en la palma de la mano según la representación tradicional. Pese a que la historia de que la representación tradicional de la crucifixión es errónea y que eso prueba la autenticidad de la Sindone venga repitiéndose desde entonces, no por eso es menos errónea ya que parte de un experimento mal realizado. Barbet crucificó un brazo atravesando la palma de la mano con un clavo y colgó del miembro la mitad del peso corporal estimado del hombre de la Sindone. Pudo observar que se desgarraba la carne y el brazo caía al suelo. Luego, concluyó, Jesús no pudo ser crucificado según se representa tradicionalmente y eso... Todo ello sin realizar la menor investigación sobre si su experimento podía aplicarse a la forma en la que los romanos crucificaban a los reos o no. La verdad es que la muerte en la cruz era un castigo especialmente cruel, que se pretendía ejemplarizante y que, por tanto, los romanos ponían los medios para que se prolongara. El colgar al reo por las palmas o las muñecas (sin más, según el experimento de Barbet) hubiera supuesto una muerte rápida por asfixia. Para evitar eso, se le proporcionaba al reo un soporte en el que pudiera descansar su peso bien debajo de los pies bien entre las piernas. Lógicamente, al no pender el cuerpo a plomo de los clavos de las manos, el experimento de Barbet pierde todo su valor puesto que no reproduce las condiciones reales. Aún más, con posterioridad a los experimentos de Barbet se localizó en Israel el cuerpo de un crucificado contemporáneo de Jesús. Si no pudo determinarse con precisión la ubicación de las heridas de los clavos en las extremidades superiores no pasó lo mismo en las inferiores. El clavo atravesaba no las plantas de los pies sino sus talones lo que no concuerda ni con las representaciones tradicionales de Jesús ni con la Sindone. Por supuesto es perfectamente posible que no todas las personas fueran crucificadas de la misma forma, pero esta misma variación de formas de llevar a cabo la ejecución bastaría para poner en su justo lugar las pretensiones de que la representación de la Sindone corresponde a la de la crucifixión romana real. Supongo que todos Vds. han visto imágenes de la celebración de Semana Santa en Filipinas en donde se crucifica realmente a una persona que se presta voluntariamente a ello. Los clavos se le introducen en las palmas de las manos y se atan sus brazos al madero. Vemos como la pretensión de que es imposible que Jesús fuera crucificado así cae por su propio peso. Nuevamente, la Sra. Porter omite todos los datos contrarios a la interpretación "sindonológica". De igual forma, cita los estudios de forenses que creen que la imagen corresponde a heridas reales y no a los que lo niegan basándose, por ejemplo, en la no superposición de las heridas de la supuesta flagelación o en los regueros que forma la supuesta sangre en vez aparecer como manchas informes.

El siguiente capítulo trata de la Palinología y el C-14, de forma bien distinta. Si la sección dedicada al polen contiene tanto las primeras supuestas afirmaciones de Frei como las sospechas de fraude consciente o de error en la recogida de muestras (no hubiera estado de más incluir también la posterior retractación de Frei atribuyendo a un error o a una exageración periodística sus primeras declaraciones), la sección dedicada al C-14 me parece la peor de todo este libro. Después de citar los resultados obtenidos por la triple datación, dedica su espacio a los científicos que se oponen a aceptar la datación. Por allí aparecen Rinaudo que propone que una energía desconocida producida durante la resurrección alteró el contenido de C-14 en la tela (hipótesis que puesto que postula la existencia de energías desconocidas y "sobrenaturales" es inverificable y por tanto no puede considerarse como una hipótesis científica), Garza Valdés que popugna que la contaminación microbiana falseó la datación (hipótesis que no ha sido nunca capaz de probar ni en el sentido de que esa contaminación microbiana no fue eliminada por los procedimientos de limpieza empleados por los laboratorios que dataron la Sindone, ni en el sentido de que esa contaminación pudo falsear de esa forma los resultados), Kouznetsov, que propone que los incendios sufridos alteraron la datación como ya había demostrado al enviar al laboratorio dos muestras del mismo tejido, una obtenida antes y otra después de simular los efectos de los dos incendios sufridos por la Sindone, y haber recibido dataciones completamente divergentes. El laboratorio de Arizona áseguró que Kouznetsov mentía y que jamás habían datado tales muestras y emplazó al científico ruso a que presentara públicamente tales dataciones. Nunca más se supo de tal asunto y sí de nuevas andanzas del "sindonólogo" ruso al que un prominente miembro del STURP (Ian Wilson) no ha dudado en calificar de estafador. Pese a ello, como vemos, sigue siendo citado como si se tratara de una eminencia científica. también aparece por ahí Baima Bollone para el que, sencillamente, el C-14 no sirve para datar telas de lino sin mayores explicaciones. Por cierto, las muestras de control que fueron correctamente datadas por los laboratorios eran, también, de lino.

Si los intentos de invalidación de la prueba del C-14, como hemos visto no soportan el menor análisis crítico, la Sra. Porter recoge cosas aún más divertidas (o más tristes, según como se mire) como este fragmento procedente de la obra del Sr. Ansón La Sábana Santa: "Bruno Bonnet afirmó que Jacques Evin, director del laboratorio de Radio Carbono de la Universidad francesa de Lyon, entregó a Tite un trozo de tela medieval de entre los siglos XIII y XIV muy semejante al tejido de la Sindone, y que perteneció a una capa de San Luis de Anjou, muerto en 1297. En opinión del estudioso francés, es muy probable que Tite cambiara el trozo de tela verdadero por el medieval y, por tanto, toda la operación resultara ser una farsa." (Págs. 143-144) Aparte de dejar claro que el "estudioso francés" no tiene ni idea de cómo se recogieron las muestras y de cómo se remitieron a los laboratorios, el tejido de la capa de San Luis sí intervino en el proceso de datación, era una de las tres muestras de control (las otras dos eran un tejido de lino de una momia egipcia y otro tejido de lino procedente de una tumba nubia).

¿Puede errarse aún más? Puede. A continuación la Sra. Porter nos dice: "Por su parte, algunos medios de comunicación aseguraron que Willard F. Libby, el descubridor del método del Carbono 14, que le valió el premio Nobel, había declarado antes de su muerte en 1980 que:" (Pág. 144) Como veremos a continuación y dado el contenido de las declaraciones, esos medios de comunicación pusieron en boca de Libby esas declaraciones no antes de 1980 sino en el año en que se hizo pública la datación, en 1988 ¡¡¡cuando Libby llevaba ocho años muerto!!! Veamos la declaraciones de Mr. Libby desde ultratumba: "No puede aplicarse la prueba del Carbono 14 a la Sindone de Turín. Los resultados necesariamente serían falsos. Tengo curiosidad por leer la relación científica para examinar la metodología usada por los tres laboratorios. Pero, mientras llega, puedo ya indicar algunos fallos garrafales. Primero, que la muestra del lienzo ha sido cortada en un solo lugar y que no se ha hecho un muestreo estadístico de toda la superficie del lienzo, como exige el método o, al menos, de sus diferentes partes esenciales. Además, el lugar escogido para los cortes de las muestras resulta ser el que los encargados de mostrar el lienzo durante horas y días a lo largo de los tiempos agarraban con las manos para mantener en alto y extendido el lienzo durante las exposiciones. Por lo tanto, se trata de un lugar contaminado por el sudor y la grasa, vehículo especial del Carbono 14." (Pág. 144) Las referencias a los tres laboratorios y a la zona en la que se había cortado la tela implica que las declaraciones no pueden ser anteriores a 1980 como pretende la Sra. Porter, sino que supuestamente se realizaron después del proceso de datación; pero para entonces, evidentemente, Libby ya había fallecido.

No se agota con esto, el contenido del libro. Del resto nos ocuparemos en una próxima entrada que será la última dedicada a la crítica de este libro.
23/08/2003 11:26


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