El triunfo de Clío

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Una fotografía desenfocada (I)

Las noches estivales, de calor infernal e insomnio húmedo, me están facilitando el ponerme al dí­a en el apartado "lecturas pendientes". Uno de los textos adquiridos pero aún no leí­dos era La Sábana Santa. ¿Fotografía de Jesucristo? del que es autora Dña. Carmen Porter y que ha sido publicado por EDAF dentro de la colección El Archivo del Misterio de Iker Jiménez. (Madrid, 2003).

A lo largo de 206 páginas, la autora nos narra las investigaciones realizadas en torno a la supuesta reliquia conservada en Turí­n, comenzando por su viaje (de la autora) a la ciudad italiana para contemplarla durante una ostensión. Prescindiré de la narración que realiza la autora de dicho viaje. Sólo diré que la Sra. Porter demuestra que conoce su oficio a la perfección. Es difícil transmitir al lector la sensación de que un viaje concertado a Turí­n sea una aventura equiparable a la del descubrimiento de las Fuentes del Nilo, pero Dña. Carmen lo consigue aunque sea a consta de permitirse alguna licencia poética como ésta: "Por fin el tren de aterrizaje se posó sobre las pistas del gran aeropuerto de Caserta y un fuerte aplauso, que a todos los viajeros nos salió de forma espontánea, hizo sonreí­r al veterano piloto que por megafoní­a nos dio las gracias." (Pág. 22) Obviamente, ningún pasajero puede ver el rostro del piloto para saber si sonrí­e o si tiene cara de vinagre, pero aceptemos la sonrisa del piloto como si realmente se hubiera producido. Prescindiremos de las sensaciones de la Sra. Porter sobre el lienzo, así­ como de sus descripciones de la ciudad y de sus referencias gastronómicas para comenzar con la entrevista al Sr. Barberis, Presidente del Centro de Sindonologí­a Internacional, ferviente defensor de la autenticidad de la supuesta reliquia.

Cada persona tiene el derecho a creer lo que le venga en gana, a lo que ya no lo tiene es a faltar a la verdad. Por citar sólo dos ejemplos, el Sr. Barberis asegura: "La Sábana es un objeto que todos pueden ver y todos pueden estudiar." (Pág. 28) Lo que queda muy bonito pero se contradice con la siguiente afirmación: "Es posible que en los próximos años se lleve a cabo una nueva campaña de estudios directos sobre la Sindone..." (Pág. 29) Obviamente, no todos pueden investigar la Sindone sino sólo aquellas personas que sean autorizadas por su propietario, el Papa, y sólo pueden realizarse los estudios que se acuerden con él. Nada que ver con la accesibilidad total para la investigación que afirmaba el Sr. Barberis. No obstante, lo grave es lo siguiente: "Es un problema muy complejo datar un lienzo con el método del C-14. Es complicado porque normalmente, como es el caso de la Sábana, no ha estado conservado de manera aséptica, ha tenido una vida muy compleja con contaminación de tipo biológico y quí­mico." (Pág. 29) Lo mí­nimo que se puede suponer a una persona que preside un centro dedicado a investigar un objeto es que conozca las investigaciones que se han realizado sobre él. Sus afirmaciones sobre la complejidad de datar un lienzo por C-14 se estrellan contra el hecho de que la datación por C-14 de la Sindone se realizó de forma conjunta con la de tres muestras de control, lienzos cuya edad era conocida por otros medios, y que fueron confirmadas por el C-14. Ninguno de ellos se habí­a conservado de forma aséptica y, por tanto, habí­an estado sometidos a contaminación quí­mica y biológica. Para eliminarla se somete la muestra a datar a un proceso de limpieza que asegure que no se produzcan errores relevantes por dicha contaminacion. Por cierto, la cantidad de materia orgánica moderna necesaria para falsear en 1.200 años sobre 2.000 una datación por C-14 supondrí­a más peso que el de la propia muestra.

Como parece que el C-14 es la "piedra de la discordia" también monseñor Ghiberti se refiere a ella: "Algunos análisis, como por ejemplo los del polen, se inclinan a pensar que la Sábana pertenece a una etapa antigua, de hace unos 2000 años, mientras que el Carbono 14 ha establecido una edad de origen que colocarí­a el lienzo entre los años 1260 y 1390... Pero con respecto al Carbono 14, es verdad que hasta los carbonistas que lo realizaron afirman que en un cierto número de casos -algunos hablan del 20 por ciento- se registra una discordancia de su datación." (Pág. 34) Como vemos, hay una clara intención de minusvalorar la datación por C-14, primero mediante su contraposición a los análisis palinológicos y, segundo, introduciendo dudas en cuanto a la fiabilidad del método del Carbono 14. Sobre lo primero, los análisis palinológicos no sirven a efectos de datación salvo que se documente la existencia de polen de una especie extinta (y en ese caso sólo puede dar una fecha ante quem) lo que no es el caso de la Sindone. En su dí­a se le atribuyeron estas declaraciones sobre datación palinológica a Max Frei, palinólogo suizo, pero éste negó antes de su muerte que la palinologí­a pudiera dar una fecha para la Sindone puesto que ninguna de las especies vegetales cuyo polen aparecí­a en la Sindone estaba extinta. A efectos de datación, pues, la palinologí­a es inútil en el caso de la Sábana Santa. Sobre el segundo aspecto, por C-14 se puede obtener una datación incorrecta debido a múltiples causas, contaminación de la muestra, que la cantidad de C-14 no es constante a lo largo de la historia... pero, como ya dijimos, la fiabilidad de la técnica se ha ido mejorando por el uso de mejores procedimientos de limpieza y mediante las curvas de calibración que corrigen las diferencias en C-14 inicial a lo largo de las diversas épocas. Por otra parte, la datación por C-14 de la Sindone no fue fruto de un único laboratorio sino de tres (Arizona, Oxford y Zurich) que obtuvieron resultados coincidentes. La posibilidad de que los tres laboratorios hubieran cometido errores pero que, pese a ello, obtuvieran las mismas fechas es muy reducida. La posibilidad de que ese error fuera de 1200 años sobre 2000 es nula.

Por cierto, sobre las investigaciones de la Sindone, monseñor Ghiberti se encarga de darle el oportuno mentí­s al Sr. Barberis: "También invitamos a todos ellos a que nos mandaran sus sugerencias para nuevos estudios, éstas serán enviadas a la Santa Sede y ella decidirá si se hacen pronto o no." (Pág. 35)

Concluidas las entrevistas previas, Dña. Carmen comienza ya con el texto propiamente dicho y con el análisis de la Sindone. Cita a propósito de la tela al Sr. Alarcón, autor de El Quinto Evangelio que asegura que la sarga de la Sábana Santa es similar a: "sargas análogas que se descubrieron en la estación neolí­tica de Robenhausen, en el lago Pläffikon, próximo a Zurich, en Suiza..." (Pág. 46) olvidando que en un tejido no sólo es relevante el tipo de tejido sino también el tamaño. No existe en época antigua ninguna tela con el tipo de tejido y las dimensiones de la Sábana Santa pero sí­ en la época medieval. Por tanto lejos de ser, como se pretende, una prueba de su autenticidad lo es de la falsificación medieval.

Le toca el turno, a continuación, a la sangre sobre la que se citan los trabajos del Dr. Baima Bollone que no sólo identificaba sangre sino que precisaba su tipo, AB, de lo que el Dr. Bollone obtení­a una probabilidad cercana al 100% para afirmar su autenticidad. Por desgracia, los trabajos del Dr. Bollone no han sido publicados en ninguna revista cientí­fica sino en Sindon. Tal vez el hecho de que otros investigadores como Frache, Brandone, Filogamo o Fina no hayan encontrados restos de sangre ni de tipo AB ni de ningún otro haya tenido algo que ver con la no publicación en revistas cientí­ficas.

A continuación da un somero repaso a la historia de la Sábana Santa siguiendo los imaginativos esfuerzos de Ian Wilson por identificarla con el Mandylion de Edesa pese a que éste era sólo una representación (presuntamente milagrosa) de la faz de Jesús. La explicación de Wilson de que era la Sábana santa doblada de forma que sólo era visible el rostro no nos convence porque como señaló oportunamente Juan Eslava Galán en "El fraude de la Sábana Santa y las reliquias de Cristo" si ése hubiera sido el caso, el rostro estarí­a mucho más desgastado que el resto de la figura lo que no es el caso del lienzo de Turí­n. Por tanto, la primera mención a un sudario con la imagen de Cristo impresa en él no aparece hasta principios del S XIII en Constantinopla (hay menciones anteriores a las telas sepulcrales, pero en ninguna descripción se dice que tuvieran una figura visible). El cómo es posible que la que hubiera sido la reliquia más extraordinaria de la Cristiandad no fuera mencionada durante más de XII siglos no ha sido nunca convenientemente explicado. Tampoco existe la menor seguridad de que la Sábana Santa de Constantinopla sea la misma de Turí­n. Sí­ la hay de que el Sudario fue robado durante el saqueo de los Cruzados, pero no de que fuera la que apareció posteriormente en Lirey. Todo ello supone, como no puede por menos de reconocer la autora, que las circunstancias históricas de la Sindone son altamente sospechosas.

Por supuesto, a continuación hablará de las pruebas que debieran sostener la autenticidad de la Sindone; pero eso debe ser objeto de una nueva entrada.
23/08/2003 11:20


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