El triunfo de Clío

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Las películas (marca ACME) de Fu-Manchú

¿Recuerdan las películas de Fu-Manchú, el diabólico genio científico? Aparte de sus valores cinematográficos más que discutibles, resultaron en su día tan populares que alguna expresión derivadas de ellas acabó por formar parte de la cultura popular como la frase: "Más trampas que en una película de chinos." Por supuesto, hacía referencia a las complejas añagazas con que el científico chino intentaba inútilmente eliminar a su enemigo, Nayland Smith, y que acabaron integrándose (ya como parodia) en los dibujos animados del Coyote y el Correcaminos y sus cachivaches marca Acme.

Permítanme mezclar la historia personal de un niño que vio mucho cine en sesión continua con la del adulto que ama la Historia y que continúa siendo, en el fondo, aquel enano gafotas que soñaba desde una butaca desvencijada con aventuras erizadas de peligros. Dos temas aparentemente inconexos, dos grandes pasiones y dos conclusiones, la fascinación por la realidad histórica no es menor que la que siento ante una pantalla de cine y, en contrapartida, los peligros que acechan en la investigación histórica no son menos insidiosos que los tejemanejes de Fu-Manchú.

Podría pensarse que puesto que la Historia dispone de un método no hay mayores problemas. Se aplica y se obtienen unos resultados nítidos e incontrovertibles. En la teoría sería posible. En la práctica existen inmensos problemas como pueden ser las fuentes fragmentarias, contradictorias y/o falsificadas, las confusiones de causas principales con causas secundarias o viceversa, el hecho de que al ser la Historia el estudio de las actividades humanas a lo largo del tiempo éstas pueden no obedecer ni a la lógica ni al raciocinio, que las motivaciones pueden cambiar a lo largo del tiempo de forma que pocas cosas existen más inútiles que el pensar que nuestros antepasados actuaban como nosotros lo hubiéramos hecho en su misma situación, o el azar que nos hace preguntarnos muchas veces ¿qué hubiera pasado si un soldado no hubiera reconocido al fugitivo rey Luis XVI o si un soldado apellidado Hitler hubiera fallecido durante la I Guerra Mundial?

Todo ello sin tener en cuenta el factor humano. Cualquier aficionado a la Historia sabe que se pueden encontrar estudios sobre un mismo tema que ofrecen versiones diferentes. La tentación a someter la verdad histórica a las propias creencias previas está siempre presente. La posibilidad de realizar una investigación errónea bien por una mala Eurística, Crítica o Síntesis es real. Por ello la Historia no es diferente a las demás Ciencias y en todas ellas hay una cuota de equivocaciones que nunca debemos olvidar ni silenciar. Nada de ello supone que las Ciencias sean indiferenciables del mito.

Nadie pone en duda que pese a los "patinazos" de los Rayos N, la Fusión Fría o la Memoria del Agua la Física obtiene resultados que permiten una mejor comprensión del Universo así como aplicaciones prácticas extraordinarias. Lo mismo podríamos decir de la Historia. La diferencia entre el pensamiento científico y el esoterismo es que el primero contiene en sí mismo los mecanismos que permiten la corrección de los errores que otros cometen.

En un magnífico (como casi siempre) artículo, S. J. Gould denunciaba la perpetuación de los errores sobre biología en los libros de texto. Alguien realizó una comparación entre el tamaño de los antecesores de los caballos modernos y una raza determinada de perros. Ésta es copiada por otro que a su vez es copiado acríticamente... hasta que a un autor se le ocurre comprobar su veracidad en vez de seguir con el símil. No creamos en todo lo que veamos impreso. Ejerzamos la crítica no como un fin sino como un medio para diferenciar lo cierto de lo falso o dudoso.

En el celuloide, Fu-Manchú estaba siempre condenado a volver a intentar asesinar a Nayland Smith en una nueva película y el Coyote a intentar comer Correcaminos en una nueva entrega. En la vida real, las trampas sí funcionan y la Historia es parte del mundo tangible.
22/08/2003 16:59


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